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Luis Arias Argüelles-Meres

Desde el Bajo Narcea

Feijoo: “El desengañador de las Españas” en su 250 aniversario

«Busco en los hombres aquel amor de la Patria que hallo tan celebrado en los libros: quiero decir, aquel amor justo, debido, noble, virtuoso, y no le encuentro. En unos no veo algún afecto a la Patria; en otros sólo veo un afecto delincuente, que con voz vulgarizada se llama pasión nacional». (Padre Feijoo).

Desde un Oviedo aislado y pequeño, dedicando sus trabajos y sus días a luchar contra las supersticiones de su tiempo, aquel fraile benedictino del que celebramos el 250 aniversario de su muerte, supo asomarse, más allá de las montañas que le rodeaban, a los afanes que despuntaban en su época y, sobre todo, hizo de su vida y obra, un continuo combate contra el atraso y la irracionalidad. No es de extrañar, por tanto, que Pérez de Ayala se asombrase en su momento de la enorme actualidad de muchos de los postulados de Feijoo, entre ellos, el texto que encabeza este artículo. Mente crítica, cargada y recargada de ironía, aliado de la razón y la verdad, abrió el camino de las Luces en España, y lo abrió en Oviedo, en la ciudad que, casi 120 años después de su muerte, sesteaba tal y como la plasmó ‘Clarín’ con insuperada y difícilmente superable maestría.

Juan Luis Alborg describió con exactitud a Feijoo: «Encerrado en aquella modesta celda de un convento provinciano llegó a ser uno de los españoles más cultos de su tiempo, y su insaciable avidez de adquirir conocimientos y de comunicarlos le permitió llevar a cabo una de las obras de mayor influjo y trascendencia que conoce nuestra historia literaria». En esta misma tesis abunda uno de los estudiosos de la obra de Feijoo, Pérez Rioja: «No deja de ser un tanto sorprendente que una vez más la rezagada España, por obra y gracia de un monje que escribe desde un provinciano y apartado convento, se anticipe a lo que tres cuartos de siglo después iba a entenderse como la proyección social de la literatura».

Juan Marichal define a Feijoo como «el desengañador de las Españas» y lo enjuicia en estos términos: «El móvil literario de Feijoo no es tanto desengañar a los españoles como explayar su personalidad por el vasto campo de los Errores Comunes. Su obra, más que un repertorio de ideas dieciochescas, es su propia novela». Por su parte, Pedro Salinas dejó escrito que Feijoo era un «padre de ensayistas, especialmente de los ensayistas de la generación del 98». Padre de ensayistas mucho antes de que el género alcanzase en España el prestigio y la importancia que tendría desde finales del XIX hasta la Edad de Plata.

En el 250 aniversario de su muerte, toca rescatar la enorme actualidad de muchos escritos y tener presente una vez más que Asturias, en más de una etapa histórica, contó con figuras que, con su esfuerzo y talento, estuvieron en la vanguardia de los afanes y desvelos de su tiempo. Y, además, se da el caso de que Feijoo es el primero de tan ilustre inventario.

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Sobre el autor

Luis Arias Argüelles-Meres es escritor y profesor de Lengua y Literatura en el IES "César Rodríguez", de Grao. Como columnista, publica sus artículos en EL COMERCIO sobre,actualidad, cultura, educación, Oviedo y Asturias. Es autor de los blogs: Desde el Bajo Narcea http://blogs.elcomercio.es/desde-el-bajo-narcea/ Desde la plaza del Carbayón http://blogs.elcomercio.es/panorama-vetustense/


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