El Comercio
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CUIDAR NUESTRA SALUD MENTAL
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Miguel Silveira | 01-01-2011 | 12:53| 0

Se sabe que los trastornos mentales tienen gran incidencia en la población y se prevé que siga creciendo en los próximos años según la OMS y según todos los estudios realizados. Cuando perdemos salud mental por la ansiedad, la depresión, las obsesiones, etc. es perfectamente comprensible que se intenten buscar remedios lo más mágicos y eficaces posibles porque el sufrimiento que llevan anejo es muy intenso y por eso la venta de ansiolíticos y antidepresivos están a la cabeza de los medicamentos más vendidos.

Es comprensible que se busquen remedios en la “magia” de los fármacos pero no hay que engañarse porque los fármacos no tienen esa virtualidad aunque sean necesarios. Puedo sugerir que se acuda al psicólogo que siempre puede servir de gran ayuda pero lo que ahora quiero resaltar es que la enfermedad mental viene determinada mayoritariamente por la forma en que nos comportamos, por el estilo de vida que llevamos. Este es el verdadero responsable y no los genes, sobre todo, según algunas hipótesis. La influencia de nuestros comportamientos no es cuestionable pues está empírica y reiteradamente contrastada.

Usted puede saber si su estilo de vida es sano o enfermizo, si le ayuda a estar sano o le crea problemas. Usted sabe si vive bajo la presión del estrés, la aceleración, la competitividad exagerada, del abarcar más de lo que puede su organismo y conoce la presión a la que está sometido. Sabe si sus hábitos de consumo son nocivos o sanos, si fuma y bebe alcohol en abundancia, si le obsesiona o domina el consumismo. Sabe bien si el tiempo que dedica al ocio y al descanso y al sueño son los adecuados así como su forma de comer, cómo come y lo que ingiere, si es muy negativo en sus percepciones de la realidad y si vive en conflicto consigo o con la gente.

Todas estas facetas y otras muchas constituyen nuestra forma de vida y de comportamiento y eso influye de forma taxativa en cómo nos sintamos de sanos mentalmente. Por eso, además de echar mano de los fármacos, tan sólo cuando no haya más remedio y el tiempo imprescindible, es necesario modificar nuestros hábitos inadecuados. Nuestra salud mental está en nuestras manos más de lo que parece. Sólo que requiere esfuerzo personal y disciplina.

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PARADOJAS HUMANAS
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Miguel Silveira | 24-12-2010 | 23:11| 0

Se define al ser humano como animal racional pero con más frecuencia de la deseable este actúa como si fuese irracional. Por ejemplo, cuando quedamos enganchados o colgados de alguien que, de entrada, nos ofrece atención y cariño con riesgo de que esa relación se vaya complicando y luego descubramos que esa relación nos resulta nociva, inconveniente e insana por habernos precipitado en formalizarla. Aunque puede sucederle a cualquiera hay un perfil de personas a quien suele afectar más necesidad de emparejarse y por tanto perder los papeles con más probabilidad.

Me refiero a mujeres que tienen más de treinta años y sobre todo si están cerca de los cuarenta y aún no tienen hijos. Les da por pensar que van a quedar solas. Y si sus amigas están casadas y con hijos les entra más desesperación e impaciencia y se vuelven proclives a buscarse contactos y, sin pensarlo bien, pueden embarcarse en una relación un tanto arriesgada y luego darse cuenta de que habría sido mejor esperar y darse tiempo a evaluar la relación establecida.

No conviene lanzarse precipitada e impulsivamente sino pensar que nada más conocerse no se debería abrir de par en par la puerta del corazón y de la casa por si la relación resultase inviable. Las relaciones personales en general y las emocionales en particular requieren de cuidado y ciertas precauciones antes de proceder a formalizarlas. Requieren autoevaluación y evaluación del proceso para poder calibrar la conveniencia y procedencia de la misma, mirando el medio y largo plazo, sobre todo. A corto plazo o en plan aventurilla pasajera de unas horas es distinto.

Muchos hay que lloran después por no haberse parado y usado la razón cuando lo que se hallaba en juego no era un momento de sabrosa apetencia sino una convivencia desgraciada. Sabemos que la emoción manda en nosotros por regla general pero tratándose de relaciones emocionales, en especial, es preciso contrarrestar o neutralizar la carga emocional, ya de por si elevada, con algo de racionalidad que simplemente consiste en pensar, en sopesar los pros y contras y las posibles consecuencias de un acto o decisión de tal naturaleza.

Si las hipotecas de los bancos hay que estudiarlas bien, con más razón aún debe uno tener prudencia al hipotecar su vida emocional.

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VIVIR DE PRESTADO
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Miguel Silveira | 18-12-2010 | 23:41| 0

Me preguntan si hay personas que son lo que no quieren ser y son lo que les exigen los demás y la respuesta es sí, rotundamente. Claro que las hay y abundan más de lo que nos dice la apariencia.

Todo aquel que no es capaz de construir una personalidad propia, sólida, sostenida sobre criterios personales y sobre ideas claras sobre qué es lo que quiere, cómo quiere ser y a donde se dirige está expuesto a ser lo que los demás le exijan y cómo le exijan que se comporte y, si tiene alguna idea propia, esta es tan frágil y su dependencia de lo que lo demás esperan de él es tan considerable que no tendrá inconveniente en disponerse a ir viviendo a expensas de las demandas exteriores, de lo que los demás le solicitan, le piden o le mandan que haga.

Muchos incluso no esperan a que sean los otros quienes le pidan que se comporten de una determinada forma. Son ellos mismos quienes, suponiendo que saben o creyendo saber lo que se espera de ellos, se comportan en consonancia con esa expectativa que ellos mismos se forman. Viven así intentando no defraudar a la gente, colgados de lo que creen que la gente piensa de ellos.

Naturalmente no tienen una alta autoestima, una autovaloración satisfactoria y no se perciben como valiosos e independientes sino que su categoría depende del aprecio externo y por eso se pasan la vida mendigando la aceptación ajena, aunque el precio que paguen sea elevado. El caso es sentirse aceptados y que les hagan caso, aunque sea para prestarse a ser utilizados. Viven pues de prestado y apuntalados desde fuera de su yo. Si alguien les pide que hagan algo lo harán sin más dubitaciones. Para ellos será una fuente de angustia constatar que no se les acepta y considera como esperan. Por tanto al estar siempre a expensas de la gente les falta la auto sustentación que necesitan. Si los demás les retiran su cariño y su atención quedan desubicados, desorientados y pierden a veces los papeles.

Y no digamos ya si esas personas de las que dependen, les retiran el cariño, les abandonan o se les mueren. Quedan paralizados, desfondados y angustiados. Aunque a todos nos gusta la consideración ajena, lo mejor es confiar plenamente en uno mismo aunque no guste a todos y vivir libremente. Tener personalidad, llaman a eso y moverse por el mundo seguros de si mismos.

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NUEVO FRACASO
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Miguel Silveira | 11-12-2010 | 20:00| 0

Nuestros alumnos españoles han recibido de nuevo un suspenso en comprensión lectora. Quiere decir eso que si no son capaces de comprender bien lo que leen, tendrán también dificultades en comprender lo que ven y escuchan y en sintetizarlo en ambos casos. Si una persona es deficitaria en esos repertorios también lo será en la capacidad de expresar bien lo que leen, lo que escuchan y ven.

Quiere decir que estaremos formando ciudadanos mutilados, muy limitados, pues estas dos capacidades son fundamentales para valerse en esta vida. Quien no comprende bien traga todo lo que le llega sin más. Es como comer garbanzos casi sin masticar y exponerse a que se le indigesten. Y quien no sabe expresar bien lo que sabe, ha visto o escuchado no puede relacionarse eficazmente, fracasará en la comunicación de sus conocimientos.

Si estamos formando ciudadanos pequeñitos que son deficitarios en estas habilidades ¿qué les puede esperar a ellos y por ende a quienes con ellos se relacionen? Principalmente dificultades y fracasos. Es necesario que nuestros gobernantes decidan formar bien a los futuros profesores y maestros y reciclar a los que no saben trabajar con los alumnos de una forma pedagógicamente correcta en esas dos habilidades esenciales. Enseñar a los alumnos a comprender, supone no que repitan mecánicamente y a trocitos lo que han leido o estudiado sino que sean capaces de entender el conjunto, qué es lo esencial de un texto y lo accesorio y enseñarles a que sean capaces de expresar con sus propias palabras bien el contenido.

Si el informe PISA nos da un nivel muy bajo es que no se les entrena en estos repertorios de manera aceptable. Por lo tanto ¿a qué debe esperarse para introducir correcciones en los planes docentes y de estuidos que es tanto como decir la forma de transmitir los saberes, en los libros también? Desde la LOGSE ya se vienen perdiendo energías y tiempo y de esto ya llevamos veinte años en España. No veo que se hayan hecho o se estén proyectando reformas eficaces para que en el próximo informe salgamos bien parados o, estemos al buen nivel que en otros campos tenemos en España.

Quien llega a joven sin haber aprendido bien estas dos competencias no podrá superar bien ese desfase pues entonces ya estará ocupado en otros menesteres. Para eso está el tiempo de colegio.

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RELACIONARSE BIEN
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Miguel Silveira | 05-12-2010 | 00:37| 0

Una cosa es relacionarse con la gente y otra muy diferente saber relacionarse bien. Una cosa es mandar y otra saber mandar. Una cosa es hablar y otra medir lo que decimos. Relacionarnos, mandar, reclamar, preguntar, vender o comprar lo hacemos todos pero saber hacerlo bien sin levantar ampollas y sin crear tensiones y conflictos es algo diferente. Quien sabe relacionarse bien se las arregla para dejar sembrado en su interlocutor una impresión tal que la reacción que obtiene es la correcta.

Quien se relaciona bien sabe escuchar cuando hay que hacerlo, sabe decir las cosas en el tono adecuado, en el momento justo y de la forma que sea más apropiada. Las relaciones personales suelen estar regidas por normas y principios implícitas que al tenerlas en cuenta arrancan de nuestros receptores respuestas deseadas y adecuadas. La reciprocidad es uno de ellos, según el cual como trates al otro así reaccionará o así será su trato contigo.

Otro principio es el de tener en cuenta al otro, alimentando su necesidad de atención y reconocimiento al tratarle de forma que se sienta escuchado, atendido, apreciado, respetado y satisfecho. De esa forma las relaciones consiguen ser fluídas y con pocas aristas. Pero todo ello requiere estar atentos cuando hablamos a cual sea la reacción del interlocutor para adecuar nuestras intervenciones y corregir lo que no vale ni funciona. No vale con hablar o decir solamente antes muy al contrario hay que cuidar lo que se habla y cómo lo decimos teniendo en cuenta el interlocutor, su estado pero también el contexto o situación de que se trate, ya que la situación, bien estudiada, nos habrá de indicar la procedencia o no de nuestra intervención.

Hay que medir las consecuencias pues bien sabido es aquello de “palabra y piedra suelta no tienen vuelta”. Por no estar mínimamente atentos y no cuidar que no sea la emoción, sobre todo, la que nos guíe en nuestras actuaciones se pueden derivar muchos fracasos, desastres y conflictos con todo el malestar que ello conlleva. Ajustarse al interlocutor y a la situación es todo un arte que requiere estudiar, observar y fijarse, escuchar y frenar nuestra lengua. Y se derivan gratas consecuencias, beneficios y logros y en ese caso es cuando relacionarse ha merecido bien la pena. Relacionarse bien requiere autocontrol y gran paciencia.

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MUY PREOCUPADO
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Miguel Silveira | 27-11-2010 | 22:35| 0

Si, me he quedado muy preocupado. Ya lo veía venir y he escrito muchas veces sobre ello pero ya está ocurriendo lo que tantas y tantas veces he denunciado en diferentes medios y auditorios. Que nuestros hijos, si se educaban o se educan en la sobreprotección acabarán muriendo hechos pedazos en las fauces de los muchos leones que pululan y el peor de todos es la crisis que nos está asolando.

Me acabo de enterar de boca autorizada que muchos de nuestros jóvenes están paralizados ante la crisis actual esperando que alguien les ayude y les saque las castañas del fuego y del marasmo en que muchos se encuentran. Esperan con veinticinco o treinta años que venga desde fuera a salvarles a los que se están ahogando. No tienen capacidad de reacción y respuesta y se nos están quedando esperando a Godot y este no viene porque Godot está también tocado por la crisis y no tiene tiempo para mirar por otros.

Si alguien les hubiese educado desde muy pequeños a espabilar, a desenvolverse a su manera en lugar de darle de beber en biberón hasta los dos o tres años, en lugar de acostarlos con sus padres en la misma cama como si la vida les fuese a tener siempre en palmitas, en lugar de llevarlos al colegio con siete u ocho años, aunque este esté y estuviese a dos manzanas, en lugar de colmarlos de juguetes diariamente aunque ni siquiera lo pidan, en lugar de confabularse los padres y abuelos para que el niño no llore porque llorar es poco menos que un desastre, en lugar de darles solucionado lo que ellos podìan o pueden solucionar, si alguien hubiese hecho los deberes obligándoles a espabilar y ser autónomos no tendríamos ahora tantos y tantos jóvenes indefensos esperando la soluciòn de fuera y estarían a estas horas protestando, incordiando, sacando la cabeza como fuera, rebelándose e intentando remontar ellos el vuelo aunque se diesen contra el suelo algunas veces.

Pero ni a eso les han entrenado sus padres ignorando que la vida no perdona y ahora que la crisis les ha cogido desprevenidos no les queda sino llorar amargamente el hundimiento de sus ojos derechos y hundirse también ellos. Pobres hijos y pobres padres y pobres de nosotros porque si los jóvenes se hunden ¿Quién se apidadará de nosotros los viejos que dependemos de ellos? Estoy muy preocupado porque no veo que los padres de los recien nacidos sean muy distintos…

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MERCANTILIZACION DE LAS RELACIONES
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Miguel Silveira | 20-11-2010 | 16:41| 0

Asistimos a una progresiva mercantilización de nuestras relaciones personales, incluidas las amistosas, familiares e incluso de pareja. La economía ha ido invadiendo todos los ámbitos, incluído el amoroso, y se cree en el principio de fomentar y cultivar las relaciones que nos producen beneficios y desechar las que nos incomodan, aunque sen familiares.

El “te doy para que me des” (do ut des) y el “si me das, te doy” están muy presentes en nuestras interacciones. Sacrificarse por el otro y aguantar en silencio está siendo arrinconado por la búsqueda del interés y la comodidad. Con ellos se va construyendo un ambiente de pérdida de ilusión por las relaciones genuinamente altruistas y amorosas, salvo excepciones, por supuesto. No se cultiva en la educación que impartimos la práctica de la generosidad sin esperar a cambio respuesta parecida y si no echad una ojeada al panorama educativo familiar. Sin embargo al mismo tiempo que este fenómeno social se va extendiendo persiste intacta nuestra necesidad de ser amados, apreciados, atendidos, amparados y socorridos.

Esta aparente paradoja crea un estado de ansiedad y en algunos casos de desgarro emocional sobre todo en aquellos que se entregan esperando la misma respuesta por reciprocidad, pero ven que esta no llega o llega a cuentagotas. Es por tanto preciso un cambio de mentalidad en el sentido de admitir la realidad que he referido y que se va imponiendo, si no se quiere morir de pena, de desesperanza y depresión, al no llegar la atención ansiada. No es que deba imponerse en las víctimas de esa carencia de afecto el escepticismo pero sí un criterio realista para no sucumbir al desasosiego, si los seres queridos no responden a nuestros legítimos deseos y expectativas.

Es deseable que nuestras relaciones amistosas, familiares y amorosas se humanicen pero si por algunas razones uno encuentra frialdad, distanciamiento e interés, donde esperaba ilusamente encontrar amor sacrificado hay que reestructurar el pensamiento y las expectativas y hacerlos más realistas. Es beneficioso para la salud mental de quien lo practica. Todo esto sin desistir de esperar y desear que el amor y el sacrificio en nuestras relaciones amorosas vuelva a ocupar espacios ahora un tanto vacíos de esos valores. Pero, mientras eso llega, viene bien una cura de realismo.

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SIN PASTILLAS, HACEMOS MARAVILLAS
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Miguel Silveira | 13-11-2010 | 17:51| 0

Esta era una consigna que se cantaba en la manifestación que, a favor de que la Psicología sea considerada como una profesión sanitaria, ha tenido lugar en Oviedo y en otras ciudades españolas. Los españoles deben saber que los psicólogos, reconocidos socialmente como útiles para la salud mental de la población, no pueden hacer ni diagnóstico ni terapia, a no ser que estemos especializados en Psicología Clínica, como tengo la suerte de estar con otros cinco mil en toda España, pero los restantes ¡cincuenta mil! no pueden porque la LOPS (Ley de Ordenación de las Profesiones Sanitarias, 2003) se lo impide ya que no incluye el título de Psicólogo como profesión sanitaria.

No hay catástrofe o atentado en la que no se nos convoque para ayudar a las víctimas y sus familiares. Las compañías de Seguros piden tener en sus cuadros sanitarios psicólogos para sus clientes. Miles de ciudadanos acuden a psicólogos en demanda de ayuda contra sus cuadros de ansiedad, depresión, estrés, obsesiones, adicciones y diversos trastornos para que les ayuden a salir de su malestar y puedan llevar una vida normal. Muchos pacientes, hartos de tomar fármacos, piden una ayuda psicológica porque los fármacos no les ayudan a cambiar sus pensamientos, sus conductas y su estado emocional.

Afortunadamente logran alivio y es verdad que a veces, “sin pastillas, hacemos maravillas”. En este caso no con la iglesia sino “con la ley hemos topado, amigo Sancho”. Hay miles de profesionales expuestos a ser despedidos y denunciados por ejercer una profesión para la que estudiaron cinco años de universidad, amén de otras miles de horas de formación y práctica. Miles de psicólogos, que no tienen la especialidad en clínica, indefensos y sin saber cuándo acabará esta sinrazón.

Miles ejerciendo exitosamente durante años su labor sanitaria, sabiendo que están fuera de la ley que no les reconoce como profesionales sanitarios. Profesionales que se esfuerzan en conseguir que sus pacientes tengan más y mejor salud mental. Quedan ustedes enterados. Sólo hace falta que el Ministerio de Educación autorice por ley a todos los graduados a hacer un master de dos años para entrenarlos en diagnóstico y terapia, pero así lleva la Administración siete años sin atisbarse el fin y arruinando la carrera de excelentes profesionales. Corran la voz contra esta injusticia.

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ANTES DE CASARSE, ACLARARSE
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Miguel Silveira | 05-11-2010 | 12:14| 0

Es fácil empezar a salir con una persona y tener relaciones de pareja antes de celebrar el matrimonio. Hasta ese momento la mayor parte de las parejas se relacionan en el día a día sin muy serios problemas si ambos se llevan bien y se quieren y gustan. Pero la mayor parte llegan al matrimonio sin haber planteado y hablado claramente sobre cuales son sus expectativas en unas cuantas áreas esenciales que suelen ser origen de grandes diferencias con el paso del tiempo y que a muchos les cuesta el matrimonio. Llegan al matrimonio sin haberse aclarado en esos temas y cuando se dan cuenta surgen las posiciones enfrentadas y no saben qué hacer y cómo manejarlas.

Me refiero a cuatro áreas principales: si quieren tener hijos los dos y cuando y cuantos, cómo va a ser el régimen económico de ambos una vez ya casados, si trabajan los dos o tan sólo uno de ellos, cómo van a gestionar las relaciones con las respectivas familias políticas, sobre todo si a uno de los dos no le gusta la familia del otro o le ven muy metido o sometido por la propia familia y qué espacio se van a reservar para si mismos o van a compartir.

No hablan cómo hacer cuando la familia se meta en la vida de ambos o les demande atención o cariño. Y finalmente, aunque la mayor parte tienen relaciones sexuales, lo cual es lógico y un test que mide su grado de acoplamiento y de ajuste, no suelen hablar de cuales son sus preferencias en cuanto a la gestión de la sexualidad y después se encuentran con que uno de ellos puede demandar servicios o actuaciones del otro, rechazadas por él. Estos suelen ser los puntos de mayor fricción que surgen estando a la cabeza las relaciones con la familia propia y con la del consorte porque si bien cada uno de los dos ha elegido al otro se encuentran con que en el paquete va incluida la relación con la familia respectiva y la del otro y eso supone muchas veces conflictos no previstos y no han hablado sobre cómo resolverlos.

Es decir que esos temas se deberían tratar y hablar y tener las ideas claras antes del matrimonio para evitar después desilusiones y enfrentamientos varios y así y todo surgen de todas formas. Por tanto no han de tener miedo a aclarar estas cosas para saber a qué atenerse y evitar sorpresas posteriores y saber entonces cómo gestionarlas cuando ocurran. El paso del matrimonio es muy trascendental, es como una empresa que se empieza y por eso es importante prevenir y hablar para resolver las situaciones complicadas que habrán de presentarse.

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SOBREVIVIR A LA ADVERSIDAD
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Miguel Silveira | 30-10-2010 | 14:25| 0

Cuando le preguntaron a Gustavo Cervino, superviviente del accidente aéreo de los Andes en el que perecieron varias personas, qué actitud deberían adoptar los mineros chilenos atrapados a 700 metros en el desierto de Atacama dijo, entre otras cosas: “Cuando piensas como una victima y no aceptas lo que ocurrió, y te preguntas lo porqués, estás muy mal. Te tienes que preguntar qué quieres hacer y cómo puedes hacerlo”.

En la primera frase expresa lo que no debe hacerse ante los contratiempos, a saber, adoptar el papel de víctima y lamentarte todo el tiempo, quedarte anclado en el sentimiento de desgracia y rechazarla culpando a lo que o los que crees que son los responsables. Al no aceptar lo que acaba de ocurrir, lo cual es una forma de negar la evidencia, estás no sólo perdiendo un tiempo precioso sino dejándote envolver por emociones negativas, como la ira, la tristeza, la desesperación o el miedo. Todo esto está contraindicado pues conduce a la amargura, al desánimo y a la desesperanza.

En la segunda frase está la clave de la probabilidad de superación del problema, es decir, saber qué es lo que pretendes, qué objetivo tienes y una vez aclaradas las ideas y el propósito ponerte a buscar distintas soluciones al problema y ver cómo lo vas a hacer para salir de la sensación de adversidad en la que estás sumido. Esto puede aplicarse a cualquier asunto de la vida, en cualquier ámbito, por grave que sea. Aceptación e intento de solución del problema por las vías disponibles son los dos movimientos adecuados para superarse personalmente y sobrevivir, si fuera el caso. Sin embargo la tentación que experimentamos generalmente es la de quedar bloqueados cuando la enfermedad o el accidente nos sorprenden, cuando la adversidad económica o laboral o cualquier otra problemática nos sobreviene.

Quejarse, proferir gritos contra el mundo, contra el cielo o contra lo que fuese es exponerse a no salir a flote aunque te desahogues de momento. No pasa nada por expresar la rabia y desahogarse pero quedarse en esos sentimientos no conduce a lo que en todo caso es deseable: la superación y solución del problema. Cuanta mayor y más dura sea la circunstancia dolorosa por la que atravesemos más necesario es saber ejecutar las conductas necesarias, máxime si existe alto riesgo de desesperación y de derrumbamiento.

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Sobre el autor Miguel Silveira
Psicólogo clínico, experto en ansiedad y estrés C/ Carlos Marx,1 - 6º D Gijón (Asturias) http://www.miguelsilveira.com http://www.estresyansiedadonline.com

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