De un lado, el señor García Quintana, edil de Turismo de Oviedo, plantea al Gobierno autonómico que apoye, con el correspondiente monto económico, la propuesta que hace el Ayuntamiento de Oviedo para optar a las subvenciones del Plan de Sostenibilidad Turística en Destino, que tienen como principal atractivo Oviedo como origen del Camino, el Prerrománico y el casco histórico.
Y, por otra parte, leo en EL COMERCIO que la rehabilitación de la muralla de Oviedo sólo está pendiente del correspondiente permiso de la Consejería de Cultura. Sin duda, una excelente noticia que se restaure esa muralla que da cuenta de la historia de la ciudad.
Así pues, Prerrománico y la muralla, piedras nobles que dan cuenta de nuestra historia, piedras nobles gracias a ese proceso que consiste en pasar de objetos naturales a objetos culturales, artísticos en este caso, proceso del que en su momento se ocuparon pensadores como Rickert y Dilthey.
Pero, fíjense, el Prerrománico como resultado de una asombrosa síntesis de las corrientes artísticas que en aquel entonces predominaban en el mundo, síntesis que, por un lado, da cuenta de un arte muy nuestro de forma inequívoca, y que, por otro lado, es la primera gran incursión en el universalismo que se produjo en nuestra tierra.
Fíjense: la muralla, que, más allá de su significado histórico y de su interés artístico, tiene el atractivo añadido de lo muy metafórica que resulta para una ciudad, novelada muchos siglos después, que dormitaba y que, empujada por sus fuerzas vivas, tendía a estar de espaldas al mundo. Puro universalismo el de una novela que es toda una obra maestra de la narrativa decimonónica.
Piedras nobles, piedras históricas, piedras artísticas. No es poco.