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Categoría: inteligencia
LA PUERTA OLVIDADA

 

Tendemos a despreciar la importancia de los pequeños detalles, de lo aparentemente insignificante, pensando que no tiene peso en nuestra vida y en nuestras relaciones personales y ciertamente puede ser así, pero no siempre, y omitirlo puede ser decisivo en muchos casos, sobre todo en las relaciones personales.

Los turcos conquistaron Bizancio,en poder de los cristianos porque, a pesar de sus grandes murallas y sólidas defensas, los cristianos se olvidaron, por un incomprensible descuido, de cerrar a cal y canto una aparentemente insignificante puerta, sin importancia militar, por la que en tiempos de paz entraban los peatones y por la que se colaron perdiendo los cristianos aquella importante fortaleza y cambiando con ello el rumbo de la historia. La kerkaporta, o puerta olvidada, se llamaba.

Digo que los detalles son siempre dignos de tener en cuenta en todas las facetas de la vida, pero en las relaciones personales, siempre material sensible, puede ocurrir que un simple detalle pasado por alto o no tenido en cuenta, dada nuestra sensibilidad al ser tratados, altere seriamente una relación que va durando años. Incluso es susceptible de acabar con ella de manera abrupta o paulatina.

A todos nos gusta que nos traten bien y somos bastante susceptibles a las formas, los modos, las omisiones, los despistes o cualquier acción que signifique ser ignorados, preteridos, discriminados u ofendidos.

Cierto es que no podemos cuidar con exquisitez  siempre y todos los detalles, porque no siempre estamos en perfectas condiciones  emocionales para ello, pero no está demás tener en cuenta que, dado que los seres humanos somos muy sensibles a las palabras, los hechos y los gestos que implican nuestras interacciones y que no siempre nuestro grado de tolerancia a la frustración es alto, podemos estropear  una relación por algún simple detalle que hemos pasado por alto.

Pero lo mismo ocurre en cualquier area. Podemos tener un automóvil caro y cuidado y olvidar controlar el aire de un neumático y perder el control al frenar  bruscamente en una curva. Podemos marchar de vacaciones y dejar una ventana no bien cerrada y abrirla un vendaval y hacer de las suyas. La lista de posibles ejemplos sería casi infinita.

Pero la clave es corta y simple. No hay detalle pequeño, todo cuenta. Hay que estar sobre aviso, sin obsesiones, pero alerta.

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LA PIEDRA Y EL ESTANQUE

 

Toda piedra arrojada a un estanque produce ondas concéntricas que se van alejando hasta la orilla y lo mismo sucede cuando decimos algo o con cualquier acción, solo que esta vez no en el agua sino en el líquido del estado emocional de las personas a quienes alcanza.

Tener en cuenta las consecuencias de nuestros actos, aprender a valorarlas, debería ser un método en el que nos entrenasen debidamente desde pequeños en la familia y en la escuela porque ello aumentaría nuestra sensibilidad para evitar el daño ajeno, innecesario,  y aumentaría el autocontrol y con ello evitaríamos de rebote daños para nosotros en la salud, la economía personal y en  nuestras relaciones personales.

Pararse a reflexionar en determinados actos sobre las consecuencias que pueden derivarse amortiguaría nuestra impulsividad y nos haría más moderados, más sensatos, más prudentes, más precavidos y se reducirían nuestros lamentos, de haber hecho algo mal por precipitación.

No es necesario, además de imposible, aplicarlo a la mayor parte de nuestros actos pero, si estamos aceptablemente entrenados en la reflexión, es más probable que lo podamos aplicar a aquellos comportamientos que pueden tener más trascendencia.

Como quiera que el ambiente que nos rodea no facilita, sino muy al contrario, la reflexión, el esfuerzo a realizar será mayor, pero merece bien la pena.

 

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ESCONDER LA CABEZA

Existe en psicología un mecanismo de defensa  llamado “mecanismo de negación” por el cual uno se enfrenta a los conflictos negándolos, pretendiendo con ello que de esa forma  no existen o desaparecen. Lo adverso y desagradable nos molesta y por ello tendemos a ignorarlo o mejor, a negar los aspectos dolorosos que el evento o conflicto nos ofrece. Es lo mismo que hace el avestruz cuando al verse amenazado cava un hoyo en la tierra y esconde su cabeza. El peligro existe pero cree que escondiendo su cabeza se libra.

Detrás de este mecanismo muy humano no se encuentra sino un miedo a afrontar lo adverso que nos llega y sus desagradables consecuencias. El ser humano tiende a no querer problemas y por ello reacciona en cuanto esté de su parte buscando el alivio y reduciendo toda complicación.

La reacción inmediata es la de evitación, que en principio no se debe olvidar que nos alivia en parte de la  angustia que todo temor produce de inmediato. Pero solo en parte y de inmediato, pues en cuanto nos damos cuenta o pasa un poco tiempo nos volvemos a encontrar de nuevo con la realidad, con el conflicto, con el obstáculo o el evento que nos oprime el corazón.

Por eso, a pesar de que se entiende la dificultad del afrontamiento, sobre todo en ciertos eventos de la vida, lo mejor es plantar cara y ponerse de inmediato a aceptar el asunto y despues movilizar todas nuestras energías y ponernos a intentar resolverlo, en cuanto sea posible.

Para poder usar esa reacción lo mejor es entrenarse poco a poco en el afrontamiento de pequeños eventos. Eso nos aumenta el músculo de nuestro atrevimiento, nuestra seguridad y confianza en nuestras fuerzas.

 

 

 

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QUIEN SIEMBRA VIENTOS…

 

He aquí una nuera que se ha negado a recibir y cuidar a su suegra en casa a pesar de que esta tiene ya más de ochenta años y mueve a compasión. Se ha negado en redondo porque de siempre esta nuera fue rechazada por ella, despreciada en comparación con otras nueras que tiene la abuela, porque no quería esa pareja para su hijo. Le parecía a la abuela poca cosa, inmerecida para la valía de su hijo. Así ocurrió durante mucho tiempo, sobre todo al principio, aunque amainó un poco en los últimos años, al ver que no hacía efecto su desprecio. La anciana, es evidente, no previó que con los años podría necesitar esa ayuda y ahora se ha encontrado con el justiprecio, con la respuesta adecuada a sus proceder despreciativo. Al parecer no soporta que la nuera rechace el ayudarla y se queja de injusticia ante el hijo y el resto de la familia. Nada nuevo en cuanto a tal lamento y nada sorprendente debería ser para ella recibir en correspondencia esa respuesta. Hay personas que creen que vivirán siempre y no habrá consecuencias para ellas, hagan lo que hagan. Visión miope, donde las haya y dolor al final, mucho dolor al verse rechazada como en el caso que ahora les presento. Los padres nunca deberían despreciar ni rechazar de plano a la persona que un hijo o hija eligen para ellos, porque además de agraviar al hijo se pueden exponer a efectos indeseables. Pueden sugerir en todo caso, aconsejar o exponer su punto de vista sobre el error que a su juicio el vástago comete, pero de ahí a despreciar, rechazar  o marginar de manera evidente al elegido, va un trecho muy largo. Al fin y al cabo cuando un hijo es mayor es el responsable de equivocarse o no, con tal, eso sí, de no molestar, herir o perjudicar a los padres. Pero no, hay padres que no se cortan sin tener en cuenta las futuras posibles consecuencias nefastas que tal rechazo les puede ocasionar en el futuro, que aunque parezca lejano o muy lejano acaba por hacerse presente. Si todo repercute, si todo tiene efectos derivados hay que tener cuidado en esta vida y preverlos. No solo en el caso de las suegras. Pero hay quien tan solo mira el momento presente y la distancia corta. Miopía se llama eso en términos oftalmológicos y por extensión en otros ámbitos. Ignorancia se pueden llamar también muchas de las conductas cortoplacistas.

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¿SER ESPONJA O IMPERMEABLE?

 

Este es el dilema: elegir entre ser esponja y absorber todos los problemas de los demás a base de identificarse con ellos o ser impermeable en cierto modo. No es sólo cuestión de ser de una manera o ser de otra con la gente, aunque los hay que tienden en una dirección o en otra predominantemente. Es  también cuestión de elegir en cada caso o con cada persona qué rol desempeñar. De la decisión que se tome se derivarán unas u otras consecuencias para nuestra salud mental. Hay quien por carácter, formación, educación o ambas cosas tiende a ser esponja, a absorber el sufrimiento de los demás en demasía. Tiene un inconveniente: que si absorbes todo, por sistema, acabas demasiado afectado, apenado, contrito, deprimido o angustiado.  Ser bastante impermeable tiene la ventaja de que no sufres tanto porque procuras que te resbale ese dolor. Pero si de las dos posturas se trata de elegir,  ser demasiado esponja es más inconveniente porque el dolor impregna todos tus entresijos y apenas permite distanciarte. Lo mejor es absorber, entender, escuchar y dejarse impactar lo suficiente para entender, comprender y en su caso ayudar a los demás, pero saber dosificar la receptividad, lo cual exige a veces impermeabilizarse en parte para no vivir impregnado, demasiado tiempo. Hay que encontrar el límite, que viene dado por el grado de perturbación de nuestra salud mental. Es sano desentenderse de  algunos contenidos, actitudes y conductas de otros para  salvaguardar el equilibrio que nos es necesario. Es una cuestión de táctica, meditada y usada intencionadamente. Es una actuación inteligente saber dosificar la permeabilidad de nuestros tejidos psicológicos y emocionales. Lo mejor es ser esponja el tiempo necesario para entender el sufrimiento ajeno y solidarizarse, pero no todo el tiempo y, a veces, ponerse el impermeable, sobre todo si sabemos que ir a pecho descubierto nos va a dejar demasiado afectados. No es sencillo, pero es útil. Sé que este planteamiento chocará con algunas convicciones. Defiendo la dosificación únicamente desde el criterio de la salud mental. En lo demás no entro, pues la libertad de cada cual es digna de respeto.

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SI YO FUERA O FUESE…

Qué manía con querer escapar de la realidad que tenemos delante, a nuestro alrededor. Qué afán desmedido de evadirnos a otros momentos pasados buenos o malos y futuros. Qué tendencia tan acentuada a preocuparnos, es decir a anticipar futuros inconvenientes, problemas o desastres. Qué hábito tan inveterad tenemos de surfear mentalmente por otros escenarios irreales posibles, futuribles, subjuntivos. Si yo fuese más joven…si viviese en otros lugar…si hubiera o hubiese aprovechado el tiempo… si hubiese estudiado tal carrera…si no me hubiese casado o me hubiese casado…si trabajase en otra empresa…si este pais fuese distinto…si no hubiera crisis…si tuviese más dinero o más ganas o más amigos o una mejor familia…o una casa en la aldea o si no me hubiese equivocado o tomado otra decisión….bla, bla,bla. Si yo tuviese ruedas, pedales y manillar…sería ¡una bicicleta! pero soy lo que soy, un ser humano inserto en el presente y en mis circunstancias actuales, en mi trabajo o en mi paro, con mi salud actual, solo o con familia. Esa tendencia a querer encontrar en otros momentos o escenarios el bienestar es una buena forma de perder sentido del realismo y de la responsabilidad. Lo interesante y procedente es saber sacar partido a lo que tenemos entre manos en cada momento y circunstancia. Lo que existe es lo presente, lo que tenemos, no lo que podríamos tener o haber tenido, lo que somos, donde estamos, donde vivimos, lo que experimentamos, lo que sabemos, lo que trabajamos. No podemos elegir siempre la gente con la que trabajamos o nos encontramos. Con esas gentes, ese yo, esas circunstancias, situaciones, espacio, tiempo, ocupación, posesiones o carencias. Eso es lo que hay que aprovechar de la mejor manera para sentirnos centrados. Lo otro, el “si yo fuera o fuese”, es la dislocación, la desubicación, la deslocalización mental y la diarrea mental. Y eso, a decir verdad, no es práctico, no es útil y es la mejor manera de vivir sin vivir. Somos lo que somos, vivimos donde vivimos y en la época que vivimos y desde esa aceptación inteligente sí podemos aspirar o soñar, pero partiendo de aceptar esa base. Lo otro son ganas de complicarnos la existencia y de huir del presente y de estas latitudes

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Sobre el autor Miguel Silveira
Psicólogo clínico, experto en ansiedad y estrés C/ Carlos Marx,1 - 6º D Gijón (Asturias) http://www.miguelsilveira.com http://www.estresyansiedadonline.com

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