Sin duda, comenzamos el campeonato con buenas sensaciones, pues se ve un equipo ordenado que sabe a qué juega, defendiendo con criterio y presionando en ataque. No es el caos que nos acompañó durante un trecho muy largo de la temporada anterior.
Pero, aun así, se diría que resulta poco menos que imposible evitar que resuciten los peores fantasmas, tal y como sucedió frente al Español. Viti pudo haber despejado el balón antes de cometer el penalti que dio origen al primer gol en nuestra contra. Inexplicablemente, se durmió. Y, por su parte, el balón que Arribas entregó, en un fallo clamoroso, al delantero rival no solo fue un regalo en toda regla, sino que además prácticamente sentenció el encuentro.
Ambos lances nos crean impotencia y rabia no solo porque supusieron una derrota que nos aboca a la parte baja de la clasificación, sino porque además los referidos fallos los cometieron dos jugadores que, hasta esos momentos, habían hecho un partido meritorio. Viti mostró empuje y velocidad en muchas jugadas del encuentro, mientras que Arribas se mostró seguro y expeditivo hasta esa desafortunada entrega de un balón al delantero rival que le puso un gol en bandeja.
Y, así las cosas, el oviedismo entra en una fase ciclotímica de derrotismo y de buscar muñecos de pimpampum como causantes de todos los males.
Sea como sea, por lo visto hasta ahora, acaso lo más inquietante consista en la incapacidad atacante que demostramos hasta ahora. Una incapacidad atacante que empieza por la falta de un delantero centro resolutivo en su misión. Desde luego, Obeng no es ese tipo de jugador. Por otro lado, salvo algún chispazo muy liviano, Borja Sánchez aún no se estrenó esta temporada como el jugador desequilibrante y resolutivo que potencialmente es.
No podemos saber qué podrán dar de sí los últimos fichajes, especialmente Gustavo
Blanco Leschuk, una vez que los problemas del límite salarial se resuelvan y pueda estar a disposición del entrenador oviedista.
Por su lado, en el poco tiempo que estuvo sobre el césped, a Cedric se le vieron ganas y motivación. Y, como viene haciendo desde el inicio de la Liga, Edgar volvió a demostrar su solvencia e implicación. Se trata de un futbolista que nos da seguridad tanto en el centro del campo como también cuando se incorpora a tareas defensivas.
A pesar de la cara de tontos que se nos quedó, toca confiar en la potencialidad de este equipo que ya no puede posponer mejorar su juego de ataque.