El Comercio
img
Categoría: crecimiento personal
¿BAJA AUTOESTIMA?

 

Es una enorme paradoja y un motivo de importante sufrimiento saber, valer, tener habilidades, poder hacer algo, pero estar convencido de que no se sabe, no se vale o no se puede. Es como estar en un potro de tortura, entre dos realidades, la que es y la que creemos o estamos convencidos de lo que es, aunque esta segunda es más realidad que la primera por aquello de que “lo que vemos o pensamos es todo lo que hay o lo que existe en ese instante”.

Eso es la baja auto-estima, la distorsión de la percepción. Es empeñarse en ver lo que no hay o empeñarse en no valorar lo que se hace y se hace bien. Quien no es capaz de valorar adecuadamente lo que sabe hacer y hace, aunque sea con esfuerzo, está condenado a impermeabilizarse o quedar ciego y sordo a lo que los demás nos dicen positivo y ven. Ya le pueden decir maravillas de él mismo, estará convencido de que se lo dicen por quedar bien, por animarle sin razón, por cortesía o por pena. Al estar impregnado de esa convicción tan negativa estará practicando la profecía auto cumplida. “Eu morro, Eu morro”, como diría el gallego pesimista y “morrió”, y murió, como no podía ser de otra manera.

Tener baja autoestima es tener el motor estropeado, es echar a perder el principal valor, el principal sostén o apoyo interior con el que debemos contar: el reconocimiento de la valia personal en cualquier área o grado y todos valemos para algo. ¿Tiene solución esto? Pues claro, mujer u hombre, por supuesto. Solo hace falta hacer tres movimientos: disponerse a cambiar la auto percepción negativa, ponerse a hacer aunque sean pequeños progresos día a día, en aquello que uno desea mejorar y, sobre todo, tomar conciencia de que esos progresos ¡los has hecho tú! Pero hay que ponerse a ello con constancia. No vale una vez al mes.

Hay que tener presente que la forma de vernos y pensarnos no se ha edificado de la noche a la mañana, han sido muchas veces practicada. Por eso hay que practicar miles de veces en sentido contrario y …¡bingo! acaba funcionando.

No hay labor más satisfactoria que aumentar nuestra autoestima a niveles satisfactorios. Es una fuente de libertad, de gozo y de sentido de la auto eficacia.

Ver Post >
A DONDE QUIERES O NO QUIERES LLEGAR

 

Si le preguntas a cualquier adulto a donde no quiere llegar en su vida o como no quisiera acabar a buen seguro que te lo dice claramente. Si por el contrario le preguntas qué quisiera llegar a ser, qué quisiera conseguir,  te encontrarías con la sorpresa de que un pequeño porcentaje lo tiene perfectamente claro. Es algo que puesto que supone muchas horas de reflexión tendemos a evitarlo. La pereza nos invade. Nos dejamos más bien llevar de la intuición o de imágenes fugaces que pasan delante de nuestra atención y no suele haber elaboración y solidez en esas reflexiones.

En consecuencia al no tenerlo claro no empleamos todo el esfuerzo necesario en caminar hacia tal objetivo. Es duro y difícil, requiere determinación y persistencia y eso tendemos a rehuirlo.

Una cosa es lo que “nos gustaría” y otra lo que, de hecho, estemos dispuestos a luchar por conseguirlo.

Por eso ese porcentaje tan pequeño de gente persistente consigue lo que quiere y es digna de ser admirada.

De todas formas bastaría con preguntarse con frecuencia si lo que estamos haciendo en un momento dado nos conduce a donde no queremos o más bien nos ayuda a ir en dirección contraria, siempre más positiva. Y sin necesidad de consejero alguno tendríamos la respuesta exacta en ese mismo instante.

Lo que ocurre es que somos tan inconsecuentes o imprudentes que a pesar de que algo que hacemos nos conduce en mala dirección lo seguimos haciendo. Parece un sinsentido y lo es pero el ser humano es así de paradójico.

Con no hacer aquello que nos conduce en mala dirección sería suficiente en la vida? Ciertamente  se evitarían muchos desastres, pero sería aburrido. Lo interesante reside en hacer y caminar en la buena dirección sea cual sea. Esto proporciona estimulo y encanto y es muy motivador.

Tú sabes donde vas y lo que quieres?

 

 

Ver Post >
¡FUERA EXCUSAS!

 

La tendencia humana a ponerse excusas por no haber conseguido sus propósitos está muy enraizada y no solemos tener clara conciencia de esa automanipulación a la que nos sometemos. La mayor parte de las veces que no estamos satisfechos no es la culpa de la casualidad, de las circunstancias o factores ajenos a nosotros. Es fruto de la falta de seriedad con nosotros mismos para ponernos metas y emplear los esfuerzos necesarios y constantes para alcanzarlas. Es fruto de nuestra pereza, falta de decisión y determinación para asumir el esfuerzo con constancia. Es fruto, en fin, de la tendencia a ponernos excusas, más o menos razonables, pero excusas al fin.

Sólo un análisis reposado puede llevarnos a concluir donde se encuentran los fallos y sólo una falta de determinación puede conducirnos a lo que se entiende por fracaso.

Si uno desea ardientemente mejorar no queda otro remedio que ser serios, afrontar los propios fallos  y  ponerse con paciencia a caminar por la senda correcta. La impaciencia y la impulsividad, el deseo de inmediatez no son buenos compañeros de viaje. Todo requiere un esfuerzo sostenido y los frutos se ven a medio y largo plazo. Hay que ser realistas y contar con los tempos y ritmo de las cosas. El deseo de recompensas inmediatas es legítimo, pero no es el camino. Hay que empezar a sumar poquito a poco esfuerzos y consumo de energías hasta llegar a ver el fruto. Ninguna fruta madura de la noche  a la mañana.

Y llegará un momento, un punto crítico en el que, después de un proceso más o menos largo de incubación,  podamos disfrutar de la eclosión del triunfo sobre nosotros mismos. La excusas no valen, aunque aparentemente nos consuelen.

Ver Post >
POR QUÉ SON NECESARIOS LOS LÍMITES

 

Somos un saco de apetencias o deseos, de impulsos, unos ciegos y otros razonables que piden o demandan constantemente ser satisfechos y no hay nada de extraño en ello porque esa es la dinámica de cualquiera de ellos. La satisfacción es al deseo como la noche al dia, se complementan.

Pero la realidad es que, si entramos en ese flujo, tendremos  asegurado el conflicto en las relaciones personales porque chocarían nuestros deseos con los de los otros con muy alta frecuencia, produciéndose disfunciones, luchas, y encontronazos en los que sólo ganaría el más fuerte. Y ello iría en claro detrimento de los débiles, que siempre serían más. Por eso la sociedad a través de sus leyes trata de regular nuestros comportamientos y con ello la satisfacción de nuestros deseos, aunque muchas veces nos cause frustración.

Pero habría otro conflicto, esta vez interior a nosotros. Satisfacerlos llevaría a una suerte de saciedad, saturación y de infelicidad porque la felicidad está en el equilibrio entre la satisfacción y la insatisfacción.

A poco que observemos a nuestro alrededor todo está lleno de límites precisos y señalados incluso en las sociedades más permisivas. Son totalmente necesarios. Sin embargo en nuestro interior no existen delimitados tales límites, salvo los impuestos en el terreno de la salud, ya que si nos excedemos podemos pagar un alto precio. Es necesario enseñar al ser humano, y ahí reside gran parte del sentido de la educación, a autorregularse, es decir a aprender donde se encuentran los límites que, caso de traspasarlos, se derivaría un daño, un perjuicio y un cierto sufrimiento.

Saber ponerse límites adecuados es un ejercicio de sabiduría personal y de prudencia y de autocontrol. En la medida en que el ser humano necesite más del control externo (o límites  externos) que del interno demuestra su grado de inmadurez y por el contrario en la medida en que es capaz de autocontrolarse y regularse su grado de autonomía, madurez y sabiduría es mayor.

Los límites son necesarios y necesario es ponérselos uno mismo y saber aceptar los que vienen impuestos y adaptarse a ellos sin estridencias. Y es sano, aunque moleste.

Ver Post >
ENGROSAR LA PIEL

 

No hacen el mismo efecto las picaduras de mosquito en una piel humana, en una piel de un perro o en la de un hipopótamo. Dependiendo de ese grosor aquellas pueden ser muy molestas o de un efecto nulo . Los trompazos de elefante, sin embargo, ya no dependen en su efecto de grosor de la piel.

Los humanos, estamos siempre expuestos tanto a las picaduras, siendo estas metafóricamente los pequeños impactos que sufrimos en nuestras relaciones familiares  y personales, en nuestro puesto de trabajo o en diferentes ámbitos. La acumulación de esos efectos  va debilitando nuestra fortaleza y, si esta ya es reducida, el deterioro es más breve en el tiempo y más intenso. Me atrevería a decir que esas a modo de picaduras son las que en realidad nos van debilitando porque los trompazos que la vida nos da suelen ser muy escasos y separados en el tiempo de tal forma que nos suele dar margen para recuperarnos, salvo excepciones, que también existen.

En todo caso hacer nuestra piel más resistente y más resbaladiza nos conviene en verdad, si no queremos pagar el precio de la angustia, la ansiedad y la depresión, según pasan los años.

No es que sea cosa fácil impermeabilizarse y conseguir que muchas cosas nos resbalen, pero es cierto que nos conviene tomarnos la vida, las relaciones, los eventos, los fallos de los demás, las decepciones, los fracasos, los gestos egoístas y un largo, reveses, etc. de forma que no nos quiten el sueño o no nos lo reduzcan de manera notable. La demasiada presencia en nuestros pensamientos de las contrariedades y de los contratiempos actúa a modo de debilitador de nuestras defensas y corremos el riesgo de quedar desfondados, desgastados y sin fuerzas para seguir la lucha de la vida en algunos momentos.

Hay que ocuparse, por supuesto, de los problemas  y los casos y ayudar y entender a los demás, pero no siempre actuando como si fuesen nuestros. No parece muy lógico salvar a los demás ahogándonos nosotros, salvo que alguien lo quiera libremente. De salvar hay que salvar primero nuestra salud, nuestro equilibrio y nuestra fortaleza y  luego, si se puede, ayudar a los demás, porque nuestra salud física y mentales lo más valioso que tenemos y porque sin salud no podemos ayudar, aunque queramos.

Esa es una manera de hacernos resistentes, aunque a veces, no podamos evitar sucumbir al desánimo, siquiera sea circunstancial y transitoriamente.

Ver Post >
PROTEGER, SÍ. SOBREPROTEGER, NO.

 

 

Ciertamente no hay una delgada linea roja entre proteger a un hijo y sobreprotegerlo,  pero sí existe una banda un tanto estrecha, aunque para muchos se confunde protección con sobreprotección. Viene esa banda  determinada por no hacer por los hijos lo que ellos pueden ir haciendo por si mismos.  Es un acto de justicia protegerlos para que no se sientan indefensos, pero sobreprotegerlos, privándoles del aprendizaje de ir afrontando progresivamente en función de su edad y su estado, pequeños obstáculos y dificultades, es más bien un acto de injusticia porque con ello y en nombre del amor que les tenemos, les vamos privando de una de las cosas más valiosas que tiene el ser humano, a saber, la capacidad de defenderse, valerse por si mismos, superarse, resolver sus problemas y aprender a  hacer frente a  los contratiempos para fortalecer su carácter y hacerles resilientes.

Por eso, amigos padres, si aún estáis a tiempo procurad ayudar a vuestros hijos, pero tratando de quedaros un poquito cortos para que sean ellos quienes aprendan a valerse, resolver sus pequeños problemas y despachar sus pequeños asuntos personales. Eso en cualquier área de sus vidas.

Cuando escribo este artículo he tenido que resolver como adulto una serie de gestiones personales que antes no conocía, porque era un terreno en el que no me he tenido necesidad de desenvolverme anteriormente y según lo afrontaba y aprendía esta mañana, me venía a la cabeza lo importante que es que los padres desde que comienzan la enseñanza secundaria se hagan acompañar por sus hijos para ir aprendiendo poco a poco en qué consisten gestiones como abrirse una cuenta en el banco, consultar los movimientos, aprender a mirar los recibos de la luz, del gas, del teléfono, de la contribución, aprender a hacer gestiones ante la administración, hacer la matrícula en su centro, solicitar  ayudas y un larguísimo etc. De esa forma  irán aprendiendo a entender el mundo y entrenarse en resolver asuntos que con toda seguridad van a necesitar hacerlo en su futuro. No debemos darles todo resuelto para que no sufran o para que no se compliquen la vida, cuando llegado el momento ineludible en que tengan que responder a las complicaciones que la vida les irá presentando, debe cogerlos aceptablemente entrenados.

Todo eso deberíamos hacerlo sabiendo que con ello contribuimos a aumentar su autoestima y confianza en si mismos, clave para sobrevivir en este mundo acelerado, complicado e intenso en que vivimos.

En fin, menos sobreprotección, aunque nos duela y suficiente protección emocional. Los excesos casi siempre se pagan.

Ver Post >
Sobre el autor Miguel Silveira
Psicólogo clínico, experto en ansiedad y estrés C/ Carlos Marx,1 - 6º D Gijón (Asturias) http://www.miguelsilveira.com http://www.estresyansiedadonline.com

Últimos Comentarios

Carmen Maria Otero 24-02-2016 | 19:14 en:
RECIÉN SEPARADA
leandro1995_885 27-01-2016 | 23:34 en:
ESTUDIAR EN EXCESO

Etiquetas

Otros Blogs de Autor