En cuestión de semanas, a causa del accidente ferroviario y los fallecidos en Adamuz, a los accidentes y mal estado en otras muchas vías, a las varias borrascas y sus negativas consecuencias en las presas, así como al estado lamentable de miles de kilómetros de nuestras carreteras, puesto de relieve por las lluvias también, aunque ya se sabía cómo se encuentran, se ha puesto de moda en la cabecera de los telediarios y tertulias la palabra “mantenimiento”, departamento siempre invisible y olvidado a veces o al menos muy ignorado en los presupuestos y agendas de los responsables. Ahora todo el mundo se echa las manos a la cabeza y protestamos. Por una parte me alegro de que este departamento cobre ahora relieve social y financiero.
Curiosamente el mantenimiento es también el departamento a que menos se mira en todas las empresas, más preocupadas por el de recursos humanos, el de producción, ventas y el financiero. Parece que las instalaciones eléctricas tienen que durar siempre, así como la maquinaria, la fontanería y canalizaciones. Y al cabo de los años pasa lo que pasa o acaba de pasar, como hemos comprobado.
Me valgo de estos ejemplos para recordar que también el mantenimiento personal es el gran olvidado o ausente en primer lugar en nuestro estilo de vida personal de las comidas, del descanso y del sueño, del ejercicio, en segundo lugar en nuestra mente, poblada muchas veces de malos pensamientos y recuerdos y de preocupaciones que arruinan nuestro estado de ánimo y nuestra concentración en las tareas cotidianas y finalmente en nuestro estado emocional, inundado por emociones negativas de rabia o de rencor, de celos, de temor irracional o de tristeza y finalmente en nuestra salud mental en general. Y luego vienen los malos efectos con el tiempo y quedamos asustados por haber descuidado nuestro mantenimiento personal y social. Si, amigos, el mantenimiento es el gran ignorado, aparcado y solo se hace visible cuando el proceso explota por falta de vigilancia y de cuidado. Y luego viene el llanto y el rechinar de dientes. Basta con repasar, vigilar, revisar y pensar cómo estamos actuando, de vez en cuando, para evitar los disgustos que su preterición lleva consigo. Aquello de más vale prevenir que tan fácilmente olvidamos.