El Comercio

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Compras, cambios y devoluciones

Cuántas veces nos ha ocurrido eso de llegar entusiasmados con un regalo que consideramos muy especial para la persona para la que va dirigido y al final no le gusta o no es su talla o ya cuenta con algo similar y decide cambiarlo… También es muy habitual  que cualquiera de nuestras compras no nos parezcan adecuadas al examinarlas en casa y finalmente optemos por hacer un cambio o una devolución. ¿Deben admitir siempre las tiendas estos cambios? ¿Deben devolvernos el dinero? ¿Tenemos un plazo para ello?

Las normas a este respecto son claras:

Solo existen dos supuestos en que los comerciantes están obligados a aceptar un cambio o una devolución. El primero es cuando el producto es defectuoso. Aplicando las normas de garantía de bienes de consumo, los consumidores tenemos derecho a la reparación, sustitución, rebaja del precio o retorno del dinero según marca esta ley de garantía. El segundo ees cuando, por el tipo de venta, exista el derecho de desistimiento. Esto ocurre en las ventas que no se realizan de forma presencial, las ventas a domicilio o a distancia, por ejemplo, las que hacemos  por internet, por teléfono, por correo… El plazo de desistimiento en estos casos es de catorce días naturales.

En el resto de supuestos, los comerciantes tienen el derecho de establecer las normas que deseen sobre cambios y devoluciones. Ahora bien, si ofertan esta posibilidad, deben dejar clara esta opción, las condiciones en las que se va a llevar a cabo y entonces será vinculante para ellos, es decir, podremos exigir el cambio o devolución en la forma previamente publicitada por el vendedor.

Hoy en día casi todas las tiendas tienen regulado el sistema de cambios y devoluciones que aplican por lo que es muy importante que nos fijemos en él y lo tengamos en cuenta. Si no está expuesto o aparece en el tique de compra, conviene preguntarlo especialmente si estamos realizando una compra de la que no estemos seguros al cien por cien y sea susceptible de cambio. Conocer las condiciones en que ha de efectuarse es garantía para poder exigir después nuestros derechos.

 

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22 de diciembre y lotería de Navidad

22 de diciembre y estamos todos pendientes, de un modo u otro, de la lotería de Navidad. Forma parte de nuestra tradición navideña del mismo modo que los belenes y los árboles de Navidad. Durante esta mañana todo suena al cántico constante de los niños de San Ildefonso y a partir del mediodía el mundo se llena con las fotos de las personas agraciadas en cualquier lugar de España celebrando en la calle con botellas de cava en la mano la alegría que da el hecho de que el azar se acuerde de ti. Lo que sin duda en época de crisis, como la que nos toca vivir ahora, es más especial y más emotivo.

No sabemos a qué personas desconocidas o conocidas beneficiará el destino con un toque de suerte pero sí sabemos seguro cuál va a ser uno de sus ganadores. Y es que desde hace algunos años, ya no están exentos los premios de la lotería nacional. Ahora hay que pasar por caja y Hacienda, sí o sí, se lleva una parte. ¿Cuánto tenemos que pagarle? Por los primeros 2500 euros de premio nada. Esos pequeños premios de consolación al menos se libran. Todo lo que se gane a partir de esa cantidad hay que repartirlo con Hacienda, que se llevará un 20%. Es decir, si obtenemos un premio superior a 2500 euros, restamos esta cantidad que está exenta y del resto pagamos un 20%. En realidad, nos lo van a retener cuando nos paguen la cantidad que nos ha tocado por si acaso, con la alegría del momento, nos diera por gastarlo todo antes de cumplir con nuestra obligación fiscal.

Eso sí, si no nos toca, ese deseo universal de salud que se reparte mientras tiramos los décimos y participaciones inservibles a la basura, no está sujeto a impuestos. No es necesario abonar una parte a Hacienda aunque, por el bien de todos, es mejor que nuestra Hacienda Pública tenga también salud a ser posible, no vaya a ser que el próximo año tengamos que repartir con ella en un porcentaje aún mayor nuestros premios de la lotería.

 

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Payasos y fantasmas

Calabazas naranjas, telas de araña, monstruos, brujas, esqueletos, muertos vivientes, fantasmas… por un lado. Flores, cementerios, santos, tumbas… por otro. Y finalmente un payaso que circula por las calles de Gijón y que deja frases amenazantes en una red social.

Este final de octubre, entre el veroño, ese término que nos hemos inventado para explicar este tiempo tan raro entre el verano que se resiste a irse y el otoño que se olvida de llegar, y todo este cúmulo de acontecimientos realmente está siendo caluroso. Incluso un poco agobiante diría yo.

A mí no me molesta Halloween. Ni el día de Todos los Santos. Que cada cual libremente elija si le apetece disfrazarse para meter miedo o si acude al cementerio a honrar a sus muertos o ambas cosas a la vez, que tampoco son incompatibles, o ninguna de ellas, que también existen otras opciones. Y tampoco me molesta que alguien quiera trasnochar y pasar calor enfundado en un traje de payaso para hacer gracia o tener un minuto de gloria en las noticias.

Son otras cosas las que me molestan.

Me molesta la hipocresía de quienes se olvidan de sus personas queridas fallecidas los otros trescientos sesenta y cuatro días del año.

Me molesta que se utilice cualquier disfraz como excusa para amenazar o agredir porque eso sí ya puede ser una actuación constitutiva de delito.

Me molestan aquellos que van de salvadores del mundo o superhéroes y montan una cuadrilla para a su vez amenazar y agredir a los disfrazados de payasos porque también son hechos constitutivos de delito.

Y me molestan, sobre todo y especialmente, aquellos que sin disfrazarse de fantasmas ni payasos lo son realmente y nos mienten, estafan, juegan con el dinero de todos, utilizan los cargos públicos en su propio beneficio… toda esa ingente masa de corruptos que son mucho más peligrosos porque no se les ve venir pero también cometen múltiples actividades delictivas de un tipo muy distinto.

En fin, que este mes de octubre va de payasos y fantasmas. Esperemos que la epidemia, especialmente la de la corrupción, no se extienda también al mes de noviembre, cosa que desgraciadamente me parece bastante improbable.

Susana Alfageme

 

 

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El Ebola en España: un cúmulo de despropósitos.

Un cúmulo de despropósitos. Eso está siendo el caso de la enfermera contagiada de ébola.
Atiende al misionero.
Se va de vacaciones sin que a nadie se le ocurra hacer un seguimiento y control de quienes se ocuparon del misionero que, aún sin ser especialista en el asunto, parece de sentido común, tratándose de una cuestión tan grave en materia de salud.
Se contagia y ahora parece ser que fue por un error al tocarse la cara con un guante infectado. (Claro siempre y cuando esto sea cierto, porque uno ya no sabe qué creer, y además, ¿por qué ocurrió? ¿por falta de formación, de información, de medios…? Tal vez una combinación de todo esos elementos. Asusta cuando el personal sanitario de Asturias reconoce que no sabría actuar ante un caso de contagio).
Pasa por el médico de familia y por urgencias del hospital como si nada.
Cuando al fin se dan cuenta de lo que puede padecer, le hacen las pruebas y da positivo, nadie le dice nada a la enfermera, que se entera de lo que tiene por los medios de comunicación. Increíble y surrealista que ahora los pacientes nos informemos de nuestras dolencias de tal modo.
Y, por si todo esto fuera poco, ahora la Comunidad de Madrid insiste e insiste en que la enfermera mintió al médico de familia, sobre su fiebre… Que esto sí que yo no lo entiendo, ¿en qué iba a mentir? ¿en ocultar los síntomas de la enfermedad? ¿es que le apetecía más que no la trataran y morir por ahí contagiando a la gente como en una peli americana?). Y, además, para rematar la historia, le matan a su mascota, su perro Excalibur, por si acaso. Por si acaso estaba infectado, cosa de la que no hay ninguna prueba, porque ni muerto han querido hacérsela. Supongo que por si daba negativo y aumentaba el revuelo que tal situación ha creado ya. Cuando hubiera sido mucho más sencillo mantenerlo en cuarentena y observarlo lo que hubiera dado también interesantes conocimientos científicos del asunto. En fin… Lo dicho, un cúmulo de despropósitos.

Y ahora cuando ya iba a cerrar esta entrada leo: “el médico que atendió a la enfermera con ébola denuncia que el traje le iba corto”. No salgo de mi asombro.
Susana Alfageme
@sualfageme

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Impuesto de bienes inmuebles y alquiler

Miguel Angel es inquilino y nos pregunta si tiene que pagar el IBI, ya que su contrato de arrendamiento no lo indica y tiene entendido que siendo así el propietario no se lo puede exigir.

Efectivamente, para que el arrendador pueda exigir al inquilino el pago del IBI esto debe estar previsto expresamente en el contrato. Ahora bien, desconocemos la fecha de tu contrato de arrendamiento, por lo que debes tener en cuenta que esta regla que es aplicable en la mayor parte de los contratos tiene una excepción que se refiere a los contratos de renta antigua, que son los celebrados antes del 9 de mayo de 1985. En estos contratos el propietario si puede exigir el IBI al inquilino incluso aunque no se haya pactado expresamente.

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El orden de los apellidos

Los tiempos cambian, pero las leyes tardan su tiempo en adaptarse. La igualdad por razón de sexos ya se impuso con la constitución en el año 1978 (excepto en alguna de sus partes como la corona) pero cuando un niño nacía el orden de los apellidos que la Ley del Registro Civil establecía era primero el paterno y después el materno. Esto cambió hace algunos años, en un intento de buscar una situación más acorde a la necesaria igualdad. No obstante, la solución fue, a nuestro entender, absurda, puesto que se permite que los progenitores decidieran de común acuerdo el orden de los apellidos del primero de sus hijos, siguiéndose el mismo orden para los posteriores. Ahora bien, el absurdo se produce en caso de falta de acuerdo pues eentonces volvemos a la tradición: primero el del padre y luego el de la madre. Conclusión: la decisión final recae sobre el varón, que puede ceder o plantarse, con la consiguiente discusión familiar. Pasados unos años las cosas van a volver a cambiar y se nos ofrece ahora una  nueva solución: si los progenitores no se ponen de acuerdo se les requeriría para que en tres días manifiesten su decisión y, si no responden, será el encargado del Registro Civil quien decida atendiendo al “interés superior del menor”. Increíble pero cierto. Pobre encargado del Registro, menuda situación en la que se puede ver, teniendo que decidir qué puede ser mejor para el niño, si apellidarse Pérez o Álvarez, por poner un ejemplo. ¿No hubiera sido más sencillo establecer algún sistema de azar?

Es lamentable, pero así queda la cosa a partir del próximo día 22 de julio. Esperamos que los futuros papás y mamás vayan poniéndose de acuerdo.

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