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Juan Neira

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Las sonrisas del Gobierno

El inicio de todo gobierno siempre es optimista, porque con independencia de la coyuntura, ahí están los rostros de los flamantes ministros/as trasmitiendo ilusión. Si España fuera Bibiana Aído estaríamos todos dando saltos de alegría, porque empezar la semana de peatón y enterarse el jueves que vas a acabarla de ministro es como para gritar de emoción. Aunque sólo sea por el susto. Otros con más currículo y más relacionados, como Miguel Sebastián, salen de la depresión provocada por el desafecto del electorado y retornan al poder.

No creo que haya un ministro triste, aunque tal como hace Zapatero estas cosas, puede que alguno esté irritado, caso de Solbes o Cabrera. El terreno ganado por Solbes, tras machacar a Manuel Pizarro en el debate televisado, lo perdió con creces en la composición del Gobierno. Vuelve su enemigo interno, Miguel Sebastián, con el que sólo coincidía a la hora de elegir las corbatas, y lo hace con una cartera ministerial debajo del brazo, y con dos ministras formando cuadrilla, Cristina Garmendia y Beatriz Corredor. Solbes siempre quiso controlar el Ministerio de Industria y tenía en David Vegara, secretario de Estado de Economía, su candidato para ministro. Ahora resulta que le ponen a Miguel Sebastián controlando los sectores energéticos, que son clave para componer el cuadro macroeconómico. Solbes tiene 66 años; en esas condiciones, es difícil aplazar la jubilación. El caso de Margarita Cabrera es distinto, pero también muy curioso. La señora Cabrera es catedrática universitaria, y su discurso estaba muy conectado con la competitividad, investigación, etcétera. Pues bien, ahora tendrá que centrarse en el Bachillerato y la Educación obligatoria, porque la Universidad va adosada al Ministerio de la Innovación. En la composición del actual Gobierno están presentes todos los gustos de Zapatero, con esa visión optimista de la vida, que le hizo declarar un día a un periódico madrileño que había “cientos de miles de españoles preparados para ser presidentes de gobierno”. Si para presidente hay cientos de miles capaces, para ser ministro habrá millones. A la vista está. Conclusión: cuando un presidente bordea la mayoría absoluta se convierte en un hombre libre.

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por JUAN NEIRA

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