Haber sido el alma de una de las librerías más legendarias y prestigiosas de Oviedo; ser el ejemplo perfecto del librero en estado puro; aunar la amenidad en la conversación con una bondad envidiable, conocer a fondo los entresijos culturales de Oviedo y Asturias; contar con un talante asombroso para conseguir no ofender a nadie; amar a Oviedo y amar a Asturias, tanto su naturaleza, como su geografía, como su historia; atesorar el mérito de ponerse al frente de iniciativas culturales y literarias, como la revista de La Balesquida, sin poner en ello protagonismo personal alguno, simplemente luchando por la calidad de la publicación.
Querido Alberto, queridísimo primo. ¡Cuántas conversaciones entrañables nos llevamos juntos, que tuvimos y sostuvimos en aquel rincón de la librería, donde siempre estabas para atender a la gente con cordialidad y sin prisa! ¿Cómo no recordar tus visitas por estos lares, que también son tuyos, del bajo Narcea? Aquel día, en el que poco antes de comer, entraste conduciendo tu coche en el patio de esta casa de Lanio, con mi padre de copiloto, que exhibía con entusiasmo uno de los pocos salmones que pescó en su vida. ¿Cómo no recordar tus recuerdos de la Prohida en Corias, cuando escribiste homenajeando a mi padre, al tiempo que rescatabas, con prodigiosa memoria, recuerdos tuyos de la infancia?
Querido Alberto, fuiste, repito, el alma de una librería que formó parte esencial de la vida de mi padre, que os visitaba, tras la hora del cierre, casi todos los días. Fuiste un lector lúcido y voraz. Nunca olvidaré cómo compartí contigo la admiración hacia la novela ‘La Consagración de la Primavera’, de Alejo Carpentier.
Enamorado del paisaje y del arte que ofrece el monte Naranco, del Oviedo más culto e ilustrado, dolido ante el abandono que viene sufriendo el Campo de San Francisco, defensor sin fisuras de la llingua asturiana.
Querido Alberto, querido primo, gracias por tanto, por tu bondad ilimitada, que te llevó a ponerte en contacto conmigo para saber cómo iba todo en tiempos de confinamiento, por tus inquietudes y por esa sensibilidad que hizo de ti un imprescindible.