El Comercio
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DE LA INDEFENSIÓN A LA PREPOTENCIA
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Miguel Silveira | 12-02-2013 | 20:59| 0

 

 

Entre la indefensión y la prepotencia, dos extremos, media un trecho muy largo. En el primero la persona decide rendirse, darse por vencida porque está convencido de que de ningún modo se ve capaz de afrontar lo que teme o lo que quiere. Renuncia a la batalla. En el segundo, el prepotente avanza por la vida sin consideración de los demás, no prestándose a ceder, no sólo el paso, sino ni siquiera unos metros de su espacio pero además invade el que no es suyo. Los dos extremos son igualmente perniciosos, solo que en el de la indefensión aprendida el gran perjudicado es siempre el indefenso. Son su salud y su estabilidad las que se ven minadas. Todo son desventajas para el mismo. Mientras el prepotente también causa sufrimiento pero no hacia si mismo sino hacia los demás, que no pueden soportar su arrollamiento. Quien se mueve en un término medio es quien es asertivo y es capaz de adoptar posturas resolutivas en cualquier frente de la vida, quien no se deja pisar si alguien lo pretende sino que se defiende abiertamente y se expresa con la seguridad de quien sabe que la razón le asiste. Es quien toma iniciativa y decisiones sin sentirse a expensas de los demás y de la iniciativa ajena. Quien sabe defenderse no cede su terreno si no es por conveniencia o por táctica favorable a sus intereses. Estos se hacen respetar (los prepotentes se hacen temer y rechazar) por la gente porque les perciben firmes en sus convicciones y en el mantenimiento razonable y razonado de sus posturas personales. El asertivo suele vivir tranquilo y confiado en sus propios recursos y avanza por la vida sin grandes temores. La asertividad es un seguro de vida, una fuente de sosiego y de seguridad en uno mismo. La asertividad equidista de la indefensión y de la prepotencia, por eso lleva consigo el equilibrio, la preservación de la salud mental y las ganas de hacer y de enfrentarse al mundo cada dia.

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ACOSO LABORAL
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Miguel Silveira | 04-02-2013 | 23:01| 0

 

 

Su jefe, a pesar de haberle llamado para un puesto importante, al poco tiempo, al ver que cumplía sus objetivos sobradamente trimestre tras trimestre, comenzó una estrategia de acoso y derribo contra todo lo que hacía en su trabajo. Empezó por acusarle de falsedades, siempre por supuesto de palabra y sin testigos, como que no se organizaba, no daba la talla que de él se esperaba, que había clientes que se le habían quejado,  pero sin darle nunca nombres, de que no ponía interés en su trabajo, de que dedicaba demasiado tiempo libre a su familia, cuando su horario de trabajo era de diez horas diarias, de varias falsedades, en fin, pero que fueron haciendo mella en su estado de ánimo. Todo siempre con mal tono y con afán de humillarle, si podía delante de la gente también. Las formas que usaba eran propias de una persona fría, calculadora y sin sentimientos hacia el empleado. Otras veces la respuesta era el silencio inexplicable cuando el empleado se dirigía a él. En fin una estrategia bien pensada para ir anulando a la persona que podía hacerle sombra y quizás ocupar su cargo, si seguía produciendo al ritmo de los primeros meses y a la vista de otras autoridades superiores. El caso es que nuestro hombre nunca se defendió, callando en todo instante por miedo a ser represaliado ni osaba defenderse. El proceso  acabó en  baja laboral por sentirse incapaz de asistir al trabajo un solo dia más. Sus fuerzas, ya mermadas poco a poco, le fallaron por fin y tuvo que rendirse. De ahí la baja. Ahora está hundido y él, que siempre tuvo fuerzas para “venirse arriba”, según sus palabras, ahora no tiene fuerzas más que para llorar por las esquinas y verse anulado en su autoestima. Ese es el resultado final siempre. El hundimiento y derrota psicológica del acosado. Ni que decir tiene que ahora procede ayudarle a recuperar sus fuerzas anteriores. Siempre que un acosado comienza a notar que alguien le tiene en el punto de mira debe reaccionar buscando ayuda, si no sabe valerse, antes de terminar perdiendo la fuerza y la autoestima, que es lo más valioso que se tiene. Aguantar en silencio los impactos y el acoso supone exponerse a un punto de no retorno y eso es grave.

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QUE ME DEJEN MORIR
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Miguel Silveira | 29-01-2013 | 10:57| 0

 

 

Al viceprimer ministro japonés le  acaban de llover fuertes críticas por defender en público algo así como que a los viejos, que les mantienen vivos sin esperanza, se les deje morir en su país. Una cosa es matar o otra my diferente es permitir que quien no tiene esperanza alguna ya de vida  se la mantengan artificialmente a toda costa. No es sólo por ahorrar dinero a la Seguridad Social, como ha venido a decir ese ministro de finanzas japonés, sino sobre todo para evitar sufrimientos al paciente y a toda la familia. A mi, que me desconecten si llego a tal situación, porque prolongarme la vida artificialmente a toda costa no merece la pena ni para mi ni para mi familia ni, de paso, para la Seguridad Social que gastaría inútilmente en mantenerme vivo ni para otro posible paciente que  espere ser hospitalizado  y por mi culpa le resulte imposible.

No se trata de matar a los viejos ni a nadie por supuesto, pero ¿qué sentido tiene mantener artificialmente la vida sin esperanza alguna?  Qué miedo le tenemos a la muerte! No entiendo muy bien la razón de ese mantenimiento artificial basado para algunos en no se qué creencias religiosas o prejuicios. Que no, que no se mata deliberadamente a nadie, lo cual sería asesinato. Pero prolongar la vida inútilmente es una forma de prolongar la agonía del paciente y matar la tranquilidad de la familia, al alimentar una espera sin sentido. Sé que algún lector no compartirá mi posición, pero no importa. En este sentido estoy de acuerdo con el ministro nipón, aunque quizás él lo defiende por ahorrar importantes cantidades de dinero a la administración de su país. Lo importante no es el dinero ahorrado sino la paz, que se consigue desconectando al paciente de todo aparataje y fármacos. Paz para él y para los que sufren al ver su triste estado. Eso es lo que busca el testamento vital y que cada cual puede firmar cuando desee hacerlo.

 

 

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EL CHUPON
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Miguel Silveira | 21-01-2013 | 15:48| 0

Al parecer en los rosales surge y crece muy frondosa una rama que adorna el rosal  pero  de dar rosas ¡nada de nada!. Se caracteriza por vivir y aprovecharse del tronco y de la planta pero sin dar fruto alguno. Se le llama chupón. Y yo, infeliz, pensaba que esto era fenómeno exclusivo  de la fauna humana pero parece ser que está más extendido. Tiene que haber de todo, quien se mata a trabajar y quien se limita a sentarse a la sombra y que ahí se las den todas. Siempre tiene que haber algo o alguien cuya esencia es vivir a costa de los demás, qué le vamos a hacer. Como no soy biólogo ni ingeniero forestal desconozco la extensión del fenómeno, aunque ahora que lo pienso he visto algunos árboles envueltos por plantas que crecen frondosas ascendiendo por el tronco y por algunas ramas. Bueno, a lo que voy, que si existen esos seres que se aprovechan de los demás es porque las víctimas les dejan o consienten. Creo que es inevitable que haya gente que crezca a expensas de otros, sin ofrecer su ayuda, el lector ya me entiende, pero también es cierto que, si ocurre, la culpa no es sólo de los que se aprovechan sino de quienes dejan que les chupen la sangre, la bolsa o la tarjeta. Y por cierto hay algunos “chupones” que tienen la osadía de exigir lo que reciben gratis et amore. La cuestión, por lo tanto, está en saber descubrir al “chupón” y cortarle la savia tan pronto uno descubre que el otro se aprovecha o exige sin ofrecer a cambio nada o casi nada de su parte, para que  se ponga a rendir lo antes posible. Claro, que entonces deja de serlo.  No es fácil, pero a base de observar se puede descubrir la estratagema. Y vaya que si abunda el personaje. No hay más que echar un vistazo a las familias, las asociaciones, las instituciones, las comunidades, los ayuntamientos, las empresas…en fin la lista es larga. Finalmente y para ser objetivos también existe quien se deja explotar con tal de recibir unas migajas de atención o de apoyo. Esas personas no se sienten nada sin “chupones”. Tiene que haber de todo para que la naturaleza resulte variada. 

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¡NICE CAT!
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Miguel Silveira | 15-01-2013 | 21:26| 0

 

“Precioso gato” le dijo su profesor al ver su dibujo de un gato cuando Jarret Krososcka tenía seis años  y esto le marcó para toda su vida. Eso cuenta el famoso ilustrador y autor de libros para niños. Y otro refuerzo posterior también de dos palabras “Precioso trabajo” sobre un libro suyo cuando tenía diecinueve años marcó un antes y un después en su vida como autor e ilustrador. A un niño que se había criado con sus abuelos, apoyado y querido por estos pero  sin padre (drogadicto) ni madre (encarcelada) le sirvieron de inmenso apoyo psicológico esos refuerzos para ser hoy un ilustrador y autor muy reconocido e importante. Y es que el refuerzo verba, o sea, el reconocimiento expreso por parte de los adultos significativos para uno supone un acicate extraordinario para el edificación de la autoestima y de la confianza en uno mismo. Vale que un niño o cualquier persona sea capaz y tenga talento para algo, pero si no se le  reconoce y expresa, si no se le dice con sentimiento y sinceridad, le será muy difícil tener conciencia de su capacidad o puede que le llegue a faltar. Esa conciencia viene a ser la confirmación subjetiva que tiene uno mismo de sus facultades y esa conciencia actúa desde ese mismo instante como acicate interno, como motivación y como estímulo interno, repito, para moverse en la sucesiva aplicación práctica de esas habilidades. Cerramos así el círculo compuesto por dos partes: la capacidad que ese niño tiene y la conciencia de la misma. No damos importancia a esos refuerzos cuando en realidad tienen una potencialidad extraordinaria, siendo susceptibles muchas veces del milagro de cambiar la dirección de una persona del fracaso al éxito seguro. Cuesta poco trabajo decirlo con sinceridad pero nos resistimos a ellos, creyendo que la presión para que los niños trabajen y se esfuercen es suficiente y lo mejor. Siempre es eficaz ese refuerzo, pero cuando un niño se encuentra escaso de cariño, de apoyo y pasa por momentos de desánimo, es como un ungüento, un alivio y un  soplo impulsor de su progreso y desarrollo. No escatimarlo es esencial. Y basta con decir “precioso gato” , “qué bien lo has hecho” , “te felicito” o “muy bien, hijo, me encanta este trabajo”. Sólo dos o tres palabras pueden bastar a veces para sacar a un niño o un joven o un adulto de su baja autoestima y su desgana.

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¿SEPARARSE O SEGUIR?
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Miguel Silveira | 09-01-2013 | 10:50| 0

 

 

Cuando el amor de una pareja y su atracción mutua han declinado seriamente parece que lo procedente es dar por finalizado el contrato de convivencia y seguir cada cual con su vida por otros derroteros. Si el amor ya no existe, aunque sea solo por una parte y la atracción tampoco ¿qué sentido tiene continuar así con ese horizonte sombrío de varios años por delante? Pero la lógica no siempre acaba por imponerse pues los sentimientos, que no suelen llevarse con la lógica, mandan mucho y las condiciones del contexto también se imponen muchas veces con imparable fuerza. Por tanto la cosa no es tan fácil y se impone tener en consideración varios factores, como la edad o la situación familiar, entre otros. Tratándose de personas jóvenes la separación parece lo más aconsejable o procedente, teniendo tanta vida por delante, aunque, así y todo, muchos optan por seguir viviendo bajo el mismo techo, aunque en distintos lechos, porque creen que  conviene a los hijos o porque uno de los dos tiene miedo a la separación y tiende a aferrarse a un clavo ardiendo o porque la situación económica que les espera puede ser complicada, caso de separarse. Sin embargo cuando se trata de personas de edad avanzada puede ser muy arriesgado para ambos separarse y por eso muchos optan por seguir a pesar de que no les reporte muchas satisfacciones. En ese caso lo que procede es sentarse seriamente a acordar  la convivencia de la forma más civilizada y correcta posible, con el mínimo daño posible. Los dos deben valorar, decidir y acordar las condiciones para que la vida juntos no constituya un puro desangrado cotidiano. No es fácil hablar de ese espinoso tema pero siempre será mejor que esconder la cabeza bajo el ala mientras continúa el deterioro.

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NUEVOS PROPÓSITOS
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Miguel Silveira | 31-12-2012 | 17:21| 0

 

 

No es que haya que esperar a que comience un año para intentar cambiar algo que nos es necesario o deseamos. Pero es buena excusa para empezar, coincidiendo con él, no en vano mitificamos el comienzo de cada año en nuestra vida. Quien no ha aprovechado alguno de ellos para hacer algún propósito sinceramente. Pero no basta con tener un arranque repentino y decidir portarse de otra forma. Para cambiar en una dirección es necesario pensar previamente en la dirección de nuestro cambio como cuando decimos por ejemplo, “este año voy a dedicar más atención a la familia”. Está bien porque plantea la pauta general que uno habrá de seguir, pero es preciso concretar más en cuanto a las conductas y el comienzo. En esa misma línea será mejor decirse a si mismo “a partir de mañana voy a dedicar todos los dias unos minutos a escuchar a los mios y hablar con  ellos al final del dia, con  la tele apagada y en especial los fines de semana voy a organizar actividades  para estar con ellos más tiempo y con más calidad” . Si uno hace ese propósito y lo empieza a cumplir desde el primer momento ya va por buen camino. Pero podemos añadir matizaciones que lo hagan más creíble, como pudiera ser decírselo expresamente a ellos o a la pareja, para que el compromiso sea mayor. ¿Es suficiente ya con estos pasos? No, en verdad. Remataríamos la intención si expresamente hacemos evaluación cada semana del propósito declarado para ver si se ha cumplido en parte o totalmente. La evaluación permite corregir algún aspecto o ratificar lo prometido. Si la evaluación la hacemos ante nosotros mismos es válida pero mejor si la hacemos con quien  declaramos que el propósito iba en serio. ¿Y ya está todo bien de esa manera? No señor, luego hay que ser constantes a lo largo del tiempo hasta que notamos que el cambio está consolidado. Para ello hace falta renovar, actualizar la intención periódicamente como se actualizan las aplicaciones de nuestro ordenador. Hay que pensar en ello, reflexionar y acordarse de que, entre tantas tareas que ocupan nuestra mente, esa es prioritaria. Y a partir de eso podemos ya estar más satisfechos. Solo un apunte final: como cometeremos fallos y habrá abandonos y altibajos lo procedente es recuperarse de inmediato y reanudar la marcha las veces que hagan falta. Así tendrá visos de que la intención del cambio era sincera y seria. Ánimo y que la moral no decaiga.

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RUPTURA SENTIMENTAL
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Miguel Silveira | 25-12-2012 | 12:53| 0

 

Una ruptura emocional o sentimental supone siempre gran dolor y una etapa de duelo por cuanto se trata de la muerte de una relación y después de la muerte sigue el duelo. El que sufre el duelo es quien ama, por supuesto, porque pierde el amor y con él la ilusión, el amparo y la seguridad que da sentirse querido y acompañado,  y por eso es a él o ella a quien hay que ayudar. Pero hay dos tipos de duelos, el que dura un tiempo limitado y proporcionado, el normal, y el que se alarga demasiado en el tiempo arrastrando a la persona al llanto, al aislamiento, a la ansiedad, al lamento constante, a la culpa y al estado de echar de menos a la persona amada. El sufridor altera su desempeño diario en ocasiones seriamente. Baja su productividad en su trabajo o lo pone en peligro pues la desesperanza le bloquea y la desgana se apodera de sus entrañas y cerebro. Para algunos un fracaso sentimental viene a ser una derrota en toda regla, un calvario y no se recuperan. Esto puede entenderse en personas  mayores, que por haberse limitado demasiado a su pareja no encuentran alternativa  fácilmente. Pero en personas jóvenes (y está ocurriendo demasiado) no se puede entender, pues tienen por delante la vida casi entera para encontrar repuesto, a no ser que de inseguro y dependiente que sea, no buscará ocasiones ni salida, refugiándose en la nostalgia del recuerdo, de la pérdida y la ausencia. Si hay que llorar, se llora por lo tanto y si hay que lamentarlo, se lamenta pero ¿cual es el indicador que nos demuestra que vamos por mal camino en ese duelo? Cuando eso afecta al sueño seriamente, cuando peligran las relaciones con los amigos por abandono y por desánimo y cuando, sobre todo, ponemos en peligro el puesto de trabajo. Es entonces cuando hay que apretar bien los dientes y los puños y decirse a uno mismo que la ruptura no puede arruinar su vida entera. Que hay que seguir y que quizás haya repuesto aunque no de inmediato. Y que uno no estaba destinado eternamente a vivir en pareja o con esa pareja, que todo nace y muere. Lo que no es de recibo, aunque yo lo respeto, por supuesto, es hundirse en el fango de la depresión y actuar como si la vida  de uno hubiese terminado así como el proyecto por una ruptura sentimental. De eso, nada. ¿Cómo va una persona joven o no tan joven a condicionar su vida por romper con su pareja, sobre todo si se sabe, se sospecha o se comprueba que su pareja no le quería ya o se cansó de ella? Mira que no hay cosas que hacer y en qué pensar en esta vida, una vez transcurridos los momentos iniciales del duelo. Así que dolor, sí, pero dolor eterno y permanente no parece que sea muy apropiado por romper relaciones.

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DISTANCIARSE
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Miguel Silveira | 17-12-2012 | 22:34| 0

 

Ponte de pie junto a una pared y pega tu cara contra ella. ¿Qué ves? Solo pared prácticamente. No podía ser de otra manera. A continuación vete separando y verás cómo ya entran en tu campo de visión otras zonas contiguas. Si te alejas más la pared va disminuyendo de tamaño en relación con el entorno. Y si pudieses separarte unos cien metros verás cuanto se ha reducido de tamaño al mismo tiempo que el resto del entorno ha cobrado mayores  dimensiones. Uso este ejemplo de relativización porque  sirve para el mismo objetivo, tratándose de las preocupaciones y obsesiones que a veces ocupan por completo nuestra mente, nuestra atención y nuestro campo de visión de las cosas. En cuanto algo nos preocupa u obsesiona ese algo se impone con tal fuerza que ocupa toda la pantalla de nuestra atención y ese acontecimiento, circunstancia, variable o suceso cobra una importancia desproporcionada y puede parecernos terrible en el momento. Como quiera que de ordinario las cosas no tienen tantísima importancia como nos lo parece o nos quieren hacer creer, no queda más remedio que relativizarlas, ponerlas en relación con el contexto. Ponerlas en perspectiva. Es decir, ponerlo en relación con toda nuestra vida o con el presente de nuestra vida, pero ubicándolas en el contexto que vivimos, rodeados de todo lo demás. Es decir, procede distanciarse mentalmente para poder tener control de nuestra angustia y ansiedad al ver que en realidad puede tener importancia, pero no tanta como en un primer momento nos parece. Situándolo dentro del conjunto de lo que rodea nuestra vida lo veremos como algo relativo, quizás pasajero y desde luego menos grave que en un primer momento. Es algo así como cuando entramos en Google earth y vemos la tierra desde lejos. Si bajamos hacia un punto, hacia la dirección donde vivimos llega un momento en que la pantalla del ordenador es ocupada totalmente por nuestra fachada o nuestra finca. Ella parece el mundo, pero a medida que nos elevamos de nuevo se convierte en un punto minúsculo.  Ha perdido importancia y relieve. Por qué no hacer lo mismo con ese sobresalto que nos da de vez en cuando, por el que nos parece que nada hay más allá ni más grave? Distanciarse mentalmente está en nuestro poder y debemos hacerlo para reducir nuestros a veces importantes y desproporcionados sufrimientos. Para distanciarnos también emocionalmente.

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SI TIENE QUE IR AL PSICÓLOGO
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Miguel Silveira | 09-12-2012 | 19:06| 2

 

 

Ya  que estamos en un blog como este viene a cuento orientar a los posibles usuarios de los servicios psicológicos, cuando estos tienen que buscar ayuda terapéutica, sobre distintos aspectos que conviene tener claros de antemano, sobre todo, si hay que pagar por el servicio.

En primer lugar usted tiene derecho a saber en qué va a consistir el tipo de terapia que le han de aplicar o cómo trabajará el profesional con usted, pues todas las terapias no son iguales. Pida siempre aclaraciones para poder decidir con conocimiento de causa y convencido de que ese plan de trabajo le interesa.

Pregunte cuanto tiempo aproximado estima el profesional que durará el tratamiento. Cuantas sesiones y cuanto le costará cada sesión para hacer bien sus cuentas. No espere a que pasen las semanas o los meses.

De ordinario un profesional experto no necesitará emplear varias sesiones y entrevistas para saber lo que le ocurre. Por eso el profesional debe saber y explicarle, en las primeras dos o tres sesiones cual es su problema (diagnóstico),  cómo evolucionará su caso (pronóstico), en qué va a consistir el tratamiento y qué resultado se espera. Todo profesional debe inspirarnos confianza por su autoridad científica  y profesional.

Si usted busca la ayuda y va muy motivado el resultado será mejor y más rápido. Si va porque otros se lo dicen o aconsejan, pero usted no está por la labor, no pierda el tiempo acudiendo. A no ser que acuda a ver si le convence la ayuda que le ofrezcan.

Son importantes las sesiones de terapia y su desarrollo pero el profesional tiene que darle tareas o ejercicios que deberá cumplir y aplicar entre sesiones para ver el progreso. Si no hay trabajo que hacer en esos intervalos, no se puede avanzar satisfactoriamente, pues de lo que se trata en toda terapia es de cambiar y no se cambia solo porque le expliquen su caso, su problema, su trastorno y sus errores. Si duda de la utilidad de los ejercicios pida que se las aclaren.

Hay terapias que consisten en que usted hable y hable, sesión tras sesión, de aquello que siente, piensa o hace, pero habrá de saber que esa terapia no es tan eficaz ni rápida como la de recibir pautas y orientaciones que le ayuden a cambiar a encontrar alivio, a medida que las aplica.

No se corte y dígale al profesional cuales son sus dudas respecto al tratamiento, si las tiene, y respecto a su eficacia. Vale más preguntar que quedar con la duda.

No espere nunca a que pasen semanas o meses sin notar el progreso. Este puede y debe experimentarse poco a poco a las dos o tres semanas como mucho, aunque luego le lleve más tiempo su consolidación.

Recuerde que cambiar de forma de pensar respecto a algunas cosas de la vida lleva tiempo pero “empezar a cambiar” su estilo de vida y forma de actuar no lleva casi nada.

Hay que ser asertivos y no temer preguntar lo que no se sabe. Vale más enterarse al principio que luego quemarse constatando que se ha perdido un tiempo precioso. El verdadero profesional  no tendrá inconveniente en informarle como usted se merece. Es todo.

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Sobre el autor Miguel Silveira
Psicólogo clínico, experto en ansiedad y estrés C/ Carlos Marx,1 - 6º D Gijón (Asturias) http://www.miguelsilveira.com http://www.estresyansiedadonline.com

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