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Miguel Silveira

PSICÓLOGO DE CABECERA

ETERNAMENTE PREOCUPADOS

 

¿Que será de mi o de mi hijo? ¿Y si pierdo el trabajo y no tengo para pagar mis gastos de hipoteca? ¿Y si cuando me llegue la hora de la jubilación no tengo pensión o esta es ridícula? ¿Qué será de mi si enfermo? ¿Y si me quedo solo? Son algunas de las preocupaciones que a veces pueden arruinar nuestra vida o dejarnos impregnados por la angustia y el desasosiego. Tenemos la tendencia a cruzar los puentes sin siquiera haber llegado a ellos. El futuro inmediato o a medio y largo plazo empapa nuestros tejidos en un vivir sin vivir anticipando desastres, tragedias o desgracias. El eternamente preocupado no vive y se pierde el presente, fijando su atención en el futuro incierto y negativo. Si todavía el futuro sobre el que vierte sus esfuerzos fuera de tono positivo o incluso neutro, sería maravilloso, pero se deja avasallar por sus temores y sus miedos, que vive como si fueran ciertos e ineludibles. Sin embargo lo único cierto es que el presente es lo que existe y el futuro no siempre o, mejor dicho, casi nunca se presenta o se hace presente con la intensidad y carga trágica de la que le revestimos. Estudios longitudinales realizados hace ya muchos años han demostrado que del cien por cien de nuestros malos augurios NUNCA se cumple el noventa y seis por ciento y de los que se cumplen, no lo hacen con la gravedad que preveíamos en nuestra imaginación calenturienta. Eso respecto a estudios relativamente recientes, pero me permito citar a Séneca, que ya data de más años, que nació antes de Jesucristo o de nuestra era y ya decía con la sabiduría que le caracterizaba: “…La lejanía engaña a la vista. Luego, a medida que se van acercando,  aquellos mismos lugares  que la confusión visual había amontonado, poco a poco se separan. Entonces lo que por la distancia parecía un despeñadero, se torna ligera pendiente”. Todo mengua de nivel y de talla según el futuro se va haciendo presente. No hay justificación para ser tan terriblemente pesimistas y hay motivos para abrigar esperanza de que las cosas serán algo mejores de lo que nos imaginamos. Es tan sano cultivar un optimismo realista y dañino como cultivar un pesimismo exagerado.

Temas de psicologia cotidiana para ayudar a vivir mejor

Sobre el autor

Psicólogo clínico, experto en ansiedad y estrés C/ Carlos Marx,1 - 6º D Gijón (Asturias) http://www.miguelsilveira.com http://www.estresyansiedadonline.com


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