Jesús Manuel Rodríguez Morán, más conocido por ‘Chus Mirantes’, es el empresario que, con la ayuda de su familia, estaba al frente de la mina de Cerredo cuando ocurrieron los dos accidentes mortales. El 25 de agosto de 2022, un dumper se precipitó por el interior de la mina al quedar sin frenos, tirándose los dos ocupantes en marcha, con el resultado de un trabajador muerto y el otro herido, sin una pierna. El dumper había tenido muchas averías; en un informe pericial se le detectaron veintiséis deficiencias. Combayl, la empresa que entonces tenía los derechos sobre la mina, presentó un informe donde se hablaba de la imprudencia de un trabajador. Sin comentarios.
El propio minero superviviente, Enrique Ramón, declaró que se extraía carbón de la mina sin permiso antes del accidente, primero de noche y, posteriormente, de día. El 31 de marzo fue el segundo accidente, con cinco mineros fallecidos y cuatro heridos. Desde entonces en Cerredo no hay actividad. El grupo de minas controlado por Chus Mirantes sufrió una grave pérdida de reputación y cuatro meses más tarde se dejaron de pagar nóminas en Carbones La Vega, la sociedad que tenía los derechos de Mina Miura. Entre las andanzas de Chus Mirantes está haber empezado a cotizar como minero, con la categoría de picador, en el mes de noviembre de 2018 (un mes antes de que terminara el plazo para extraer carbón en minas no competitivas, tal como había acordado la Comisión Europea con el Gobierno de Mariano Rajoy). Mirantes se estrenó, oficialmente, como picador a los 52 años de edad.
Un caso único en el mundo, porque no hay registros de empezar a picar carbón a tan avanzada edad. No hace falta añadir que picaba y cobraba (1.740 euros mensuales) en minas que gestionaba la familia. Llama la atención que se tomara tan en serio su nuevo trabajo de picador, hasta el punto de que cuando su hijo participó en la compra-venta de la sociedad Carbones La Vega, con el empresario madrileño, Fernando Martínez, se acordó como primer pago 934.474 euros la sociedad (el precio total incluía otras cantidades en función de la producción). Pues bien, en los 934.474 se incluían 43.603 euros que el vendedor (familia de Mirantes) reclamaba por «remuneraciones pendientes» de abono: las nóminas devengadas, pero no cobradas del padre. El asunto aún fue más lejos; realizada la compraventa, Chus Mirantes seguía en nómina de Carbones La Vega. Denunciada esta situación en EL COMERCIO, la Inspección de Trabajo y Seguridad Social puso la maquinaria en marcha.