De más a menos, de un primer tiempo con un juego incisivo y ordenado en todas las líneas, especialmente en defensa, pasamos a los 45 minutos posteriores al descanso en lo que la iniciativa estuvo más del lado local, si bien ello no significa que fuésemos dominados totalmente por una avalancha de juego a la que no podíamos hacer frente.
De hecho, el gol del Girona fue un golpe de suerte ante una pérdida de balón de Lucas, que, en el resto del encuentro, cuajó una actuación en verdad aceptable.
En Girona, de principio a fin, jugó Leschuk, a quien no se le puede negar esfuerzo y concentración, si bien es cierto que no estuvo muy acertado en sus remates. Lo mismo cabe decir de Borja Sánchez, muy participativo en la primera parte, pero sin esa precisión y fortuna necesarias para marcar gol o para habilitar a un compañero que finalizase la jugada. Al canterano, no sólo no le falta calidad, sino que además se le ve cada vez con mayor confianza.
La vuelta de Juanjo Nieto al equipo titular con la que todo el mundo contaba no fue todo lo afortunada que cabía esperar dada la calidad de este jugador, así como su grado de entendimiento con Sangalli.
En otro orden de cosas, tengo para mí que en Girona se notó mucho que Tejera no estuvo muy inspirado a lo largo de la mayor parte del partido. No sólo estamos hablando del cerebro del equipo, sino también de un futbolista clave en la mayor los choques que nos salen favorables.
Bueno, tocaba perder, eso sí, sin sensación de ridículo, sin sentirnos avasallados por un rival claramente superior. Perdimos en tierras catalanas por una jugada de ataque del contrario que se complicó tontamente en nuestra contra.
Pero hay que tener en cuenta que las cosas podrían haber discurrido de muy distinta forma, pues al Oviedo no le faltaron ocasiones. Pienso en esa jugada de Edgar en la que se pidió penalti. Pienso en ese remate cruzado de Obeng que no entró por muy poco.
No nos quedamos cariacontecidos y desmoralizados, sino que sabemos que se cuenta con un equipo ordenado capaz de hacer frente a sus propios fantasmas, capaz también de jugarle de tú a tú a uno de los favoritos de la categoría.
Perdimos por centímetros, y no dejamos de luchar de principio a fin.
Lo dicho: tocaba perder.