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Cincuenta sombras jurídicas

Lo crean o no existe preocupación o, cuando menos, cierta curiosidad legal a la par que morbosa por el contrato entre amo y sumisa que se ha puesto de moda gracias a la novela Cincuenta Sombras de Grey  y su reciente adaptación cinematográfica. Para el que no lo sepa, el protagonista pone encima de la mesa un contrato en el cual dos personas consienten llevar a cabo prácticas sado-masoquistas definiendo qué cosas admiten o rechazan en su relación y estableciendo palabras de seguridad que supongan la interrupción inmediata de cualquier actividad sexual que se esté llevando a cabo. El clausulado no tiene desperdicio. Se da la circunstancia de que este tipo de “contratos” si bien no son habituales en la práctica de un despacho de abogados, o al menos no lo son en el nuestro, sí existen y se manejan en determinados ámbitos en los que se realizan prácticas que podríamos llamar sado-masoquistas, a veces incluyendo entre las partes a un tercero que puede ser un club o empresa que facilita un local o incluso personal especializado. Obviamente, y desde un punto de vista legal, no es un contrato que pueda ser exigido a la parte contraria si cambia de opinión. Estamos hablando de actos personalísimos que rozan la esfera más íntima de una persona y que pueden afectar a la dignidad y libertad sexual así como a la integridad física. Material altamente sensible que no debería ser objeto de contrato o mercadeo alguno. ¿Cuál es entonces la función práctica de estos contratos? Pues a título meramente informativo definir preferencias sexuales, establecer límites consensuados que faciliten la relación y, especialmente, cubrir las espaldas del amo de cara a una hipotética y más o menos previsible lesión voluntaria o imprudente en el curso de este tipo de prácticas sexuales. De producirse lesiones ¿tiene algún valor el consentimiento previo del sumiso? Lo cierto es que analizando la redacción actual de nuestro código penal, de producirse lesiones en este tipo de prácticas expresamente consentidas,  el aspirante a Grey tendría que responder ante un Juzgado y tan solo podría beneficiarse de la rebaja en uno o dos grados en la pena que pudiera corresponderle por las lesiones causadas. Es decir, no se libra de responsabilidad penal, pero se reduce la pena. Algo es algo. Obviamente, esto será así siempre y cuando el consentimiento haya sido emitido de forma libre y consciente por una persona mayor de edad y plenamente capaz. No nos parece extensible a situaciones en que una persona se vea forzada a llevar a cabo este tipo de prácticas a cambio de una contraprestación por una situación de necesidad económica, ni si se ha firmado con una copa de más en un momento de frenesí, por poner un ejemplo. Incluso estaría por ver si un estado de enamoramiento puede ser valorado como trastorno mental transitorio que incapacite a la persona a dar su consentimiento con capacidad mental suficiente…lástima que no haya jurisprudencia sobre este particular. Obviamente, tampoco se beneficiarían de la rebaja de la pena aquellos casos en los que las lesiones se producen con prácticas a las que no alcance el consentimiento o si se continúa la relación una vez pronunciada la palabra de seguridad que debería dar lugar a la interrupción inmediata de toda actividad. En definitiva, de poco valen este tipo de contratos. Una cosa es jugar y otra lesionar, al menos en nuestro país. ¿Será diferente la conclusión en Estados Unidos? Lo desconocemos. Por otra parte es lógico imaginar que este tipo de contratos vayan acompañados de un acuerdo de confidencialidad a fin de que ninguna de las partes pueda difundir posteriormente lo sucedido en el curso de la relación amo-sumisa. ¿Queda cubierto todo comportamiento por una cláusula de confidencialidad? Tampoco, pues obviamente si se produce una lesión puede perfectamente denunciarse haya o no acuerdo de silencio. En conclusión, la próxima vez que en una sobremesa salga el tema de Cincuenta Sombras, esperamos que alguien pueda decir sin miedo a equivocarse que si Grey fuera español se le iba a caer el pelo como a Anastasia se le cayera la venda de los ojos.

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Nuevas fórmulas de compraventa de inmuebles

Dada la dificultad de conseguir una hipoteca con la que se encuentran muchas personas que aspiran a comprar una vivienda, están empezando a surgir sistemas menos habituales que prácticamente no se veían en los últimos años. Así, son muchos los compradores que ante la falta de financiación ofrecen al propietario adquirir la vivienda procediendo al pago mediante letras de cambio, firmándose la compra en un documento público ante notario, con inclusión de alguna cláusula que proteja al propietario en caso de impago, bien con reversión de la propiedad al vendedor, bien con reserva de dominio de modo que el comprador no se haga propietario hasta el completo pago.

El problema es que en este tipo de situaciones el vendedor está financiando la compra pues tardará muchos años en recuperar el valor del inmueble. Es una opción que no le interesa ya que, para percibir mensualidades, mejor opta por alquilar el inmueble y de ese modo rentabilizarlo sin dejar de ser el propietario.

¿Por qué entonces hay propietarios que optan por esta solución? Unos por un exceso de confianza o por la desesperanza de llegar a vender en mejores condiciones. Pero otros y con estos hay que tener cuidado, porque están seguros de que el comprador no podrá cumplir con sus obligaciones de pago, de modo que terminarán recuperando la propiedad de la vivienda y quedándose con el dinero entregado hasta ese momento si tales son las condiciones pactadas. Por ello una recomendación tanto para vendedores como compradores: Este tipo de operaciones son de alto riesgo para ambas partes. Hay que pensar cuidadosamente las condiciones y fijarse especialmente en la solvencia del comprador. Desaconsejamos firmar un contrato de estas características sin asesorarse antes de sus posibles ventajas e inconvenientes, pues abundan las cláusulas abusivas para una u otra parte, según el caso.

 

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La explotación sexual de los animales

Nuestro país no se caracteriza por tener una legislación en materia de protección de animales ejemplar. Contamos con algunas menciones al maltrato y al abandono en nuestro Código Penal y con leyes autonómicas que en la mayor parte de las ocasiones resultan inoperantes e inefectivas por su escasa aplicación. Solo hay que comprobar un dato: el número creciente de abandonos que cada año se produce. Este problema parte de la consideración misma que los animales tienen para nuestro derecho: son cosas, no se consideran seres sensibles, sino cosas, semovientes, en el lenguaje jurídico. Partiendo de esta consideración, es lógico el posterior tratamiento limitado en materia de protección.

Nuestro Código Penal ahora, en pleno proceso de reforma, quiere dar un paso adelante y comenzará a castigar a quien someta a un animal a explotación sexual. La pena será de tres meses a un año de prisión e inhabilitación especial para el ejercicio de profesión, oficio o comercio que tenga relación con los animales y para la tenencia de animales. Las penas pueden agravarse si se utilizan armas, objetos peligrosos para la vida del animal, se realicen con ensañamiento o se ejecutan en presencia de un menor. Si se llega a causar la muerte del animal la pena podría alcanzar los dieciocho meses de prisión.

A quienes les sorprenda que se incluya esta cuestión en el Código Penal solo podemos indicarles que efectivamente estos hechos se producen en España. Solo hay que hacer una búsqueda simple por Internet. Y una prohibición semejante ya se encuentra en las normas de Holanda, Reino Unido o Alemania.

Sin duda, es un avance, pero queda aún queda mucho por hacer en materia de protección de animales. Lo primero, dejar de considerarlos simples cosas y comprender su sensibilidad.

 

 

 

 

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Compras, cambios y devoluciones

Cuántas veces nos ha ocurrido eso de llegar entusiasmados con un regalo que consideramos muy especial para la persona para la que va dirigido y al final no le gusta o no es su talla o ya cuenta con algo similar y decide cambiarlo… También es muy habitual  que cualquiera de nuestras compras no nos parezcan adecuadas al examinarlas en casa y finalmente optemos por hacer un cambio o una devolución. ¿Deben admitir siempre las tiendas estos cambios? ¿Deben devolvernos el dinero? ¿Tenemos un plazo para ello?

Las normas a este respecto son claras:

Solo existen dos supuestos en que los comerciantes están obligados a aceptar un cambio o una devolución. El primero es cuando el producto es defectuoso. Aplicando las normas de garantía de bienes de consumo, los consumidores tenemos derecho a la reparación, sustitución, rebaja del precio o retorno del dinero según marca esta ley de garantía. El segundo ees cuando, por el tipo de venta, exista el derecho de desistimiento. Esto ocurre en las ventas que no se realizan de forma presencial, las ventas a domicilio o a distancia, por ejemplo, las que hacemos  por internet, por teléfono, por correo… El plazo de desistimiento en estos casos es de catorce días naturales.

En el resto de supuestos, los comerciantes tienen el derecho de establecer las normas que deseen sobre cambios y devoluciones. Ahora bien, si ofertan esta posibilidad, deben dejar clara esta opción, las condiciones en las que se va a llevar a cabo y entonces será vinculante para ellos, es decir, podremos exigir el cambio o devolución en la forma previamente publicitada por el vendedor.

Hoy en día casi todas las tiendas tienen regulado el sistema de cambios y devoluciones que aplican por lo que es muy importante que nos fijemos en él y lo tengamos en cuenta. Si no está expuesto o aparece en el tique de compra, conviene preguntarlo especialmente si estamos realizando una compra de la que no estemos seguros al cien por cien y sea susceptible de cambio. Conocer las condiciones en que ha de efectuarse es garantía para poder exigir después nuestros derechos.

 

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22 de diciembre y lotería de Navidad

22 de diciembre y estamos todos pendientes, de un modo u otro, de la lotería de Navidad. Forma parte de nuestra tradición navideña del mismo modo que los belenes y los árboles de Navidad. Durante esta mañana todo suena al cántico constante de los niños de San Ildefonso y a partir del mediodía el mundo se llena con las fotos de las personas agraciadas en cualquier lugar de España celebrando en la calle con botellas de cava en la mano la alegría que da el hecho de que el azar se acuerde de ti. Lo que sin duda en época de crisis, como la que nos toca vivir ahora, es más especial y más emotivo.

No sabemos a qué personas desconocidas o conocidas beneficiará el destino con un toque de suerte pero sí sabemos seguro cuál va a ser uno de sus ganadores. Y es que desde hace algunos años, ya no están exentos los premios de la lotería nacional. Ahora hay que pasar por caja y Hacienda, sí o sí, se lleva una parte. ¿Cuánto tenemos que pagarle? Por los primeros 2500 euros de premio nada. Esos pequeños premios de consolación al menos se libran. Todo lo que se gane a partir de esa cantidad hay que repartirlo con Hacienda, que se llevará un 20%. Es decir, si obtenemos un premio superior a 2500 euros, restamos esta cantidad que está exenta y del resto pagamos un 20%. En realidad, nos lo van a retener cuando nos paguen la cantidad que nos ha tocado por si acaso, con la alegría del momento, nos diera por gastarlo todo antes de cumplir con nuestra obligación fiscal.

Eso sí, si no nos toca, ese deseo universal de salud que se reparte mientras tiramos los décimos y participaciones inservibles a la basura, no está sujeto a impuestos. No es necesario abonar una parte a Hacienda aunque, por el bien de todos, es mejor que nuestra Hacienda Pública tenga también salud a ser posible, no vaya a ser que el próximo año tengamos que repartir con ella en un porcentaje aún mayor nuestros premios de la lotería.

 

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Payasos y fantasmas

Calabazas naranjas, telas de araña, monstruos, brujas, esqueletos, muertos vivientes, fantasmas… por un lado. Flores, cementerios, santos, tumbas… por otro. Y finalmente un payaso que circula por las calles de Gijón y que deja frases amenazantes en una red social.

Este final de octubre, entre el veroño, ese término que nos hemos inventado para explicar este tiempo tan raro entre el verano que se resiste a irse y el otoño que se olvida de llegar, y todo este cúmulo de acontecimientos realmente está siendo caluroso. Incluso un poco agobiante diría yo.

A mí no me molesta Halloween. Ni el día de Todos los Santos. Que cada cual libremente elija si le apetece disfrazarse para meter miedo o si acude al cementerio a honrar a sus muertos o ambas cosas a la vez, que tampoco son incompatibles, o ninguna de ellas, que también existen otras opciones. Y tampoco me molesta que alguien quiera trasnochar y pasar calor enfundado en un traje de payaso para hacer gracia o tener un minuto de gloria en las noticias.

Son otras cosas las que me molestan.

Me molesta la hipocresía de quienes se olvidan de sus personas queridas fallecidas los otros trescientos sesenta y cuatro días del año.

Me molesta que se utilice cualquier disfraz como excusa para amenazar o agredir porque eso sí ya puede ser una actuación constitutiva de delito.

Me molestan aquellos que van de salvadores del mundo o superhéroes y montan una cuadrilla para a su vez amenazar y agredir a los disfrazados de payasos porque también son hechos constitutivos de delito.

Y me molestan, sobre todo y especialmente, aquellos que sin disfrazarse de fantasmas ni payasos lo son realmente y nos mienten, estafan, juegan con el dinero de todos, utilizan los cargos públicos en su propio beneficio… toda esa ingente masa de corruptos que son mucho más peligrosos porque no se les ve venir pero también cometen múltiples actividades delictivas de un tipo muy distinto.

En fin, que este mes de octubre va de payasos y fantasmas. Esperemos que la epidemia, especialmente la de la corrupción, no se extienda también al mes de noviembre, cosa que desgraciadamente me parece bastante improbable.

Susana Alfageme

 

 

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