
Según informa EL COMERCIO, muy pronto contaremos con 65 nuevas señales para dar cuenta de las distintas especies arbóreas que habitan el Campo de San Francisco, así como muchos de sus rincones más significativos como el Kiosco de la Música, el Escorialín, Biblioteca de la Granja, el estanque de los Patos, etc…
No se trata sólo nuestro pulmón sino también de algo que pone ante nosotros un espacio en el que la inmensa mayoría de los carbayones atesoramos muchas vivencias. Por eso, del mismo modo que celebro la noticia de esta señalización actualizada del Campo de San Francisco, no dejo de tener presente que resulta muy placentero y necesario no perder de vista en ningún momento que determinados enclaves del Campo de San Francisco nos emplazan en distintas etapas de nuestra vida y, en más de un caso, pueden ser su recoveco principal. Y, para ello, sólo hay una señalización válida que se encuentra en los desvanes de nuestra memoria.
Por otro lado, este periódico también se hace eco de que el actual equipo de gobierno presentó hace meses el diseño del chiringuito con el que se pretende cambiar el actual Aguaducho cuyo dueño cuenta con un plazo de quince días para retirarlo. No se puede decir, desde luego, que se trata de un chiringuito modernizado, ya que, entre otras cosas, no tiene ni aseos, lo que no quita que también forme parte de nuestra memoria.
Y, a este propósito, no podemos dejar de preguntarnos por qué se toman esas medidas drásticas contra el Aguaducho y, sin embargo, nada parece haberse decidido a ese respecto en torno al llamado Pavo Real, cuyo estado de abandono, al menos externamente, parece fuera de toda duda.
Sea como sea, esta señalización es un avance.