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LA FUERZA DE LA DETERMINACIÓN

 

Pocas veces tiene uno la ocasión y la satisfacción, como la acabo de tener,  de constatar que una persona, mayor, de 61 años en este caso, ha sido capaz de cambiar radicalmente del estilo que venía mostrando ante si y ante los demás, gracias a la firme determinación con la que decidió cambiar.

Se pasaba los dias lamentando su pasado, llorando por las muchas vicisitudes y dolores que había experimentado en su vida, por sus decepciones familiares y cantando su depresión a través de su rostro angustiado y triste. ¿Y qué se iba encontrando? Más rechazo y mayor aislamiento, más angustia y mayor retraimiento, incapaz de disfrutar de su dia a dia y de aprovechar la vida que aún le queda.

Le propuse un cambio radical, un cambio de actitud ante la vida, un abandono del continuo lamento y del repaso de su desgraciada vida, un centrarse en el presente y un cambio de varios comportamientos personales y sociales, así como un control mental y fisiológico de su estado  acompañado de  una evaluación diaria de su progreso, si es que se atrevía y decidía a dar ese gran paso, nada fácil, en general y menos a su edad.

Lo tomó muy en serio y en un tiempo record ha logrado una espectacular transformación, que no solo ha notado interiormente sino que quienes la conocen y la tratan lo han notado también y se ha reconciliado con la vida, con la sociedad y con su gente. Se lo dicen y se siente reforzada, alimentada en su autoestima.

Y todo porque tomó la decisión firme y la determinación de poner su voluntad a favor de la transformación que se le ha ofrecido. El milagro se ha dado. Sólo queda que siga alimentando esa fuerza y podrá contar estas semanas como un punto de inflexión, como un antes y un después en su ya prolongada existencia. Carmen, (es un nombre ficticio) muchas felicidades y mi admiración y reconocimiento. Lástima que no pueda mostrarte con nombre y apellidos como ejemplo y tú poder contarlo a tantos y tantos que no se ven capaces de ponerse con fuerza imparable a luchar por conseguir sus objetivos. Pero aquí queda el testimonio de esta hazaña, porque una hazaña es, si hablamos claro, hacerlo a esa edad en que parece que ya es tarde para cambiar de estilo y hábitos y después de ir cargando en tu mochila tan grandes sufrimientos.

 

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LA FUERZA DE LA DETERMINACIÓN

 

Pocas veces tiene uno la ocasión y la satisfacción, como la acabo de tener,  de constatar que una persona, mayor, de 61 años en este caso, ha sido capaz de cambiar radicalmente del estilo que venía mostrando ante si y ante los demás, gracias a la firme determinación con la que decidió cambiar.

Se pasaba los dias lamentando su pasado, llorando por las muchas vicisitudes y dolores que había experimentado en su vida, por sus decepciones familiares y cantando su depresión a través de su rostro angustiado y triste. ¿Y qué se iba encontrando? Más rechazo y mayor aislamiento, más angustia y mayor retraimiento, incapaz de disfrutar de su dia a dia y de aprovechar la vida que aún le queda.

Le propuse un cambio radical, un cambio de actitud ante la vida, un abandono del continuo lamento y del repaso de su desgraciada vida, un centrarse en el presente y un cambio de varios comportamientos personales y sociales, así como un control mental y fisiológico de su estado  acompañado de  una evaluación diaria de su progreso, si es que se atrevía y decidía a dar ese gran paso, nada fácil, en general y menos a su edad.

Lo tomó muy en serio y en un tiempo record ha logrado una espectacular transformación, que no solo ha notado interiormente sino que quienes la conocen y la tratan lo han notado también y se ha reconciliado con la vida, con la sociedad y con su gente. Se lo dicen y se siente reforzada, alimentada en su autoestima.

Y todo porque tomó la decisión firme y la determinación de poner su voluntad a favor de la transformación que se le ha ofrecido. El milagro se ha dado. Sólo queda que siga alimentando esa fuerza y podrá contar estas semanas como un antes y un después en su existencia. Carmen, (es un nombre ficticio) muchas felicidades y mi admiración y reconocimiento. Lástima que no pueda mostrarte con nombre y apellidos como ejemplo y tú poder contarlo a tantos y tantos que no se ven capaces de ponerse con fuerza imparable a luchar por conseguir sus objetivos. Pero aquí queda el testimonio de esa hazaña, porque una hazaña es, si hablamos claro, hacerlo a esa edad en que parece que ya es tarde para cambiar de estilo y hábitos y después de arrastrar tan grandes sufrimientos.

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LO DIFÍCIL FUE ANTES QUE LO FÁCIL

 

Así  es y así tiene que ser. Cuando propongo a mis pacientes algún cambio en su estilo de vida y pensamiento, aunque no sea muy importante, prácticamente todos dicen que lo que les mando es difícil. A lo que les respondo: puede ser dificil pero ¿es imposible? No, suelen responder.

De todas formas cualquier cambio en nuestros hábitos y tendencias aprendidas supone violentar la voluntad que se inclina del lado de nuestras costumbres. Para que algo llegue a ser fácil se requiere una práctica masiva, un ejercicio repetido y repetido en cualquier área. La repetición conduce poco a poco al dominio de la habilidad que estemos practicando. Parapetarse por lo tanto en la dificultad no deja de ser una razonable excusa para no embarcarse en la incomodidad del cambio. Suena bien y parece razonable que lo que tengamos que hacer cueste un esfuerzo.

Pero los decididos y determinados a conseguir sus fines y objetivos no se quedan en la percepción de la dificultad, antes muy al contrario se siguen entrenando contra viento y marea hasta que lo forzado en un principio se automatiza, eso sí, después de centenares o de miles de ensayos y de intentos. Una vez automatizado lo difícil se convierte en lo fácil. Séneca dijo: “¿ Acaso se llega a lo alto de la montaña por el llano?”

En la perseverancia, que es el mejor mecanismo que podemos activar para llegar al centro de la facilidad, es donde falla el 95% de todo el personal.

Pero el camino es ese, cualquiera que sea el ámbito. Y la recompensa es la satisfacción plena, las sensación de plenitud, la felicidad de coronar la cumbre y disfrutar del descanso, tan sólo por un breve periodo.

Porque luego, lo que queda es seguir manteniendo el trabajo ya que, si abandonamos confiados en la consecución y el logro, se vuelve, de manera muy “fácil” al comienzo, de nuevo.

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NUEVOS MÉTODOS, NUEVOS RESULTADOS

Poco más claro se puede decir con tan pocas palabras. Fue Einstein quien dijo aquello de “Si quieres obtener resultados diferentes no hagas siempre lo mismo”. Sin embargo esta frase aparentemente simple y evidente no lo debe ser tanto al común de los humanos porque aún viendo que los resultados que obtenemos no sólo no son buenos sino que nos perjudican, aún así seguimos aplicando el mismo método y poniendo en práctica las mismas conductas. El aserto tiene de positivo que es transversal a todos los asuntos de la vida. Pongamos algún ejemplo ilustrativo. Hay parejas que viven en un conflicto permanente (resultado), que no les agrada, pero no se plantean que quizás el método que siguen en su relación les lleva a ese resultado. Sigue cada uno acusando al otro de los fallos en la convivencia en lugar de plantearse cada uno que es lo él o ella misma está haciendo mal e intentar corregirlo. Siguen discutiendo en lugar de sentarse a dialogar para llegar a acuerdos, si procede. Hay a quien le van mal las cosas en su salud (resultado) pero no cambian ni su estilo de vida, de alimentación o de descanso. Hay quién se va quedando cada vez más aislado (resultado) pero sigue agobiando, criticando, abandonando a los amigos o poniendo obstáculos en sus relaciones en lugar de cambiar de actuación y de método.
No es sencillo a veces descubrir donde fallamos, en qué procedimientos, pero si nos parásemos a veces y a veces consultásemos, saldríamos de la duda y sólo faltaría ponerse a ello. Quizás la clave esté en que, a pesar de no gustarnos nuestros logros nos situamos en la zona de confort a pesar de sus efectos negativos. Cambiar siempre es incómodo, pero esa es otra historia.
De todos modos Einstein tiene razón.

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UNA CLAVE PARA CAMBIAR

Cuando de cambiar algo de nosotros se trata lo primero que es necesario es saber qué hacemos mal y por tanto es necesario modificarlo. Si la ignorancia es nuestro aliado poco se puede hacer salvo ir dando palos de ciego. Se impone por lo tanto saber y aclararse. Pero con saberlo no es tampoco suficiente pues es como saber tocar el piano y no tocar una melodía. Es necesario ponerse a practicar las nuevas conductas deseadas. Pero tampoco es suficiente, para ser claros, pues podemos cansarnos enseguida y que todo quede en una buena intención sin mayor trascendencia. Es necesario finalmente ponerse a mantener el cambio el tiempo necesario hasta que nos conste que el hábito está aceptablemente constituído. Es aquí donde falla el noventa y cinco por ciento de las personas porque para las labores de mantenimiento, como en cualquier empresa, se requiere un esfuerzo continuado, algo que en estos tiempos ha ido perdiendo vigencia y no es una moneda de curso legal, que digamos.

De todas formas hay un aspecto que no falla en ese primer estadio, que es el de saber qué hacer o no hacer. Cuando estamos llevando a cabo comportamientos negativos, dañinos o nocivos para nuestra salud o para nuestras relaciones lo que no falla nunca es recurrir a los contrarios. Porque hacer lo contrario de lo negativo es siempre lo acertado. Si eres un glotón trata de quedar con hambre, si eres acelerado vete algo más despacio, si piensas siempre mal piensa algo bien de vez en cuando, si no perdonas nunca, perdona los defectos ajenos, si dejas para mañana las cosas procura hacerlas hoy, eres agresivo sé cortés, amable o afable y así sucesivamente. De esta forma no fallarás jamás.

Ah y también es una guía disminuir las conductas indeseables así como aumentar las que son escasas en nuestro repertorio.

Solo hace falta finalmente otro requisito. Querer llevar a cabo tales cambios. Si no se desea cambiar todo lo demás sobra, las cosas como son.

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LO QUE NO SON CUENTAS…¡SON CUENTOS!

Para los matemáticos, ingenieros, economistas y profesionales por el estilo  lo importante son los números, es decir, que lo que no son cuentas, son cuentos. Esto parece que no rige en los tratamientos o terapias psicológicas, donde gran parte del imaginario social es que la cosa consiste en hablar y contarle al terapeuta las cuitas del paciente, sus pensamientos y creencias y cómo va pensando y sintiendo según avanzan las sesiones. No cabe duda que eso se practica más de lo necesario y yo me hago cruces de ver cómo hay personas que asisten a sesiones y sesiones donde todo consiste en esos intercambios verbales y si acaso hacer algún apunte, referencia o recuento de tales pensamientos en situaciones varias. Pues no, amigos. Esto de las cuentas o los números también se debería aplicar en las terapias psicológicas. Estas deberían ser una especie de ingeniería también. Si en ella no se da un recuento de conductas externas, sobre todo, junto a algunos pensamientos y reacciones fisiológicas para luego cambiarlas según avanzan las sesiones, suena a cuento chino. Las cuentas tienen que salir. Cuando el paciente llega al psicólogo se tiene que evaluar y contar todo lo que el paciente piensa, siente y sobre todo hace y, dirigido por el terapeuta, deberá de cambiar todo aquello que le está perjudicando para conseguir disminuir de manera específica, medible y constatable su malestar y aumentar su bienestar en los mismos parámetros. Eso es lo que cuenta. Si no se hace un establecimiento de objetivos, de medios a utilizar y no se van obteniendo resultados contados y contables, en base a la intervención que proceda, no se puede hablar de una terapia efectiva, no se puede hablar de un cambio operativo, constatable y medible, no puede conducir a una terapia eficaz, es decir con resultados palpables. Tienen que cuadrar los números, el número de conductas, pensamientos, actitudes, y estado fisiológico que ha cambiado para alivio y regocijo del paciente. Tiene que haber una diferencia entre el estado que presentas cuando llegas y el que obtienes cuando acabas la terapia, a no ser que el paciente no esté por la labor, en cuyo caso la terapia debería interrumpirse. No es tarea fácil, entre otras cosas porque cambiar supone siempre  resistencia, pero es posible y necesaria. Si no, suena a cuento, a construcción subjetiva  y  a humo o a paja, sin grano que lo acompañe. La terapia consiste en que al paciente se le diga en concreto qué le ocurre, por qué y qué deberá hacer para que su sufrimiento disminuya y se vea el resultado en base a la cantidad (número) y calidad del cambio introducido.  Lo que no son cuentas…son ¡cuentos!, amigos.

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Sobre el autor Miguel Silveira
Psicólogo clínico, experto en ansiedad y estrés C/ Carlos Marx,1 - 6º D Gijón (Asturias) http://www.miguelsilveira.com http://www.estresyansiedadonline.com

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