Tengo para mí que lo más importante y, sobre todo, lo más esperanzador de este Oviedo de Ziganda no es su solidez defensiva, así como el orden que se sigue en los partidos. Todo lo dicho, que es de suma importancia, se queda, a mi juicio, por debajo de la actitud.
Miren, recuerdo una rueda de prensa en el primer año en el que Anquela ejerció como entrenador del Oviedo. El técnico se quejaba de que, tras recibir un gol en contra, el equipo «había bajado lo brazos», o sea, se había rendido, se había entregado.
Esto que digo tardó mucho tiempo en superarse y, por lo visto en lo poco que va de campeonato, creo que ya se quedó atrás. O sea, este Real Oviedo no se viene abajo ni con un gol en contra, ni con una expulsión que puede dar al traste con lo previsto tácticamente. Eso se vio el sábado en Albacete, no sólo cuando Arribas fue expulsado, sino también cuando se nos señaló un penalti en contra que, además, nos dejaba con 9 jugadores. Por eso, puede hablarse de un innegable heroísmo del equipo a la hora de afrontar un partido en el que, después de adelantarnos en el marcador, se nos puso casi todo en contra.
Por lo demás, hay que destacar la excepcional actuación del Femenías, con paradas decisivas, penalti en contra incluido. Tampoco hay que perder de vista que, aun habiéndonos adelantado pronto en el marcador, pudimos haberlo hecho antes, si Obeng no llegase a fallar una ocasión tan clara a pase de Juanjo Nieto. No estuvo mal en el juego con sus compañeros, pero es innegable que le falta acierto a la hora de marcar goles.
En el mismo orden de cosas, fue una lástima que Borja Sánchez desperdiciase también la gran ocasión de gol que tuvo, que, además, podría haber sentenciado el partido. Bien Sangalli, destacado Juanjo Nieto y, una vez más, hay que hacer mención a los méritos de Luchas Ahijado, jugando en un carril que no es el suyo. Y, por supuesto, tanto Bolaño como Carlos Hernández cumplieron exitosamente con su tarea.
Nos falta encajar piezas en el equipo, nos falta hacer más puntos, nos falta ser más letales a la hora de atacar. Y nos falta también conjurar para siempre los fantasmas de los regalos defensivos. Con todo, hemos avanzado mucho, y ello se nota en los pocos partidos que hasta el momento hemos disputado en esta liga tan atípica.