Unos dos tercios o algo más de nuestro tiempo de conversación lo dedicamos a hablar con las personas de las otras personas ya sea para criticarlas, para exponer sus aciertos o errores, para señalar sus fallos o sus imperfecciones y también sus éxitos. Nos encanta, desde que el mundo es mundo, informar y comentar la vida ajena y dentro de la vida ajena los aspectos negativos más bien de quienes conocemos o con quienes vivimos, ejerciendo esos aspectos negativos una especie de fascinación. Eso es cotillear y aunque el cotilleo cuando escribo este artículo está muy denigrado en gran parte debido al abuso que los medios hacen de la explotación de las miserias ajenas y de la banalización y manipulación de la imperfección y el sufrimiento ajeno, cotillear en el sentido primitivo del término no es ni ha sido siempre fundamentalmente negativo. El cotilleo, según su contenido, su estructura y su intencionalidad es una conducta social e individual polifacética, poliédrica y sofisticada, aunque parezca a simple vista algo sencillo. Si tanto se practica, debe tener algún sentido y alguna ventaja o beneficio. Debe sentarnos bien por alguna razón. Y claro que hay razones. Comentar y criticar sobre la vida ajena sea en plan positivo o negativo sirve para crear alianzas o lazos, sirve para establecer contactos y abrir conversaciones, sirve para compararnos con otros para salir ganando, para compensar nuestras infelicidad pues si vemos que los demás sufren nos sentimos acompañados o igualados, sirve para superar nuestras inseguridades al ver que a otros también las va mal o tienen imperfecciones y defectos, lo que a veces eleva la autoestima del cotilla. Sirve, en el caso de las celebridades para ver que los gigantes tienen los pies de barro o que los ricos e importantes también lloran. Sirve para superar el aburrimiento y para entretenerse aquellos que tienen vidas vacías de contenido. Sirve para orientarse de cómo están las cosas dentro de la organización y de la empresa y tomar decisiones. En el caso de usar el cotilleo para desprestigiar a otras personas sirve para excluirlos del grupo por sus malas conductas. Y también sirve para crear conflictos o acrecentarlos. Y por supuesto sirve para hacer daño a alguien si se quiere o para manipular y envenenar las relaciones. Sirve para alimentar el morbo y recrearse en las miserias y sufrimiento ajeno. Y, como la energía atómica, según el uso que le demos y su finalidad puede ser bueno o malo o incluso detestable, cuando, como en algunos programas de hoy en día se utilizan para airear lo malo de la gente, manipular a los intervinientes y utilizarlos en beneficio descarado a costa de banalizar también la intimidad de las personas, sus vivencias y sus enormes sufrimientos. Sirve para influir en las personas. Lo que está sucediendo es que en virtud de todas esas prácticas mediáticas el cotilleo ha ido adquiriendo en este pais connotaciones enormemente negativas, con toda la razón, por el uso malintencionado y canalla que se hace, algo que es execrable. En otro sentido más amplio todos somos algo cotillas y practicamos el cotilleo porque nos fascina la vida que otros llevan sean ricos o sean pobres.