El Comercio
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CUANDO LAS BARBAS…
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Miguel Silveira | 12-10-2008 | 19:03| 0

De todo se puede sacar conclusiones y en este caso también se pueden sacar, respecto a la educación, de la reciente intervención financiera de varios gobiernos occidentales en la economía para salvar la crisis financiera del desastre.

Como es sabido el liberalismo económico deja a los mercados a su libre albedrío porque ellos solos se autorregulan y son soberanos, pero dado el fracaso de este sistema, los gobiernos y bancos han tenido que intervenir contra esos principios para frenar el desastre que se avecinaba. Me alegro de lo ocurrido porque no se puede dejar en manos de ciertas personas asuntos tan serios, ya que siempre hay personas avariciosas y sin escrúpulos que no les importa que los demás se hundan con tal de salvarse y enriquecerse ellos. No soy experto analista financiero pero no me hace falta para sacar la conclusión que aquí pretendo. Y es que tiene que haber siempre una autoridad que controle para que una minoría no perjudique seriamente a otros ciudadanos decentes que se rigen por el libro de las normas sociales de la honradez y la justicia.

Permítaseme que por extrapolación me refiera a la familia y a la escuela. Tiempos vendrán, y no están aún muy lejos, en que las autoridades estatales, familiares, escolares, etc. tengan plena conciencia de que no se puede permitir que los hijos se dejen llevar de sus caprichos y hagan lo que les venga en gana, de que hay que intervenir con autoridad en la familia y escuela para evitar ciertos desastres personales y familiares. Permitir que los hijos y alumnos hagan lo que les apetezca, se dejen llevar de sus impulsos personales más primarios y de la falta de responsabilidad conduce a un fracaso cantado de la educación familiar y escolar y por extensión de otros ámbitos de la ciudadanía. Una cosa es practicar un exceso de autoridad, una injerencia asfixiante que coarte seriamente la libertad del individuo y su autonomía y otra permitir que esos ciudadanos menores se salten los límites y perjudiquen el interés de los otros miembros de la familia, la comunidad educativa y la comunidad social en general.

Los padres y los profesores deben intervenir para frenar comportamientos abusivos de algunos miembros de esas comunidades so pena de llegar, como en la economía, a poner en peligro su propio equilibrio y la convivencia, por exceso de permisividad. Intervencionismo ¡no! Intervención de la autoridad ¡sí!. Es un acto de responsabilidad. Claro que, puestos a hablar, también esto es aplicable a otros niveles y ámbitos sociales de plena actualidad. ¿A que ustedes me entienden?

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COMUNICACIÓN FAMILIAR
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Miguel Silveira | 28-09-2008 | 20:32| 0

Cuanto más miedo tenga un adolescente a las reacciones airadas de sus padres menos les contará de sus andanzas, problemas, miserias y ansiedades. ¿Por qué? Porque el miedo a la bronca y al posible castigo se lo impedirá y optará por el silencio o la mentira aunque habrá momentos en que quisiera desahogar y solicitar ayuda. Por eso muchos prefieren contarlo a los amigos. De haber más confianza les contarían quizás lo que les pasa fuera, algo más de sus relaciones amistosas, algo más, pero poco, de sus relaciones sexuales así como de sus travesuras y trastadas. Les contarían también lo que consumen y si están marginados, amenazados o excluídos.

Hay que reconocer que esto de la comunicación de hijos a padres ha mejorado mucho respecto a épocas pasadas. Ya hay adolescentes sobre todo de quince y por debajo que cuentan más des sus asuntos personales porque la relación que tienen con sus padres ha sido más fluída. Las madres, sobre todo y algunos padres les han infundido confianza y animado a comunicarles sus problemas. Por tanto estamos mejor que estuvimos. Sin embargo hay que entender que su perfil de adolescentes les dificulta abrir de par en par las puertas de su intimidad y porque expresar los sentimientos es lo que más nos cuesta. Bastaría con desear que se abrieran en temas en que su vida estuviese en cierto riesgo. En todo caso lo mejor que los padres pueden hacer es transmitirles el mensaje de que si les cuentan algo que a estos no les parece bien no perderán el control ni les castigarán porque entonces optarían por la ocultación y la mentira como medio de librarse de la ira familiar.

Y los padres ¿qué cuentan? Hay de todo, aunque la mayoria opta por no hacerles partícipes de sus adversidades, contratiempos y apuros ya sea en el terreno laboral, económico o en el emocional con la sana intención de no angustiarlos, pero se quedan cortos. Los padres no deben tener en los hijos de esa edad unos confidentes porque no es su papel. Pero hacerles algo más partícipes de algunas dificultades familiares entendiendo por tal las apuntadas si que conviene hacerlo, sin profundizar en excesivos detalles, para que se acostumbren a afrontar algunos sufrimientos, a sentirse unidos a la familia en el dolor y no crecer completamente al margen de las penas. ¿Por qué es esto conveniente? Porque su desarrollo personal lo exige para que vayan madurando, para no vivir como en el limbo y no darse de bruces más tarde con la vida de repente sin estar un poquito entrenados. Una comunicación familiar adecuada, en ambas direcciones, es una garantía contra muchos desastres personales de los hijos y con el paso de los años…también de los padres.

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VIVIR DE APARIENCIAS
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Miguel Silveira | 27-09-2008 | 23:57| 0

No es que mentir aparentando lo que uno no es resulte nuevo pero se va instalando la apariencia como modus vivendi, a la vista del rechazo que crea la fealdad, la imperfección y las limitaciones y como respuesta a las carencias y lo entiendo, aunque no lo comparto plenamente,. Grande es la presión por disimular esas carencias. El caso es aparentar lo que no somos y tenemos. Hasta los chinos mienten ante el mundo.

¿Recuerdan esa niña encantadora que en la inauguración de los Juegos Olímpicos cantaba como pico de oro? ¡No era ella la que cantaba! Sólo vocalizaba mientras que la que cantaba era otra niña, pero no la exhibieron porque era algo más fea. Si vas a Internet no te quiero contar lo que se miente y disimula, igual que en otros muchos campos de la vida. Esta presión por mantener la imagen explica muchos comportamientos aberrantes.

No critico la importancia de la imagen pero sí los estragos de tal idolatría. Duele ver esa gente que no puede disimular (aunque quisiera) sus limitaciones para no sentirse objeto de miradas indiscretas y de críticas, algunas muy severas. Sorprende la cantidad de personas esclavizadas por vivir artificiosamente. Tener que aparentar lo que no se es lleva a muchas personas a dejar de comer y enfermar por aparecer esbeltas, a operarse la nariz varias veces hasta quedar estilo Michael Jackson. Conmueve también ver gente endeudada hasta las cejas por diferentes créditos con tal de parecer que tienen lo que la gente espera de ellos, aunque no esperen nada, pues cada uno está a lo suyo. Soy partidario de la cirugía plástica pero no de los abusos que algunos cirujanos y seudocirujanos cometen aprovechándose de la necesidad de algunas gentes y tampoco lo soy de esas personas que se embarcan en gastos excesivos con tal de corregir sus imperfecciones cuando lo que tendrían que operar es su cerebro. Soy partidario de causar buena impresión en cuanto a bienes y forma de vivir pero no a cualquier precio. Y lo que más duele es esa pobre gente que, teniendo defectos imborrables, se amarga por no pertenecer al mundo de los que creen “normales” aunque sean anormales. Psicológicamente lo mejor es aceptarse y quererse como es uno aunque pueda progresar, retocarse y mejorar, salvaguardando siempre la salud mental y el equilibrio. A quien se rechace le esperan muchos momentos de tortura y de calvario y eso si que erosiona, a la vista del rechazo que la moda propicia de la fealdad, la imperfección y otras carencias. A veces hay que fingir pero pero no hasta el punto de disolver nuestra identidad y esencia personales.

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MADRES ABSORBENTES, SUEGRAS REPELENTES
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Miguel Silveira | 21-09-2008 | 11:54| 5

Mi respeto por las madres en general pero hay madres tan absorbentes con sus hijos que, incluso ya casados, les siguen influenciando y manejando fácilmente. Lo grave no es sólo que los controlen hasta modificar a veces su capacidad de decisión por puro egoismo, nunca reconocido, sino que cuando estos hijos se casan esas madres meten cizaña para enfrentar a la pareja entre si y hacer de la nuera un enemigo a vencer de todas formas.

Si la nuera se somete a la esclavitud que sufre su marido, no habrá mucho conflicto, pero si por ventura se le ocurre oponerse a los designios de la suegra es mujer sentenciada y se acabará deteriorando la pareja. Conozco muchas madres absorbentes que causan mucho daño con su actitud castrante sobre el hijo. Su intervencionismo es tan exagerado y tan repudiable su control que siembran la discordia de inmediato en la familia. Ante tal situación si una nuera experimenta en sus carnes el dominio implacable de ese tipo de suegra debe armarse de valor y disimular algunas veces para que no estalle la guerra pero si ve que la absorción perdura deberá ofrecer resistencia a su manera.

Algunas deciden avisar al marido de la influencia que sobre él ejerce ese tipo de madres (en pocos casos éste reconoce el dominio y se rebela). Alguna manifiesta a la suegra, con claridad, su estratagema (acabará por odiarla al verse en evidencia). Otras optan por respetar la relación de la madre y el hijo sin meterse por medio (así y todo la nuera acaba siendo “rara”). Otras se someten con tal de que la relación perdure (ruinoso para la salud de la sumisa) y otras denuncian desde el principio esa relación tan enfermiza y o quedan condenadas o muy respetadas.

Tiene difícil solución este problema. Por eso que cada una haga lo que más le convenga pues no hay soluciones universales para nueras y suegras. La mejor solución es que esas madres reconozcan que sus hijos no son sus hijos ya, que acepten que el hijo se ha casado y tiene que vivir con su esposa y decidir los dos sobre su vida, no imponer su voluntad asfixiante y que el hijo no sucumba al imperio de la madre. Pero me temo que esto es una quimera.


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MIEDO AL QUÉ DIRÁN
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Miguel Silveira | 13-09-2008 | 23:44| 2

Hasta qué punto la confianza en uno mismo depende de la buena o mala impresión que tengan de nosotros lo demuestran muchísimos ejemplos que el lector va a recordar, seguro. Cuanto más nos importe lo que los demás piensen de nosotros, cuanto más nos frenemos en realizar acciones legítimas por temor a la impresión ajena, tanto más evidenciamos lo mucho que nuestra imagen depende del concepto que los otros tengan y esa dependencia es insana. ¡Hay que ver la cantidad de vivencias positivas y de oportunidades de las que nos privamos por ese temor!

Cuanto más inseguros estemos y cuanto menos claras tengamos las ideas de lo que queremos, más expuestos estamos a actuar de forma que los demás no piensen mal de nuestra persona.

Los que se quedan cortos en decir lo que piensan, en defender sus posiciones, en pedir favores, aclaraciones de un diagnóstico, unas condiciones de un seguro o una venta, un aumento de sueldo merecido, o un presupuesto, en exponer una queja, o en hacer cualquier acción legítima, todos ellos, tienen deficit de asertividad que es tanto como decir que por vergüenza pierden la libertad de expresarse a si mismos como quieren, mientras ven con envidia cómo otros se expresan y se mueven sin tantos miramientos y ganan más que pierden. Es probable que hayan sido educados excesivamente en el miedo a molestar, en el “ten cuidado con aquello que dices”, en el respeto a la autoridad o en el exceso de formas sociales de cortesía.

Como quiera que tal freno resulta nocivo en dosis elevadas es preciso proponerse, sin ofender a nadie por supuesto, actuar como nos pide nuestro ser y consideramos lícito. La próxima vez pregunte lo que ignore, pida explicaciones, quéjese si se siente afectado, libérese del miedo y hable por esa boca o actúe sin más y sin necesidad de dar explicaciones, haga lo que la lógica le dicta para que no se le encojan las tripas y las vísceras todas y se sienta bloqueado y culpable después. No consienta que su vida dependa, sin motivo, tanto del qué dirán. ¡Que digan lo que quieran! “Si dicen, que dizan, no fuéndolo”. Dormirá más tranquilo y se sentirá mucho más libre de ataduras innecesarias y confeccionadas ¡por usted! ¿Habrá cosa más sana que expresarse uno mismo de acuerdo con la lógica y moverse con libertad casi total de movimiento? El miedo al qué dirán o a lo que piensen otros debería tenerle sin cuidado siempre que no dañe a terceros intencionadamente.

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ERA UNA GRAN PERSONA
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Miguel Silveira | 07-09-2008 | 01:37| 0

No fallamos. En casi todos los funerales al dar el pésame a los familiares del difunto o en los corrillos que se organizan delante de la iglesia o en los modernos tanatorios se escuchan con frecuencia frases como: “Era una gran persona”, “era un chico estupendo”, “era una madre ejemplar”. Aprovechamos entonces para resaltar las cualidades del finado con profusión de comentarios y de gestos. Todo ello a posteriori, una vez que el fallecido es eso, una persona que ha finalizado su existencia, pasando a mejor vida. Nos sale de dentro. Es como si apareciese un sentimiento que había estado escondido y de pronto aflorase con espontaneidad y se nos olvidasen por ensalmo las acciones negativas que el muerto había realizado en vida y que sí comentábamos, sin embargo, cuando estaba entre nosotros, abiertamente y poniendo mucho énfasis.

La única pena es que el muerto no se entera ya, no le sirve de nada, no puede sonreir y ni siquiera alegrar su semblante. Su corazón no se conmueve y no puede gozar de tales alabanzas. ¡Y son tantos los que las habrían echado de menos durante su existencia! No es que no sirva a la familia de consuelo, pero no es lo mismo pues a quien le interesaba oirlo está ya en otro mundo. Así pasa que muchos se mueren sin saber si los demás les quieren, les admiran y les van a echar de menos cuando no estén presentes. Estamos sedientos de tales muestras afectivas, entre otras razones para seguir viviendo con cierta ilusión y cierto encanto y para animarnos a seguir realizando buenas obras y sin embargo parece que la gente espera a nuestra marcha para hablar bien de nosotros y les cuesta y nos cuesta trabajo reconocer los méritos y hacérselos saber mientras están en vida. Nos sale por el contrario con más facilidad de nuestros labios el reproche cuando no hacen bien algo o no casa con nuestras expectativas. Esto es una constante entre nosotros.

Por tanto no se puede esperar a que nuestros seres queridos y amigos y colegas se ausenten de este mundo para que sepan que se les tiene aprecio y que les valoramos. Tenemos que decir de vez en cuando qué bien nos cae la gente, qué agradecidos les estamos, qué contentos estamos de tenerlos por amigos, tenemos que expresarles sin remilgos lo que nos gusta de ellos, cuales son sus talentos y virtudes. Tenemos que transmitirles la buena opinión que tenemos de sus comportamientos y expresar nuestros mejores sentimientos. Tendríamos también que pedirles perdón si les hemos ofendido en lugar de esperar a arrepentirnos luego cuando ya están ausentes. No se puede esperar a volver del cementerio porque en cuanto menos lo esperen y esperemos estamos en la otra vida, en cosa de un suspiro, y entonces es muy tarde.

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¿CUAL ES TU PRIORIDAD?
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Miguel Silveira | 31-08-2008 | 18:20| 0

Inmersos como estamos en la vorágine de prisas y de aceleración, empujados por la impaciencia y por la urgencia, apenas si encontramos de vez en cuando unos minutos para ponernos a pensar en qué vida llevamos y sobre todo cuales son las prioridades por las que nos regimos de verdad. Digo, de verdad, porque si le preguntas a la gente cual es su prioridad a buen seguro te responden que es su salud y su familia, dejando el trabajo y el dinero en un segundo plano.

Sin embargo los hechos, que no nuestras palabras, son los que delatan nuestros verdaderos objetivos e intenciones. Porque decir, decimos lo que es políticamente correcto o se espera que digamos y hasta nos lo creemos, a saber que lo principal es nuestra salud y nuestra familia pero nuestra incoherencia es evidente. ¡Cómo podemos decir y quedarnos tan panchos que la salud es lo primero caso de maltratar el cuerpo comiendo sin reparo lo que nos hace daño, castigar el hígado bebiendo sin control o los pulmones fumando con exceso, por ejemplo? ¿Cómo pueden decir que es la familia los que son adictos al trabajo y en los ratos de ocio no apartar el tiempo suficiente para tratar de atender los asuntos familiares que exigen su atención? Aparte de cuatro personas consecuentes y coherentes la mayor parte de nosotros anteponemos, en realidad que no de boquilla, otras motivaciones diferentes a las de la salud y la familia.

La autoridad del argumento reside en la fuerza de los hechos, en lo que hacemos. A eso hay que apelar pues obras son amores y no buenas razones. Lo cierto es que afrontar lo de las prioridades nos produce desde incomodidad hasta cierto temor a enfrentarnos a nosotros mismos y descubrir, si somos sinceros, que vivimos en contradicción entre lo que creemos, declaramos y practicamos.

Otros, y esto es más lamentable, viven no en función de sus prioridades elegidas sino de las que el contexto les impone, ya sea la publicidad, la moda, la presión social o las expectativas exteriores. Lo interesante es vivir teniendo las ideas bien claras, ser sinceros y repensar, de cuando en cuando, qué nos mueve a actuar. Pero eso cuesta y ya sabemos que el esfuerzo de reflexionar sobre nosotros y nuestra forma de vivir no son comportamientos que se coticen al alza en estos tiempos. Por eso hay que pararse de vez en cuando y preguntarse ¿por qué y para qué vivo? Se resalta la contradicción, no que cada cual viva para lo que estime conveniente.

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ENFERMAR DE PENSAMIENTO
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Miguel Silveira | 24-08-2008 | 16:32| 0

¿Quien ha dicho que nuestro estado mental o psicológico no influye en nuestro cuerpo? Hasta los médicos, tan remisos antaño, comienzan a admitirlo. Hay miles de evidencias y aquí va una pequeña muestra sacada del acontecer diario. Me encontré por la calle un conocido que lleva viviendo las malas consecuencias de una separación traumática de un hijo y no puede casi ver a los nietos por venganza de la nuera. Tal tormento le ha hecho envejecer, en tan sólo seis meses, varios años. Lo encontré encogido, entristecido y con muchas arrugas en su rostro, ni sombra del hombre esbelto que hasta hace poco tiempo ha sido. Estas tan serias consecuencias han sido producto de la erosión que le ha supuesto vivir y pensar bajo esa losa y de dejarse invadir y llevar de la rabia contenida. El veneno de pensar que no hay remedio, que nada puede hacer contra tal injusticia y que no ha podido evitar el triste espectáculo que tiene lugar delante de sus ojos es lo que ha acabado con su cuerpo y con su gracia.

Sólo es un ejemplo que expresa la importancia de cuidar el contenido de nuestros pensamientos, de lo que tenemos presente en la conciencia, aunque el lector conocerá otros muchos ejemplos diferentes. Se puede argumentar que resulta difícil sustraerse al impacto de algunos contratiempos, pero no es menos cierto que hay que cuidar que los pensamientos negativos, los recuerdos nefastos y las anticipaciones catastróficas ocupen el mínimo tiempo y espacio en nuestra mente. Sumar preocupación junto con el lamento, sumar rabia con pena, con ideas de venganza y con tristeza es un cóctel maldito.

De hacer algo hay que restar mas bien tiempo en que nuestro cerebro se ocupe de las miserias que a todos nos afectan. Hasta la enfermedad prende más fuerte y virulentamente a medida que nos centramos en dar vueltas a lo adverso. Hay que ser muy decidido, tener las ideas claras y actuar con determinación si no queremos asistir al lamentable espectáculo de ver cómo se desmorona nuestro cuerpo, se arruga nuestro rostro, se encoge nuestra figura, se hunden nuestros ojos y enfermamos de angustia, de tormento y de pena. Restar es la palabra, distraer nuestra mente de malos pensamientos y dedicar la mínima energía a lo que nos amarga. Esponjarse, empaparse y obsesionarse con el sentimiento de desgracia es la peor estrategia que podemos usar. También hay evidencias de que cambios positivos ante la adversidad producen algún que otro milagro. Por eso hay que reducir minutos de pensar en negativo o de tener presente el mal que nos afecta, sea el que fuere y decidir prestar atención a lo que nos empuja, nos agrada y estimula. Un estupendo reto.

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CASADOS Y NO HABLAN
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Miguel Silveira | 17-08-2008 | 09:31| 0

A pesar de llevar poco tiempo casados no hablaban entre ellos como era de esperar. El se las arreglaba para estar ocupado con sus asuntos de trabajo, sus amigos, la televisión o con el futbol, con el ordenador navegando en la red. Apenas tenía tiempo para hablar de los dos o de uno de ellos, de asuntos familiares o quizás de pareja, de su estado emocional o de cómo les iban mutuamente las cosas. Ella le iba avisando de que se encontraba muy sola sin poder compartir, además de la cama, sentimientos, proyectos, agobios personales y dudas y él, temeroso quizás de afrontar los problemas cara a cara, solía dar la callada por respuesta o presentar excusas quizás por timidez o por no estar acostumbrado a eso de ventilar los sentimientos. El caso es que ella encontró en el café diario de la empresa un compañero dispuesto a escucharla y a intercambiar puntos de vista hasta que llegaron a intercambiar algo más que palabras y llegó un dia en que su mujer no le pedía ya tiempo ni opinión. El la veía como ausente y ella acabó por decirle que ya no le quería, que ya era tarde y no había remiendo ya para un roto tan grande. Parejas como esta abundan por doquier y apenas si se entiende que dos seres humanos que proclamaron a los cuatro vientos que se querían y tienen un hijo ya no sean capaces de hablar entre ellos mismos de ellos mismos, de desahogarse mutuamente, de hablar de sus proyectos y sus penas, de sus vivencias, laborales o no y de un largo etcétera. Si dos que están dispuestos a vivir toda la vida juntos no se paran a hablar ¿qué pintan juntos? El caso es que abundan las parejas que no hablan y ventilan por fuera sus cuitas y sus preocupaciones, lo que les mueve y les conmueve. No se entiende muy bien este fenómeno frecuente. Se puede entender que a uno le cueste hablar de si mismo y de sus sentimientos pero no tener tiempo para intercambiar impresiones, hablar de la familia y los problemas que a los dos les afectan, no se entiende muy bien. Y así pasa lo que pasa, que muchas parejas al cabo de algún tiempo se aburren como ostras y cada cual opta por hacer su vida. Para eso mejor haber evitado dar el cante de una sonada boda. Para eso, mejor es no casarse. O sí, dirán no obstante algunos. Hay gustos para todo pero hablar en la pareja, además de otras acciones, parece elemental, querido Watson.

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LA BOLA ENTRÓ
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Miguel Silveira | 09-08-2008 | 22:27| 0

No suele fallar. Cada vez que salta a los medios la noticia de un logro deportivo, como el de Nadal en Wimbledon, la selección española en la Eurocopa, o Alonso en la F1 surgen numerosos padres que desearían ver en sus hijos estrellas futuras del deporte. Y por eso vemos a niños sometidos a duros entrenamientos con la esperanza del éxito futuro, entendiendo por tal el triunfo noticiable y mediático. La competitividad es tal que vemos a los niños sacrificados sin pararse los padres a pensar seriamente si están haciendo bien o perjudicando a sus retoños. Estarán convencidos de que hacen bien y que cuanto antes comiencen a entrenar más probabilidades tendrán de ser importantes en la vida. Sin embargo es un error y hasta una explotación, si se me permite, hacer que un niño desde muy pequeño se pase varios años, varias horas diarias, entrenando, además de las que tiene que dedicar a ir al colegio y sus deberes. Nos quejamos de que los chinos explotan a sus niños pero ¿no es una explotación privar aquí a un niño de su tiempo de ocio necesario, lo mismo da que sea por el tenis, la gimnasia o por tocar el violín? Una cosa es que entrenen distintas habilidades físicas, musicales o de otras artes para desarrollarse y adquirir cierto nivel de disciplina y otra exprimirlos con miras al triunfo. Lo poco agrada y lo mucho enfada. Lo que de forma comedida puede ser positivo, puede convertirse en abusivo. No es bueno físicamente ni psicológicamente tan duro entrenamiento. Miedo me da si en estos Juegos Olímpicos tienen muchas medallas los españoles porque en septiembre aumentarán los padres que apunten a sus hijos a actividades deportivas con vistas al futuro, aunque no haya dinero por medio como en otros triunfos deportivos. Cuidado con hacer de los niños adultos prematuros, excesivamente responsables y auto exigentes, va contra la naturaleza. Tampoco es bueno tenerlos ocupados diariamente en actividades extraescolares excesivas que les resten descanso. Hay que dejarles que respiren en parte. Tiempo tendrán de competir duramente cuando vayan… creciendo, pero no tan pequeños. Aunque me temo que algunos no estarán muy de acuerdo con estas posiciones.

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Sobre el autor Miguel Silveira
Psicólogo clínico, experto en ansiedad y estrés C/ Carlos Marx,1 - 6º D Gijón (Asturias) http://www.miguelsilveira.com http://www.estresyansiedadonline.com

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