El maleficio de no ser capaces de mantener un resultado favorable parecía que se iba a romper en el partido contra el Tenerife. El Oviedo, en efecto, consiguió irse al descanso con el marcador a su favor, a pesar del árbitro que es inexplicable que no haya visto, dada su cercanía al lance, el penalti que se cometió sobre Aarón.
Lo cierto es que durante el primer tiempo el equipo azul no sólo puso ganas, sino que además controló el partido hasta el extremo de que el conjunto rival no dispuso en los primeros 45 minutos de ninguna ocasión clara de gol.
Aarón no sólo destacó por su buen juego, por su clase y por su técnica, sino que además fue menos individualista que de costumbre. Y el dispositivo táctico ordenado por Anquela hizo que el Tenerife no pudiese adueñarse del centro del campo.
Pero, con todo, no se rompió el maleficio. Mientras se protestaba una decisión arbitral muy discutible, llegó el pase de Aitor Sanz a Juan Villar, que marcó un gol de bella factura que a todos gustó.
Estadísticamente, no suele suceder que el equipo contrario transforme su única ocasión clara de gol, si se trata de un partido que en su mayor parte se domina y se controla.
Así pues, frente al Tenerife, no se ganó el partido en no pequeña parte por el arbitraje y, sobre todo, por una anormalidad estadística, aque se viene repitiendo tanto en el Carlos Tartiere como también en otros encuentros a domicilio, especialmente el que se jugó en el campo del Albacete.
Se diría que, hasta el momento, los rivales a los que se viene enfrentando el Oviedo tienen, como poco, licencia para empatar cuando nuestro equipo se pone por delante en el marcador.
Pero hace falta calma y, sobre todo, perspectiva para caer en la cuenta de que esta maña racha se tiene que acabar, esperemos que lo antes posible.
Ansiosos estamos de poder disfrutar de un equipo que se gusta a sí mismo, que hace un juego en el que se advierte un innegable regodeo en una victoria que no sólo se va a mantener, sino que además aumentará, con serenidad, con confianza, con ambición.
También hay que decir que, frente al Tenerife, el Oviedo no estuvo en ningún momento a merced del contrario tal y como sucedió en el partido que se jugó contra el Zaragoza.
Berjón tuvo en sus botas la oportunidad de marcar el segundo gol, pero, en su favor, hay que alegar que en el tanto que transformó hizo una demostración de temple y también de oficio.
Lo dicho: esperemos que esta mala racha de la licencia para empatar el partido, cuando el Oviedo se adelanta en el marcador, concluya cuanto antes.