El Comercio
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En línea
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Antonio Ochoa | 14-11-2017 | 11:50| 0

Aunque no nos importe si la luz es una onda o una partícula y pensemos que “cuanto” es sólo una pregunta, la tecnología va igualmente transformando nuestras vidas hasta extremos que no hubiéramos podido ni imaginar hace treinta años. La posibilidad de estar conectados de manera permanente, sencilla y barata ha revolucionado el modo de relacionarnos unos con otros y, con ello, el edificio entero de la sociedad. En países como España, de personas ya de sí tradicionalmente sociables y comunicativas, el efecto ha sido brutal. El móvil se ha convertido en una extensión de nuestras manos y notaríamos más su falta que la del dedo meñique.

Como consecuencia, hemos pasado de ser gente no excesivamente aficionada a la lectura a recibir y transmitir la mayoría de nuestra información en forma escrita, cosa para la que no nos habíamos preparado. Y el peor problema no son los fallos ortográficos o sintácticos (aunque también), sino nuestra poca capacidad de defensa frente a la manipulación, la mentira o la calumnia. Privados del oído y del lenguaje corporal, somos víctimas fáciles de cualquier engaño. Casi todos somos capaces de leer un texto, pero no nos han enseñado a interpretarlo en profundidad, probablemente porque no interesaba que aprendiéramos.

Los textos son como las castañas y hay que buscar bajo el erizo, la cáscara y la piel para llegar a la parte más sabrosa. Pongamos un ejemplo de la actualidad (que apareció en varios medios) para que se entienda mejor: “Puigdemont recalcó que lo fácil hubiese sido incitar a la violencia movilizando a sus funcionarios fieles”. Aparentemente es una apelación a la responsabilidad y la paz social. Quitémosle el “erizo” y centrémonos en las palabras esenciales: “fácil”, “incitar”, “violencia” y “fieles”. Suena como una amenaza encubierta. Sigamos pelando y nos queda: “fácil”, “incitar” y “fieles”, todo un insulto a la inteligencia de sus seguidores. Y otra rascadita nos deja “fieles”, una definición perfecta de lo que ha acabado siendo el catalanismo: una secta. Como ven, lo más interesante está siempre entre líneas.

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Zarzuela
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Antonio Ochoa | 08-11-2017 | 16:59| 0

Décadas de adoctrinamiento independentista han conseguido tergiversar la visión de la realidad de los catalanes y el resto de los españoles. Hemos llegado a creer que el catalanismo era un bloque unitario. Ha afectado incluso a organismos como Instituciones Penitenciarias. Por eso, cuando tuvieron que buscar un compañero de celda para Jordi Sánchez (uno de los jordis), eligieron al “empresario” asturiano Cachero, que también había intentado independizarse de la justicia española. Estoy seguro de que lo hicieron con toda la buena fe y eso demuestra su desconocimiento del tema. Porque los que pretendían independizarse de los tribunales españoles y crear unos propios más amigables eran los del PDeCAT. Este Jordi es más cercano a Esquerra y esos lo que querían era crear un paraíso del proletariado. No es de extrañar que al pobre Sr. Cachero tantas horas de charla sobre nacionalizaciones e impuestos a los ricos le hayan producido sarpullido. Estoy seguro de que, si le hubieran puesto con el Sr. Mas, se habrían entendido a la perfección.

Y es que, si algo ha demostrado el “proces” es que, aunque les cueste reconocerlo,  los catalanes son tan españoles como el que más y años de TV3 apenas les han añadido una fina capa de barniz folclórico. Han intentado orquestar una ópera majestuosa, épica, tipo “El Anillo de los Nibelungos” y lo que les ha salido, como corresponde a su idiosincrasia hispana, es una divertida y absurda zarzuela, tipo “La Verbena de la Paloma”, con Puigdemont haciendo de D. Hilarión. Han querido demostrar al mundo que eran diferentes y, merced a esos plenos que empezaban con una hora de retraso, esos cambios súbitos e inexplicados de dirección y esos aliados conspirando unos contra otros, han hecho una exhibición de todos esos defectos como la impuntualidad, la improvisación y la picaresca de los que tan a menudo nos acusan los extranjeros a los españoles. Esperemos que, a partir de ahora, exhiban también nuestras cualidades positivas (que las tenemos) como la tolerancia, la capacidad de diálogo y el sentido del humor.

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Sesenta años
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Antonio Ochoa | 31-10-2017 | 06:22| 0

El tiempo es un excelente rasero que va colocando a cada uno en su sitio. Hay instituciones que suben como cohetes, iluminan el cielo rutilantes por un instante y desaparecen en un parpadeo. Otras, más humildes, pero de luz más constante, permanecen y terminan por convertirse en una referencia. El restaurante La Allandesa, que ha celebrado este octubre su sexagésimo aniversario, pertenece a este segundo grupo. En innumerables ocasiones, decirle a alguien que yo era de Allande era escuchar la consabida respuesta: “¡Ah, La Allandesa! ¡Que bien se come allí!”, antes de referirse a otras bellezas de la zona. Los españoles tenemos una estupenda memoria gastronómica. Un estómago satisfecho nos hace verlo todo con mejores ojos y tiñe nuestros recuerdos de felicidad. Por eso, esta  comunión entre concejo y establecimiento ha sido muy beneficiosa para ambas partes.

Esta fama no ha sido fruto de la casualidad, sino resultado de décadas de esfuerzo y dedicacion. Quizás uno de sus platos emblemáticos, el pote de berzas, sea el que mejor simboliza esto. Porque, como bien sabemos los asturianos, por sencilla que parezca su receta, su preparación no lo es tanto. Conseguir un nivel de excelencia que pueda resistir la comparación con aquel que hacía la abuela en nuestra infancia (añoranza) requiere tiempo, cocina de leña, cariño y materia prima de primera calidad. Ese ha sido desde siempre el secreto del éxito de La Allandesa: productos de la tierra, generalmente cultivados o elaborados con sus propias manos, y unas cocineras que han dedicado una vida entera y un montón de amor a conservar nuestros platos tradicionales, nada más y nada menos.

En estos tiempos de la deconstrucción y de los recipientes enormes con mucho adorno y raciones diminutas, poder saborear el honesto potaje de siempre y poder repetir cuanto desees hasta la saciedad resulta tremendamente refrescante. Por ello, porque forman parte de mis recuerdos lejanos de aquellos mercados que eran mercados y por haberse convertido en una leyenda en estas seis décadas, vayan desde aquí mi agradecimiento y mi felicitación.

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En tinieblas
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Antonio Ochoa | 24-10-2017 | 16:10| 0

Hubo un día en el que no amaneció. Un día en el que el sol se negó a salir, a iluminar el desastre causado por la barbarie y la locura de los seres humanos. Hubo una vez una mañana que fue noche para ocultar nuestro llanto culpable, nuestras lágrimas grises de humo e impotencia, nuestras lágrimas negras de ceniza y desolación, nuestras lágrimas rojas de fuego y rabia. Y no está de más llorar, porque es posible que esto sea un avance que la naturaleza ha querido ofrecernos de lo que nos espera, de que todas esas cosas que consideramos tan seguras y eternas como el amanecer pueden igualmente desaparecer un día.

Confiemos en que la lluvia que ha ayudado a extinguir los incendios no apague igual de rápido el fuego de nuestra indignación. Porque no sólo los bosques han quedado quemados, ha ardido un modelo completo de protección de la naturaleza elaborado de espaldas a los ciudadanos de la zona y basado en la demagogia, la burocracia y el chupeteo. Con hectáreas de departamentos inútiles dedicados a mover papeles innecesarios y decenas de “ecololistos” (cuya única aportación es oponerse a cualquier iniciativa que mejore la vida de los paisanos) viviendo del cuento a base de subvenciones, no puede quedar dinero para el personal y los medios que realmente sirven para algo.

Y, para rematar, los responsables intentan evadir su culpa achacándola a las circunstancias meteorológicas y a los pirómanos. Me preguntó cuál de las dos cosas les cogió por sorpresa: que el planeta se está calentando o que hay mucho desalmado. Porque, si es lo primero, leen poco sobre ecología “real” y, si es lo segundo, leen poco sobre política. El cambio climático no va a detenerse de momento ni los locos, ir a menos. Nuestros bosques no pueden ser rehenes de la incompetencia de nuestros políticos, ardiendo otoño tras otoño hasta que no quede nada. Si no saben qué hacer, ya es hora de que se larguen. Aquí no los vamos a echar de menos.

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Problemas cercanos
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Antonio Ochoa | 18-10-2017 | 15:42| 0

Esta temporada estamos los ciudadanos tan entretenidos mirando al Este que los políticos del Oeste no pueden resistir la tentación de colarnos alguna jugarreta. Y es cierto que el espectáculo a orillas del bajo Ebro es sorprendente. Que uno pone la tele y no sabe si está viendo las noticias, una comedia americana de enredo, un culebrón venezolano o un anuncio español de propaganda electoral pagado a medias por el PP y Convergencia. Lo malo es que, cada vez que te echas las manos a la cabeza, alguien aprovecha el descuido para meter las suyas en tus pertenencias. Por eso, conviene administrar sabiamente nuestra indignación y no gastarla toda en Puigdemont. Aquí hay gente que también merece una poca.

Fíjense en el asuntillo de La Cortina en Cangas. Hace ya unos añitos, el gobierno local (PSOE e IU) decidió expropiar y derribar una zona para construir un nuevo centro de salud y, de paso, abrir Obanca como zona de expansión de la villa (de risa, teniendo en cuenta la caída de población). La parte destructiva se llevó a cabo rápida e implacablemente, la constructiva aun está esperando. La siguiente corporación (IU y PP) no quiso ser menos y cerró el aparcamiento de camiones que había en El Reguerón para construir una residencia de mayores. La excavación se hizo enseguida, los muros sólo se levantaron en el papel (mojado). Dos agujeros y ninguno de los tan necesarios equipamientos; perdimos cero a dos y nadie asumió nunca responsabilidades.

Ahora, la consejera del ramo, en un arranque de genialidad, ha decidido unificar los dos problemas y trasladar el proyecto de residencia a La Cortina. Hay quien se queja de que la nueva tiene menos plazas. ¡Santa inocencia! En una residencia imaginaria caben millones de ancianos imaginarios, es al colocar los ladrillos cuando hay que preocuparse y eso no es para pronto. De momento seguimos con promesas y proyectos. Así que, por muy mal que nos caiga Junqueras, los políticos que más nos perjudican no son los catalanes, son los asturianos.

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Cataluña
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Antonio Ochoa | 10-10-2017 | 19:51| 0

Cataluña monopoliza el interés de todos los españoles (incluidos los catalanes). Gracias a ello, la corrupción va quedando relegada al olvido para alivio de nuestra clase política. Sin embargo, ambos temas están relacionados. Todos los presidentes de gobierno españoles de Suárez para acá han contado con el apoyo y beneplácito de CIU. Unos robaban de Fraga (municipio) para allá, los otros de Fraga para acá y todos contentos. Pero llegó la crisis, la (tardía) indignación popular, empezó a ir gente a la cárcel y los políticos españoles (incluidos los catalanes) vieron amenazada su patria, que no es España (ni Cataluña), sino Suiza, y el pánico les empujó a soluciones extremas.

Así pues, a lo que ahora asistimos es a un conflicto entre dos facciones suizas, librado en suelo español por dos ejércitos indígenas formados por fanáticos y mercenarios. En España (Cataluña incluida) abundan unos y otros. Pongan la tele, sintonicen tertulias y los programas de deportes y verán un montón. Fíjense en esos individuos que van a la concentración de la Selección a gritar: “Piqué, catalán, vete de España”. Eso exactamente lo que predica Junqueras y, si creyeron que  no podía haber alguien tan tonto como para salir con pancartas a gritar las consignas del enemigo, es que subestimaron la estupidez humana.

Por supuesto, estos enfrentamientos entre romanos y cartagineses suelen acabar con los numantinos quemados. Pero eso a nuestros dirigentes les importa un bledo. Ellos tienen un palacete esperándolos junto al Lago de los Cuatro Cantones para cuando todo termine. De momento, Rajoy, en vez de arengar a sus partidarios en Cataluña, ha cometido la torpeza de enviarles la Guardia Civil, lo que ha permitido al Govern sacar sus huestes a la calle y tomar ventaja. Pero los ejércitos, una vez movilizados, han de alcanzar rápidamente sus objetivos o los reclutas se cansarán de desfiles y escaramuzas, empezarán a añorar la comida calentita y desertarán masivamente. Lamentablemente, su objetivo es el País de Fantasía y ese no puede ser conquistado con la fuerza, sólo con la inocencia.

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Física política
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Antonio Ochoa | 02-10-2017 | 20:01| 0

Pensaba hablar otro ratito más del tema catalán, haciendo incluso un poco de futurología al respecto, pero me he dado cuenta de que no puedo. Aquellos que nos adentramos en el conocimiento del mundo de la mano de la Enciclopedia Álvarez seguimos los senderos de la física clásica, la de Newton y su ley de la gravitación. Creemos que, sabiendo con precisión la posición y movimiento de un objeto en este momento, siempre podremos saber dónde estará en el futuro. Craso error, nos perdimos la revolución de la física cuántica y no entendemos cómo funciona realmente el mundo. Según el principio de incertidumbre de Heisenberg, es imposible determinar al mismo tiempo la posición y la velocidad de una partícula y eso es lo que nos pasa con Puigdemont. Ni él mismo sabe dónde acabará. Cuando se detiene para situarse, no sabe hacia dónde va y, cuando sigue moviéndose, no sabe dónde está. No es culpa suya, es culpa de Heisenberg.

Y no crean que el día dos lo sabremos. Hay un famoso experimento de Schrödinger (experimento imaginario, no se me mosqueen los animalistas) donde un gato es encerrado en una caja sellada, con un frasco de gas venenoso que se abrirá o no dependiendo de que una partícula subatómica, que tiene un 50% de posibilidades de desintegrarse, lo haga. Ustedes pensarán que, al cabo de un rato, el minino estará vivo o muerto, pero, según la física moderna, en realidad estará 50% vivo y 50% muerto y no estará del todo ni uno ni otro hasta que alguien abra la caja y mire. En cierta medida, es el observador el que mata o salva la pobre felino. Podrá parecerle absurdo, pero millones de dispositivos se basan en ese principio. Por eso, el día dos habrá habido 50% de referéndum y 50% de no-referéndum dependiendo de quién abra la caja. Y continuaremos en la incertidumbre, porque somos un país completamente cuántico y kafkiano (de Kafka, otro germano al que gustaba tanto narrar absurdos como a los españoles vivirlos)

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Ensoñaciones independientes
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Antonio Ochoa | 25-09-2017 | 19:44| 0

Hay sueños tan dulces que odiamos cualquier cosa que nos saque de ellos. Más de un despertador llegó a un abrupto final por culpa de esto. Nadie quiere volver de ese mundo maravilloso donde todo es posible sin esfuerzo a la dura realidad llena de fatigas y limitaciones. Ése es, precisamente, el problema de los independentistas catalanes. Durante años les han ido cantando nanas y contando cuentos hasta que se han quedado traspuestos, soñando con un país fantástico en el que ellos eran más listos, más trabajadores y más guapos que nadie y donde, en cuanto se liberasen de los “otros”, serían felices para siempre. ¡Es tan bonito! ¿Cómo van a querer volver a la vida real, a esa donde son españoles como los demás que votan a sabiendas a corruptos y por eso están como están? ¿Cómo pedirles que comparen el Parlament con el Bundestag y con las Cortes para comprobar cuáles se parecen como dos gotas de agua? Yo tampoco querría.

Desdichadamente, despertar, además de duro, es también inevitable. Puedes tomártelo con café y resignación o intentar caminar dormido por la calle hasta que te des de morros con una farola. Algunos catalanes parecen haber optado por este segundo método y están llegando a una hilera completa de ellas. Será un poco duro, pero peor sería que las sorteasen y consiguiesen llegar al abismo que se abre más allá. Porque el sueño independentista no es una república catalana, son tres: la República Feliz de los ilusos (que nunca existirá fuera de sus cabezas), la República Bananera de Convergencia (donde el tres por ciento se convertiría en el treinta) y la República Bolivariana de la CUP (donde todos tendrían que pensar como ellos). Y todas ellas pasan por una limpieza étnica antiespañola, primero, y una limpieza ideológica de disidentes, después. Y es que la vida real tiene sus prosaicas necesidades y los banquetes soñados no las satisfacen. Por eso, cuando pasas demasiado tiempo dormido y te olvidas del condumio, tus sueños se acaban convirtiendo en pesadillas.

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Tertulias
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Antonio Ochoa | 18-09-2017 | 20:11| 0

Hace poco, en uno de esos momentos de debilidad que todos padecemos, encendí la tele mientras desayunaba y, quizás por fatalidad o porque proliferan a esa hora, me encontré con una tertulia. Mientras localizaba el mando, tuve la oportunidad de escuchar una (supuesta) gracieta comparando la destrucción causada por el Irma con la causada por el régimen castrista. Cambié de canal, caí en otra tertulia y hete aquí que escucho la misma gracia en boca de otro tertuliano. ¿Telepatía? Bueno, no me pareció muy normal, pero tampoco, paranormal. ¿Casualidad? Podría ser, si este tipo de “coincidencias” no fuesen demasiado frecuentes para ser fruto del azar. No, la explicación es más sencilla, más prosaica: “Consignas”.

Cada día, los comités correspondientes de los partidos se reúnen para decidir cuáles quieren que sean los temas de actualidad y lo quieren que sus simpatizantes piensen sobre dichos asuntos. A continuación, les explican a sus “tertulianos”, “informadores” y “escritores” de plantilla lo que tienen que decir y éstos lo repiten en telediarios, programas de opinión y artículos, sin problema. Después, como en una epidemia, sus seguidores asimilan el virus y lo trasmiten a sus amigos, extendiendo la plaga a toda la población. Muy pocos parecen molestarse en hacer “zapping” para contrastar versiones y, menos aún, en aplicar su propio sentido crítico a lo que oyen.

Con este corrupto y extendido sistema, la “opinión libre” del “pueblo soberano” acaba siendo mucho menos libre y soberana de lo que convendría en un país democrático formado por ciudadanos y mucho más propia de una secta formada por creyentes. Resulta deprimente también lo poco que cuesta encontrar en este país a alguien que mienta, manipule y calumnie por tí a cambio de un puñado de monedas. Por el bien de nuestra democracia, deberíamos reducir drasticamente la oferta de sicarios armados con palabras envenenadas y aumentar en igual medida el número de ciudadanos capaces de notar cuándo los están adulando y diciéndo lo que quieren oír para manipularlos. Cuando alguien te acaricia la oreja, algo quiere de tí.

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Seguimos adelante
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Antonio Ochoa | 10-09-2017 | 17:53| 0

No pudo ser. El premio de Pueblo Ejemplar de Asturias se va al Oriente este año. Ni Allande ni Moal han podido ver sus esfuerzos culminados con el éxito. Es lógico sentir una cierta decepción y una sensación como de resaca después de todos estos meses de ajetreo. Pero éste es sólo un pequeño revés, un paso al lado (que no atrás) que tenemos que asumir. Sólo queda felicitar a los ganadores y volver a la tarea. Ellos hubieron de presentarse seis veces para conseguirlo, no son mal “ejemplo” de constancia para copiar. Cuando persigues un sueño, no importa las veces que caigas, lo importante es que cada vez aprendas algo y vuelvas a levantarte.

De ningún modo debemos pensar que todos nuestros desvelos han sido en vano. La labor realizada, los apoyos conseguidos y el espíritu de trabajo en común están ahí y ahí seguirán para que podamos continuar construyendo sobre ellos, tanto en este asunto como en otros. El futuro de nuestra comarca no puede quedar al albur de decisiones ajenas. Saldremos a flote o nos hundiremos por la fuerza de nuestros brazos. Si alguien aparece a echarnos una mano, bienvenido sea, pero seremos ilusos si esperamos que los tirones hacia arriba superen a los empujones hacia abajo. Porque, últimamente, las declaraciones de nuestros dirigentes están tan llenas de buenas palabras como sus decisiones, llenas de malos hechos. Hablan de “proteger el medio rural”, pero luego se dedican a amargarnos la vida a los que vivimos aquí a base de prohibiciones y trabas, de modo que parecen querer protegerlo de nosotros, echándonos. Dicen que hay que ” fijar población”, pero sus disposiciones parecen más encaminadas a evitar a toda costa que alguien pueda establecerse aquí y crear un negocio, de manera que la población se fije en el Centro. Si hemos empezado a levantar cabeza ha sido gracias a nosotros mismos y, si queremos llegar a ponernos en pié, tendremos que seguir sudando. De Oviedo sólo vendrán a hacerse fotos y colgarse medallas cuando toque.

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