En el pleno de la Junta General del Principado la diputada Tomé preguntó: «¿Qué va a hacer para evitar un Gobierno de la derecha y la derechísima en Asturies?». Barbón, que tuvo cinco días para preparar la respuesta, respondió: «Un proyecto para una mayoría social no se construye desde el miedo y el odio (alusión a la derecha) ni tampoco desde el dogma ni hablando para las minorías (alusión a la extrema izquierda)». Luego, el presidente del Principado habló de lo que él entiende por «grandes problemas», citando «el coste de la vida». Añadió otra reflexión: «La vía fiscal asturiana ha sido dirigida a las clases medias, no podemos dejarlas descolgadas de la atención fiscal». Y terminó: «Hay que potenciar la mirada a las clases medias».
Antes de entrar en materia vayamos con los malos entendidos o equivocaciones. El discurso del miedo en los últimos ocho años está monopolizado por Pedro Sánchez y el PSOE. Electoralmente, Sánchez vive del miedo a Vox. Si Vox se disolviera, el presidente del Gobierno se quedaría sin argumentos para pedir el voto. Cuando Barbón habla de la vía fiscal asturiana se refiere a las deducciones que el Principado introduce cada año en el tramo autonómico del IRPF para beneficiar a colectivos o personas concretas.
Entre 2007 y 2023, una familia de clase media con dos hijos no alcanzó a tener una mejora anual de cien euros al año. Sin embargo, en el conjunto de España, si alguien nombra la vía fiscal asturiana, es decir, los aspectos más característicos de nuestra fiscalidad, todos entienden que se alude a no deflactar el IRPF (diez gobiernos autonómicos ya han deflactado), poner la tasa más alta en el Impuesto de Sucesiones y Donaciones, ser los segundos en gravar más las rentas bajas y los cuartos en gravar rentas medias y altas. Por no hablar de los tributos propios (canon de saneamiento, hipermercados, salas de juego, etc.) donde solo tiene más tributos Cataluña.
Vamos con la clase media. Hace cincuenta años, la sociedad estaba dividida en clase baja (trabajadores manuales), clase media (profesionales, comerciantes) y clase alta (burguesía, terratenientes, aristocracia). Luego, excepto la clase alta, todo se fue juntando, apelmazando, permitiendo a Pedro Sánchez referirse reiteradamente a una supuesta «clase media trabajadora» que redime a los obreros del infierno de la clase baja y quita brillo a los profesionales al sentarlos en la misma bancada que todos aquellos que el antiguo DNI calificaba de «empleado». Hacia ese magma quiere Barbón «potenciar la mirada».
En la encuesta de condiciones de vida del Instituto Nacional de Estadística, el 61,5% de los hogares son de clase media; el 30,4%, de clase baja y el 8,1%, de clase alta. Si tomamos el patrón de la OCDE, tenemos que la clase media está formada por los hogares cuyos ingresos están entre el 75% y el 200% de la mediana de los ingresos de la población.
Con esa referencia, doy dos pasos hacia adelante y vemos que en Asturias una familia compuesta por dos adultos y dos menores es de clase media si sus ingresos están entre los 30.920 y 80.450 euros. Aprovechando la «mirada» de nuestro presidente diría que la parte inferior de la clase media está en una situación muy frágil, un juicio que viene a corroborar el último dato: entre 2007 y 2023, la familia de los dos hijos no alcanzó a tener una mejora anual de cien euros al año. Total estancamiento.
Si se quieren ganar las elecciones hay que bajar los impuestos, porque el único multimillonario que todos conocemos es el Principado. Este año batirá su récord de recursos al recibir 4.187 millones de Madrid.
En su disertación, Barbón hizo una pregunta: «¿Cómo ganar?». Se refería a los comicios autonómicos de 2027. El mismo la contestó: «Siendo útil». La utilidad de la clase política y del Gobierno de coalición de la izquierda (PSOE-IU) en particular es inapreciable. Para ser útiles hay que gestionar y ese verbo no se conjuga en el Principado desde el año 2011.
Veamos un ejemplo. La crisis de la vivienda, causada por el déficit de oferta, ya la conocimos en el pasado, pero se solucionó construyendo casas. En Gijón se hicieron grandes operaciones (el Llano, Moreda, Montevil) que dieron lugar a tres barrios. En Oviedo sucedió algo semejante con Villafría, La Florida o Las Campas.
Qué casualidad, el autor de los barrios gijoneses ganó nueve elecciones consecutivas: tres a la Alcaldía de Gijón, tres a la Presidencia del Principado y tres por un escaño en el Senado. El creador de los barrios de Oviedo ganó seis elecciones seguidas a la Alcaldía de la capital. Un buen gestor siempre triunfa.