CUIDADO AL CORREGIR | PSICÓLOGO DE CABECERA - Blogs elcomercio.es

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Miguel Silveira

PSICÓLOGO DE CABECERA

CUIDADO AL CORREGIR

Hay palabras que hieren en el alma y que matan, incluso, la autoestima, las ganas de superarse, desvivirse y progresar. Y, sobre todo, si esas palabras vienen de los seres queridos, el daño derivado es aún mayor. Cuando esto escribo acabo de ver a una mujer joven deprimida, con la moral por los suelos para hacer su trabajo, cuidar de si misma, de su hija y de sus relaciones y pareja.

Desde que tiene uso de razón recuerda de su madre palabras ofensivas, destructivas sobre su comportamiento como hija aunque probablemente su madre las pronunciaba y las pronuncia buscando que ella cambie. Nada estuvo ni está bien para su madre, casi nada hace bien y esos fallos y faltas son las que siempre le ha estado recordando y eso es lo que ha logrado que se crea incapaz de superarse en momentos adversos, que es cuando de verdad se necesita la autoestima.

Al final ha acabado por creerse que en efecto no vale porque ahora no le va nada bien en su trabajo, con su pareja y con su vida y eso es como confirmar para si misma que a su madre le asistía la razón. Y es que, aunque la tuviese en parte, nunca se recomienda que nadie y menos unos padres se ceben con los hijos echando en cara por sistema lo mal que hacen las cosas, como a veces ocurre. Habrá buena intención o intención de que los hijos cambien pero no es procedente resaltar y repetir lo que hacen mal porque, igual que en este caso, se juegan esos padres o quien descalifique que el acusado se desinfle en su ego, se deprima, se repliegue, se infravalore y desestime.

Decir lo que está mal y hacerlo enfatizando y con intensidad emocional es un castigo inmerecido y suele tener consecuencias nefastas. Hay que decirles lo que está bien y lo que han hecho bien para elevar su aprecio de si mismos y su autoestima y para que se sientan orgullosos de si mismos sin escatimar esfuerzos. Y si hay algo que corregir, hacerlo con cuidado y sin cargar las tintas, sin enfados, sin desprecio, sin rabia, muy lejos de lo que se suele hacer en las familias. Esa mala costumbre de reñir, de corregir, enfadados, puede hacer un daño incalculable aunque sea por amor malentendido. Somos dados a detectar los fallos, los errores y atacarlos queriendo que los borren pero cuando actúan bien lo damos por supuesto. ¡Qué reacios somos a resaltar lo bueno y qué buenos sabores deja sin embargo!.

Temas de psicologia cotidiana para ayudar a vivir mejor

Sobre el autor

Psicólogo clínico, experto en ansiedad y estrés C/ Carlos Marx,1 - 6º D Gijón (Asturias) http://www.miguelsilveira.com http://www.estresyansiedadonline.com


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