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Juan Neira

LARGO DE CAFE

CORTEDAD DE MIRAS

El debate sobre los pactos ha pasado de la simple aritmética a los intereses estratégicos. Por fin, en el bloque de la derecha hay alguna persona lúcida (Esperanza Aguirre) que aconseja la abstención del PP y Ciudadanos para que gobierne el PSOE sin la pesada carga de Pablo Iglesias y los independentistas. Las circunstancias han querido que Pablo Casado y Albert Rivera tengan la oportunidad de pactar el programa de gobierno con Pedro Sánchez, pudiendo poner el acento en las grandes cuestiones que afectan a los intereses generales en vez de consensuar un conjunto de desfachateces con grupos y líderes que no les importa España, porque solo buscan ganar imagen ante la opinión pública de cara a las siguientes elecciones. Si la derecha criticaba, y con razón, la negativa de Pedro Sánchez a dejar gobernar Rajoy por la vía de la abstención parlamentaria, lo mismo cabe criticar la decisión del PP y Ciudadanos por preferir el famoso «gobierno Frankenstein» (expresión de Rubalcaba) a un gobierno monocolor socialista sostenido por el centroderecha. La declaración más desafortunada de la jornada correspondió a Teodoro García Egea, mano derecha de Pablo Casado. El joven secretario general del PP, no contento con anticipar el voto negativo a la investidura del líder socialista, dijo que la iba «a dificultar». Con esa expresión nos da licencia para pensar que el equipo de dirección popular hará las gestiones que sean necesarias para convencer a otros diputados de que deben votar en contra de Sánchez, abriendo la senda hacia unas nuevas elecciones. Egea sabe que los tres grupos de derechas no disponen de escaños para presentar una alternativa, así que solo hay dos caminos: gobierna Sánchez o se disuelven las cámaras y vuelta a la inestabilidad institucional.

Por primera vez, José Luis Ábalos ha hecho referencia a un posible adelanto electoral, escenario al que nos veríamos abocados si PP, Ciudadanos y Podemos no cambian de actitud. Pablo Iglesias ha reiterado su petición de entrar en el gobierno, rebajando su demanda de los grandes ministerios (Hacienda, Interior, Exteriores, Defensa) a los departamentos de contenido social (Sanidad, Educación, Servicios Sociales, Trabajo). Iglesias necesita un flotador para no ahogarse en las agitadas aguas del debate interno de Podemos. Pretende entrar en el gobierno para salvarse. Quiere ser el nuevo ministro de Trabajo, así que imaginen el futuro qué tendrá la reforma laboral. A García Egea le da igual.

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por JUAN NEIRA

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