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Duración de los contratos de arrendamiento de vivienda.

     Según la redacción actual de la Ley de Arrendamientos Urbanos, que es la que resulta aplicable a los contratos celebrados a partir de junio de 2013, si en el contrato de arrendamiento se pacta una duración inferior a tres años, este puede prorrogarse por plazos anuales hasta alcanzar la duración mínima de tres años. Para que  la prórroga no se produzca el inquilino debe comunicarlo al arrendador con al menos treinta días de antelación al  término de la duración pactada o de cualquiera de las prórrogas. Durante estos tres primeros años el arrendador tiene que estar a lo que decida el arrendatario.

     Tras esos tres años aún cabe una nueva prórroga de un año más si ninguna de las partes notifica a la otra con igual antelación su intención de no prorrogarlo. Esta duración podría verse afectada por el hecho de que el arrendador quisiera recuperar la vivienda porque la necesita, o por un desistimiento del inquilino, siempre y cuando se cumplieran determinados requisitos.

     Lo explicamos en este nuevo vídeo de nuestro canal de youtube.

 

 

 

 

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Gracias!

Vamos agotando los últimos días de un año muy especial.

Porque cada año nuestro despacho se llena de historias, las vuestras, con problemas por resolver que se convierten en un reto. Y eso hace que cada nuevo año sea único y diferente.

Esta es una buena oportunidad de daros las gracias. Gracias por buscarnos cuando surgen las dudas. Gracias por vuestra confianza y por vuestras recomendaciones. Sois la razón de que cada día sigamos esforzándonos por mejorar.

De todo corazón, os deseamos un próximo 2017 lleno de sonrisas. Da igual qué o quién os haga sonreír.

Disfrutadlo…

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El puesto de vicepresidente en una comunidad de propietarios.

Faustino tiene que convocar la junta anual para el cierre de ejercicio y nombramiento de nuevos cargos en su comunidad de propietarios. Muchos de los propietarios le han indicado la necesidad de crear el cargo de vicepresidente para que la comunidad tenga dos representantes si el presidente no se encuentra disponible. Faustino nos pregunta cómo tiene que hacerlo.

Incluya expresamente ese punto en el orden del día de la convocatoria de la junta. Si es un administrador profesional el que lleva la gestión, comuníqueselo a él para que así lo haga. Para adoptar la decisión de crear el cargo y para la elección de la persona que lo va a ocupar  es suficiente con el acuerdo de la mayoría de propietarios que a su vez representen la mayoría de las cuotas de participación. 

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Pensión de alimentos y vacaciones

Alejandro se divorció hace apenas un par de meses. Tiene dos hijos cuya custodia se le atribuyó a la madre aunque él cuenta con amplias visitas. En Navidad, los niños pasarán buena parte de las vacaciones con él y nos pregunta si, siendo así y cubriendo él directamente sus gastos, tiene que pasar íntegramente la pensión de alimentos a su ex.

Esta es una duda muy frecuente que surge siempre en el primer periodo vacacional que los hijos comunes pasan con aquel que está obligado al pago de la pensión alimenticia. La respuesta, sin embargo, es muy clara: la pensión de alimentos hay que abonarla íntegramente todas las mensualidades, pasen los hijos el tiempo que pasen con cada uno de los progenitores en función de las visitas y estancias que se hayan establecido. La razón también es sencilla de comprender: la pensión se calcula atendiendo a un promedio de gastos de los niños, que tampoco durante todos los meses son iguales.

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Custodia compartida

No contamos con una ley nacional que regule con detalle la custodia compartida. Sí existen algunas leyes autonómicas de custodia compartida (no en Asturias) y una regulación contenida en el Código Civil en base a la cual es posible establecer una custodia compartida siempre y cuando se den las circunstancias adecuadas y el juez considere que es lo mejor para los intereses de los menores.

¿Se puede mejorar la regulación? Sin duda. Todo es mejorable, pero la gran dificultad de establecer custodias compartidas se encuentra más en los hechos que en las normas.

Continuamente leemos o escuchamos que las leyes son desiguales, que benefician a la madre en detrimento del padre… no es cierto. En ninguna parte de nuestra regulación se dice que la madre tenga preferencia sobre el padre. No son las leyes las que establecen las diferencias, sino las costumbres, la historia cercana, la inercia del funcionamiento de la sociedad. Si en nuestro país han sido las madres las que mayoritariamente se han venido encargado del cuidado de los niños, es lógico y normal que, si miramos atrás, las estadísticas contengan custodias favorables a las madres, pues el juez valora las circunstancias del caso y si tiene que elegir entre madre o padre, elegirá el progenitor con el que el niño tiene mayor contacto o va a estar mejor atendido. Así de simple. Difícilmente un juez va a dar la custodia exclusiva a una madre si fue el padre el que se encargó en solitario de cuidar y atender al niño y lo supo demostrar.

¿Siempre es mejor una custodia compartida? La custodia compartida es buena cuando es la mejor opción en un caso particular. No es buena siempre y en todo caso, por mero concepto ni por definición, sino en la medida en que se amolda a la familia, pueda funcionar y el resultado sea un conjunto más o menos armónico en el que los niños puedan crecer adecuadamente. ¿Quién puede desear para sus hijos rotaciones traumáticas, horarios imposibles y discusiones interminables? Necesitamos que permita diferenciar los casos y que se amolde a ellos, que presuponga que los dos progenitores están capacitados para atender a los niños, pero que no lo imponga, que tome en cuenta las circunstancias económicas, pero que no sean éstas las que egoístamente muevan a elegir uno u otro modelo.

Y esa custodia compartida, la que funciona, se puede conseguir con las normas que actualmente disponemos, si las circunstancias son favorables. Es labor de los abogados acercar posiciones y buscar el acuerdo y del Juez, cuando ese acuerdo no se produce, hacer un esfuerzo por estudiar el funcionamiento de la familia y por buscar lo que legal y moralmente considere mejor para los niños. Sin ese trabajo de negociación, mediación y una buena dosis de empatía no se alcanzarán buenos resultados por mucho que cambie la ley.

 

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Nuestra experiencia al cancelar una cuenta del Santander.

 

Esta mañana hemos pasado un buen rato en el banco Santander. No es la primera vez que vivimos experiencias surrealistas con un banco, pero lo de hoy es para contarlo.

Por ponernos en antecedentes, teníamos una cuenta sin comisiones en el Banco Santander que veníamos utilizando sin demasiado problema (alguna comisión se colaba de vez en cuando, pero se devolvía tras una visita a la oficina). Un buen día, sin previo aviso, empiezan a llegar comisiones por todas las operaciones habituales y por mantenimiento de cuenta, con un coste de más de cien euros al trimestre.

Al preguntar en la oficina qué sucedía, resultó que cancelaron unilateralmente el contrato que habíamos firmado, sin previo aviso, aplicando desde entonces las comisiones que les pareció, sin que tampoco posteriormente se nos facilitara un documento siquiera informativo de cada comisión que podrían aplicarnos. La explicación era la siguiente: en el contrato que en su día firmasteis, si os fijáis bien, al final, se dice que el banco puede cambiar las condiciones cuando quiera y como quiera. Sí. Entendido. Nos ha tranquilizado mucho muchísimo la explicación.

Pasos: abrir una cuenta en una nueva entidad, cambiar todas las domiciliaciones y, por fin, esta mañana, nueva visita a la oficina del Santander a cancelar la cuenta.

Pero cancelar una cuenta no es tarea fácil. En primer lugar y sorprendentemente nos dicen que nos tomemos un café y volvamos en diez minutos, que es lo que el sistema tarda en calcular las comisiones de cancelación. Íbamos preparadas para responder ante cualquier contingencia pero semejante respuesta nos dejó fuera de juego. ¿El sistema informático del Banco Santander necesita diez minutos para calcular las comisiones de cancelación de nuestra cuenta? Ni que estuviéramos en los años 80.

Les dejamos media hora por si acaso y a la vuelta del café nos informan que procederán a cobrarnos 60 euros de comisión. Estupendo. Otra buena noticia. De nuevo explicamos la situación. Que tenemos un contrato sin comisiones, que no hemos recibido ninguna comunicación (esta vez lo comprueban, efectivamente no les consta que nos hayan comunicado nada) y que nos están cargando todo ese montante de comisiones. Efectivamente, lo saben. Verán que se puede hacer.

Al cabo de un rato de consultas entre los responsables de la oficina, tema resuelto, nos harán un favor: nos cobran 60 euros por cancelar, pero nos ofrecen el acuerdo de devolvernos 80 euros en total por las comisiones que nos han cobrado hasta ahora indebidamente. Eso sí, no podemos cancelar la cuenta hasta que esta gestión esté hecha, lo que llevará más de una semana como mínimo (es que hay muchas fiestas ya se sabe) lo que a su vez incrementará el importe de esos 60 euros de cancelación. Consecuencia, nos devuelven 80 euros, pero al aplazar la cancelación nos cobran nuevas comisiones.

Nos hemos reído mucho. Mucho. Pero con sinceridad y sin ironía. Nos hizo mucha gracia. Hemos de decir que la persona que nos atendió era amable y estaba pasando un buen apuro al contarnos la política de empresa y el acuerdo que nos ofrecía. Le explicamos que con la oferta que nos estaba haciendo perdíamos dinero, que en lugar de pagar 60 finalmente aun pagaríamos más. Puso cara de no haberse dado cuenta. Nosotras pusimos cara de no es un tema personal contigo, tranquila.

Cancelamos. Pagamos 60 euros de comisión. Y ahora, obviamente, nos ponemos con la reclamación ante el organismo correspondiente. Si nos hace gracia es porque forma parte de nuestro trabajo recuperar ese dinero y no nos supone excesiva molestia hacerlo ni esperar a que nos lo devuelvan. El rato que nos hemos reído con lo absurdo de la situación nos compensa con creces. Espíritu positivo y sentido del humor es lo único que cabe en estos casos. Pero luego hay que reclamar.

El problema es que no todos somos abogados y, si después hay que pelear para recuperar el dinero, el cliente gasta más en la gestión de reclamación que lo que logra recuperar, lo que muchas veces no compensa y con esta ventaja juegan los grandes bancos. Nuestro consejo: si alguno se encuentra en una situación semejante y es consumidor lo ideal es no dejarlo y, en su caso, utilizar el cauce de la oficina de consumo.

Pero además de reclamar hay que compartirlo. Ya está bien de que nos tomen el pelo. No nos ha pasado solamente a nosotras, hay muchísimos casos más que se diluyen entre los miles de clientes, porque no se lo hacen a todos a la vez, van de poco a poco, abriendo a unos cuentas sin comisiones y quitándoselas a otros. Así salen los números. ¿Qué se pensaban?

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