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Cuidar a los niños a tiempo completo

Aunque cada vez es menos frecuente, aún sucede que un matrimonio que quiere tener hijos, decida que la mujer o el marido no trabaje para cuidar de ellos. No siempre es una decisión, otras veces es una circunstancia pues no todo el que quiere tiene hoy día un trabajo. En estas situaciones hay que pararse a pensar en las implicaciones legales porque cuando llega una ruptura imprevista de la pareja, el denominador común es una profunda insatisfacción a la hora de buscar soluciones económicas.

Lamentablemente la visión idealizada de la vida en pareja nos sitúa en un escenario que raramente se da: un matrimonio para toda la vida donde si uno decide depender económicamente del otro estará seguro pues, incluso si una ruptura se presentase, para existe la pensión compensatoria.

¿Cuál es la realidad? Empecemos por el régimen económico del matrimonio. Si éste es el de gananciales, lo que el cónyuge que trabaja obtenga pertenecerá a los dos. Ahora bien, si es el de separación de bienes, los ingresos pertenecen a quien los obtiene, de modo que habrá que prestar especial atención a la titularidad de bienes y cuentas. En una situación en que uno de los dos trabaja para la familia, es recomendable el régimen de gananciales o, si se opta por el de separación, procurar que al menos una parte del dinero se ingrese en una cuenta de titularidad compartida.

¿Y qué esperar en caso de ruptura? El cónyuge que ha dedicado años de su vida a cuidar de la familia muy probablemente no va a poder mantener su estatus económico. La pensión compensatoria no se suele establecer de forma indefinida, salvo que el divorcio se produzca a una avanzada edad, y su cuantía no suele ser elevada. A esta ecuación hay que añadir el dato de que el divorcio se puede solicitar por cualquiera de los dos sin que sea necesario que concurra causa alguna. Lo cierto es que la mayor parte de las personas que tomaron la decisión de cuidar a su familia se sienten satisfechas en lo personal por los años vividos pero enfrentan su futuro con peores expectativas económicas tras una ruptura.

¿Qué recomendación se puede dar? En general, aquel que se encuentre en una situación de desequilibrio ha de pensar los riesgos que asume y, en la medida de lo posible, valorar  si su pareja estaría dispuesta, a través de las capitulaciones matrimoniales,  a adoptar un acuerdo económico que aporte algo más de seguridad. En todo caso, es recomendable no demorar en exceso la reincorporación a la vida laboral, tras los primeros años de cuidado de los niños.

Con esto no intentamos poner en desvalor el trabajo que implica ser padre o madre a tiempo completo, sino tan solo hacer una reflexión de las implicaciones legales que esta decisión puede conllevar en caso de ruptura.

 

 

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Un buen contrato de arrendamiento evita problemas

Hay muchas cuestiones que vienen reguladas legalmente y otras tantas que generan dudas de interpretación que han sido resueltas por nuestros tribunales generando una base de jurisprudencia que ayuda a solucionar infinitos puntos conflictivos pero la mejor herramienta para solucionar problemas sigue siendo la confección de un buen contrato de arrendamiento.

Al principio, cuando ambas partes negocian y alcanzan acuerdos, cuando hay buen entendimiento y opciones para aclarar cualquier punto oscuro, es el momento perfecto para plasmar por escrito todos los extremos en cláusulas contractuales de la forma más clara y precisa posible.

Aunque esta es una clave que se puede aplicar a cualquier cuestión jurídica, es especialmente importante en materia de arrendamientos. En los contratos de arrendamiento de vivienda la ley establece una regulación muy amplia pero deja numerosos resquicios en puntos clave que las partes pueden considerar y pactar. En los contratos para uso distinto de la vivienda, las posibilidades que se abren a arrendador y arrendatario son mucho más amplias. Aquí prima, prácticamente en casi todo el contenido del contrato, la voluntad de las partes, es decir, pueden pactar lo que deseen en cuestiones tan importantes como la duración, qué ocurre si el arrendatario incumple ese plazo, quién se hace cargo de obras y reparaciones, quién paga la comunidad o incluso las derramas, los derechos de tanteo y retracto en caso de venta, si se permite la cesión y el subarriendo y sus consecuencias sobre la renta si se aceptan, el giro o el uso del inmueble que se permite… Y si no se acuerda nada específico se aplica el contenido de la ley, que hay que conocer, porque puede ser o no más interesante incluir cualquier otra cuestión.

La realización de un buen contrato con una previsión clara y adaptada al caso concreto, puede solucionar muchas dudas y problemas que puedan surgir por el camino y evitar conflictos entre las partes.

 

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Incapacitar a un familiar: una decisión necesaria

Cuando alguno de nuestros familiares tiene una enfermedad que le afecta a un cierto nivel en su vida se abre la posibilidad de iniciar diversos trámites: los relativos a la consecución de una invalidez o una minusvalía que puedan tener repercusiones en la obtención de una pensión, de ciertos beneficios fiscales, de ayudas… Pero en ocasiones esa enfermedad va mucho más allá y el efecto que produce es el de imposibilitar a esa persona a regirse por sí misma, a tomar decisiones sobre su vida y a administrar su patrimonio. En estos casos, resulta imprescindible tomar una medida que siempre es difícil y que necesariamente implica un procedimiento judicial: la incapacitación.

La finalidad de este procedimiento es determinar qué actos va a poder seguir haciendo el enfermo por sí mismo y para cuáles necesita la asistencia de otra persona que será nombrada su tutora. En ocasiones, la enfermedad implica un deterioro tan importante que esos actos para los cuales se va a precisar la asistencia de un tutor van a ser prácticamente todos como, por ejemplo, ocurre en algunos casos de enfermedades degenerativas como el Alzheimer.

Decimos que es necesario porque es una forma de proteger a esa persona que ya no puede valerse por sí misma. El tutor va a estar controlado anualmente por el órgano judicial y va a tener que dar cuenta del estado personal y de la situación económica del enfermo con una aprobación año a año de sus cuentas. Además de esta forma, el enfermo cuenta con una persona que puede actuar por él en los actos para los cuales ya no puede valerse personalmente.

Por otro lado, el control judicial permite también valorar si hay alguna mejoría en el enfermo que le permita recuperar toda o parte de su capacidad. En estos casos, si tal mejoría existe, la situación de la incapacitación es reversible y, tras un nuevo proceso judicial, el incapacitado podrá de  nuevo volver a hacerse cargo de su vida y la gestión de sus bienes.

No está legitimada cualquier persona para iniciar los trámites judiciales aunque, si no estamos legitimados y conocemos algún caso, podemos al menos ponerlo en conocimiento del Ministerio Fiscal para que sea este quien lleve a cabo las actuaciones que se precisen.

Siempre es necesario un procedimiento judicial donde hay que acreditar la enfermedad de la persona a incapacitar de forma que no queden dudas sobre la necesidad de hacerlo. En este tipo de procedimientos son necesarios abogado y procurador por lo que el primer paso siempre va a ser consultar con un profesional que será quien nos indique los pasos a seguir, la documentación a aportar y la mejor fórmula para procurar esa atención al presunto incapaz.

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Rebajas de invierno

Cuando se apagan las últimas luces del día seis de enero y se recogen en todos los contenedores de la ciudad los miles de papeles de regalos colores que han envuelto los regalos de Reyes, cuando parece que las fiestas y las compras que conllevan por fin han terminado… los escaparates se encienden con el tradicional momento de rebajas. Cada comerciante decide si en su establecimiento van a existir rebajas y su duración, dentro de los dos periodos estacionales que suelen establecer las Comunidades Autónomas: el de invierno y el de verano. En Asturias este periodo, en invierno, va del 7 de enero al 6 de abril. Así que oficialmente el 7 de enero se da el pistoletazo de salida y, entre tanto tumulto, no está de más recordar nuestros principales derechos y algún que otro consejo que resumimos del siguiente modo:

  • Es muy importante hacer una lista de los productos que realmente necesitamos adquirir y, a la hora de comprar, ceñirnos en la medida de lo posible a la misma. Es muy fácil, al ver precios buenos, caer en la tentación de comprar cosas innecesarias.
  • Los artículos que se encuentren con precio rebajado tienen que ser los mismos que ese establecimiento haya estado ofreciendo normalmente durante la temporada y, como mínimo, durante el mes anterior y no pueden haber sido objeto de ninguna otra práctica de promoción dentro de ese mes anterior a la fecha de inicio de la venta de rebajas.
  • No se pueden ofertar como rebajas productos deteriorados.
  • En los artículos y en la publicidad que se utilice deben aparecer el precio nuevo y el antiguo para poder apreciar la rebaja. Si se trata de la rebaja de un mismo porcentaje para un grupo de artículos entonces basta con el anuncio expuesto de forma genérica.
  • Los pagos podemos realizarlos de la misma forma que el establecimiento viniera admitiendo de forma normal. Si una tienda admite el pago con tarjeta a lo largo de todo el año también debe admitírnosla en período de rebajas.
  • En cuanto a las devoluciones, la forma y el tiempo en que pueden producirse lo fija cada establecimiento y debe encontrarse debidamente indicado en el mismo.
  • Si compramos un producto duradero este contará con las mismas garantías que marca la ley si lo compramos en un periodo que no es de rebajas.

Por último, no hay que olvidar algo que siempre recordamos en esta época: lo que se rebajan son los precios no nuestros derechos. Si algún establecimiento no cumple con estos requisitos hay que adoptar las medidas oportunas.

            

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Diciembre de compras

 

Superado el “Black Friday” y el “Ciber Monday”, nos enfrentamos a un mes de diciembre cargado de buenas excusas para realizar compras. Los regalos de Navidad o de Reyes, las comidas, las cenas, las salidas… consiguen que sí o sí se relance el consumo en estas fechas. Ahora bien, hay que tener en cuenta ciertos consejos básicos sobre todo teniendo en cuenta que, tras diciembre, como todos los años, viene enero, las rebajas y la famosa “cuesta” que hay que superar para alcanzar febrero.

El primero es saber decir “no”. Este es aplicable a todas esas ofertas de si llevas tres pagas dos, la segunda unidad al 50%,… Si necesitamos esos objetos esas ofertas son interesantes pero si nos dejamos llevar por ellas para adquirir productos que no necesitamos o que van a caducar antes de que podamos consumir la cantidad que tenemos que adquirir para acceder a la oferta, entonces esta deja de ser interesante. No hay que dejarse llevar por las ofertas, si no por las necesidades. Y si ambas coinciden, entonces sí merece la pena. Lo mismo pasa con la lotería y las infinitas participaciones que nos ofrecen. Frente a los compromisos, el no también es una respuesta válida.

A la hora de hacer de Papá Noel o de Rey Mago, es esencial hacer una lista. Y no una lista cualquiera, una lista realista con nuestro presupuesto. Y luego buscar y buscar bien. Un mismo producto puede tener precios diferentes en distintos lugares. Comprar bien implica comparar previamente, no dejarlo para el último momento y tener muy claro el qué y hasta cuánto vamos a gastar. Además hay que revisar el periodo de cambios por si acaso nuestro gusto no coincide con el del agraciado con nuestro regalo.

Cuando hablamos de comida, además de los consejos anteriores, de buscar y comparar, hay que añadir uno fundamental: comprar con antelación. A última hora los precios suben y no necesariamente todo lo que necesitamos ha de estar fresco y comprado el mismo día. Además tenemos que ser consecuentes con lo que realmente somos capaces de consumir.

Y, por último, ser cautos en cada compra. Si vemos algo incorrecto, que afecte a nuestros derechos como consumidores, reclamarlo y hacer valer esos derechos, que las trampas, aunque las hay, no están permitidas en este juego.

 

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Dudas habituales sobre la pensión de alimentos

 Cuando en un divorcio hay hijos que dependen económicamente de sus padres el tema de la pensión alimenticia es una de las cuestiones esenciales sobre las que hay que decidir. Estas son las dudas habituales respecto a esta cuestión:

1)     ¿Quién debe pagarla? Por lo general la paga el cónyuge no custodio, por ejemplo, si la custodia de los niños se atribuye a la madre, el padre tendrá que pagar una pensión alimenticia a los niños.

2)     ¿Cuál es el importe de la pensión? Puede ser una cantidad fija mensual actualizable anualmente conforme al IPC o un porcentaje sobre los ingresos netos del obligado al pago. La cantidad dependerá de las circunstancias económicas de la familia. Se valoran los ingresos de cada uno de los progenitores, la atribución del uso de la vivienda, el número de niños, etcétera.

3)     ¿Si hay custodia compartida se evita la pensión de alimentos? No necesariamente, aunque sí en algunos casos. Por ejemplo, podría establecerse que cada progenitor se hiciera cargo de los gastos de los niños mientras los tiene en su compañía siempre y cuando el reparto del tiempo entre padre y madre sea equitativo y sus ingresos aproximados. En otro caso podría fijarse una pensión alimenticia a favor de quien tuviera menos ingresos o tuviera a los niños un tiempo superior en su compañía.

4)     ¿Deja de pagarse a los 18 años de los hijos? No. Seguirá abonándose hasta que los hijos tengan medios de vida propios, siempre y cuando no desatiendan sus estudios y una vez terminados busquen activamente trabajo. Si esta situación se extiende de modo indefinido podría solicitarse la extinción al cabo de un tiempo razonable. También se valorará para extinguir o reducir la pensión que los hijos tengan trabajos temporales, siempre y cuando no sean esporádicos.

5)     ¿Si el obligado al pago se queda sin ingresos puede dejar de pagar? No debe dejar de pagar a no ser que la pensión alimenticia se haya fijado como un porcentaje. Cuando se estableció la pensión como cantidad fija es necesario solicitar una modificación de medidas para adecuar la pensión a las nuevas circunstancias.

6)     ¿Puede dejar de pagar si no le dejan ver a sus hijos? No se debe dejar de pagar la pensión alimenticia incluso cuando el otro progenitor impide o dificulta las visitas de los niños. Lo que procede hacer en ese caso es instar una ejecución de sentencia para reconducir el normal funcionamiento de las visitas y, si no es posible, solicitar una modificación de medidas. En caso de incumplimiento grave hay que valorar si se incurre en un delito para formular la correspondiente denuncia.

7)     ¿Hay que pagar la pensión el mes de vacaciones que los niños pasen con quien la paga? Hay que pagar durante todo el año pues cuando se calcula el importe se hace considerando un promedio de gastos anuales, con independencia de que unos meses pueda haber más gastos que otros.

8)     ¿Por qué además de la pensión hay que pagar los gastos extraordinarios? Los gastos extraordinarios son aquellos gastos de los niños que, aun siendo necesarios, por ser imprevisibles no se han tomado en cuenta a la hora de establecer la pensión de alimentos y por ello lo más habitual es que se paguen a partes iguales entre los progenitores, como por ejemplo, gastos médicos no cubiertos por la seguridad social.

 

 

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