El Comercio
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ATRÉVETE
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Miguel Silveira | 22-01-2011 | 19:55| 0

Atrévete a derribar las murallas que el miedo ha levantado entorno a tu persona.

Atrévete a pensar como quieres independientemente de lo que los demás puedan pensar.

Atrévete a expresar tu opinión, si procede, sin que el temor al qué dirán anule tus deseos.

A ligar si te gusta ese hombre o esa mujer. El “no”, ya lo tienes pero ¿y si acepta?

Atrévete a subir a ese avión que siempre rechazaste sabiendo que no se va a estrellar con una seguridad que roza el 100%.

No tengas miedo a alejarte de casa pensando que te pondrás enfermo y no habrá quien te auxilie.

No lo tengas a estar entre la gente por si te miran. Que miren donde quieran.

Atrévete a pedir un aumento de sueldo si estás seguro de que te lo mereces porque trabajas más de lo que esperan de ti y les eres rentable.

Da el paso de aprender aquello que te gusta, pero siempre dejaste de hacerlo por temor al fracaso.

Afronta situaciones nuevas sabiendo que te vas a encontrar con alguna sorpresa casi siempre agradable.

Mira a la gente a los ojos, aprende lo que sienten. No te van a comer, te lo aseguro, ni se van a reir.

Sal a hablar en público si te lo has preparado. ¿Vas a quedarte con las ganas para siempre de ver lo bien que uno se siente cuando transmite lo que piensa?

Pregunta aquello que no sabes en lugar de quedarte con las ganas. Lo más que ocurrirá es que no te contesten, pero eso es improbable.

En fin, amigo o amiga. No dejes que el temor te vaya bloqueando las salidas y te pases la vida evitando o escapando por temores más bien irracionales. ¿O prefieres morir de envidia viendo cómo la gente se lanza sin temor en pos de expresar sus deseos, de cumplir sus proyectos y ganarse el favor de los viandantes? Venga, rompe de una vez esas cadenas que te impide ser libre y moverte a tus anchas. ¡Atrévete!

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NECESITAMOS UN MUERTO
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Miguel Silveira | 16-01-2011 | 12:57| 0

Muy bueno lo que Julio, un cirujano plástico, le dice a su familia cuando se quejan sin razón justificada: “Necesitamos un muerto”. Qué razón tienes Julio y qué simple pero acertada esa estrategia de recordar que, cuando empezamos a quejarnos, sin sólida razón, necesitamos colocarnos en una situación adversa para, instantáneamente, recordar que podemos estar muy mal y por tanto dejar de lamentarnos con la facilidad con que nos sale de la lengua.

Es aquello de compararse siempre con alguien que está en peor estado, es aquello que cuentan de que un hombre se iba quejando de que no tenía zapatos y al mirar para atrás vió uno que no tenía pies. Pero como en esta sociedad, afortunadamente, vivimos mucho mejor que en otros tiempos de penosos esfuerzos y estado, tendemos a olvidar que siempre podemos estar mucho peor. Por tanto no es estrictamente necesario que llegue una desgracia de verdad. Basta, ahora que estamos en plena vigencia de lo virtual, con que en el mismo momento en que la queja nos sale de los labios o inunda el pensamiento, centremos la atención en una situación simulada muy desfavorable para tener conciencia desde otra perspectiva del trance por el que atravesamos.

No es necesario tampoco que volvamos a tiempos de estrecheces y miserias. Basta con ponerse a imaginar cómo nos sentiríamos en esa mala situación imaginada y valorar de pronto la situación presente. Esta es una estrategia que viene a corroborar la importancia que el contenido que ocupe nuestra mente tiene para nosotros. Según sea el pensamiento así nos sentiremos y por tanto depende de nosotros y a nuestro alcance está elegir qué queremos pensar en cada instante. Lo espontáneo es dejarnos llevar de lo que emerge en nuestra mente pero lo provechoso es entrenarnos en poner la atención en lo que nos conviene. ¿Qué es difícil, me dices? Pues claro.

Pero la cuestión no está en la dificultad sino en la posibilidad o no de hacerlo. Si no es posible estaremos perdidos y será una desgracia. Pero si es posible pensar de otra manera, el que sea difícil es algo secundario, irrelevante.

O sea que no hace falta muerto alguno real para compararnos y sentir alivio. Basta con que pensemos en el posible muerto para sentir el respigo necesario y salir de ese estado que conlleva el estarse quejando. Sobre todo si no hay razón…suficiente.

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LA FAMILIA, FUENTE DE DOLOR
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Miguel Silveira | 07-01-2011 | 15:49| 0

No me malinterpreten al leer el título como si yo fuese enemigo de la institución familiar. Estoy convencido de que la familia nos aporta momentos de consuelo, nos da sentido de la pertenencia y nos ofrece apoyo, amén de otras ventajas pero la familia muchas veces es el principal origen de sufrimiento para algunos de sus miembros. Me decía un médico generalista no hace mucho que gran parte de las dolencias que la gente padece son la consecuencia, manifestación y somatización de conflictos familiares.

La familia, aunque ventajosa, es un ámbito de tensiones terribles entre sus miembros y estas tensiones se pagan caro a veces en la salud de las personas. Las tensiones proceden o bien del afán posesivo que tienen muchos padres, en especial las madres, sobre sus hijos y si estos son débiles de carácter sucumben contra su voluntad y al verse dominados, atrapados, cazados, enferman de indefensión. O bien proceden de la culpabilidad o bien del desamparo, de los celos, del egoísmo, del desamor o de la manipulación sutil o del maltrato de algunos miembros.

En la familia es donde se ejercen impunemente movimientos, posturas y tratos que, de ejercerlos con otros ciudadanos, serían perseguibles de oficio. Siendo esto así la salud viene favorecida por el cultivo de una actitud comprensiva entre los miembros. Todo lo que sea imposición a ultranza, dominio escandaloso en nombre del amor, desprecio, sumisión, esclavización, culpabilización y otras conductas son una buena forma de poner en peligro nuestra salud y nuestra estabilidad emocional.

La institución familiar debe regirse, como cualquiera otra institución por las reglas de la cortesía, la libertad, el respeto a la libertad y personalidad del otro siempre que su forma de ser no perjudique a los demás, la justicia en fin que pide dar a cada uno lo suyo, sea en bienes o en trato personal. Y esto debe aplicarse a los padres así como a los hijos y hermanos. Si alguno cree que en la familia vale todo que se preparen los más buenos, los que ceden por sistema, los que no plantan cara o no hablan claro y los que al sentirse culpables lo dan todo y reciben muy poco en recompensa.

Los que van a lo suyo y manejan a los demás no son los perdedores por desgracia. Tomen nota los más sensibles.

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CUIDAR NUESTRA SALUD MENTAL
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Miguel Silveira | 01-01-2011 | 12:53| 0

Se sabe que los trastornos mentales tienen gran incidencia en la población y se prevé que siga creciendo en los próximos años según la OMS y según todos los estudios realizados. Cuando perdemos salud mental por la ansiedad, la depresión, las obsesiones, etc. es perfectamente comprensible que se intenten buscar remedios lo más mágicos y eficaces posibles porque el sufrimiento que llevan anejo es muy intenso y por eso la venta de ansiolíticos y antidepresivos están a la cabeza de los medicamentos más vendidos.

Es comprensible que se busquen remedios en la “magia” de los fármacos pero no hay que engañarse porque los fármacos no tienen esa virtualidad aunque sean necesarios. Puedo sugerir que se acuda al psicólogo que siempre puede servir de gran ayuda pero lo que ahora quiero resaltar es que la enfermedad mental viene determinada mayoritariamente por la forma en que nos comportamos, por el estilo de vida que llevamos. Este es el verdadero responsable y no los genes, sobre todo, según algunas hipótesis. La influencia de nuestros comportamientos no es cuestionable pues está empírica y reiteradamente contrastada.

Usted puede saber si su estilo de vida es sano o enfermizo, si le ayuda a estar sano o le crea problemas. Usted sabe si vive bajo la presión del estrés, la aceleración, la competitividad exagerada, del abarcar más de lo que puede su organismo y conoce la presión a la que está sometido. Sabe si sus hábitos de consumo son nocivos o sanos, si fuma y bebe alcohol en abundancia, si le obsesiona o domina el consumismo. Sabe bien si el tiempo que dedica al ocio y al descanso y al sueño son los adecuados así como su forma de comer, cómo come y lo que ingiere, si es muy negativo en sus percepciones de la realidad y si vive en conflicto consigo o con la gente.

Todas estas facetas y otras muchas constituyen nuestra forma de vida y de comportamiento y eso influye de forma taxativa en cómo nos sintamos de sanos mentalmente. Por eso, además de echar mano de los fármacos, tan sólo cuando no haya más remedio y el tiempo imprescindible, es necesario modificar nuestros hábitos inadecuados. Nuestra salud mental está en nuestras manos más de lo que parece. Sólo que requiere esfuerzo personal y disciplina.

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PARADOJAS HUMANAS
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Miguel Silveira | 24-12-2010 | 23:11| 0

Se define al ser humano como animal racional pero con más frecuencia de la deseable este actúa como si fuese irracional. Por ejemplo, cuando quedamos enganchados o colgados de alguien que, de entrada, nos ofrece atención y cariño con riesgo de que esa relación se vaya complicando y luego descubramos que esa relación nos resulta nociva, inconveniente e insana por habernos precipitado en formalizarla. Aunque puede sucederle a cualquiera hay un perfil de personas a quien suele afectar más necesidad de emparejarse y por tanto perder los papeles con más probabilidad.

Me refiero a mujeres que tienen más de treinta años y sobre todo si están cerca de los cuarenta y aún no tienen hijos. Les da por pensar que van a quedar solas. Y si sus amigas están casadas y con hijos les entra más desesperación e impaciencia y se vuelven proclives a buscarse contactos y, sin pensarlo bien, pueden embarcarse en una relación un tanto arriesgada y luego darse cuenta de que habría sido mejor esperar y darse tiempo a evaluar la relación establecida.

No conviene lanzarse precipitada e impulsivamente sino pensar que nada más conocerse no se debería abrir de par en par la puerta del corazón y de la casa por si la relación resultase inviable. Las relaciones personales en general y las emocionales en particular requieren de cuidado y ciertas precauciones antes de proceder a formalizarlas. Requieren autoevaluación y evaluación del proceso para poder calibrar la conveniencia y procedencia de la misma, mirando el medio y largo plazo, sobre todo. A corto plazo o en plan aventurilla pasajera de unas horas es distinto.

Muchos hay que lloran después por no haberse parado y usado la razón cuando lo que se hallaba en juego no era un momento de sabrosa apetencia sino una convivencia desgraciada. Sabemos que la emoción manda en nosotros por regla general pero tratándose de relaciones emocionales, en especial, es preciso contrarrestar o neutralizar la carga emocional, ya de por si elevada, con algo de racionalidad que simplemente consiste en pensar, en sopesar los pros y contras y las posibles consecuencias de un acto o decisión de tal naturaleza.

Si las hipotecas de los bancos hay que estudiarlas bien, con más razón aún debe uno tener prudencia al hipotecar su vida emocional.

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VIVIR DE PRESTADO
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Miguel Silveira | 18-12-2010 | 23:41| 0

Me preguntan si hay personas que son lo que no quieren ser y son lo que les exigen los demás y la respuesta es sí, rotundamente. Claro que las hay y abundan más de lo que nos dice la apariencia.

Todo aquel que no es capaz de construir una personalidad propia, sólida, sostenida sobre criterios personales y sobre ideas claras sobre qué es lo que quiere, cómo quiere ser y a donde se dirige está expuesto a ser lo que los demás le exijan y cómo le exijan que se comporte y, si tiene alguna idea propia, esta es tan frágil y su dependencia de lo que lo demás esperan de él es tan considerable que no tendrá inconveniente en disponerse a ir viviendo a expensas de las demandas exteriores, de lo que los demás le solicitan, le piden o le mandan que haga.

Muchos incluso no esperan a que sean los otros quienes le pidan que se comporten de una determinada forma. Son ellos mismos quienes, suponiendo que saben o creyendo saber lo que se espera de ellos, se comportan en consonancia con esa expectativa que ellos mismos se forman. Viven así intentando no defraudar a la gente, colgados de lo que creen que la gente piensa de ellos.

Naturalmente no tienen una alta autoestima, una autovaloración satisfactoria y no se perciben como valiosos e independientes sino que su categoría depende del aprecio externo y por eso se pasan la vida mendigando la aceptación ajena, aunque el precio que paguen sea elevado. El caso es sentirse aceptados y que les hagan caso, aunque sea para prestarse a ser utilizados. Viven pues de prestado y apuntalados desde fuera de su yo. Si alguien les pide que hagan algo lo harán sin más dubitaciones. Para ellos será una fuente de angustia constatar que no se les acepta y considera como esperan. Por tanto al estar siempre a expensas de la gente les falta la auto sustentación que necesitan. Si los demás les retiran su cariño y su atención quedan desubicados, desorientados y pierden a veces los papeles.

Y no digamos ya si esas personas de las que dependen, les retiran el cariño, les abandonan o se les mueren. Quedan paralizados, desfondados y angustiados. Aunque a todos nos gusta la consideración ajena, lo mejor es confiar plenamente en uno mismo aunque no guste a todos y vivir libremente. Tener personalidad, llaman a eso y moverse por el mundo seguros de si mismos.

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NUEVO FRACASO
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Miguel Silveira | 11-12-2010 | 20:00| 0

Nuestros alumnos españoles han recibido de nuevo un suspenso en comprensión lectora. Quiere decir eso que si no son capaces de comprender bien lo que leen, tendrán también dificultades en comprender lo que ven y escuchan y en sintetizarlo en ambos casos. Si una persona es deficitaria en esos repertorios también lo será en la capacidad de expresar bien lo que leen, lo que escuchan y ven.

Quiere decir que estaremos formando ciudadanos mutilados, muy limitados, pues estas dos capacidades son fundamentales para valerse en esta vida. Quien no comprende bien traga todo lo que le llega sin más. Es como comer garbanzos casi sin masticar y exponerse a que se le indigesten. Y quien no sabe expresar bien lo que sabe, ha visto o escuchado no puede relacionarse eficazmente, fracasará en la comunicación de sus conocimientos.

Si estamos formando ciudadanos pequeñitos que son deficitarios en estas habilidades ¿qué les puede esperar a ellos y por ende a quienes con ellos se relacionen? Principalmente dificultades y fracasos. Es necesario que nuestros gobernantes decidan formar bien a los futuros profesores y maestros y reciclar a los que no saben trabajar con los alumnos de una forma pedagógicamente correcta en esas dos habilidades esenciales. Enseñar a los alumnos a comprender, supone no que repitan mecánicamente y a trocitos lo que han leido o estudiado sino que sean capaces de entender el conjunto, qué es lo esencial de un texto y lo accesorio y enseñarles a que sean capaces de expresar con sus propias palabras bien el contenido.

Si el informe PISA nos da un nivel muy bajo es que no se les entrena en estos repertorios de manera aceptable. Por lo tanto ¿a qué debe esperarse para introducir correcciones en los planes docentes y de estuidos que es tanto como decir la forma de transmitir los saberes, en los libros también? Desde la LOGSE ya se vienen perdiendo energías y tiempo y de esto ya llevamos veinte años en España. No veo que se hayan hecho o se estén proyectando reformas eficaces para que en el próximo informe salgamos bien parados o, estemos al buen nivel que en otros campos tenemos en España.

Quien llega a joven sin haber aprendido bien estas dos competencias no podrá superar bien ese desfase pues entonces ya estará ocupado en otros menesteres. Para eso está el tiempo de colegio.

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RELACIONARSE BIEN
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Miguel Silveira | 05-12-2010 | 00:37| 0

Una cosa es relacionarse con la gente y otra muy diferente saber relacionarse bien. Una cosa es mandar y otra saber mandar. Una cosa es hablar y otra medir lo que decimos. Relacionarnos, mandar, reclamar, preguntar, vender o comprar lo hacemos todos pero saber hacerlo bien sin levantar ampollas y sin crear tensiones y conflictos es algo diferente. Quien sabe relacionarse bien se las arregla para dejar sembrado en su interlocutor una impresión tal que la reacción que obtiene es la correcta.

Quien se relaciona bien sabe escuchar cuando hay que hacerlo, sabe decir las cosas en el tono adecuado, en el momento justo y de la forma que sea más apropiada. Las relaciones personales suelen estar regidas por normas y principios implícitas que al tenerlas en cuenta arrancan de nuestros receptores respuestas deseadas y adecuadas. La reciprocidad es uno de ellos, según el cual como trates al otro así reaccionará o así será su trato contigo.

Otro principio es el de tener en cuenta al otro, alimentando su necesidad de atención y reconocimiento al tratarle de forma que se sienta escuchado, atendido, apreciado, respetado y satisfecho. De esa forma las relaciones consiguen ser fluídas y con pocas aristas. Pero todo ello requiere estar atentos cuando hablamos a cual sea la reacción del interlocutor para adecuar nuestras intervenciones y corregir lo que no vale ni funciona. No vale con hablar o decir solamente antes muy al contrario hay que cuidar lo que se habla y cómo lo decimos teniendo en cuenta el interlocutor, su estado pero también el contexto o situación de que se trate, ya que la situación, bien estudiada, nos habrá de indicar la procedencia o no de nuestra intervención.

Hay que medir las consecuencias pues bien sabido es aquello de “palabra y piedra suelta no tienen vuelta”. Por no estar mínimamente atentos y no cuidar que no sea la emoción, sobre todo, la que nos guíe en nuestras actuaciones se pueden derivar muchos fracasos, desastres y conflictos con todo el malestar que ello conlleva. Ajustarse al interlocutor y a la situación es todo un arte que requiere estudiar, observar y fijarse, escuchar y frenar nuestra lengua. Y se derivan gratas consecuencias, beneficios y logros y en ese caso es cuando relacionarse ha merecido bien la pena. Relacionarse bien requiere autocontrol y gran paciencia.

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MUY PREOCUPADO
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Miguel Silveira | 27-11-2010 | 22:35| 0

Si, me he quedado muy preocupado. Ya lo veía venir y he escrito muchas veces sobre ello pero ya está ocurriendo lo que tantas y tantas veces he denunciado en diferentes medios y auditorios. Que nuestros hijos, si se educaban o se educan en la sobreprotección acabarán muriendo hechos pedazos en las fauces de los muchos leones que pululan y el peor de todos es la crisis que nos está asolando.

Me acabo de enterar de boca autorizada que muchos de nuestros jóvenes están paralizados ante la crisis actual esperando que alguien les ayude y les saque las castañas del fuego y del marasmo en que muchos se encuentran. Esperan con veinticinco o treinta años que venga desde fuera a salvarles a los que se están ahogando. No tienen capacidad de reacción y respuesta y se nos están quedando esperando a Godot y este no viene porque Godot está también tocado por la crisis y no tiene tiempo para mirar por otros.

Si alguien les hubiese educado desde muy pequeños a espabilar, a desenvolverse a su manera en lugar de darle de beber en biberón hasta los dos o tres años, en lugar de acostarlos con sus padres en la misma cama como si la vida les fuese a tener siempre en palmitas, en lugar de llevarlos al colegio con siete u ocho años, aunque este esté y estuviese a dos manzanas, en lugar de colmarlos de juguetes diariamente aunque ni siquiera lo pidan, en lugar de confabularse los padres y abuelos para que el niño no llore porque llorar es poco menos que un desastre, en lugar de darles solucionado lo que ellos podìan o pueden solucionar, si alguien hubiese hecho los deberes obligándoles a espabilar y ser autónomos no tendríamos ahora tantos y tantos jóvenes indefensos esperando la soluciòn de fuera y estarían a estas horas protestando, incordiando, sacando la cabeza como fuera, rebelándose e intentando remontar ellos el vuelo aunque se diesen contra el suelo algunas veces.

Pero ni a eso les han entrenado sus padres ignorando que la vida no perdona y ahora que la crisis les ha cogido desprevenidos no les queda sino llorar amargamente el hundimiento de sus ojos derechos y hundirse también ellos. Pobres hijos y pobres padres y pobres de nosotros porque si los jóvenes se hunden ¿Quién se apidadará de nosotros los viejos que dependemos de ellos? Estoy muy preocupado porque no veo que los padres de los recien nacidos sean muy distintos…

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MERCANTILIZACION DE LAS RELACIONES
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Miguel Silveira | 20-11-2010 | 16:41| 0

Asistimos a una progresiva mercantilización de nuestras relaciones personales, incluidas las amistosas, familiares e incluso de pareja. La economía ha ido invadiendo todos los ámbitos, incluído el amoroso, y se cree en el principio de fomentar y cultivar las relaciones que nos producen beneficios y desechar las que nos incomodan, aunque sen familiares.

El “te doy para que me des” (do ut des) y el “si me das, te doy” están muy presentes en nuestras interacciones. Sacrificarse por el otro y aguantar en silencio está siendo arrinconado por la búsqueda del interés y la comodidad. Con ellos se va construyendo un ambiente de pérdida de ilusión por las relaciones genuinamente altruistas y amorosas, salvo excepciones, por supuesto. No se cultiva en la educación que impartimos la práctica de la generosidad sin esperar a cambio respuesta parecida y si no echad una ojeada al panorama educativo familiar. Sin embargo al mismo tiempo que este fenómeno social se va extendiendo persiste intacta nuestra necesidad de ser amados, apreciados, atendidos, amparados y socorridos.

Esta aparente paradoja crea un estado de ansiedad y en algunos casos de desgarro emocional sobre todo en aquellos que se entregan esperando la misma respuesta por reciprocidad, pero ven que esta no llega o llega a cuentagotas. Es por tanto preciso un cambio de mentalidad en el sentido de admitir la realidad que he referido y que se va imponiendo, si no se quiere morir de pena, de desesperanza y depresión, al no llegar la atención ansiada. No es que deba imponerse en las víctimas de esa carencia de afecto el escepticismo pero sí un criterio realista para no sucumbir al desasosiego, si los seres queridos no responden a nuestros legítimos deseos y expectativas.

Es deseable que nuestras relaciones amistosas, familiares y amorosas se humanicen pero si por algunas razones uno encuentra frialdad, distanciamiento e interés, donde esperaba ilusamente encontrar amor sacrificado hay que reestructurar el pensamiento y las expectativas y hacerlos más realistas. Es beneficioso para la salud mental de quien lo practica. Todo esto sin desistir de esperar y desear que el amor y el sacrificio en nuestras relaciones amorosas vuelva a ocupar espacios ahora un tanto vacíos de esos valores. Pero, mientras eso llega, viene bien una cura de realismo.

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Sobre el autor Miguel Silveira
Psicólogo clínico, experto en ansiedad y estrés C/ Carlos Marx,1 - 6º D Gijón (Asturias) http://www.miguelsilveira.com http://www.estresyansiedadonline.com

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