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Categoría: Sociedad
Encuentro con Marty Baron

Marty Baron (Florida, 1954) es uno de los directores de periódicos más influyentes del mundo en estos momentos. Al frente del Washington Post desde el año 2013, ha sido el periodista que inspiró ‘Spotlight’, el film que ganó el Oscar a la Mejor Película en la última edición de la Academia de Hollywood y que narra la investigación periodística sobre los abusos sexuales de menores por sacerdotes católicos en Boston. Baron inició su carrera profesional como redactor del Miami Herald en 1976. En 1979 se incorporó a Los Ángeles Times, donde dirigió la sección de Negocios y fue nombrado adjunto a la dirección del periódico. En 1996 da el salto al New York Times como editor asociado, para responsabilizarse del área del cierre del diario y en el año 2000 regresa al Miami Herald, aunque en esta ocasión como director ejecutivo. Tan solo estuvo año y medio en el Herald, pero fue el tiempo suficiente para que el periódico en el que había comenzado su carrera veinticinco años antes obtuviera un premio Pulitzer por el caso de Elián González, el niño balsero que protagonizó un incidente político de alcance internacional tras su entrada ilegal en los Estados Unidos y su posterior devolución a Cuba. En el Boston Globe, diario que dirigió durante once años, Baron consiguió otro Pulitzer por el descubrimiento de la trama de peredastia en la Iglesia, y en el Washington Post, que dirige desde enero de 2013, sumó otras cuatro distinciones por los trabajos periodísticos de la redacción.

A los pocos meses de situarse al frente del Post, la propiedad de la histórica cabecera da un vuelco con una operación que generó una gran expectación entre los medios de comunicación de todo el mundo. En agosto de 2013, el fundador de Amazon, Jeff Bezos, compraba el periódico a la familia Graham, que llevaba ochenta años regentando el diario. Un soporte tradicional de la relevancia del Washington Post caía en manos de uno de los todopoderosos magnates de la era digital.

Marty Baron participó en Madrid en la quinta edición de Conversaciones, que organiza todos los años la Universidad de Navarra, con una conferencia sobre el futuro de las marcas periodísticas tradicionales. Previamente mantuvo un encuentro con responsables de medios de comunicación de todo el país en el que tuve la suerte de participar. Baron habló del reto de la transición de la prensa escrita hacia el mundo digital y mostró su preocupación por las amenazas que sufre el periodismo, la difusión de las informaciones falsas a través de las redes sociales y el auge de los populismos que ponen en peligro la libertad de expresión. He aquí algunas de sus reflexiones:

Adaptarse a la realidad

“Los medios tradicionales no van a sobrevivir a largo plazo. Vivimos en un mundo digital. Ahora se leen las noticias andando por la calle, esperando el autobús, en la cola del supermercado. Los jóvenes reciben la información de una manera digital, móvil y social y tenemos que adaptarnos a esa realidad y vivirla. No existe ninguna evidencia que nos diga que el periódico de papel será el futuro y sí hay muchas que nos dicen que no lo tiene. El cambio es profundo y muy rápido”.

 El lenguaje periodístico

“El lenguaje periodístico es distinto en internet que en los medios tradicionales. En el digital el autor tiene que mantener una conversación, de la misma manera que la hace con un amigo o un familiar. Existe una estructura formal en el periódico y quizás más informal en el digital. La narración más suelta en internet funciona mejor. No en todos los artículos, pero sí en una mayoría de ellos, lo que no quiere decir que pierdan calidad o credibilidad”.

Noticias falsas en las redes

“Existe un hecho positivo: Facebook y Google se han comprometido a emprender acciones para combatir las falsedades en sus redes, pero los resultados de ese esfuerzo se verán a largo plazo, no lo veremos de una forma inmediata. El problema es que existe un porcentaje muy elevado de población a la que llega esa información falsa y está dispuesta a aceptarla como verdadera y esa es una amenaza para la sociedad civil y para la democracia”.

 La seña de la identidad

“La manera que tenemos para hacer frente a esas noticias falsas que circulan por internet es reforzando nuestra identidad como medio de comunicación en el periodismo digital, que los lectores nos reconozcan claramente en las redes por nuestro diseño, por la marca que allí aparece, por el estilo de escribir”.

El modo de pago

“Los ingresos por publicidad no eran suficientes para mantener el negocio digital por lo que tuvimos que crear un modo de pago. Teníamos miedo a fracasar, pero afortunadamente hemos visto que ofreciendo calidad existe un mercado para las suscripciones. Todavía es un pequeño porcentaje, pero son personas fieles a nuestro modelo, que pagan por ello cada mes. Ahora ha crecido el número de suscriptores con motivo de las elecciones en los Estados Unidos, porque quieren que alguien cuente la verdad, que investigue los hechos, que ejerza el periodismo con libertad”.

 Periodismo independiente

“En nuestra cabecera hay un lema, somos un periódico independiente. Puede que  alguien considere de que sólo es un enunciado teórico, pero el éxito de nuestro periódico se debe sobre todo a que hemos practicado esa idea. No estamos alineados con ningún partido, con ningún político, con ningún grupo de presión. Y estoy seguro que el periodismo independiente tiene un papel que ejercer, publicar siempre la verdad”.

 La aparición de Trump

“Creo que con los ataques de Donald Trump a la prensa se está poniendo de manifiesto, más que nunca, la importancia de los periódicos para el sistema democrático. Sin la fuerza de la prensa y de la libertad de expresión no hay democracia. Nuestra misión es escrutar, verificar y publicar los hechos. Y esta misión la seguiremos ejerciendo con independencia de la persona que ocupe la presidencia en los Estados Unidos. Si en la Casa Blanca se producen mentiras y falsedades, nosotros contaremos la verdad. Si lo que dijo Trump sobre la audiencia de la toma de posesión es mentira, nosotros lo contamos. Si lo que afirmó sobre votantes ilegales en las lecciones presidenciales es falso, nuestra obligación de decirlo. No importa quien ocupe el puesto. Contar la verdad es lo único que garantiza que el periodismo tenga futuro”

 

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El ensayo del mínimo vital

La renta social que tiene previsto poner en marcha el Ayuntamiento como consecuencia del acuerdo tripartito que permitió la aprobación presupuestaria generará con toda seguridad efectos colaterales dependiendo del éxito o no que coseche el proyecto. De momento, la expectación es grande en la ciudad y fuera de ella. Gijón se convierte en una especie de tubo de ensayo de laboratorio sobre la viabilidad y eficacia que tendría la paga del mínimo vital que algunos partidos proponen a escala de país y que cuando descienden cambian su discurso.
El gobierno de Moriyón y los socios que promovieron la idea se la juegan. Entre la gloria y el fracaso hay solo un paso. En Gijón, como en todos los sitios, existe una pobreza visible y otra oculta, ambas víctimas de la crisis en una sociedad que intenta cabalgar bajo el imperio de la ‘modernidad líquida’, que diagnosticaría el ahora recordado Zygmunt Bauman.
La renta que se propugna tiene razón de ser si contribuye a paliar el agobio económico que padecen muchas personas y familias que carecen de recursos suficientes para subsistir y a las que no se les puede usurpar el derecho a vivir con dignidad. Negar esta realidad es de tozudos. Mirar hacia otro lado, una irresponsabilidad.
El proyecto del gobierno municipal es ambicioso. Plantea garantizar un ingreso de al menos 532 euros al mes a todo aquel gijonés que lo requiera, sea pensionista, trabajador en activo o desempleado. La fórmula que se adopte necesita un amplio consenso, pero sobre todo tiene que tener en cuenta que el dinero es limitado y, por lo tanto, limitado tiene que ser también el alcance de la medida. La renta social no puede poner en riesgo la situación financiera del municipio. De lo contrario, lo que se presenta como una necesidad pasaría a ser una bomba de relojería.
Luego está su encaje normativo. El Principado utiliza este argumento para reprobar el proyecto. «No se pueden generar falsas expectativas», advirtió la consejera Pilar Varela después de la curiosa reunión entre su equipo técnico y representantes de Xixón Sí Puede, con Mario Suárez del Fueyo a la cabeza, desconozco si como concejales delegados del Ejecutivo local.
Estoy absolutamente de acuerdo con la señora Varela. La renta básica, o como lo quieran denominar, debe tener cobertura legal para garantizar la compatibilidad de las prestaciones y evitar sustos a los beneficiarios. Además de las medidas para evitar el efecto llamada y la picaresca, el blindaje jurídico y fiscal es una condición indispensable. El aviso esta suficientemente explicitado. Los receptores del salario social no pueden recibir ningún otro ingreso periódico porque perderían el derecho a cobro. Si todos los meses perciben un complemento, aunque sea como subvención finalista, alguien puede entender que existe tal periodicidad en la ayuda.
El recelo del Gobierno regional es, por otro lado, lógico desde el punto de vista de que la experiencia de Gijón amenaza con poner en cuestión su política social y, especialmente, la que se emprende en el resto de los ayuntamientos asturianos. El Principado tiene tareas pendientes. Una de ellas, afrontar una reforma de la ley para vincular la percepción del salario social directamente al empleo y a la formación con incentivos específicos para favorecer la integración laboral. Reducir la nómina de esta prestación, que alcanza niveles impensables cuando se creó hace casi diez años, es un objetivo prioritario y la única manera de hacerlo es mediante el mercado de trabajo.
Ahora, con el proyecto gijonés, se pueden acumular los problemas a la Administración regional. Algún otro deber conllevará si municipios con menos capacidad empiezan a sentir la presión que supone el lugar de residencia como hecho de discriminación entre la gente más necesitada.

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La ‘asturciudad’

Arrancó la semana de tantos puentes como en el juego de la oca con don Fernando Couto rodeado de representantes de la ‘troupe’ opositora con la colección de banderas detrás para, en modo institucional, invitar a los munícipes del urbanismo de Oviedo, Avilés, Siero, Mieres y Langreo a sentarse en una mesa con el fin de hablar de la gran metrópolis. No encajó bien la idea la consejera de Fomento del Principado de Asturias, la señora Belén Fernández, que mucho más pródiga en palabras que el ministro De la Serna con el plan de vías, advirtió desde el despacho que para discutir sobre la ‘ciudad astur’ ya estaba creado un grupo de trabajo en la Federación de Concejos con la participación, y el liderazgo, del Gobierno regional. Por lo tanto, a tomar vientos, de nuevo, la iniciativa municipal en tan espinoso asunto.
Llama la atención como el envite de Gijón movilizó al socialismo. No faltó tiempo para que don José María Pérez saliera al paso de la propuesta de Foro y de sus socios de viaje con el calificativo de «postureo». El dirigente local del PSOE hizo además una lectura que da que pensar. Acusó al concejal de Urbanismo de utilizar la invitación de «escaparate». ‘Josechu’ considera a Couto el tapado en la sucesión si finalmente la alcaldesa decide volver al hospital cuando finalice su segundo mandato. Magnífica revelación. Habrá que estar atentos.
Pero a lo que íbamos. La idea de Gijón no halló respuesta en los municipios comandados por el partido socialista. En Avilés y Siero guardaron silencio y en Oviedo se produjo división. La formación de Wenceslao López no quiere ni oír hablar de ello y Somos, a través del edil competente en la materia, sostiene que ya era hora de que alguien moviera ficha. Así están las cosas en la ciudad invicta desde que gobierna el tripartito. Sólo Mieres y Langreo aceptaron de buen grado acudir a la mesa con coherencia, todo hay que decirlo. La misma coherencia que demostró el alcalde de Navia y presidente de la Federación de Concejos, don Ignacio García Palacios, al quitar hierro al asunto y concebir la ‘minicumbre’ como una cuestión complementaria a la comisión formada en la propia asociación municipal.
Mientras aguardamos a la reunión del grupo de concejos que ampara el Principado prevista para este miércoles, 14 de diciembre, nos encontramos con un debate que, como casi todos los temas importantes en esta región, se ha venido alargando más de treinta años. Echando la vista atrás recuerdo aquel documento, que en 1994 se convirtió en libro pero no llegó a ‘best seller’, llamado ‘Estrategias para la Reindustrializacion de Asturias’, elaborado por un equipo dirigido por el profesor Manuel Castells, que entre las recomendaciones que hacía figuraba la creación del sistema metropolitano central. Para ello establecía básicamente cuatro grandes medidas: mejorar la red de transporte público interurbano por carretera y ferrocarril, con nuevas estaciones centrales en Gijón, Oviedo y Avilés; modernizar las telecomunicaciones con la integración de todos los municipios de la zona central por igual; potenciar los consorcios intermunicipales para atender los servicios y armonizar los instrumentos de planificación urbana con las directrices regionales. En definitiva, lo mismo que se pretende hacer ahora dos décadas después. El mismo estribillo.
La constitución de la ‘asturciudad’ o de la ‘ciudad astur’, como queramos llamarle, es un buen objetivo. Irrenunciable, como dicen los políticos en su argot. Todos los pasos que se den para avanzar en la idea deberían ser bienvenidos. Sin medallas ni protagonismos, sin invasores ni invadidos. El respeto a la iniciativa de cada cual, a la identidad y a la autonomía tendrían que ser condiciones indispensables. La exclusión partidista, el pulso por el poder, la desconfianza o el cantonalismo no son el camino. Ni tampoco que tengamos más alcaldones de los que ya hay. Lo que acabo de exponer son obviedades, pero no pocas veces nuestros administradores tienen para las evidencias una memoria frágil. Por lo tanto, qué más da una reunión si luego nos encontramos con que en Asturias sentarse para debatir sin llegar a nada es un mal pactado con el diablo. Como el discurrir del tiempo.

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Pobres con techo

La consecuencia más desgarradora que trajo consigo la gran depresión ha sido, sin duda alguna, el incremento de la pobreza. Los rostros depauperados de la crisis son muchos y muy variados, se fueron manifestando de distintas maneras conforme las fauces de la recesión fue hincando sus dientes en las personas, debilitándolas, haciendo mella en sus vidas y conduciéndolas hacia situaciones agónicas. En Gijón, ahora mismo, hay más pobres que nunca. Una buena parte de esa realidad se ve en las calles, en la mirada triste de la gente, la que te encuentras en un corto paseo, de frente o en la esquina. Pero hay otra parte que la padece en silencio, sin revolución, en sus casas, sufriendo las penurias del invierno, cada vez más duro y frío, cada vez más eterno.
En Gijón han aumentado los pobres, como en otras ciudades, pero también ha crecido la solidaridad. Ha reforzado todo su entramado de atención social, incluso de forma envidiable para otros municipios, intentado responder a las necesidades que se fueron generando conforme se iba incrementado la desigualdad y el desarraigo.
La labor asistencial realizada por asociaciones y colectivos en colaboración con las instituciones sigue siendo determinante. Como lo ha sido también la articulación de un amplio catálogo de ayudas destinadas a las personas más desfavorecidas, en situación vulnerable o al borde de la exclusión, encabezadas por el salario social, la prestación regional cuya demanda obligó al Principado a multiplicar por diez los recursos que había previsto cuando se creó en 2006. Un catálogo que fue aumentando con el agotamiento de los subsidios de desempleo y con los desahucios para atender los gastos más básicos de cualquier familia, la alimentación, el alquiler, la luz, el agua y la calefacción. O para que numerosos niños puedan hacer en el colegio una comida caliente y completa al día.
Esta semana, el bloque de la izquierda en el Ayuntamiento favoreció con su abstención que los presupuestos de la Fundación de Servicios Sociales salieran adelante en el camino de la negociación para las cuentas municipales del próximo año. En el proyecto se incluye la creación de la renta social, una nueva ayuda que está aún pendiente de concretar pero que va destinada a complementar el conjunto de medidas asistenciales del municipio.
La implantación de esta figura supone una oportunidad para reordenar las prestaciones y los servicios de atención social con el fin de aumentar en eficacia y agilidad y afrontar la pobreza de manera más estructural. No solo para quienes por desgracia carecen de hogar o de empleo. Existen muchas personas que cobran por su trabajo remuneraciones ridículas, amparadas por la reforma laboral, que apenas alcanzan el salario mínimo. Gente con techo cuyos ingresos no les permiten llegar a fin de mes, pero tampoco beneficiarse de la protección social establecida. La renta básica puede ser el alivio para ese trabajador que no ha dejado de ser un desfavorecido porque su sueldo no le da para vivir.
Ahora bien, aunque existen ciudades en este país que han puesto en marcha figuras como esta, la prestación tendría que tener ámbito autonómico, incluso nacional diría yo. En el caso de Asturias puede ser una modalidad dentro del salario social, cofinanciado si se quiere, pero sin que su aplicación provoque mayor desigualdad social entre territorios ni ‘efecto llamada’, como ya ocurrió con otras ayudas.
Tal parece, de momento, que no hay voluntad en la región de que esto sea así, por lo que solo cabe esperar que este mínimo vital municipal sea coyuntural, con los recursos que tenga que tener, pero sin detraer de aquellos que puedan contribuir a la prosperidad colectiva para que el drama no se alargue.

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Locura sin ética

El Club Asturiano de Calidad celebró sus veinte años con la presentación de un libro con artículos de los numerosos expertos y directivos que participaron, de una forma u otra, en las sesiones que fue celebrando la asociación a lo largo de estas dos décadas sobre aspectos como el liderazgo empresarial, la responsabilidad social y corporativa, la innovación, la internacionalizacón o los modelos de gestión. Y en la presentación de ‘Veinte años innovando en la gestión’, el club contó con la presencia de Isabel Aguilera, que abre el trabajo con una aportación que lleva por título ‘Aprender de los mejores’ y que en la conferencia que ofreció en la sede del Real Instituto de Estudios Asturianos (Ridea), en Oviedo, volvió a demostrar que ella es, precisamente, una de las mayores expertas en la concienciación sobre los cambios que nos esperan en el mundo de la empresa y de la sociedad.
Aguilera, consultora con una enorme experiencia, que llevó las riendas del negocio en España de General Electric, Google y Dell Computer, habló en su charla del imparable avance de la digitalización, de la necesidad de escuchar, de dar mayor participación al cliente, del liderazgo motivador, del aprovechamiento del talento, del desarrollo tecnológico. Pero también enumeró los mayores desafíos a los que se enfrenta la Humanidad, diez retos que tenemos pendientes de resolver: el medio ambiente, la educación, la salud, la seguridad-ciberseguridad, la energía, los alimentos, el agua, la pobreza y los desastres naturales. Hasta ahí son nueve. El décimo, el más grande y al que la conferenciante concedió suma importancia, es la ética.
Coincido plenamente con Isabel Aguilera en este asunto. La falta de ética es uno de los grandes males de la sociedad actual. ‘Lo que es’ cada vez está mas alejado de ‘lo que debe ser’. Lo bueno y lo malo, lo correcto e incorrecto, lo obligatorio y lo permitido cada vez es más confuso. La ética, como principio que rige el comportamiento y las relaciones humanas, es un concepto difuso. Las normas no se cumplen y las acciones son contradictorias, a veces malvadas.
La locura económica que hemos vivido en la última década puso de manifiesto, sobre todo, que fuimos víctimas de esa gran carencia. Y que seguimos siéndolo. La mayor parte de las causas que provocaron la gran depresión tienen su origen en el ejercicio de un capitalismo voraz y falto de principios que, al entrar en crisis, generó situaciones atroces y devastadoras. De qué ética estamos hablando cuando estalla la burbuja financiera e inmobiliaria, en las prácticas usureras de bancos, eléctricas y empresas de telecomunicaciones, en la corrupción generalizada en las administraciones, en el pago de comisiones, en la evasión fiscal, en el manejo de dinero negro, en la economía sumergida, en la utilización de información privilegiada para enriquecerse, en el ‘dumping’ social… O en realizar promesas electorales siendo consciente de que son imposibles de cumplir.
“Un hombre sin ética es una bestia salvaje soltada a este mundo”. La frase no es mía, es de Albert Camus, y lo nefasto por desgracia para la Humanidad, es que ese tipo de personas predominan.

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La enciclopedia de Mario

Mario García Antuña anda estos días de gira con la presentación de su obra ‘Catástrofes mineras asturianas’. El pasado 3 de noviembre dio a conocer el libro en un acto en Gijón del Aula de Cultura de EL COMERCIO, que tuve el honor de moderar; el próximo martes, día 24, lo hará en la Casa de Cultura de Moreda y el 2 de diciembre, en las Escuelas Dorado de Sama de Langreo.

El trabajo de Mario es sencillamente excepcional por dos razones. Porque no existe en Asturias un compendio sobre accidentes en la minería, ni en ningún otro sector, como esta obra, de tal manera que constituye una fuente documental valiosísima de la que estaba huérfana la región. Y excepcional, además, porque la labor recopilatoria ha sido realizada con gran rigor y sensibilidad. Un rigor aplicado en la búsqueda de todo tipo de datos sobre cada una de los accidentes que recoge, sumergiéndose en cuantos archivos se pusieron a su alcance, en los registros empresariales, de las administraciones, en las bibliotecas y en las hemerotecas, contrastando la información, ordenándola y dándole forma. Mario es nuestro enciclopedista de la minería. No en vano, empezó su faena indagando sobre el desarrollo del sector con el ánimo de hacer una historia del carbón en Asturias, pero claro le salía una macrohistoria y se dijo asimismo “¿pero dónde voy yo?” Y decidió centrarse en los accidentes, de tal forma que llegó a documentar nada más y nada menos que ocho mil. ‘Catástrofes mineras asturianas’ recoge 63 siniestros con cuatro o más víctimas mortales desde 1889 hasta 1995 en un total de 1.393 páginas. Por lo tanto, esta ingente obra supone para los que tantas veces tenemos que bucear en búsqueda de información una base de datos relevante.

Y después la sensibilidad con la que trata un tema tan espinoso como real como es la siniestralidad en la minería. Mario convivió con ella desde pequeño. Mario es de las cuencas, de Campera, en Moreda, y como buen allerano el carbón no le ha sido ajeno a toda su vida. Estudió ingeniería técnica en Mieres, trabajó en Hunosa, pasó por tres pozos, primero en Modesta, después en el Candín y por último en el Fondón. Allí se hizo cargo del servicio de seguridad durante casi once años, desde 1982 hasta 1993, que se prejubiló, y allí mantuvo contactos con la Brigada de Salvamento Minero, a la que dedica un capítulo especial en su obra, de la misma manera que lo hace al Sanatorio Adaro. Todo ese conocimiento, el bagaje intelectual y humano que Mario adquirió en convivencia con el sector lo lleva al relato cuando recuerda a los fallecidos, la angustia de los familiares, los sepelios, las circunstancias de los accidentes, la llegada de los equipos de salvamento, la investigación…

De ‘Catástrofes mineras asturianas’ se pueden sacar varias conclusiones. Yo enumero tres. La primera, el grisú ha sido el gran mal de los mineros, el factor desencadenante de la mayor parte de las tragedias que ocurrieron en la región. La segunda, la paulatina reducción del número de accidentes conforme se iban avanzando en los sistemas de seguridad en las explotaciones. Esta evolución es patente en el libro. No en vano, llevamos veinte años sin siniestros de más de cuatro víctimas en Asturias. Y tercera, los accidentes también han ido cayendo conforme se fue disminuyendo el tamaño del sector. Como es lógico, a menor número de trabajadores, las posibilidades de accidentalidad en los pozos se reducen. Dice Mario que en las minas a lo largo de la historia dejaron sus vidas más de 5.000 mineros. En ese sentido, algo bueno han traído consigo las reconversiones.

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