El Comercio
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¿SEPARARSE O SEGUIR?
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Miguel Silveira | 09-01-2013 | 10:50| 0

 

 

Cuando el amor de una pareja y su atracción mutua han declinado seriamente parece que lo procedente es dar por finalizado el contrato de convivencia y seguir cada cual con su vida por otros derroteros. Si el amor ya no existe, aunque sea solo por una parte y la atracción tampoco ¿qué sentido tiene continuar así con ese horizonte sombrío de varios años por delante? Pero la lógica no siempre acaba por imponerse pues los sentimientos, que no suelen llevarse con la lógica, mandan mucho y las condiciones del contexto también se imponen muchas veces con imparable fuerza. Por tanto la cosa no es tan fácil y se impone tener en consideración varios factores, como la edad o la situación familiar, entre otros. Tratándose de personas jóvenes la separación parece lo más aconsejable o procedente, teniendo tanta vida por delante, aunque, así y todo, muchos optan por seguir viviendo bajo el mismo techo, aunque en distintos lechos, porque creen que  conviene a los hijos o porque uno de los dos tiene miedo a la separación y tiende a aferrarse a un clavo ardiendo o porque la situación económica que les espera puede ser complicada, caso de separarse. Sin embargo cuando se trata de personas de edad avanzada puede ser muy arriesgado para ambos separarse y por eso muchos optan por seguir a pesar de que no les reporte muchas satisfacciones. En ese caso lo que procede es sentarse seriamente a acordar  la convivencia de la forma más civilizada y correcta posible, con el mínimo daño posible. Los dos deben valorar, decidir y acordar las condiciones para que la vida juntos no constituya un puro desangrado cotidiano. No es fácil hablar de ese espinoso tema pero siempre será mejor que esconder la cabeza bajo el ala mientras continúa el deterioro.

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NUEVOS PROPÓSITOS
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Miguel Silveira | 31-12-2012 | 17:21| 0

 

 

No es que haya que esperar a que comience un año para intentar cambiar algo que nos es necesario o deseamos. Pero es buena excusa para empezar, coincidiendo con él, no en vano mitificamos el comienzo de cada año en nuestra vida. Quien no ha aprovechado alguno de ellos para hacer algún propósito sinceramente. Pero no basta con tener un arranque repentino y decidir portarse de otra forma. Para cambiar en una dirección es necesario pensar previamente en la dirección de nuestro cambio como cuando decimos por ejemplo, “este año voy a dedicar más atención a la familia”. Está bien porque plantea la pauta general que uno habrá de seguir, pero es preciso concretar más en cuanto a las conductas y el comienzo. En esa misma línea será mejor decirse a si mismo “a partir de mañana voy a dedicar todos los dias unos minutos a escuchar a los mios y hablar con  ellos al final del dia, con  la tele apagada y en especial los fines de semana voy a organizar actividades  para estar con ellos más tiempo y con más calidad” . Si uno hace ese propósito y lo empieza a cumplir desde el primer momento ya va por buen camino. Pero podemos añadir matizaciones que lo hagan más creíble, como pudiera ser decírselo expresamente a ellos o a la pareja, para que el compromiso sea mayor. ¿Es suficiente ya con estos pasos? No, en verdad. Remataríamos la intención si expresamente hacemos evaluación cada semana del propósito declarado para ver si se ha cumplido en parte o totalmente. La evaluación permite corregir algún aspecto o ratificar lo prometido. Si la evaluación la hacemos ante nosotros mismos es válida pero mejor si la hacemos con quien  declaramos que el propósito iba en serio. ¿Y ya está todo bien de esa manera? No señor, luego hay que ser constantes a lo largo del tiempo hasta que notamos que el cambio está consolidado. Para ello hace falta renovar, actualizar la intención periódicamente como se actualizan las aplicaciones de nuestro ordenador. Hay que pensar en ello, reflexionar y acordarse de que, entre tantas tareas que ocupan nuestra mente, esa es prioritaria. Y a partir de eso podemos ya estar más satisfechos. Solo un apunte final: como cometeremos fallos y habrá abandonos y altibajos lo procedente es recuperarse de inmediato y reanudar la marcha las veces que hagan falta. Así tendrá visos de que la intención del cambio era sincera y seria. Ánimo y que la moral no decaiga.

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RUPTURA SENTIMENTAL
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Miguel Silveira | 25-12-2012 | 12:53| 0

 

Una ruptura emocional o sentimental supone siempre gran dolor y una etapa de duelo por cuanto se trata de la muerte de una relación y después de la muerte sigue el duelo. El que sufre el duelo es quien ama, por supuesto, porque pierde el amor y con él la ilusión, el amparo y la seguridad que da sentirse querido y acompañado,  y por eso es a él o ella a quien hay que ayudar. Pero hay dos tipos de duelos, el que dura un tiempo limitado y proporcionado, el normal, y el que se alarga demasiado en el tiempo arrastrando a la persona al llanto, al aislamiento, a la ansiedad, al lamento constante, a la culpa y al estado de echar de menos a la persona amada. El sufridor altera su desempeño diario en ocasiones seriamente. Baja su productividad en su trabajo o lo pone en peligro pues la desesperanza le bloquea y la desgana se apodera de sus entrañas y cerebro. Para algunos un fracaso sentimental viene a ser una derrota en toda regla, un calvario y no se recuperan. Esto puede entenderse en personas  mayores, que por haberse limitado demasiado a su pareja no encuentran alternativa  fácilmente. Pero en personas jóvenes (y está ocurriendo demasiado) no se puede entender, pues tienen por delante la vida casi entera para encontrar repuesto, a no ser que de inseguro y dependiente que sea, no buscará ocasiones ni salida, refugiándose en la nostalgia del recuerdo, de la pérdida y la ausencia. Si hay que llorar, se llora por lo tanto y si hay que lamentarlo, se lamenta pero ¿cual es el indicador que nos demuestra que vamos por mal camino en ese duelo? Cuando eso afecta al sueño seriamente, cuando peligran las relaciones con los amigos por abandono y por desánimo y cuando, sobre todo, ponemos en peligro el puesto de trabajo. Es entonces cuando hay que apretar bien los dientes y los puños y decirse a uno mismo que la ruptura no puede arruinar su vida entera. Que hay que seguir y que quizás haya repuesto aunque no de inmediato. Y que uno no estaba destinado eternamente a vivir en pareja o con esa pareja, que todo nace y muere. Lo que no es de recibo, aunque yo lo respeto, por supuesto, es hundirse en el fango de la depresión y actuar como si la vida  de uno hubiese terminado así como el proyecto por una ruptura sentimental. De eso, nada. ¿Cómo va una persona joven o no tan joven a condicionar su vida por romper con su pareja, sobre todo si se sabe, se sospecha o se comprueba que su pareja no le quería ya o se cansó de ella? Mira que no hay cosas que hacer y en qué pensar en esta vida, una vez transcurridos los momentos iniciales del duelo. Así que dolor, sí, pero dolor eterno y permanente no parece que sea muy apropiado por romper relaciones.

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DISTANCIARSE
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Miguel Silveira | 17-12-2012 | 22:34| 0

 

Ponte de pie junto a una pared y pega tu cara contra ella. ¿Qué ves? Solo pared prácticamente. No podía ser de otra manera. A continuación vete separando y verás cómo ya entran en tu campo de visión otras zonas contiguas. Si te alejas más la pared va disminuyendo de tamaño en relación con el entorno. Y si pudieses separarte unos cien metros verás cuanto se ha reducido de tamaño al mismo tiempo que el resto del entorno ha cobrado mayores  dimensiones. Uso este ejemplo de relativización porque  sirve para el mismo objetivo, tratándose de las preocupaciones y obsesiones que a veces ocupan por completo nuestra mente, nuestra atención y nuestro campo de visión de las cosas. En cuanto algo nos preocupa u obsesiona ese algo se impone con tal fuerza que ocupa toda la pantalla de nuestra atención y ese acontecimiento, circunstancia, variable o suceso cobra una importancia desproporcionada y puede parecernos terrible en el momento. Como quiera que de ordinario las cosas no tienen tantísima importancia como nos lo parece o nos quieren hacer creer, no queda más remedio que relativizarlas, ponerlas en relación con el contexto. Ponerlas en perspectiva. Es decir, ponerlo en relación con toda nuestra vida o con el presente de nuestra vida, pero ubicándolas en el contexto que vivimos, rodeados de todo lo demás. Es decir, procede distanciarse mentalmente para poder tener control de nuestra angustia y ansiedad al ver que en realidad puede tener importancia, pero no tanta como en un primer momento nos parece. Situándolo dentro del conjunto de lo que rodea nuestra vida lo veremos como algo relativo, quizás pasajero y desde luego menos grave que en un primer momento. Es algo así como cuando entramos en Google earth y vemos la tierra desde lejos. Si bajamos hacia un punto, hacia la dirección donde vivimos llega un momento en que la pantalla del ordenador es ocupada totalmente por nuestra fachada o nuestra finca. Ella parece el mundo, pero a medida que nos elevamos de nuevo se convierte en un punto minúsculo.  Ha perdido importancia y relieve. Por qué no hacer lo mismo con ese sobresalto que nos da de vez en cuando, por el que nos parece que nada hay más allá ni más grave? Distanciarse mentalmente está en nuestro poder y debemos hacerlo para reducir nuestros a veces importantes y desproporcionados sufrimientos. Para distanciarnos también emocionalmente.

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SI TIENE QUE IR AL PSICÓLOGO
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Miguel Silveira | 09-12-2012 | 19:06| 2

 

 

Ya  que estamos en un blog como este viene a cuento orientar a los posibles usuarios de los servicios psicológicos, cuando estos tienen que buscar ayuda terapéutica, sobre distintos aspectos que conviene tener claros de antemano, sobre todo, si hay que pagar por el servicio.

En primer lugar usted tiene derecho a saber en qué va a consistir el tipo de terapia que le han de aplicar o cómo trabajará el profesional con usted, pues todas las terapias no son iguales. Pida siempre aclaraciones para poder decidir con conocimiento de causa y convencido de que ese plan de trabajo le interesa.

Pregunte cuanto tiempo aproximado estima el profesional que durará el tratamiento. Cuantas sesiones y cuanto le costará cada sesión para hacer bien sus cuentas. No espere a que pasen las semanas o los meses.

De ordinario un profesional experto no necesitará emplear varias sesiones y entrevistas para saber lo que le ocurre. Por eso el profesional debe saber y explicarle, en las primeras dos o tres sesiones cual es su problema (diagnóstico),  cómo evolucionará su caso (pronóstico), en qué va a consistir el tratamiento y qué resultado se espera. Todo profesional debe inspirarnos confianza por su autoridad científica  y profesional.

Si usted busca la ayuda y va muy motivado el resultado será mejor y más rápido. Si va porque otros se lo dicen o aconsejan, pero usted no está por la labor, no pierda el tiempo acudiendo. A no ser que acuda a ver si le convence la ayuda que le ofrezcan.

Son importantes las sesiones de terapia y su desarrollo pero el profesional tiene que darle tareas o ejercicios que deberá cumplir y aplicar entre sesiones para ver el progreso. Si no hay trabajo que hacer en esos intervalos, no se puede avanzar satisfactoriamente, pues de lo que se trata en toda terapia es de cambiar y no se cambia solo porque le expliquen su caso, su problema, su trastorno y sus errores. Si duda de la utilidad de los ejercicios pida que se las aclaren.

Hay terapias que consisten en que usted hable y hable, sesión tras sesión, de aquello que siente, piensa o hace, pero habrá de saber que esa terapia no es tan eficaz ni rápida como la de recibir pautas y orientaciones que le ayuden a cambiar a encontrar alivio, a medida que las aplica.

No se corte y dígale al profesional cuales son sus dudas respecto al tratamiento, si las tiene, y respecto a su eficacia. Vale más preguntar que quedar con la duda.

No espere nunca a que pasen semanas o meses sin notar el progreso. Este puede y debe experimentarse poco a poco a las dos o tres semanas como mucho, aunque luego le lleve más tiempo su consolidación.

Recuerde que cambiar de forma de pensar respecto a algunas cosas de la vida lleva tiempo pero “empezar a cambiar” su estilo de vida y forma de actuar no lleva casi nada.

Hay que ser asertivos y no temer preguntar lo que no se sabe. Vale más enterarse al principio que luego quemarse constatando que se ha perdido un tiempo precioso. El verdadero profesional  no tendrá inconveniente en informarle como usted se merece. Es todo.

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SOMOS PROTAGONISTAS
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Miguel Silveira | 03-12-2012 | 11:59| 0

 

Hay una evidencia puesta de manifiesto por las neurociencias, a saber, que todo lo que hacemos, sentimos y pensamos modifica nuestro cerebro (esto no se sabía hasta el advenimiento de esas ciencias) pero no sólo se modifica el cerebro sino también nuestra vida (esto sí se sabía). Son informaciones relevantes pero lo extraordinario es que somos nosotros los que podemos elegir qué pensamos, qué sentimos, qué hacemos con lo que tenemos el poder para influir en nuestro cuerpo y determinar en parte nuestra salud o enfermedad, en los resultados que obtenemos en la vida, a nivel personal, social o profesional,  en las consecuencias que de ellos se deriva y en nuestro modo de vivir. No somos sobre todo sujetos pacientes, víctimas, si se quiere, de nuestros pensamientos, emociones y conductas. Tenemos en nuestras manos la libertad de elección y el poder que eso nos confiere y por tanto tenemos en nuestro poder determinar qué tipo de vida queremos llevar así como librarnos de muchos sufrimientos. Si no tenemos desarrollada esa conciencia nos estamos perdiendo mil oportunidades de disfrute y progreso y corremos el riesgo de que sean otras personas quienes nos influyan y determinen los resultados a los que nos expongamos. Somos protagonistas de nuestras vidas, agentes causales libres, aunque la libertad no sea completa. Cierto que el entorno influye sobre nosotros pero en último término depende de nosotros cómo filtremos la influencia. De nosotros depende qué actitud tomaremos ante los acontecimientos y actuaciones de la gente y por tanto depende cómo nos sentiremos. Depende de nosotros elegir o decidir qué comemos, bebemos, cómo trabajaremos, con quien nos relacionamos y cómo, qué estilo de vida escogemos, lo que vemos, dejarnos influir por la publicidad o por los medios, gastar o no gastar y en qué, en fin una lista interminable. Todo esto representa una buena ocasión no sólo para pensar cómo elegimos sino para educar a nuestros hijos en su capacidad de decisión sobre ellos mismos para que no se expongan a ser manipulados. Merece la pena reflexionar sobre este asunto con frecuencia.

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ADELANTARSE POR SI ACASO
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Miguel Silveira | 27-11-2012 | 15:19| 1

 

A la edad de doce años, cuando muy poquitos en España se preocupaban de aprender el inglés porque el sistema educativo preparaba solo en francés como segunda lengua, un servidor, fascinado por la musicalidad del inglés, se compró un libro de Gramática Inglesa con ánimo de prepararse poco a poco en ese idioma y de poder tener más oportunidades de mejora al llegar a adulto, dada la escasez  en que yo me había criado en la postguerra civil española. Así que, a mi modo y manera, con cierta asiduidad, aunque con altibajos en mi motivación, pero impulsado por la necesidad, iba estudiando vocabulario y traduciendo frases y pequeños textos y, como entonces no había aún en el mercado, como hoy, ni casettes ni CDs ni Internet ni profesores de los que echar mano fácil y asequibles de precio, intentaba al principio familiarizarme con la posición de mi lengua en los distintos sonidos, hasta que, pasados los años, pude hacerme con alguna cinta de casette con la que contrastar lo que yo había aprendido por mi cuenta. Me estaba preparando poco a poco con la vista puesta en muchos años después, por si me hiciese falta. Y así sucedió. Cuando necesité el inglés estaba aceptablemente preparado. Con los años el inglés aprendido y practicado después en Inglaterra en algunos veranos me permitió competir con ventaja a la hora de dar clases de ese idioma y le saqué un inmenso partido. Me había dado resultado mi estrategia prematura. Y es que esa estrategia educativa o autoeducativa de adelantarse a los tiempos y prepararse da siempre resultado. En personas y en sociedades, sean familiares o no, acostumbradas a políticas de subvención, al no esfuerzo personal sistemático, a la estabilidad en los empleos y donde se cultiva  la tendencia a mantenerse en zonas de confort y de dejarlo todo para después, no suele alimentarse la actitud de mirar al futuro a medio y largo plazo como un reto ante el que hallarse preparados. Y ocurre, como le está ocurriendo a muchos hoy en dia, que uno se ve sorprendido y asustado al faltarte entrenamiento en determinadas competencias que le permitan pelear en el mercado para salir airoso, cuando su puesto de trabajo ha quedado suprimido, obsoleto o han cambiado las condiciones del mercado laboral. No existe mejor estrategia para afrontar los cambios, que nos saldrán al encuentro, que cultivar de forma permanente la actitud de aprender habilidades distintas a las que ya dominamos y enriquecer nuestro repertorio. Una actitud de reciclaje permanente, por si acaso, de  estar siempre preparados para afrontar los cambios es una condición indispensable para superar los baches de modificación del puesto de trabajo o empresariales o económicos en nuestra sociedad. Es una verdad de perogrullo, pero muchos la olvidan o no la tienen en cuenta, pensando que el futuro está lejos y no nos deparará sorpresas ante las que asustarnos. Un error evitable ante el inevitable cambio que siempre nos acecha y más en estos tiempos de deslocalización, globalización, trasiego y liberalización del comercio y el mercado de trabajo.

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ABRÁZAME
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Miguel Silveira | 19-11-2012 | 18:13| 0

 

Pocas acciones hay que nos relajen, calmen y nos den seguridad y sensación de ser queridos como un buen abrazo cálido, apretado y prolongado, incluso sin palabras. Te permite sentirte vinculado, conectado con quien te abraza y sentirte fortalecido al captar el apoyo emocional que lleva consigo. Muchos miembros de una pareja, que dicen que quieren al otro pero que no se atreven a decir “te quiero”, siendo que el otro miembro desea tener constancia del cariño, podrían perfectamente sustituir esa expresión por un abrazo cálido de vez en cuando. Quien recibe el abrazo experimenta la evidencia de sentirse querido y experimenta una reducción de su tensión y de su desasosiego, si lo tiene. Para conseguir este efecto el abrazo es mejor que hacer el amor o incluso un beso. Estas dos últimas acciones tienen un significado erótico y sexual mientras que el abrazo significa la aceptación del otro, la transmisión de afecto y de cariño y eso tiene un efecto ansiolítico mucho mejor que cualquier Orfidal o Lexatin, por poner dos ejemplos. Reivindico el abrazo como terapia para la ansiedad si la ansiedad se debe a la duda de sentirse queridos o a la sensación de desamparo o al vacío existencial y amoroso o la angustia. Si pudiesen hablar todos los necesitados de un abrazo el ruido sería ensordecedor aunque no gritasen. Y es tan barato y fácil dispensarlo…En fin, que es estupendo abrazarse, aunque nada digamos. Pero si encima dices algo que acompañe a esa expresión de apoyo emocional es como poner la guinda encima de la tarta. El abrazo es uno de los mejores instrumentos para sentirnos conectados con la naturaleza, un liberador de oxitocina o bálsamo neuroquímico que alivia las consecuencias del estrés y la ansiedad. Si de momento no tienes quien te abrace y te sientes muy tenso vale abrazarse a un tronco ancho de un árbol vivo. No es broma. A falta de pan….

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CONTENIDO DE MI ÚLTMO LIBRO
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Miguel Silveira | 15-11-2012 | 11:49| 0

 

Estoy en pleno proceso de presentación en los medios de mi último libro CAMBIAR ES POSIBLE y me pregunta un periodista que en qué consiste el contenido de mi libro y voy a aprovechar para exponerlo aquí para facilitar la orientación sobre su contenido, para echarle una mano a la criatura.

En primer lugar se trata de animar a los que creen que no es posible cambiar porque nuestra personalidad o nuestros genes nos lo impiden. Se trata de animar a los que lo creen posible pero difícil para que se pongan a ello sin más dilaciones, si es que les interesa.

Hay una parte importante dedicada a ver cómo podemos adaptarnos y manejar los muchos cambios que nos sobrevienen desde fuera y saber hacerlo con provecho. Otra parte se dedica a aprender a aplicar planes de cambio y saber cómo hacer eficaz esa práctica.

Hay una parte dedicada a cómo cambiar a los demás, porque ciertamente se puede, aunque requiere más esfuerzo e imaginación.

Se dedica otra parte a invitar a cambiar el mundo porque cada cual a su manera puede hacerlo.

Pero la parte más extensa se dedica a cómo conseguir el cambio de uno mismo. Cómo aclararse, cómo proceder, qué obstáculos existen y cómo superarlos.

Espero que esta síntesis sirva de orientación sobre su contenido.

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SECUESTRO AMIGDALAR
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Miguel Silveira | 11-11-2012 | 19:28| 0

Puesto que está tan de actualidad esta expresión, voy a aclararlo. La amígdala, situada en el sistema límbico en la parte central del cerebro es como un  radar que, al detectar un peligro o amenaza, toma el mando del cerebro y se entra en lo que se conoce como “secuestro amigdalar” por el cual nuestra atención queda apresada y centrada en ese peligro real o imaginario, lo que redunda en perjuicio de concentrarnos en lo que de verdad nos interesa y satisface. Quedamos así  invadidos por el miedo. En otras palabras, nos hallamos bajo secuestro amigdalar, cuando estamos sometidos a situaciones angustiosas. En ese caso nos cuesta recuperarnos del sometimiento de lo adverso y nos quedamos preocupados y dando vueltas sin cesar a esa situación y lo que implica. Durante el secuestro amigdalar  los circuitos de alarma activan la respuesta de lucha o huída, de paralización y también de evitación, lo cual hace segregar a nuestro cuerpo hormonas del estrés, como la adrenalina y el cortisol que, entre otros efectos, reducen las defensas de nuestro sistema inmunitario. ¿Cómo hacer frente a tal secuestro para acortar su acción devastadora lo más pronto posible? Desconectando de la preocupación, cambiando a actividades que nos distraigan y aparten nuestra mente de los contenidos negativos que el miedo  y la anticipación de consecuencias adversas nos activan. Otra forma es tomando plena conciencia de lo que está sucediendo y de lo que sentimos y pensamos sin entrar a juzgarlo. Simplemente haciéndonos cargo de que existe. Es decir, reconociendo que estamos secuestrados y por lo tanto hemos perdido el control de nuestros nervios, y reconociendo que estamos exagerando su significado, dimensión y trascendencia. La práctica de la relajación en sus distintas formas es también muy aconsejable. Cuanto antes tomemos conciencia del secuestro, antes podremos recuperarnos. Es muy perjudicial que dure dias, semanas o meses. Si alguien ha sufrido estrés post traumático, provocado por una experiencia traumática, debe cuidar que su amígdala no permanezca secuestrada largamente. Es bueno, pues, poner en tela de juicio lo que nos decimos en pleno secuestro y salir cuanto antes del estado de preocupación y miedo que nos envuelve e invade. Como  en todo secuestro, lo mejor es que no se produzca pero, si se da, hay que librarse  de él lo más pronto posible.

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Sobre el autor Miguel Silveira
Psicólogo clínico, experto en ansiedad y estrés C/ Carlos Marx,1 - 6º D Gijón (Asturias) http://www.miguelsilveira.com http://www.estresyansiedadonline.com

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