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Categoría: Varios
LA REVOLUCIÓN PENDIENTE

Me sirve de pie para hilvanar este artículo, lo que dijo el dramaturgo y premio nobel, Bernard Shaw: No dejamos de jugar porque nos hacemos viejos. Envejecemos porque dejamos de jugar.

Las generaciones de mi edad, mayores de 65 años y hoy jubilados, hemos nacido en una dictadura, en la que luchábamos por defender unos derechos y unas libertades. Luchábamos por alcanzar una democracia. Luchábamos por defender la igualdad de derechos entre los hombres y las mujeres o por combatir el racismo. Luchábamos por conseguir mejores servicios y una mayor calidad de vida Nos esforzábamos, trabajábamos duro, sufríamos estrecheces económicas, sacábamos a nuestros hijos adelante dándoles la mejor formación posible. Y en esa lucha continuada y muchas veces difícil, casi sin darnos cuenta, llegamos a la edad de la jubilación.

En esta nueva situación aceptada, pero muchas veces no querida, creo que las personas jubiladas tenemos ante nosotros una revolución pendiente y debemos de luchar por ganarla. Por suerte (no por desgracia, como algunos economistas sostienen, al decir que somos un problema para el sistema de pensiones y una amenaza en ciernes para el sistema económico), los españoles somos mucho más longevos y tenemos más calidad de vida que generaciones anteriores, gracias al buen sistema sanitario que tenemos y que seguro está entre los mejores del mundo, aunque algunos lo critiquen.

Aceptamos que el sistema económico o político decidiera que a los 65 años hoy y a los 67 dentro de un tiempo, todos tenemos que jubilarnos y por tanto ya tenemos que ser viejos, porque, según dicen, estamos obsoletos y amortizados. La cuestión es ¿a qué edad envejecemos?, porque una cosa es el envejecimiento y otra muy distinta es la longevidad. La longevidad (que por suerte para nosotros, es de las más grandes del mundo, debido a  que tenemos un claro incremento de nuestra esperanza de vida), es una cuestión de años cumplidos en el calendario, pero el envejecimiento no es sólo una cuestión de calendario, es sobre todo una actitud mental.

Desde mi punto de vista, los jubilados tenemos que tener una visión positiva del envejecimiento y tenemos que luchar para seguir manteniéndonos activos tanto física como mentalmente, ya que estamos ante el hecho constatable de que la población está viviendo muchos más años y con mucha más calidad de vida que otras generaciones anteriores. Con esta visión positiva, los jubilados tenemos que volver a luchar en esta nueva revolución que está ante nosotros y que tenemos que ganar. En modo alguno podemos asumir y aceptar la definición que la Real Academia de la Lengua hace sobre la jubilación o la vejez, cuando dice que nos cesan y nos dan un derecho a pensión por razón de vejez. O que nos dispensan del trabajo, por razón de nuestra edad o decrepitud que no nos permite realizar las actividades que teníamos o que nos incumbían, o cuando coloquialmente se nos dice que nos desechan porque somos inútiles. O sencillamente porque llegamos a una edad, donde ya tenemos derecho a la pensión de jubilación.

Tampoco podemos asumir ni aceptar que nosotros, los jubilados o los viejos, somos un problema porque generamos muchos gastos en pensiones, en sanidad, en dependencia o en otras muchas cosas. Muy al contrario, nosotros somos una gran oportunidad de negocio para el mundo empresarial donde pueden focalizarse nuevas inversiones dirigidas a los jubilados. Frente a este real hecho demográfico de una mayor longevidad, seguro que aparecerán nuevas actividades empresariales dirigidas a este sector de la población, que sin duda alguna van a generar muchos beneficios para ellas. Por tanto, nosotros no somos una carga. Somos una oportunidad de negocio.

Me niego a que se hable de nosotros como unas personas que tras la jubilación, tenemos toda clase de achaques, manías propias de los viejos, que se nos olvidan las cosas, que ya somos analfabetos digitales, que lo mejor que podemos hacer es dedicarnos a pasear para molestar lo menos posible, o a hacer viajes con el IMSERSO con bailes de salón incluidos, o que, como no tenemos nada que hacer, nos dediquemos a pasear a nuestros nietos.

Es cierto que, por mi edad de calendario, yo ya me estoy haciendo mayor, pero en modo alguno por mi manera de ser y de actuar.  No pretendo tener una segunda juventud cuando sigo haciendo buenas y largas rutas en bicicleta, esquiando o haciendo toda la serie de actividades  que mi estado físico me permite, aunque sea mayor. La etapa de la juventud ha quedado atrás y ya la tengo superada. No pretendo emular por tanto, todas aquellas actividades que hacía cuando era joven, pero si pretendo  romper esos estereotipos que se dan a la vejez. Pretendo vencer actitudes viejistas.

Quiero seguir haciéndome mayor cultivando mi aspecto físico, cultivándome intelectualmente a través de la formación, reciclando mis conocimientos profesionales e incluso emprendiendo nuevos procesos formativos. Me gusta sentirme orgulloso de mi edad y de haber llegado a donde he llegado. Pero esto no es suficiente y de ahí que quiera luchar por esa revolución pendiente que implica que siga preocupado y critique la política y la injusticia social.

Quiero resistirme a que algunos jóvenes me digan que nosotros ya estamos obsoletos y por eso reto a esos jóvenes a que en buena lid debatan conmigo sobre el uso por ejemplo de las nuevas tecnologías o que debatan conmigo sobre esa formación académica reglada en la que estoy inmerso ahora mismo, o que debatan conmigo sobre cuestiones empresariales o profesionales.

Nosotros somos un grupo muy numeroso y heterogéneo. Cada uno somos diferentes y también tenemos necesidades diferentes, pero hay algo importantísimo que nos une y es que tenemos la serenidad de la madurez, experiencia, sabiduría e independencia. Pero diría aún más, muchos seguimos teniendo coraje y fuerza. Y por eso considero que una sociedad coherente, debe de dar protagonismo a las personas que venimos de esta generación, ofreciéndonos la posibilidad u oportunidad de que podamos seguir estando activos.

Mi edad ya no importa, lo que importa es que ya tengo bastantes años y bastantes experiencias vitales para no tener miedo y para hacer aquello que quiero y siento. Y lo que quiero sencillamente es iniciar la revolución contra el envejecimiento, pasando a un envejecimiento activo en esta etapa de la vida en la que podemos seguir creciendo personalmente. Como alguien dijo. “tenemos que dar vida a los años y no solamente año a la vida. La población no envejece. Lo hacen las personas”.

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¿DE DONDE SALE EL DINERO?

Todo el mundo sabe lo que cuestan las estancias en hoteles, los billetes de avión o las comidas, desayunos y cenas que se hacen cuando uno viaja al extranjero. A estos gastos que está soportando el Sr. Puigdemont y sus Consejeros, además, hay que añadir el pago de unos cuantiosos honorarios profesionales del Abogado que los defiende, así como los costos de alquileres de salas y de otros medios que están utilizando para su propaganda política ¿Cuánto costará entonces la estancia en Bruselas, que me temo va a ser larga, del Sr. Puigdemont y sus cuatro consejeros? ¿tienen dinero para pagar todo esto?. ¿De dónde lo sacan? Teniendo como tienen sus sueldos congelados, me temo que, como siempre, este dinero ha salido y sale de las arcas de la Generalitat.

Hasta donde yo llego, y por la pública declaración de bienes y de patrimonio que el Sr. Puigdemont proporcionó al área de transparencia del Govern, cuando ocupó su cargo de president, este señor declaró que tenía un patrimonio valorado en 280.000 euros (vivienda unifamiliar en San Juliá de Remis), un dinero en cuentas corrientes de 14.000 euros y un coche Renault megane. Tenía pendiente de amortizar un crédito hipotecario de esa vivienda del orden de 127.000 euros. Los cuatro consellers que lo acompañaron, aún tienen menos dinero y patrimonio que él.

En esta situación, ¿alguien se puede creer que estos personajes, con cargo a su bolsillo pueden soportar los ingentes gastos que están generando tras su huida a Bruselas? Yo no me lo creo. ¿Alguien se puede creer, de otra parte, que los 200 alcaldes que ayer fletaron un vuelo chárter para ir a arropar a este fugado, con el propósito de hacer ruido, para provocar que la Comunidad europea se involucre en el problema catalán, lo hayan pagado de su bolsillo?. Sólo este vuelo chárter ha costado 112.000 euros, a los que hay que añadir el coste de la manutención y de los traslados en taxi desde el aeropuerto. –en esta situación, con todo el cinismo del mundo, alguno de estos alcaldes ha dicho que ha tenido que pagar 300 euros de su bolsillo,  por este vuelo.

Yo no pienso mal si digo que, previamente a esta huida, desde Barcelona ya se había planificado previamente todos los movimientos que se iban a realizar e igualmente se habían previsto y presupuestado las cantidades de dinero que se iban a necesitar. Tampoco pienso mal si digo que esa partida presupuestada, ya se había trasladado a Bélgica y estará depositado enalguna sociedad oculta,  para hacer frente a todos los gastos que se generaran. Estoy convencido que la Guardia Civil ya estará investigando y que terminará por averiguar dónde está y cómo se ha desviado ese dinero que ahora mismo está escondido el algún lugar.

Estoy convencido también, que en previsión de que la puesta a disposición del juzgado español que instruye el procedimiento, pudiere durar tres o más meses, para hacer frente a las ingentes cifras de dinero que se necesitan para mantener su estancia en Bruselas, con la correspondiente logística, e incluso con los fondos suficientes para hacer frente a los altos honorarios de su abogado defensor (1.000€ por hora de trabajo) o para hacer frente al pago de su seguridad personal, se necesitaba disponer del necesario fondo de dinero.

Ya es un secreto a voces que Omnium y la Asamblea Nacional Catalana, cuyos líderes se encuentran en prisión, han recibido subvenciones y donaciones de la Generalitat que superaron los 20 millones de euros. Es más que probable que muchos de esos dineros han ido a parar a Bruselas para sustentar allí la estancia de los fugados. Tarde o temprano, tras la investigación de los movimientos bancarios que ordenó la Juez Lamela, se terminará averiguando cómo y en qué cuantía se habrá evadido el dinero necesario. También es posible que tiempo atrás, utilizando las estructuras de sus embajadas exteriores, camuflando conceptos, se hayan ido trasladando fondos, destinados a este fin y no al normal funcionamiento de la embajada.

Sea como fuere, la realidad es que los fugados están utilizando dinero público que han sustraído para su uso personal y esto constituye otro delito más, cual es el de malversación de caudales públicos.

Qué ganas tengo de que, cuanto antes, se acabe este vodevil, se juzgue y condene a estos delincuentes, metiéndolos en prisión y embargando todos sus bienes para responder de todo lo que han defraudado. Sé que esto va a ser lento, pero confío en que el final sea este. Ojalá pronto nos olvidemos de este mal sueño catalán.

 

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RADARES

Ayer, en el Diario El Comercio, leía la noticia de que la justicia obligaba a apagar los radares de Oviedo. Sorprendentemente ahora leo, que tras tener que apagar los radares fijos,  la Policía Local pasa a controlar la entrada por la Y utilizando un radar móvil.

Tras estas informaciones y por lo que yo mismo he vivido y sufrido, tengo más que claro que la prioridad del Ayuntamiento de Oviedo, no es velar por la seguridad del tráfico o facilitar la movilidad circulatoria dentro de la ciudad.  Movido por su gran voracidad recaudatoria, lo que pretende es seguir nutriendo a las arcas municipales con las injustas e ilegales sanciones que está imponiendo a los incautos conductores. Y si yo estoy equivocado, que alguien me explique por qué, tras verse obligado a retirar los radares fijos,  debido a las sentencias dictadas por los Juzgados de lo Contencioso, de modo inmediato, al día siguiente, coloca un trípode con un radar móvil para seguir cazando infractores que superan esos 50 km de velocidad máxima que hay en esos dos quilómetros del tramo final de la autopista Y griega. Tratándose como se trata de una autopista con dos carriles, con accesos cerrados a peatones, qué sentido tiene que se limite a 50 por hora ¿acaso es que se piensa que se trata de un tramo urbano o especialmente peligroso?. No tiene ningún sentido.

Tampoco tiene ningún sentido que, pese a la reiterada jurisprudencia existente, se sigan utilizando las cámaras llamadas foto/rojo, que se activan inmediatamente a la puesta del semáforo en rojo, para capturar al infractor que sólo tiene el escasísimo margen de 3 segundos que dura el ciclo ámbar, para frenar el vehículo antes de la línea de detención, aunque este frenazo tan brusco implique un alto peligro de colisión por alcance, como de hecho está ocurriendo. Por qué se siguen utilizando esas cámaras que incumplen las normas UNE existentes para regular determinados procedimientos para la gestión del tráfico en las ciudades.

Y qué decir de la ilegalidad de las multas que se están poniendo en calles peatonales, aun cuando tras el varapalo que les ha dado el Defensor del Pueblo, se haya apresurado para publicar a toda prisa, una ordenanza municipal que maquille estas sanciones. Y qué decir de la sospechosa ilegalidad de esos radares móviles, como el que, a toda prisa, se está usando ahora en la zona de Santullano, que probablemente está siendo manejado por un Policía Local, que no tiene capacitación técnica homologada y que instala un trípode, según su leal saber y entender,  sin conocer si ese equipo, a su vez sin homologación técnica, está correctamente instalado, está correctamente calibrado y está correctamente programado.

El Ayuntamiento de Oviedo ya no tiene suficiente con recaudar más de 11,2 millones de euros con el Impuesto de Vehículos de Tracción Mecánica, y con los 2,8 millones de estacionamiento en las zonas azules o con el millón de tasas de retirada de vehículos con la grúa. Necesita recaudar más y qué cosa más fácil que instalar esos ilegales radares e ilegales cámaras para pillar al conductor. No se necesitan muchos Policías Locales que vigilen. Basta con estos equipos y con un sistema informático que de modo automático inicia la instrucción del expediente sancionador. Y como además esto es un mero trámite administrativo que se realiza de modo mecánico, todo muy sencillo.

En los Juzgados de lo Contencioso Administrativo, este tipo de sanciones son declaradas nulas de pleno derecho, porque cuando el conductor agraviado recurre, el Ayuntamiento se niega a proporcionar los medios de prueba que se exigen sobre controles metrológicos y de las instalaciones de captación, que no cumplen las necesarias normas UNE.  El Ayuntamiento también sabe que el Tribunal Supremo ya se ha pronunciado sobre la ilegalidad de estas sanciones. Pero aun así, como también sabe que ese ciudadano no va a recurrir a los Tribunales, porque además de quedar privado del 50% de la reducción de la sanción, tendrá que pagar los honorarios de un Abogado que lleve el asunto al Juzgado y esto va a representar bastante dinero, se limita a rechazar las alegaciones, a denegar todas las pruebas metrológicas que legalmente son exigidas y hala, a recaudar que es de lo que se trata.

Es indignante que cuando un ciudadano, como yo he hecho, recurre al Juzgado de lo Contencioso y obtiene sentencia favorable, en vez de esperar a que se le devuelva de oficio el importe de la multa que pagó, se ve obligado a continuar con laboriosos trámites para aportar sentencia, justificantes bancarios de ser titular de cuenta corriente, y otras zarandajas, para conseguir que se le devuelta el importe pagado. Pero es más indignante aun que, sólo un día después de que el Ayuntamiento notifique la resolución sancionadora, sin ni tan siquiera esperar a la firmeza de la resolución (una vez que se acaba el plazo de dos meses para recurrir a los Tribunales), el Ayuntamiento ya comunica a la Dirección General de Tráfico para que detraiga al conductor los 4 puntos de sanción. Claro, como sabe que nadie recurre, para qué esperar más.

El ciudadano tiene que saber que, esta comunicación precipitada que ha hecho a la Dirección General de Tráfico y que ha provocado que en su historial de antecedentes aparezca la pérdida de cuatro puntos (aun cuando después se ha visto obligado a cancelar),  es un claro atentado contra el honor y que por eso el ciudadano tiene el derecho a exigir al Ayuntamiento daños y perjuicios por su precipitación.

Es lamentable que, en vez de tanto afán recaudatorio y en vez de tantas prisas para sustituir los radares fijos ilegalizados por los tribunales, por otros móviles probablemente también ilegales, no se dedique a lo verdaderamente importante que es velar de verdad por la seguridad del tráfico y por la movilidad circulatoria. Y si las arcas municipales necesitan dinero, caramba, no pretendan estrujar al conductor.

Y termino diciendo algo que creo que tiene mucho más calado que todo lo dicho hasta ahora: A la vista de la reiterada jurisprudencia existente, cuando el Concejal de Tráfico dicta una resolución sancionadora, a sabiendas de que es ilegal, lisa y llanamente puede estar incurriendo en un delito de prevaricación. Por eso, al menos en lo que a mí se refiere, si en algún momento vuelvo a ser captado por alguno de esos instrumentos y se me abre expediente sancionador, ya no me limitaré a formular recurso ante los Juzgados de lo Contencioso. Iré directamente al Juzgado de guardia para formular denuncia por delito de prevaricación contra el concejal que dicte la resolución sancionadora contra mí. He dicho.

 

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DRONES

Esos artilugios voladores llamados drones, están adquiriendo mucha popularidad, hasta el extremo que, hoy en día, además de su cada vez más extendido uso  profesional, son el nuevo juguete de muchos niños adultos. Desde el punto de vista profesional, vienen siendo utilizados tanto para realizar grabaciones y fotografías aéreas, como para servir de soporte a trabajos técnicos o científicos,  e incluso para labores de vigilancia.  Pero también es cierto que muchos particulares los están comprando para su uso lúdico, si bien, en este caso, jurídicamente, llevan el nombre de aparatos de radiocontrol, habida cuenta de que el nombre de dron está reservado sólo a usos comerciales y profesionales o a su uso por la Administración del Estado.

Lo cierto es que los drones ya están aquí y han llegado tan rápido, que no han dado tiempo a que la Administración regule convenientemente su uso y por ello, la normativa legal es muy escasa. Ante este actual limbo jurídico, no habría nada que objetar a su uso sensato y razonable, pero no se puede ocultar que también se pueden crear muchos problemas, ya que estamos hablando de unos dispositivos aéreos que vuelan con cierta autonomía y que en manos de inexpertos, pueden generar muchos peligros tanto al tráfico aéreo como a los propios ciudadanos, o incluso, con manifiesta intencionalidad, podrían ser usados para violar la privacidad e intimidad de las personas.

Hoy en día, con la actual normativa, no encontramos reglamentado el uso de drones, por ejemplo en  la legislación sobre tráfico aéreo, o en el uso de aparatos de radiocontrol o en cualquier otra categoría en la que podamos imaginar que va a estar regulado el uso de estos artilugios. Sólo en el Real Decreto-Ley 8/2014, que aprueba medidas urgentes para el crecimiento, la competitividad y la eficiencia, incluye una regulación para la explotación de estas aeronaves desde un punto de vista profesional, pero aún hay ninguna norma para usos recreativos, usos para los que el regulador sólo da algunas recomendaciones a tener en cuenta para volar drones en España  de modo recreativo.

Hecha esta introducción, pregunto: ¿A usted le gustaría que se use un aparato que puede tomarle fotos en el interior de su casa?, ¿le gustaría que alguien volara un “drone” y lo filmara cuando toma el sol con poca ropa o con ninguna, en la azotea de su casa?

No hay duda alguna que la utilización de estos drones, puede afectar e invadir el derecho fundamental que todos los ciudadanos tenemos a nuestra privacidad. Por lo que he leído, para realizar funciones de observación, supervisión, vigilancia o control, los drones policiales y comerciales, pueden ir equipados con cámaras fotográficas y de video que producen unas imágenes extremadamente nítidas. Incluso pueden llevar instalados equipos de grabación de sonido, muy sensibles y hasta cámaras de infrarrojos o sistemas de interceptación de comunicaciones móviles. Con dispositivos que llevan detectores térmicos hasta pueden ver “dentro de los muros” de las casas, o lo que es lo mismo, pueden monitorizar personas en sus casas o en oficinas y centros de trabajo.

En España aún no hay jurisprudencia al respecto, pero en Estados Unidos ya la hay muy abundante y se sostiene que el uso de un dispositivo de imágenes termales desde un punto de vigilancia público, para monitorizar las radiaciones de calor de la casa de una persona, constituía “un registro” en los términos de la constitución americana y por tanto, requiere una orden judicial para llevarla a cabo.

Además de los dispositivos de vigilancia comentados, los drones pueden llevar instalada una gran variedad de programas y aplicaciones informáticas que pueden ampliar aún más las posibilidades de vigilancia. De modo concreto se les puede equipar con aparatos de reconocimiento facial o biométrico lo que permite que sin muchas complicaciones, se pueda monitorizar o seguir a personas basando en parámetros como altura, edad, raza o sexo. Evidentemente, las invasiones de la privacidad y los altos riesgos que conlleva, son muy importantes. Tenemos que tener en cuenta que, a diferencia de una cámara de seguridad  fija, instalada en una fachada, por ejemplo, los drones o aparatos no tripulados pueden volar a muchos metros de altura y por tanto pueden pasar desapercibidos para los ciudadanos mientras filman o graban cualquier persona, sin que nadie se entere de la operación.

Estamos pues ante un escenario donde, potencialmente, pueden producirse grandes abusos en el uso de unas tecnologías aún bastante desconocidas para nosotros. Hipotéticamente podría tener cierta tranquilidad si quien usa esos artefactos es un policía o un funcionario habilitado, pero ¿qué pasa cuando quien usa el aparato es una empresa privada que está realizando grabaciones comerciales, o es un particular algo voyeur, que usando un juguetito de esos, fisgonea a los vecinos? O ¿qué pasa cuando el aparato lo utiliza un delincuente con fines criminales?

A todos estos problemas de vigilancia, obtención de fotografías, videos, grabación de sonidos, etc. tenemos que añadir los problemas de seguridad derivados del vuelo de estos aparatos. No es la primera vez que uno de estos artilugios se estrella y rompe una ventana en el mejor de los casos y en el peor hiere a un ciudadano. Y qué decir de la amenaza para la seguridad pública que supone el que, por ejemplo, un terrorista altere informáticamente la señal GPS del dron, toma el control del aparato en vuelo, y lo estrella contra un edificio o contra un grupo de personas.

En nuestro ordenamiento, como decía antes, los drones y los aparatos de radiocontrol están en un limbo jurídico y por tanto, dada la proliferación de estos aparatos, se requiere de una urgente regulación. La Agencia Española de Protección de Datos ya está estudiando los riesgos que general para la protección de la intimidad de los ciudadanos. Igualmente, la Comisión Europea ya ha pedido a los estados que adopten una normativa común para regular el uso civil de los drones y con ello garantizar la seguridad, proteger la privacidad de los ciudadanos, así como establecer un sistema de aseguramiento obligatorio para responder de las responsabilidades que se puedan derivar de un accidente.

Como recuerda el presidente de la Asociación Profesional de la Privacidad, “la frontera de la privacidad comienza cuando acaba la vía pública”. Así que, entre tanto el niño grande  aprende a manejar su aparato de radiocontrol o la Administración instruye  a los funcionarios sobre todo lo relativo al cumplimiento de la legislación y entre tanto espero a que haya regulación concreta que preserve mi privacidad, procuraré cerrar los visillos de las ventanas, y dejaré de ir a tomar en sol en pelota en la terraza mi casa. ¡cachis qué faena

 

 

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ABUELOS DESBORDADOS

Creo que fue hace tres años cuando escribí un artículo, en el que hablaba de los problemas que teníamos los que empezábamos a entrenarnos como abuelos, para adaptarnos al nuevo entorno que representaban las vacaciones veraniegas. En aquél proceso de adaptación y con un entrenamiento a veces complicado, parecía que la prueba había quedado superada y que ya teníamos la soltura suficiente para convivir con los nietos de un modo hasta relajado y muy divertido. Además de estar a su cuidado, quedaba tiempo para dar los habituales paseos en bicicleta, para ir a tomar una sidra con la pandilla, o para salir a cenar algún día solos mi mujer y yo.

Pasaron algunos años, el número de nietos aumentó y, craso error, cuando creías que ya habías superado la prueba, sin saber cómo, entraste en una fase de total desbordamiento. Casi sin darte cuenta, a final de junio, empiezas a recibir llamadas de tus hijos diciéndote: Papá, poneros las pilas que los niños terminan el cole y como hace tanto calor en Madrid, vamos a dejároslos para que ya os vayáis a Tapia con ellos, que seguro os lo vais a pasar genial jugando en la playa. Preparándote para cumplir las indicaciones de tus hijos, empiezas a organizar toda la logística. Fruto del entrenamiento anterior, decido que lo mejor es que primero me traslade yo solo a Tapia para transportar todos los artilugios. Como tengo un coche monovolumen bastante amplio, seguro que lo podré hacer si problema. ¿sin problema? Empiezo a meter cunas, tablas de paipo, juguetes, maletas llenas de ropa, silla de bebé así como otros aparatajes varios y caramba, que el coche va hasta los topes y hasta tengo problemas para cerrar el portón trasero. Agobiado por esta primera situación, me pregunto, ¿cómo es posible que cuando mis hijos eran pequeños, cinco personas y todo el equipaje, cabíamos en un Citroen GS, para irnos de vacaciones?

Vuelta a Oviedo para trasladar a la familia. No hay problema, porque en mi monovolumen iremos todos muy cómodos, que para eso lo compré habilitado para llevar siete plazas. Para ubicar a dos niños, instalo dos sillas homologadas en los asientos traseros, y otra especial en los intermedios, para colocar al bebé, que por normas de tráfico tiene que ir instalada en sentido contrario a la marcha. Al lado irá su madre para atenderla, así como la chica que tenemos en casa de servicio doméstico. En el asiento delantero irá mi mujer y a sus pies llevará a Jana, nuestra coker, ya que “como somos pocos, parió la abuela”. ¿Qué no había problema? Sin saber cómo, aparecieron nuevos equipajes y nuevamente el coche hasta los topes. Como finalmente todo no cabe, tranquilos, no hay problema, dejaremos aquellas bolsas que no sean del todo imprescindibles, y en un próximo traslado que haga a Oviedo, ya las llevaré.

¡Al fin! ya estamos instalados en la casa de verano. A partir de ahora ya irá todo sobre ruedas que para eso somos abuelos expertos. Al día siguiente, casi sin haberte aposentado, recibes la llamada de tu otro hijo ¿Papá ya estáis instalados? Nosotros salimos de Madrid algo tarde y llegaremos hacia las 9 de la noche. Tened preparada la cena y la cama para Carlos que seguro llegará muy cansado.  No hay problema. Todo bajo control. Además, como en este primer finde de veraneo también están mis hijos y sus mujeres, entre todos resolveremos bien la cuestión.

Los papás regresan de nuevo a Madrid, porque tienen que trabajar y mi mujer y yo nos quedamos al cuidado de los cuatro niños. No hay problema que para eso tenemos experiencia. Primera noche solos con los niños que tardan en dormirse porque están algo excitados con la marcha de sus papás. A media noche uno llama: ¡Abuelaa que mi cama está mojada! Meada monumental, colchón a secar y el niño a la cama con mi mujer. A las 8 de la mañana el pajarito mañanero se despierta, empieza a chillar y despierta a los otros. Empiezas a levantarlos. Uno huele algo mal y vas a mirarle el dodotis. Cagada antológica. Y como al meterlo en la cama, el dodotis se lo había puesto yo, probablemente mal, la mierda llegó a la camiseta y también a la sábana de la cama. Bah, cosas normales en los niños.

Preparativos del desayuno: Uno que no quiere, al otro que no le gusta, que esto es mío, que me pongas Clan en la tele, que no me quites este sitio, que ese juguete es mío. ¡Uff! Objetivo conseguido, pero, de pronto mi mujer mira el reloj y ¡caramba si ya son las 11!. Quédate aquí con ellos que yo tengo que ir corriendo a la tienda a comprar. Entre tanto esperas, siguen las disputas, las peleas, las carreras, toda la casa patas arriba y tu venga a vociferar. Pero, igual da, ni te escuchan. Ellos a lo suyo.

Regresa mi mujer con la compra y empezamos los preparamos para ir a la playa. Sesión de cremas protectoras y hala a coger los artilugios playeros. Paipos, sillas, sombrilla, cubos y rastrillos, toallas. ¡¡eh eh para!! Que no podemos llevar tanto trasto. Seleccionemos sólo lo necesario. ¿Seleccionar?  Que yo quiero esto, que yo quiero lo otro, que yo quiero llevar todo. Nuevo grito autoritario del abuelo y todos llorando a la playa. Llegas a la arena, empiezas a quitar las camisetas y de pronto ves un revuelo en la orilla. Resulta que mientras quitabas la camiseta a uno, otro sale corriendo a toda velocidad hacia la orilla y una ola bajera le pega un buen revolcón. Una señora que estaba allí lo saca del agua al tiempo que masculla ¡qué padres serán estos que abandonan a su hijo en la orilla! Señora, yo soy el abuelo y estoy a su cuidado y es que mientras quitaba la camiseta al hermano, en dos segundos este se me escapó corriendo a la orilla. Ah. Bueno, lo entiendo.

Tras quedar deslomado ejerciendo de ingeniero de caminos canales y puertos, con las paletas y los cubos en la orilla del agua, al fin tienes un respiro y puedes ir a pegarte un bañito para quitarte toda la arena que tienes metida hasta salvas sean las partes. Regreso a casa, duchas, carreras y a preparar las comidas.  Sigue siesta reparadora y nuevamente la ceremonia de los preparativos playeros, idéntica a la de la mañana. Subes de la playa a las 8, son las 11 de la noche y aun los niños siguen corriendo de un lado a otro de la casa. Nuevo grito del abuelo que para eso es el viejo gruñón y todos a la cama. ¡Al fin! ya podemos relajarnos. Vamos a ver si picoteamos algo para cenar y pronto a la cama, que la noche puede ser muy dura. Mañana será otro día.

Le digo a mi mujer, relajate que ya queda poco para que nuestros hijos vengan y ellos ya empezarán a ocuparse de los niños. Nuevo error. Con los padres en casa la situación aún empeora más y el lio crece. Cuando pensabas que ibas a quedar liberado con la presencia de los padres, las cosas se complican aún más. Qué razón tenía un amigo mío cuando me decía que los nietos se compartan mucho mejor cuando están solos con sus abuelos. Pero es que, además, cuando pensabas salir a cenar solos tú y tu mujer para relajarte del follón, de pronto tus hijos reciben llamadas de sus amigos y te dicen ¿podéis quedaros con los niños? Es que queremos ir a cenar con los amigos. Mis hijos llaman a sus amigos y les dicen: Contad con nosotros que tenemos cobertura. Pues nada, a ver si hay suerte y mañana podemos quedar liberados, aunque me temo que igual se repite la historia.

En fin, no quiero cansar a nadie con esta historia de un abuelo gruñón, como me dicen que soy yo. Pero, creo estar seguro si digo que otros muchos abuelos que lean esto, estarán pensando lo mismo que yo. Es verdad que te entra cierta melancolía o tristeza cuando se van de nuevo a Madrid y te despides de ellos, pero, ¡qué ganas tengo de que se acaben las vacaciones de verano para relajarme y disfrutar de la libertad, la soledad y la tranquilidad doméstica! Por el momento, toca disfrutar de esa tranquilidad que se produce cuando todos los niños se han ido a la cama y están dormidos. Ahora es ese momento sublime que se produce cuando tienes un vino en a mano y lo saboreas tranquilamente relajándote del follón que has tenido en casa todo el día. Buenas noches.

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VIAJAR EN FEVE

Esta es la crónica de un viaje, en un tren de FEVE de la línea Ferrol/Gijón, realizado a paso de burra y propio de principios del Siglo XX, aun cuando estamos en una moderna España del Siglo XXI, que presume de tener una de las redes ferroviarias de alta velocidad más desarrolladas del mundo, con trenes Ave, Albia o Avant que superan los 250 km/h.

Un buen día, hablando con mis hijos sobre algunos comentarios que habíamos oído durante las vacaciones, relativos a la belleza de los paisajes costeros que se contemplaban desde las ventanillas del tren, planeamos coger el FEVE y hacer una excursión a Vivero. Analizamos los horarios y nos encajaban perfectamente para salir de la estación de Tapia a las 11, llegar a Vivero, dar un paseo, comer y regresar a las 5,30. Plan perfecto.

Cogemos los coches para acercarnos a la estación de Tapia de Casariego, que está a 7 km del pueblo y surge el primer interrogante: Si esa estación está en un paraje solitario, en el que la población más próxima es La Roda ¿por qué la llaman de Tapia, con lo que eso implica de confusión a los viajeros que creen llegar a Tapia y resulta que cuando bajan den tren, descubren que están en un despoblado y que tienen que ponerse a caminar siete quilómetros para llegar a su destino? Aparcamos los coches en algo que se parece a un matorral, y entramos en la estación, mejor dicho, algo que se parecía a una estación y que me recuerda a esas estaciones de las películas del oeste, situadas en parajes solitarios, donde el vaquero espera a la llegada del tren, tumbado con el sombrero tapándole la cara. Deterioro total, abandono, pintadas en lo que parecía ser la sala de espera y alguna que otra defecación humana probablemente de algún pasajero que igual iba un poco apurado.

Cuando estábamos esperando, pasa por allí un lugareño y nos dice que tenemos que subirnos al andén para que el maquinista nos vea, ya que si no el tren no para. Es decir, algo parecido a hacer auto stop pero en este caso ferroviario. Con un retraso de 10 minutos llega y nos subimos todos. Nos atiende amablemente el revisor, nos pregunta hasta donde vamos y pagamos los billetes. Nos informa que en Ribadeo igual tenemos que hacer trasbordo a otro tren, pero que estemos tranquilos que él nos informará, ya que unas veces hay que hacerlo y otras va directo. Nos aclara que él lo sabrá una vez lleguemos a la estación y el maquinista reciba aviso del área de tráfico. Nos matiza también que como es de Gijón, esas son cosas de Feve no las entiende. Que igual es que como ya estamos en Galicia, la respuesta en gallego es “depende”.

Empieza el viaje del tracatra. En el tren que hemos cogido, sólo hay cinco viajeros, así que como de mi familia nos hemos subido seis adultos y cuatro niños, tenemos la mayoría absoluta. El tren es nuestro y los niños se divierten corriendo de acá para allá. Contrariamente a molestar, esos cinco viajeros nos dicen que no nos preocupemos por los niños, que hasta están más cómodos y los chicos son un buen estímulo para soportar el aburrimiento de un viaje tan pesado e incómodo.

En lo que se refiere al paisaje, he de decir que, en la mayor parte del trayecto, el tren circula por unas trincheras llenas de vegetación que impiden ver cualquier tipo de paisaje, ya que son auténticos túneles de ramaje. Pero es que, además, de modo sorprendente, el convoy va rozando materialmente contra los arbustos y matorrales que han crecido al lado de la vía. El revisor, que a estas alturas del viaje ya se ha sentado a hablar tranquilamente con nosotros, nos dice que como no hay presupuesto, no se desbrozan las vías y que cuando salgamos fuera, podremos ver cómo el tren tiene la pintura totalmente rayada por rozar contra las ramas de los árboles.

Llegamos a Ribadeo, el tren se detiene en la estación, se baja el revisor y en unos segundos ya nos dice que nos bajemos, que hay que hacer trasbordo. Que el otro tren ya llega y lo cogeremos en el mismo andén. Continuamos el trayecto en otro convoy totalmente viejo y deteriorado y en un recorrido que en coche se haría en no más allá de 30 minutos, llegamos a Vivero tras dos horas y media de viaje.  Excepto las estaciones de Ribadeo y Burela, todas las demás están en parajes deshabitados y lejos de los núcleos urbanos, por lo que resulta difícil de entender que pueda haber viajeros que se desplacen a ellas para coger el tren. Se aprecia también que, al igual que la de Tapia, todas están totalmente desgradadas y en un estado de abandono deplorable.

Tras una buena comida en Vivero, llega la hora del regreso. Como la estación está en lo alto del pueblo, a las cinco empezamos a caminar para estar puntuales y no perder el tren. Una vez en el andén vemos que sólo hay dos chicos jóvenes esperando. Mosqueados ya porque el tren no llegaba a la hora prevista, charlamos con esos chicos y nos dicen que ellos van a la fiesta de San Ciprian y que el retraso es normal, que habitualmente ese retraso es de una hora. Como en el tren iban unos amigos que lo habían cogido en una estación anterior, los llaman por teléfono y estos confirman que ciertamente el tren va retrasado en una hora.

Soportamos estoicamente la espera y al fin nos subimos al convoy. Llegamos de regreso a la estación de Tapia a las 9 de la noche. En este caso, con retraso incluído, la duración del viaje fue de tres horas y media, mas los otros 10 minutos que tardamos en llegar al pueblo en nuestros coches.

Para terminar, he de decir que esa experiencia que esperábamos iba a ser bonita, termino siendo una auténtica pesadilla. Mi conclusión, por tanto, es muy clara: No volveré a utilizar el FEVE como medio de transporte. Ahora comprendo por qué este ferrocarril es tan deficitario. No alcanzo a entender como Renfe no hace nada para sostener este medio de transporte. En este estado, para reducir sus déficits, entiendo que lo más razonable sería eliminar el medio y se acabó el problema. Y como se trata de un servicio público, pienso que podría seguir prestándose con un autobús que, además de pasar por el centro de los pueblos, resultaría a todas luces más barato que un tren.

 

 

 

 

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Sobre el autor Guillermo Díaz Bermejo
El blog de un jubilado activo dedicado al voluntariado social, permanentemente aprendiendo en materia del derecho de las nuevas tecnologías y crítico con la política y la injusticia social.