El Comercio
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MALTRATADORES PRECOCES
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Miguel Silveira | 16-04-2011 | 21:43| 0

Cuando a los 18 años su novio, de 19, al verla hablando con otro compañero, la retuvo un dia más de dos horas, sin dejarla marchar, habiéndole roto el movil previamente y escupido, además de insultado, esa chica quedó paralizada y como sorprendida de tamaña reacción. No lo esperaba, aunque a decir verdad debía haberlo esperado, pues ya desde hacía tiempo la tenía controlada en muchos de sus movimientos y coaccionada. Sacaré a colación algunas conductas que el sujeto la había forzado a hacer prácticamente desde que se conocieron y empezaron a salir a sus 17 años. No la dejaba mirar a otros chicos y si lo hacía se ponía muy nervioso y celoso y la reñía. Siempre se metía con sus faldas o con sus pantalones, con su ropa y si le parecía que era ajustada le prohibía que la pusiera argumentando que a él no le gustaba porque “provocaba” (sic) a otros chicos.

Si por alguna razón él se ausentaba algún fin de semana le prohibía que saliese con amigas a lo que ella dócilmente obedecía. Siempre la acompañaba hasta el portal de su casa para asegurarse que quedaba a buen recaudo pero él se marchaba a ver a los amigos donde sabía que se encontraban. La tenía en un puño argumentando que el amor que sentía por ella era el más grande y puro. Su espíritu posesivo y dominante se imponía hasta privarle de la más elemental libertad. Él iba imponiendo su posesión y su dominio y ella aceptando con sumisión y con cierta inocencia el juego establecido por él. Hasta que un día ocurrió lo que he citado y desde entonces ella vivió angustiada aunque a él le pusieron una orden de alejamiento.

Vive algo más tranquila pero aún siente cuando habla de él un cierto escalofrío que recorre su cuerpo. Si alguien le hubiese advertido de que si se daban esas prácticas en un supuesto novio era señal de maltrato quizás habría podido poner remedio y ofrecer resistencia desde el mismo momento en que él comenzó a excederse en ese trato descortés, celoso y posesivo.

Es necesario avisar a las adolescentes de los indicadores de maltrato que ya en la adolescencia se presentan con frecuencia por parte de muchos de los chicos. Hay que enseñarles no solo a detectar esos indicadores sino a ponerles límite en cuanto que aparecen. Es la única forma de que el maltratador no aumente su dominio y de que no se haga tarde cualquier intervención.

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ADOLESCENTES REBELDES
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Miguel Silveira | 09-04-2011 | 22:54| 0


Decir que un adolescente es rebelde es una tautología, es una repetición inútil, porque adolescencia y rebeldía van íntimamente unidas. Tanto que quien en esa etapa no lo es en algún grado no parece ajustado a su realidad. Por tanto los padres no deben extrañarse de los comportamientos que realizan porque es tanto como esperar que en verano haga calor. Siendo así, aunque no deje de incomodar a los padres, porque tener un forúnculo en la piel es muy molesto, los padres no deben extrañarse de que sean turbulentos. Probablemente ellos, nosotros, fuimos también rebeldes y contestones aunque con distintos matices porque fueron otras épocas.

La cuestión es saber llevarlo con paciencia y ejercer una labor de contención hasta un cierto nivel. Si es esperable y natural que los adolescentes sean batalladores y se afirmen de esa forma frente al poder adulto, también es esperable que los padres cedan en aspectos secundarios aunque fuercen lo esencial, la obediencia a los límites que deben imponerles sencillamente para que esos chicos no crean que pueden hacer siempre lo que les venga en gana. Contener sus presiones es bueno para todos, para los chicos porque aprenden que uno no puede salirse siempre con la suya, que en la vida hay límites que es preciso respetar para facilitar la convivencia y que es bueno aguantarse y no tener siempre y ¡ya! las gratificaciones que uno quiere.

Por tanto la lucha entre los padres y los hijos es en ese periodo cuando cobra mayor relieve y cuando el dramatismo de la misma es más notable. ¡Atención!, saber que la adolescencia es rebeldía no significa para los padres dimitir de sus responsabilidades. Bien es cierto que agotan pero el agotamiento no debe ser razón suficiente para que los chicos se salgan con la suya. Lo esencial debe ser respetado, como son sus horarios de comida y de sueño, su esfuerzo diario en lo académico, cuidar las compañías, supervisar si hay consumo de drogas y actuar sobre ello, que respeten la autoridad de sus profesores, que hagan ejercicio y mantener un cierto orden en sus cosas y pertenencias. Secundario es querer ponerse un piercing o un tatuaje, por ejemplo, o su forma de vestir o de peinarse.

Si cumplen sus responsabilidades principales lo esencial de su formación está salvado. Y sólo toca esperar a que pasados unos años se vayan serenando y de hecho la mayoría lo consigue, pasado ese periodo. Por tanto no se me intranquilicen demasiado.

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CULTIVAR LA OBSESIÓN
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Miguel Silveira | 02-04-2011 | 19:59| 0

Aunque no lo parezca la obsesión, las obsesiones sean sobre la salud propia o ajena o sobre cualquier tópico se pueden cultivar como se cultivan las lechugas. Basta saber cual es el medio ambiente necesario para ello y las condiciones que este debe reunir. Ponerse manos a la obra y ¡bingo! tenemos conseguida una obsesión perfecta. No hay mucha diferencia en la forma del cultivo. Lo distinto es la semilla y el fruto que se obtiene. En un caso lechugas y en el otro obsesiones.

Preguntará el lector, con toda lógica, qué condiciones estupendas son esas para saber si sigue cultivando la obsesión o abandona el trabajo. La mejor condición o ambiente es vivir en tensión emocional, nerviosa y muscular, es vivir en ansiedad o estrés el mayor tiempo posible y aún mejor si la persona no duerme de forma suficiente ya que de esa manera el cerebro no descansa y dispara la tendencia obsesiva, cuando surge un motivo. No hace falta añadir nuevas artes de regadío mental porque aquel que vive en tensión y no descansa o duerme se encargará de regar sus obsesiones más de lo necesario.

No le digan al obsesivo que se esfuerce en alejar de su mente el contenido que le angustia, porque en tal situación y estado le resultará, por supuesto, imposible. ¿Entonces? La respuesta está clara. Si en cuanto a las lechugas en lugar de ponerles buena tierra y abono las plantamos poniendo mala tierra y poco abono crecerán de tal forma que quizás no lleguen a cuajar. Lo mismo la obsesión. No has notado, querido obsesivo, que cuando más nervioso estás o estás más estresado más crece tu tendencia a obsesionarte? Por tanto lo que hay que procurar es llevar una vida relajada dentro de lo posible. Es decir, procurar no abusar de nuestra resistencia corporal y mental. Es bueno no cargarse de trabajo y de ocupaciones diariamente, no vivir acelerado sino hacer más despacio las cosas que hacemos al galope. Viene bien hacer ejercicio frecuente, dos veces en semanas o tres mejor. Viene bien hacer relajación de vez en cuando o yoga. No abarcar demasiado ni estar en varios frentes complicándonos la vida. Viene bien descansar y no hacer nada de provecho algunos momentos y en general tomarse la vida con un poco más de calma y de sosiego.

Y por supuesto concentrarse en lo que estamos haciendo, en el aquí y ahora, cuando viene la obsesión en lugar de dejarse abducir por ella y perder el contacto con el momento y escenario presentes. Lo que sea con tal de no abonar el terreno a la obsesión. Es decir, vivir un poco más tranquilos.

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DESARROLLAR LA CREATIVIDAD
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Miguel Silveira | 26-03-2011 | 22:28| 0

Entre el temor a equivocarnos y lo pautada que unos y otros nos dan la vida hemos ido renunciando a salirnos del camino trazado, esperado, asignado y con ello al ejercicio de la creatividad y la innovación. Hemos ido agotando hasta quedar casi vaciada nuestra capacidad de imaginar caminos diferentes, de imaginar soluciones distintas a las que nos han enseñado. La enseñanza que hemos ido recibiendo ha insistido en lo que se llama la “inteligencia convergente” como si todos los problemas tuviesen una sola y única solución, cuando son variadas las que existen.

A base de cerrar el abanico nos acostumbramos a buscar una sola vía y renunciamos la aventura de hallar alternativas. Nos entra el miedo a indagar, investigar, imaginar vías, a equivocarnos en fin y renunciamos al ejercicio estimulante y maravilloso de la creatividad y de la innovación. Sin embargo está muy demostrado que el uso de la inteligencia divergente y lateral o aquella que se abre a nuevas ocurrencias, aunque parezcan absurdas de momento, conduce siempre al enriquecimiento de nuestra producción intelectual, al hallazgo de recursos creativos.

Y además de que el sistema educativo nos ha sometido a una pobreza escandalosa en inventar soluciones a medida que crecemos, no falta en la familia y en la escuela quien nos dice lo que estamos haciendo mal, quien nos señala los errores a bombo y platillo, quien nos pasa por delante de los ojos nuestra equivocación y nuestra osadía a ser distintos y ofrecer soluciones diferentes. De ese modo el miedo va creciendo a la par que crecemos y en la misma medida reducimos nuestra expansión intelectual, achicamos la mente y la creatividad. Que inventen otros, como decía Unamuno, parece la actitud más acertada. ¿Es esperable en semejante estado sociológico esperar que nuestros jóvenes y adultos se pongan a inventar sin que les llamen locos? No parece probable. Sin embargo tengamos la edad que tengamos es un sano ejercicio ponerse a pensar en distintos caminos y alternativas para resolver los problemas diarios. Es cuestión de probar, de entrenarse.

La oxidación de la creatividad que padecemos hará difícil al principio el nuevo estilo de innovación de soluciones pero poco a poco aumentará esta habilidad tan deseable. ¡Ánimo! A entrenarse en buscar soluciones a todos los problemas sin miedo a fracasar. Y a permitir a nuestros pequeños avanzar sin reñirles por los errores que cometan. Hay que perder el miedo y superar la comodidad.

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“YA NO TE QUIERO”
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Miguel Silveira | 19-03-2011 | 21:01| 0

Se sentó en el salón después de comer y ante la pregunta de su esposa de qué le sucedía que últimamente lo veía desganado y como ausente, él le dijo que desde hacía un tiempo ya no sentía por ella casi nada, que su deseo y amor se habían ido apagando. Entonces acordaron separarse de mutuo acuerdo, pero él no daba el paso y así pasaron meses hasta que la mujer deprimida le preguntó cual era su intención y a qué estaba esperando. ¿Respuesta? El silencio. Parece que su problema era dejar el piso en que vivían ellos y la hija y por eso su resistencia a abandonarlo y dejar que ella siguiese de inquilina.

Este tipo de reacciones y actitudes ocurre con frecuencia. Uno de los dos dice que ya no siente por el otro lo que venía sintiendo, pero no se separa porque la separación supone dejar la casa, dejar esa pensión con el riesgo de que el otro la disfrute y tener que buscarse la vida y ver cómo aumentan sus gastos. Ante esta situación ¿qué procede hacer?

Aunque no todos los casos son iguales ni fácilmente solubles lo suyo es obligar, aunque sea moralmente, a la parte decepcionada a que abandone y marche si ya no está conforme con continuar la relación en el futuro. Si uno no quiere al otro ya tiene que ser valiente y separarse con todas las consecuencias, incluyendo el abandono del cubículo en el que había vivido hasta ese instante. Y no deberían valer los hijos como excusa. Si dos personas no se quieren y una lo confiesa y reconoce, lo lógico es que el confesando se aleje, excepto de las responsabilidades concernientes a los hijos, si los tienen. Puede uno tratar de engañar al otro o auto engañarse con no sé qué argumentos, pero con el tiempo no sirve y a nada positivo eso conduce. Por encima de las declaraciones lo que ocurre es que la casa o el piso en estos casos, suelen atar tanto como calabrote de barco.

Digamos sin ambages que si no fuese por el inmueble muchas parejas tendrían muchísimos menos conflictos y dificultades a la hora de separarse. Aunque hay que entender que no es fácil renunciar a ese bien tan escaso y tan preciado en estos tiempos ni decidirse a dar el paso de venderlo y repartirlo como buenos hermanos, sin embargo vivir separado de alguien a quien no quieres es más sano, a la larga y más inteligible y les permite a los dos vivir en libertad en adelante. De todas formas el terreno es pantanoso y en temas de relaciones de pareja una cosa es la lógica y otra las apetencias y emociones. Lo material tiene mucha importancia.

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¿DE QUÉ NOS QUEJAMOS?
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Miguel Silveira | 12-03-2011 | 22:31| 0

Hay momentos en los que a uno se le atragantan las palabras o queda boquiabierto de sorpresa. Nos ocurrió estando hace unos días de visita en el primer campo de concentración y de exterminio de Sachsenhausen, cerca de Berlín, del que luego surgirían otros veinticinco, con mil doscientos subcampos o delegaciones de esos campos, repartidos por Alemania y otros sitios cercanos. Por cierto yo no sabía que había campos de concentración y campos de exterminio anejos a los otros.

Eran laS once de la mañana de un sábado y estábamos a un grado con una ligera brisa. En un momento dado, una vez que habíamos atravesado la puerta de entrada y la de vigilancia, donde se podía leer la macabra frase de “El trabajo os hará libres”, mientras el guía nos describía la “zona neutral” o donde el preso que entraba en ella lo hacía para suicidarse, porque un letrero decía que si la traspasaba sería abatido a tiros, uno de los asistentes a la visita se quejó en voz alta de que hacía bastante frio.

El guía con voz seria y grave dijo: “Justo donde pisáis es donde formaban cada día los prisioneros e internos en su pijama de rayas, a muchos grados bajo cero, famélicos, enfermos y sobre todo sin esperanza. Vosotros venís bien abrigados, con guantes y bufanda, con vuestro bocadillo y vuestro móvil. ¿Os parece que hay motivos reales para quejarse?” Se hizo un largo silencio. De allí pasamos a las barracas donde dormían apilados dos o tres por litera, a los urinarios, donde tan sólo se les daban quince segundos para orinar y cuarenta y cinco para hacer sus necesidades mayores y si no le daba tiempo a terminar le castigaban y los que esperaban su turno le arrancaban de la taza para sentarse el siguiente.

Después a la morgue, luego a la pared de los fusilamientos, a la cárcel del campo (sí, había cárcel dentro del campo!), a la enfermería donde se hacían los experimentos macabros y finalmente a los hornos crematorios desde donde sacaban las cenizas, con las que se atrevieron a asfaltar un camino del campo. Desde ese dia no me abandona el recuerdo del contraste entre la queja aquella inocente e impulsiva, que podía haber salido de mi boca ¿por qué no? y la terrible realidad que sufrieron miles de inocentes allí mismo y millones en otros bajo el terror de las SA y las SS de Hitler. A veces nos quejamos de vicio.

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DAR LAS GRACIAS
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Miguel Silveira | 26-02-2011 | 20:28| 0

Según el principio de reciprocidad (que todavía funciona en nuestra sociedad, aunque haya bajado algunos enteros) se deben dar las gracias a quien nos hace algún favor bien porque lo pidamos o sin haberlo solicitado. Es lo menos que se debería hacer en justicia pero también porque, quien nos complace merece (y muchos necesitan) recibir el refuerzo o reconocimiento a su acción generosa. Ellos tienen su yo y todo yo necesita entre otras cosas satisfacer la necesidad que tiene de reconocimiento porque éste sustenta y eleva la autoestima y anima al mismo tiempo a seguir favoreciendo a otros seres humanos.

Casi somos más dados a dar las gracias a quien nos favorece pero no pertenece a nuestra red social o nuestro círculo, por una especie de compromiso hacia el extraño. Sin embargo parece que siendo de la familia o allegado el otro tiene la obligación de echarnos una mano y por ello tendemos a olvidarnos de expresarle nuestra gratitud sentidamente. Es un error, pues tanto merece nuestro agradecimiento el uno como el otro. La costumbre y rutina es la que hace olvidarnos de los nuestros y por eso no extraña que haya quien se sienta desolado por falta de respuesta una vez que el mismo o la misma se han volcado. “Muchas gracias” es una expresión que sienta a todo el mundo, como el sol sobre la piel en plena playa.

Relaja y nos anima y nos pone a favor de seguir ayudando cuando la ocasión así lo exige. Es una caricia psicológica y las caricias, ya sabemos, son buenos tranquilizantes y buenos lubricantes de nuestras relaciones. En realidad si quien debe dar gracias no las da o no las da con calor y con emoción, está ignorando la fuerza que eso tiene para él mismo, pues es como lanzar un bumerang, que siempre vuelve a quien lo lanza con aumentada fuerza.

Muchas gracias suena también como agradable música al oído y en lo que se refiere al pecho, a nuestro pecho, nos lo ensancha. ¿Lo has notado alguna vez en propia carne? Me pregunto por qué, siendo tan agradable y eficiente, se nos olvida tanto dar las gracias. Debe ser porque pensamos que en nuestras relaciones es obligado hacer favores. En absoluto es cierto. Por eso, amigo lector, me apetece y debo decirte “Muchas gracias por haberme leído hasta este instante”.

Y así cumplo con el principio de reciprocidad citado ya al comienzo.

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GRITAR EN EL DESIERTO
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Miguel Silveira | 26-02-2011 | 20:16| 0


Esto es un auténtico grito en el desierto. Lo sé. Sé que no surtirá efectos un simple grito pero no puedo callarme y aunque sea como profundo desahogo quiero darlo. No sé cómo decir que en nuestra educación está escandalosamente mermada la cultura del esfuerzo personal. Contribuye a ello que la exigencia de los textos es muy baja, que se quiere que el alumno pase de curso y no repita, queriéndonos dar la impresión de que al promocionar casi automáticamente es que todo va bien. Pero no es cierto.

“Tengo veinticinco alumnos, me decía un profesor hace unos días, y sólo tengo dos que realmente se esfuerzan”. Y no se fuerza a los alumnos a que memoricen los conocimientos esenciales, elementales y básicos sobre los que otros conocimientos se construyen. Con estos mimbres ¿qué cestos podemos construir? Y por si fuera poco nuestros alumnos no aprenden a expresarse bien, no saben resumir, no se les entrena en su capacidad de síntesis, llegando a la universidad sin saber expresarse y por ende al mundo del trabajo.

¿Qué espera a este país si nuestros universitarios no salen debidamente preparados? ¿A dónde va el país de esta manera? ¿Por qué no hay una sola universidad en nuestra España entre las cien primeras del mundo, siendo un país desarrollado, como se alardea de ello? La cuestión es muy seria. Si seguimos perdiendo el tiempo y no se hacen reformas responsables en nuestra educación y perdemos una generación o dos que no se crea que luego en cosa de cuatro o cinco años se supere el escollo. De eso nada. Los milagros no existen.

La educación va mal en este país. Lo dice todo el mundo, empezando por el informe Pisa que sitúa a nuestro país en lugares lejanos del primero y anejos a Marruecos y Azerbayán. ¿Pero es que nuestros responsables políticos no se dan cuenta todos ellos (todos) de la inmensa responsabilidad que tienen contraída con esta sociedad para tomar medidas que eviten un futuro empobrecimiento del mismo con el paso del tiempo? No lo puedo entender. Me apetece gritar hasta quedar afónico a ver si, además de desahogarme, se juntan otras voces más autorizadas que yo y nos hacen caso. Pero pasan los años y no se ve ni atisbo de reformar este sistema educativo para hacer ciudadanos bien preparados. Sólo algunos colegios de élite se salvan de la quema.

Pero ¿y los demás? ¿No se me oye?

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PÁRATE A PENSAR
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Miguel Silveira | 19-02-2011 | 17:22| 0

PÁRATE A PENSAR

Párate a pensar ….

Si la vida que llevas es la que quieres o la que otros te imponen.

Si vives a expensas de lo que los demás esperan que seas y cómo te comportes.

Si tu estilo de vida es sano o mina tu salud.

Si abusas de la resistencia de tu cuerpo y ciertamente le maltratas.

Si ejercitas tu concentración y tu memoria o dejas que se vaya perdiendo.

Si procuras irte poniendo al día o quedando obsoleto.

Si gastas más de lo que ganas o tiendes a ahorrar algo.

Si estás relacionado o huyes de las personas porque temes a la gente o te molesta.

Si cuidas de la familia, amigos y clientes o eres rudo con ellos.

Si prometes y no cumples después, poniendo mil excusas.

Si cumples bien el oficio de padre o madre o piensas que con serlo en el registro está todo resuelto.

Si pagas lo que debes, en vez de hacerte el sueco y que el otro se arregle como pueda.

Si cuidas de tu cuerpo haciendo ejercicio regular o llevas una vida sedentaria

Si tomas la medicación que te recetan, de forma regular, o se te olvida.

Si haces lo necesario para que tu autoestima esté elevada.

Si das buen ejemplo a quienes debes darlo o proyectas mala imagen.

Si dices si a todo el que te pide, demanda o exige o a veces te resistes.

Si te dejas llevar del ritmo y de las circunstancias y vas como la gente a donde va Vicente.

Para pararse a pensar solo hace falta poco tiempo y no todos los días. Sólo de vez en cuando para poder hacer los cambios necesarios y corregir el rumbo donde esté desviado. Aunque pensar se puede hacer en movimiento es más fácil cuando hacemos un alto en el camino. Pararse es apearse del ajetreo diario tan sólo unos momentos, sin dejarse engullir por el bullicio. ¿O tienes miedo de ti mismo si te paras y encuentras algo raro que no está funcionando?

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MUERTE PSÍQUICA
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Miguel Silveira | 12-02-2011 | 21:10| 3

Habrás oído hablar de la muerte súbita, de la muerte cerebral y de otras pero no sé si has oído hablar de la muerte psíquica. Y seguro que sabes de qué va. Yo la he visto varias veces, la última recientemente. Es muy desagradable el espectáculo y no le deseo a nadie ese tipo de muerte ni tampoco contemplarla porque deja amargor de boca. Era un varón de unos cincuenta años, de 1.75 de estatura aunque menguado, con barba de tres días, mirada huidiza y distraída, parco en palabras, y de volumen bajo, andar lento y pesado, algo descolorido, nervioso y agitado sin parar de mirarse las uñas y resoplar de vez en cuando. Comenzó a decirme sin rodeos que el día anterior cuando iba conduciendo pensó acelerar y lanzarse en su coche por un acantilado, pero en los últimos segundos la imagen de su hijo le llevó a esquivar el precipicio. Decía que desde hacía unos meses ya no tenía ilusiones a pesar de que siempre fue un adulto curioso, innovador y enredado en proyectos. Decía que se pasaba el tiempo metido en la cama por el día. Que estaba de baja y que la oscuridad había inundado su cerebro y sus entrañas. Que sólo sentía desgana, tristeza y desolación interna.

Que se odiaba de verse de esa forma y que nunca hubiera imaginado llegar a tal estado. Que había perdido toda esperanza de mejorar de su intenso malestar y no se imaginaba recuperando el interés por los demás y por la vida. Que aunque necesitaba vitalmente dormir para olvidar no conseguía dormir más de tres horas y se pasaba la noche desvelado y torturado por sus pensamientos al no ver solución a su problema y a su estado a pesar de estar tomando sus antidepresivos. Ya no quería vivir y nada le gustaba.

Su casa era un desorden, un desastre y su falta de higiene una realidad abrumadora. Ya no podía pensar y escuchar era un suplicio del que quería escapar porque rechazaba los contactos, la ayuda ofrecida y los consejos que los demás le daban. “Ya no puedo salir de este agujero, de este pozo”, decía. No tengo fuerzas ya y nada me interesa. Había muerto psicológicamente aunque aún respiraba y se movía.

Era un muerto psíquico viviente que acudía a que se le reanimase, si aún había esperanza. Le había matado la depresión y la desesperanza. Esa es la muerte psíquica, que consiste en vivir pero estar muerto. La describo buscando provocar el horror para evitarla.

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Sobre el autor Miguel Silveira
Psicólogo clínico, experto en ansiedad y estrés C/ Carlos Marx,1 - 6º D Gijón (Asturias) http://www.miguelsilveira.com http://www.estresyansiedadonline.com

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