El Comercio
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Categoría: Sociedad
Preludio del CAHU

Lo primero, vaya por delante, es que no se pueden saturar las urgencias porque me duela una muela o sufra un catarro de órdago. El uso racional de los dispositivos sanitarios, como el de los medicamentos, tendría que ser un acto imperativo, de la misma forma que hay que respetar las señales cuando se va en coche. Por el contrario, los usuarios tienen derecho a una asistencia pública, universal y gratuita, los grandes valores de nuestra sanidad que tenemos obligación de preservar, pero también más ágil y eficiente. Cuando acudimos al centro de salud queremos que nos atiendan en el momento de la cita, que el médico sea puntual y que la exploración se realice con tiempo suficiente para que el diagnóstico y la prescripción sean certeros. Si vamos a urgencias, que no pasen horas y horas esperando por el resultado de la prueba, que la camilla con la abuela no quede aparcada en los pasillos o que el recién adolescente no comparta espacio con el señor echando esputos. Tenemos derecho, lógicamente, a que no tengan que pasar meses para que nos vea el especialista, otro tanto para hacer la ecografía, de nuevo la consulta y al final enfrentarnos a un plazo indefinido para entrar en el quirófano. Queremos que la operación sea lo menos invasiva que se pueda, el postoperatorio llevadero, la estancia en el hospital lo más corta posible y que no tengamos que ocupar habitación con otros dos enfermos tan pesados como yo.
La sanidad tiene un problema de cultura, tiempo y capacidad. Se desenvuelve en una inercia difícil de romper que repercute en la calidad del sistema con la generación de unas listas de espera que se hacen indomables. Hay unos excelentes profesionales que manejan unos recursos, no precisamente escasos, que resultan devorados, sin embargo, por una demanda de crecimiento imparable y cada vez más exigente. Y en ese escenario se prepara la reforma y ampliación del Hospital de Cabueñes, que en agosto del próximo año cumple cincuenta años de atención a los ciudadanos de Gijón y por lo tanto se merece una celebración por todo lo alto.
El proyecto llevará a una transformación absoluta del complejo hospitalario que ahora conocemos. Es decir nacerá un hospital más funcional, flexible, tecnológico, accesible y amable. Los adjetivos no son míos, sino de quienes intervinieron en la presentación celebrada el viernes en el salón de actos de Cabueñes. Un centro que supondrá un cambio de funcionamiento, de concepto y de imagen, confortable para el personal, los pacientes y sus familiares e integrado en la excepcional zona donde se encuentra.
La puesta en marcha del plan director coincide con otro hito en la sanidad gijonesa, la remodelación que se está acometiendo en el Hospital de Jove, que mañana tiene previsto estrenar el nuevo edificio de consultas externas. Jove cumple una función extraordinaria como centro de referencia de la zona oeste de la ciudad y como complemento en la cartera de servicios de la red pública. El plan de Cabueñes lleva aparejada una reorganización del área sanitaria gijonesa, que cubre también Carreño y Villaviciosa. En esa reestructuración Jove tiene ganar protagonismo, de la misma forma que el Hospital de Cruz Roja, para conseguir modificar mediante todos los medios disponibles un sistema que sufre a diario las consecuencias de la ineficiencia.
El complejo hospitalario del siglo XXI, además de un fabuloso edificio para mayor gloria de los inspiradores y para los selfies de los políticos, debe ir acompañado de un cambio en el modelo organizativo y de atención a los usuarios. El CAHU, por ejemplo, tiene que suponer el fin de las demoras, de aquellas situaciones que comentaba en el arranque de este artículo. De lo contrario, estaríamos ante el punto fallido, el mismo que tenemos anotado con el HUCA tres años después de su apertura.

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La ciudad de los niños

Hace veinticinco años en la localidad italiana de Fano se puso en marcha un experimento para observar el comportamiento infantil en el entorno urbano. La conclusión, en resumen, era que la urbe suponía un medio hostil para los chavales, que se estaba desarrollando sin tener en cuenta las necesidades de sus habitantes más pequeños y los riesgos para ellos aumentaban conforme la modernización, entre comillas, iba ocupando espacios. El piloto de aquella experiencia, el pedagogo Francesco Tonucci, recogió los resultados en un libro que lleva por título ‘La ciudad de los niños’, que se convirtió con el tiempo en fuente de inspiración para sociólogos, educadores, urbanistas y políticos preocupados por conseguir un ambiente urbano mucho más favorable a la población infantil y juvenil. Tonucci, entre otras cuestiones, promulga en este interesante manual la idea de tomar como referencia a los infantes a la hora de establecer la planificación urbanística porque, a su entender, «la diversidad intrínseca de los niños es garantía de todas las diversidades». Y para ello sostiene que, con el fin de conocer lo que realmente necesitan para que ese entorno del que hablamos sea amable, además de la sensibilidad conveniente, no hay más alternativa que escucharles.
Todo esto viene al caso de la propuesta que esta semana lanzó la concejala Eva Illán para enriquecer los presupuestos participativos y, de paso, defenderse de las acusaciones de oposición y vecinos tras el aplazamiento de las reuniones de los grupos de trabajo. La edil plantea dar voz y voto a los menores a partir de ocho años para que decidan el destino de una partida de inversiones, todavía sin cuantificar, dentro del proceso de participación ciudadana sobre el uso del dinero municipal. La iniciativa no ha tenido mala acogida entre el resto de los partidos, con las salvedades correspondientes, y creo sinceramente que la opción que se abre a partir de la sugerencia de la concejala puede poner en valor el modelo participativo experimentado en Gijón hasta ahora. Un sistema cuestionado, donde determinados grupos actúan como lobbies para conseguir dándole al clic lo que no logran por otras vías. Aunque soy un fan de los animales, tengo la sensación de que a veces nos preocupamos más por el bienestar de las mascotas que por las carencias de nuestros hijos.
Alguien pensará que la participación infantil llevaría a plantear la ciudad de los globos de helio, edificios pintados de colores o máquinas expendedoras de chuches gratis por las calles. Estoy convencido de que no sería así. Los niños y los adolescentes, con una mínima motivación, tienen capacidad suficiente para aportar con sensatez e imaginación ideas para mejorar la sociedad en la que viven desde una percepción distinta a la que hacemos los adultos. Es una pena, por ejemplo, que determinados aspectos de la planificación urbanística o de la movilidad, que tan directamente afectan a la vida de los gijoneses y con los que se fabrica el progreso, no sean examinados al menos por esta importante parte de la población a través de debates en los colegios o en consejos creados para la ocasión. Seguro que nos llevaríamos alguna sorpresa. Posiblemente tendríamos que abrir más espacios públicos para el disfrute de los ciudadanos, menos lugares para los coches, más para las bicicletas y los patinetes, un transporte ecológico, mejor accesibilidad, recintos cubiertos para la diversión y el ocio, wifi pública en la totalidad del concejo, zonas gratis de internet y videojuegos, etcétera. En definitiva, nos obligaría a repensar para construir una ciudad distinta, agradable y válida para todos.

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Los deberes de la renta social

Arrancaba la semana con un hito en esta ciudad sobre la atención a los más necesitados. Desde el lunes los centros municipales de Gijón reciben un goteo constante de personas que aspiran a cobrar la renta social puesta en marcha por el Ayuntamiento. Hay dos meses por delante para la tramitación y más de un millar de peticionarios han retirado los papeles necesarios para habilitarlos como perceptores. Nunca es tarde para aplicar una medida de estas características, aunque hemos tardado demasiado tiempo en convencernos sobre la necesidad de adoptarla. Han transcurrido casi diez años del estallido de la gran depresión y continuar mirando hacia otro lado mientras la pobreza se incrementaba era cuando menos una irresponsabilidad.
La renta social supondrá un alivio para quienes la perciban, desde luego, pero no se puede convertir en un instrumento que lleve a la cronificación de la penuria o genere, incluso, mayores desigualdades. Por ello su aplicación exige ahora cumplir ciertos deberes. Menciono algunos. La prestación está concebida como complemento a unos ingresos que no permiten a las familias alcanzar un mínimo vital. Sin embargo, deja sin atender a quienes aguardan para percibir el salario social y no tienen un euro para llevarse algo a la boca. Corregir esa situación es de justicia. De la misma manera que lo es, en provecho del propio sistema, aplicar con rigor todos los controles habidos y por haber para evitar la picaresca y el fraude e impedir también que accedan personas que rechacen ofertas de empleo por quedarse en casa cobrando la paga pública.
La renta social, al mismo tiempo, supone un reto para las finanzas del Ayuntamiento. Una vez que se decide incluir en la cartera de las prestaciones sociales resulta difícil ponerle un límite presupuestario a la ayuda si con ello se cierra la puerta al derecho a percibirla de cualquier ciudadano que reúna realmente los requisitos para ello. El elevado coste que puede llegar a alcanzar la medida es el mayor riesgo para la administración local, pero es obligado ahora poner todos los recursos económicos necesarios para que nadie quede sin la renta que le corresponda. La Fundación de Servicios Sociales acaba de incrementar en dos millones y medio la aportación para hacer frente a la prestación con cargo a su remanente, no sin antes recibir un apercibimiento. La intervención municipal ha advertido de que su decisión puede poner en peligro la liquidez de la entidad.
La verdad es que resulta inexplicable bajo el criterio del buen ciudadano que por un lado pasemos apuros y, por otro, tengamos más de 39 millones en la hucha sin poder tocar salvo para lo que diga el señor Montoro. El corralito originado en los ayuntamientos por la ley de estabilidad presupuestaria tiene un efecto perverso en cuanto que frena unos recursos en beneficio de los bancos que podrían contribuir a la aceleración de la recuperación económica. El dinero está inmovilizado en las cuentas, cuando se da salida es para amortizar deuda con las instituciones financieras y obliga a los consistorios a contraer préstamos si quieren acometer proyectos. En Asturias, la cifra secuestrada por Hacienda es relevante, más de 435 millones de euros.
La fórmula empleada para el pago de la renta social lleva implícita una inyección de recursos a la economía local con la compra mediante tarjeta en los comercios de Gijón. Por lo tanto, algún impacto tendrá en la dinamización. Lo que no se puede, a estas alturas, es seguir imponiendo la política de la estrechez allí donde existe margen para movilizar dinero y favorecer la creación de puestos de trabajo. El empleo es el mejor sistema para el sustento de la gente. No creo que nadie se encuentre cómodo en la depauperación, salvo que sea simulada.

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Encuentro con Marty Baron

Marty Baron (Florida, 1954) es uno de los directores de periódicos más influyentes del mundo en estos momentos. Al frente del Washington Post desde el año 2013, ha sido el periodista que inspiró ‘Spotlight’, el film que ganó el Oscar a la Mejor Película en la última edición de la Academia de Hollywood y que narra la investigación periodística sobre los abusos sexuales de menores por sacerdotes católicos en Boston. Baron inició su carrera profesional como redactor del Miami Herald en 1976. En 1979 se incorporó a Los Ángeles Times, donde dirigió la sección de Negocios y fue nombrado adjunto a la dirección del periódico. En 1996 da el salto al New York Times como editor asociado, para responsabilizarse del área del cierre del diario y en el año 2000 regresa al Miami Herald, aunque en esta ocasión como director ejecutivo. Tan solo estuvo año y medio en el Herald, pero fue el tiempo suficiente para que el periódico en el que había comenzado su carrera veinticinco años antes obtuviera un premio Pulitzer por el caso de Elián González, el niño balsero que protagonizó un incidente político de alcance internacional tras su entrada ilegal en los Estados Unidos y su posterior devolución a Cuba. En el Boston Globe, diario que dirigió durante once años, Baron consiguió otro Pulitzer por el descubrimiento de la trama de peredastia en la Iglesia, y en el Washington Post, que dirige desde enero de 2013, sumó otras cuatro distinciones por los trabajos periodísticos de la redacción.

A los pocos meses de situarse al frente del Post, la propiedad de la histórica cabecera da un vuelco con una operación que generó una gran expectación entre los medios de comunicación de todo el mundo. En agosto de 2013, el fundador de Amazon, Jeff Bezos, compraba el periódico a la familia Graham, que llevaba ochenta años regentando el diario. Un soporte tradicional de la relevancia del Washington Post caía en manos de uno de los todopoderosos magnates de la era digital.

Marty Baron participó en Madrid en la quinta edición de Conversaciones, que organiza todos los años la Universidad de Navarra, con una conferencia sobre el futuro de las marcas periodísticas tradicionales. Previamente mantuvo un encuentro con responsables de medios de comunicación de todo el país en el que tuve la suerte de participar. Baron habló del reto de la transición de la prensa escrita hacia el mundo digital y mostró su preocupación por las amenazas que sufre el periodismo, la difusión de las informaciones falsas a través de las redes sociales y el auge de los populismos que ponen en peligro la libertad de expresión. He aquí algunas de sus reflexiones:

Adaptarse a la realidad

“Los medios tradicionales no van a sobrevivir a largo plazo. Vivimos en un mundo digital. Ahora se leen las noticias andando por la calle, esperando el autobús, en la cola del supermercado. Los jóvenes reciben la información de una manera digital, móvil y social y tenemos que adaptarnos a esa realidad y vivirla. No existe ninguna evidencia que nos diga que el periódico de papel será el futuro y sí hay muchas que nos dicen que no lo tiene. El cambio es profundo y muy rápido”.

 El lenguaje periodístico

“El lenguaje periodístico es distinto en internet que en los medios tradicionales. En el digital el autor tiene que mantener una conversación, de la misma manera que la hace con un amigo o un familiar. Existe una estructura formal en el periódico y quizás más informal en el digital. La narración más suelta en internet funciona mejor. No en todos los artículos, pero sí en una mayoría de ellos, lo que no quiere decir que pierdan calidad o credibilidad”.

Noticias falsas en las redes

“Existe un hecho positivo: Facebook y Google se han comprometido a emprender acciones para combatir las falsedades en sus redes, pero los resultados de ese esfuerzo se verán a largo plazo, no lo veremos de una forma inmediata. El problema es que existe un porcentaje muy elevado de población a la que llega esa información falsa y está dispuesta a aceptarla como verdadera y esa es una amenaza para la sociedad civil y para la democracia”.

 La seña de la identidad

“La manera que tenemos para hacer frente a esas noticias falsas que circulan por internet es reforzando nuestra identidad como medio de comunicación en el periodismo digital, que los lectores nos reconozcan claramente en las redes por nuestro diseño, por la marca que allí aparece, por el estilo de escribir”.

El modo de pago

“Los ingresos por publicidad no eran suficientes para mantener el negocio digital por lo que tuvimos que crear un modo de pago. Teníamos miedo a fracasar, pero afortunadamente hemos visto que ofreciendo calidad existe un mercado para las suscripciones. Todavía es un pequeño porcentaje, pero son personas fieles a nuestro modelo, que pagan por ello cada mes. Ahora ha crecido el número de suscriptores con motivo de las elecciones en los Estados Unidos, porque quieren que alguien cuente la verdad, que investigue los hechos, que ejerza el periodismo con libertad”.

 Periodismo independiente

“En nuestra cabecera hay un lema, somos un periódico independiente. Puede que  alguien considere de que sólo es un enunciado teórico, pero el éxito de nuestro periódico se debe sobre todo a que hemos practicado esa idea. No estamos alineados con ningún partido, con ningún político, con ningún grupo de presión. Y estoy seguro que el periodismo independiente tiene un papel que ejercer, publicar siempre la verdad”.

 La aparición de Trump

“Creo que con los ataques de Donald Trump a la prensa se está poniendo de manifiesto, más que nunca, la importancia de los periódicos para el sistema democrático. Sin la fuerza de la prensa y de la libertad de expresión no hay democracia. Nuestra misión es escrutar, verificar y publicar los hechos. Y esta misión la seguiremos ejerciendo con independencia de la persona que ocupe la presidencia en los Estados Unidos. Si en la Casa Blanca se producen mentiras y falsedades, nosotros contaremos la verdad. Si lo que dijo Trump sobre la audiencia de la toma de posesión es mentira, nosotros lo contamos. Si lo que afirmó sobre votantes ilegales en las lecciones presidenciales es falso, nuestra obligación de decirlo. No importa quien ocupe el puesto. Contar la verdad es lo único que garantiza que el periodismo tenga futuro”

 

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El ensayo del mínimo vital

La renta social que tiene previsto poner en marcha el Ayuntamiento como consecuencia del acuerdo tripartito que permitió la aprobación presupuestaria generará con toda seguridad efectos colaterales dependiendo del éxito o no que coseche el proyecto. De momento, la expectación es grande en la ciudad y fuera de ella. Gijón se convierte en una especie de tubo de ensayo de laboratorio sobre la viabilidad y eficacia que tendría la paga del mínimo vital que algunos partidos proponen a escala de país y que cuando descienden cambian su discurso.
El gobierno de Moriyón y los socios que promovieron la idea se la juegan. Entre la gloria y el fracaso hay solo un paso. En Gijón, como en todos los sitios, existe una pobreza visible y otra oculta, ambas víctimas de la crisis en una sociedad que intenta cabalgar bajo el imperio de la ‘modernidad líquida’, que diagnosticaría el ahora recordado Zygmunt Bauman.
La renta que se propugna tiene razón de ser si contribuye a paliar el agobio económico que padecen muchas personas y familias que carecen de recursos suficientes para subsistir y a las que no se les puede usurpar el derecho a vivir con dignidad. Negar esta realidad es de tozudos. Mirar hacia otro lado, una irresponsabilidad.
El proyecto del gobierno municipal es ambicioso. Plantea garantizar un ingreso de al menos 532 euros al mes a todo aquel gijonés que lo requiera, sea pensionista, trabajador en activo o desempleado. La fórmula que se adopte necesita un amplio consenso, pero sobre todo tiene que tener en cuenta que el dinero es limitado y, por lo tanto, limitado tiene que ser también el alcance de la medida. La renta social no puede poner en riesgo la situación financiera del municipio. De lo contrario, lo que se presenta como una necesidad pasaría a ser una bomba de relojería.
Luego está su encaje normativo. El Principado utiliza este argumento para reprobar el proyecto. «No se pueden generar falsas expectativas», advirtió la consejera Pilar Varela después de la curiosa reunión entre su equipo técnico y representantes de Xixón Sí Puede, con Mario Suárez del Fueyo a la cabeza, desconozco si como concejales delegados del Ejecutivo local.
Estoy absolutamente de acuerdo con la señora Varela. La renta básica, o como lo quieran denominar, debe tener cobertura legal para garantizar la compatibilidad de las prestaciones y evitar sustos a los beneficiarios. Además de las medidas para evitar el efecto llamada y la picaresca, el blindaje jurídico y fiscal es una condición indispensable. El aviso esta suficientemente explicitado. Los receptores del salario social no pueden recibir ningún otro ingreso periódico porque perderían el derecho a cobro. Si todos los meses perciben un complemento, aunque sea como subvención finalista, alguien puede entender que existe tal periodicidad en la ayuda.
El recelo del Gobierno regional es, por otro lado, lógico desde el punto de vista de que la experiencia de Gijón amenaza con poner en cuestión su política social y, especialmente, la que se emprende en el resto de los ayuntamientos asturianos. El Principado tiene tareas pendientes. Una de ellas, afrontar una reforma de la ley para vincular la percepción del salario social directamente al empleo y a la formación con incentivos específicos para favorecer la integración laboral. Reducir la nómina de esta prestación, que alcanza niveles impensables cuando se creó hace casi diez años, es un objetivo prioritario y la única manera de hacerlo es mediante el mercado de trabajo.
Ahora, con el proyecto gijonés, se pueden acumular los problemas a la Administración regional. Algún otro deber conllevará si municipios con menos capacidad empiezan a sentir la presión que supone el lugar de residencia como hecho de discriminación entre la gente más necesitada.

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La 'asturciudad'

Arrancó la semana de tantos puentes como en el juego de la oca con don Fernando Couto rodeado de representantes de la ‘troupe’ opositora con la colección de banderas detrás para, en modo institucional, invitar a los munícipes del urbanismo de Oviedo, Avilés, Siero, Mieres y Langreo a sentarse en una mesa con el fin de hablar de la gran metrópolis. No encajó bien la idea la consejera de Fomento del Principado de Asturias, la señora Belén Fernández, que mucho más pródiga en palabras que el ministro De la Serna con el plan de vías, advirtió desde el despacho que para discutir sobre la ‘ciudad astur’ ya estaba creado un grupo de trabajo en la Federación de Concejos con la participación, y el liderazgo, del Gobierno regional. Por lo tanto, a tomar vientos, de nuevo, la iniciativa municipal en tan espinoso asunto.
Llama la atención como el envite de Gijón movilizó al socialismo. No faltó tiempo para que don José María Pérez saliera al paso de la propuesta de Foro y de sus socios de viaje con el calificativo de «postureo». El dirigente local del PSOE hizo además una lectura que da que pensar. Acusó al concejal de Urbanismo de utilizar la invitación de «escaparate». ‘Josechu’ considera a Couto el tapado en la sucesión si finalmente la alcaldesa decide volver al hospital cuando finalice su segundo mandato. Magnífica revelación. Habrá que estar atentos.
Pero a lo que íbamos. La idea de Gijón no halló respuesta en los municipios comandados por el partido socialista. En Avilés y Siero guardaron silencio y en Oviedo se produjo división. La formación de Wenceslao López no quiere ni oír hablar de ello y Somos, a través del edil competente en la materia, sostiene que ya era hora de que alguien moviera ficha. Así están las cosas en la ciudad invicta desde que gobierna el tripartito. Sólo Mieres y Langreo aceptaron de buen grado acudir a la mesa con coherencia, todo hay que decirlo. La misma coherencia que demostró el alcalde de Navia y presidente de la Federación de Concejos, don Ignacio García Palacios, al quitar hierro al asunto y concebir la ‘minicumbre’ como una cuestión complementaria a la comisión formada en la propia asociación municipal.
Mientras aguardamos a la reunión del grupo de concejos que ampara el Principado prevista para este miércoles, 14 de diciembre, nos encontramos con un debate que, como casi todos los temas importantes en esta región, se ha venido alargando más de treinta años. Echando la vista atrás recuerdo aquel documento, que en 1994 se convirtió en libro pero no llegó a ‘best seller’, llamado ‘Estrategias para la Reindustrializacion de Asturias’, elaborado por un equipo dirigido por el profesor Manuel Castells, que entre las recomendaciones que hacía figuraba la creación del sistema metropolitano central. Para ello establecía básicamente cuatro grandes medidas: mejorar la red de transporte público interurbano por carretera y ferrocarril, con nuevas estaciones centrales en Gijón, Oviedo y Avilés; modernizar las telecomunicaciones con la integración de todos los municipios de la zona central por igual; potenciar los consorcios intermunicipales para atender los servicios y armonizar los instrumentos de planificación urbana con las directrices regionales. En definitiva, lo mismo que se pretende hacer ahora dos décadas después. El mismo estribillo.
La constitución de la ‘asturciudad’ o de la ‘ciudad astur’, como queramos llamarle, es un buen objetivo. Irrenunciable, como dicen los políticos en su argot. Todos los pasos que se den para avanzar en la idea deberían ser bienvenidos. Sin medallas ni protagonismos, sin invasores ni invadidos. El respeto a la iniciativa de cada cual, a la identidad y a la autonomía tendrían que ser condiciones indispensables. La exclusión partidista, el pulso por el poder, la desconfianza o el cantonalismo no son el camino. Ni tampoco que tengamos más alcaldones de los que ya hay. Lo que acabo de exponer son obviedades, pero no pocas veces nuestros administradores tienen para las evidencias una memoria frágil. Por lo tanto, qué más da una reunión si luego nos encontramos con que en Asturias sentarse para debatir sin llegar a nada es un mal pactado con el diablo. Como el discurrir del tiempo.

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