Esas calles vacías en la noche de Oviedo, con unas luces públicas que no saben bien qué están alumbrando. Esas terrazas recogidas, con las cadenas flojas que no siempre cierran del todo sillas y mesas. Esa tristeza que se intuye en los interiores de los locales, resultante de un vacío que aterra y que, antes o después, amenaza ruina.
Magnífico el reportaje que firma Juan Carlos Abad. En efecto, Vetusta duerme una siesta más, no una siesta dulce que busca un ansiado descanso, sino un silencio impuesto por las circunstancias, un cierre de actividad que provoca no poca angustia y aún mayor incertidumbre.
¿Cómo estará el panorama cuando el pequeño comercio y la hostelería vuelvan a abrir sus puertas? Seguro que no todo se podrá recomponer.
¿Qué decir de ese pequeño comercio al que obligan a cerrar, cuando, dejando aparte cuestiones de supervivencia, hablamos del modo de vida de muchas personas, de los escenarios donde pasaron hasta ahora la mayor parte de sus trabajos y sus días? ¿Cómo no les va resultar desgarrador abandonar ese negocio que, por unas razones o por otras, fue hasta el momento la pasión de su vida?
¿Qué decir de ese bar, cafetería o restaurante al que ve cerrado su clientela más habitual, al que echó el cerrojo o la puerta metálica la persona que gestionó el negocio en las últimas horas? ¡Cuánta tristeza puertas adentro! ¡Cuánta nostalgia se percibe desde afuera!
Sí, sin duda, el Gobierno asturiano estaba obligado a tomar medidas ante el más que alarmante incremento de ingresos hospitalarios de pacientes de esta odiosa pandemia. Sin duda, lo primero es la vida. Lo que uno se pregunta es si estas últimas disposiciones no tendrían que haberse acordado con todas las partes implicadas y afectadas. Lo que uno se pregunta también es si se tomaron medidas compensatorias contra esta ruina que amenaza.
Me quedo con la reinvención hostelera. Me quedo con la comida para llevar, con el café para tomarlo en casa o en el trabajo, con esa visita relámpago a establecimientos en los que antes hacíamos algo mucho más importante que consumir: convivir socialmente.
La ración o el pincho de tortilla que nos recuerda el interior del establecimiento, sus rostros habituales, punto de partida para reconstruir un relato que la maldita pandemia quiere eliminar y silenciar.