Dani, un chico de 18 años padece un edema pulmonar a consecuencia de vapear desde hace unos años. Y las palabras que ha pronunciado en el reportaje son las que dan titulo a este artículo.
Es lamentable que exprese que nadie se lo dijo y más lamentable es que, por esa razón, no se haya podido evitar el grave daño que padece. Quizás si se lo hubiesen dicho cabría la posibilidad de no haber hecho caso. Pero eso no obsta para señalar la responsabilidad que los padres tienen, si lo sabían, de haberle advertido del riesgo al que se enfrentaba, si seguía vapeando.
A raíz de este y otros casos algunas comunidades autónomas se están planteando prohibir su uso a los menores de dieciséis (Asturias) o dieciocho (Galicia).
Enseguida se recurre a la prohibición que no siempre es el mejor mecanismo de cambio de los usuarios. Adán y Eva tenían prohibido comer la fruta del árbol del bien y del mal y lo comieron y así nos fueron las cosas. Antes que eso está la obligación de los padres y agentes sociales de inculcar una mentalidad responsable en el uso de sustancias nocivas para la salud. Lo que quiere decir que los padres, siempre en primer lugar, pero también otros agentes responsables educativos, sociales y políticos deben velar por la salud de nuestros menores advirtiendo, inculcando, adoctrinando, educando, informando etc. de todas las formas posibles para que los protagonistas y usuarios al menos tengan plena conciencia de aquellos efectos nocivos a los que se exponen. Si como dice Dani “nadie me dijo que fuera tan malo” indica que en su caso hubo una dejación de la responsabilidad de informar e insistir en los graves peligros que el consumo de ciertas sustancias implica, sobre todo para los más vulnerables, como son los menores.
A propósito de este suceso hay que resaltar la importancia de la educación en el consumo de productos nocivos. Toda insistencia es poca. Y aunque los padres digan que parece que les entra por un oído y les sale por otro, siempre queda algo archivado en su mente que les puede ayudar y, si no queda, porque nadie puede meter a martillazos, como un clavo, en su mente esa información, al menos que los menores no puedan decir nunca, si se ven perjudicados, que nadie les advirtió. Más vale prevenir que curar, suele decirse y aquí viene a propósito.