El Comercio
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Categoría: EMOCIONES
10 PASOS PARA AUMENTAR LA SEGURIDAD EN UNO MISMO

 

1.- Esforzarse en hacer pequeños progresos y tomar conciencia de que son obra propia,  de que uno es el autor, lo que aumenta la percepción de autoeficacia.

2.- Centrar la atención más en las cualidades que uno tiene, que en los fallos, limitaciones y carencias propias.

3.- Tomar muchas decisiones y no arrepentirse con frecuencia o cambiarlas al dudar de uno mismo.

4.- No hablar mal de uno mismo con frecuencia y hablar bien de vez en cuando.

5.- Visualizarse como capaz de hacer las cosas que uno quiere.

6.- Actuar externamente “como si” uno fuese seguro de si mismo: esto significa moverse, levantarse, sentarse, conducir, hablar, etc. “como si” uno fuese seguro de si mismo, aunque no se sienta así, de entrada. Acabará sintiéndose.

7.- Decir NO u oponerse cuando uno tiene razón o al defender sus ideas en lugar de renunciar a las ideas propias, con tal de  ganarse la aceptación  y estimación ajenas.

8.- Hablar con volumen audible: a los que hablan muy bajo no se les tiene en cuenta.

9.- Hablar despacio y vocalizando: los que hablan muy deprisa no son tenidos en cuenta y menos si además no se les entiende.

10.- Exponer las opiniones propias y defender los derechos propios sin miedo a lo que digan o al rechazo.

 

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PERO ¿Y…si…SÍ?

Quienes tienen excesivo respeto por lo que los demás puedan pensar de ellos o porque les pueda molestar su proceder. Los que por distintas razones no son seguros de si mismos y dependen de la reacción ajena, optarán por dejarse vencer por el miedo al intentar hablar, reclamar, pedir, preguntar, a los demás, sean jefes,  simplemente encargados o empleados de otras empresas o instituciones y se  quedarán cortos, se callarán o frenaran sus ganas por si el otro se siente molestado y se quedarán sin saber, sin obtener, sin lograr, sin conseguir, sin ser atendidos por ese miedo a molestar, al rechazo, al ridículo o a que no les hagan caso simplemente.

¿Qué se deriva de tal freno por miedo? La desazón y rabia que da el bloqueo, la tensión y ansiedad que da pasar desapercibido por guardar ese silencio que debe ser violado en muchos casos.

El miedo es un muro que se interpone entre nosotros y aquellos que pueden juzgarnos, ignorarnos, reñirnos, rechazarnos o enfrentarse a nosotros. Si el muro irracional no lo rompemos perdemos libertad de movimientos, montones de ocasiones de ganar, darnos a conocer, de desahogarnos, de reclamar aquello que es nuestro, de quedar liberados, de obtener lo que nos corresponde, de ser reconocidos, de sentir que podemos, de que se nos valore o reconozca, de que obtengamos aquello que legítimamente deseamos.

Da igual cuales sean las causas de ese miedo, lo importante es saber que debe ser vencido a base de enfrentar lo que tememos. Saber el origen o la causa no resuelve el problema. Hay que limpiar la mente de los obstáculos que la mayoría de las veces construimos nosotros, que no están puestos por nadie en el camino.

Envidio a los valientes y atrevidos porque en comparación con los cobardes o tímidos son unos conseguidores, resolutivos y libres en sus movimientos, personas relajadas que sueltan las palabras que les sirven para que los demás les escuchen y hagan caso. Envidio a los que se expresan y si les dicen no o no les hacen caso, no se arredran, más bien seguirán insistiendo.

El miedo al qué dirán o lo que piensen, cuando pedimos algo o preguntamos algo, creo que es la emoción más extendida en este nuestro universo social. Y solo se le vence hablando, actuando y haciéndose escuchar.

El NO ya lo tenemos de antemano, pero ¿y..si…SI?

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¿Y ESO AYUDARÍA?

Me gustó encantó la película “El puente de los espías”, pero cada uno sacará de su visión lo que más le interese. A mi me pareció excelente, entre otras varias cosas, lo que Abel, el espía ruso, después de ser detenido, le dijo a su abogado  cuando este le preguntó ¿Está usted preocupado?. La respuesta, un par de veces en el film fue, con total serenidad y frialdad “¿Eso ayudaría?”. Muy práctico en efecto y extrapolable a varias situaciones de la vida.

Algunas de las reacciones que tenemos ante los acontecimientos vitales las realizamos sin más, por inercia, sin parar a preguntarnos si eso que estamos haciendo ayuda, nos ayuda o mas bien nos perjudica. A posteriori si nos lo preguntásemos seguro que concluiríamos que no solo no ayuda sino que perjudica. No es que por preguntárnoslo y saberlo ya esté solucionado, ya hayamos conseguido neutralizar esa reacción de preocupación, obsesión, etc. etc. pero al menos  podrá contribuir a  tratar de evitarlo. Es una postura pragmática, de pura utilidad. Lo que no ayuda deberíamos preterirlo, porque simplemente no es rentable ni eficaz.

Y hablando de la preocupación, algo tan natural en los humanos cuando estamos atrapados en alguna amenaza, alguna incertidumbre, algún peligro o alguna adversidad, ciertamente no ayuda sino que nos angustia y desasosiega. Pocas cosas hay que nos creen tanto desasosiego como preocuparnos, es decir, anticipar males mayores o desastres, que, por cierto, cuando ocurren, si llegan a ocurrir, no lo hacen nunca exactamente con la gravedad y dramatismo que habíamos anticipado e imaginado.

¿Eso ayudaRÍA? Vaya pregunta de diez, vaya técnica mental, vaya forma de tener el control de nuestra mente!

 

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EL AMOR NO SE MENDIGA

 

Hay quien, porque se siente solo o con falta de amparo y en cuanto su pareja le es infiel o decide separarse, quizás porque se cansó de la relación, le entra más el miedo a quedarse solo o desamparado y a partir de ese momento comienza a suplicar el cariño  a la otra parte, como si de esa forma  fuese a conseguir resucitar el cariño perdido o muerto ya .

El amor o el cariño es un tren de ida y vuelta. Se da y si se recibe o si se recibe y se devuelve es que el principio de acción y reacción está funcionando. Pero si se da y no se recibe en medida apropiada esa relación  está llamada a fracasar. Si uno se enamora no por eso el otro/a ha de sentir lo mismo. Las personas que se dan porque aman, si pierden la pareja se desfondan y muchos se empeñan en mendigar el cariño, pensando que con ello, pidiendo o dando pena, el otro  reaccionará de la misma manera cuando es precisamente lo contrario. En cuanto una persona está dispuesta a hacer lo que haga falta con tal de que el otro la ame, ignora o no quiere ver que por ese camino lo que logra es más separación y alejamiento en lugar de ganarse la admiración y la atracción a no ser que el receptor sienta el mismo afecto. Cuando no se consigue que la otra parte le pierda el respecto. Cuanto más se empeña la persona en ganarse el afecto, una vez que el otro lo ha perdido, más se complican las cosas entre los dos y dentro de él o ella misma, porque sufre mayor desgarro al comprobar que no hay viabilidad ni resultado.

El cariño se da y si no hay respuesta después de varios intentos hay que cambiar de destinatario. Es más práctico y aunque implica de entrada sufrimiento supone un ahorro del mismo a corto y medio plazo.

 

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EL CARIÑO NO SE MENDIGA

 

Hay quien, en cuanto su pareja decide separarse, quizás porque se cansó de la relación, le entra el miedo a quedarse solo o desamparado y a partir de ese momento comienza a suplicar el cariño como si de esa forma lo fuese a conseguir.

El amor o el cariño es un tren de ida y vuelta. Se da y si se recibe o si se recibe y se devuelve es que el principio de acción y reacción está funcionando. Pero si se da y no se recibe en medida apropiada esa relación  está llamada a fracasar. Si uno se enamora no por eso el otro/a ha de sentir lo mismo. Las personas que se dan porque aman, si pierden la pareja se desfondan y muchos se empeñan en mendigar el cariño, pensando que con ello, pidiendo o dando pena, el otro  reaccionará de la misma manera cuando es precisamente lo contrario. En cuanto una persona está dispuesta a hacer lo que haga falta con tal de que el otro la ame, ignora o no quiere ver que por ese camino lo que logra es más separación y alejamiento en lugar de ganarse la admiración y la atracción a no ser que el receptor sienta el mismo afecto. Cuando no se consigue que la otra parte le pierda el respecto. Cuanto más se empeña la persona en ganarse el afecto, una vez que el otro lo ha perdido, más se complican las cosas entre los dos y dentro de él o ella misma, porque sufre mayor desgarro al comprobar que no hay viabilidad ni resultado.

El cariño se da y si no hay respuesta después de varios intentos hay que cambiar de destinatario. Es más práctico y aunque implica de entrada sufrimiento supone un ahorro del mismo a corto y medio plazo.

 

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LA CULPA INJUSTIFICADA ¡A LA BASURA!

 

Quien a sabiendas ha hecho daño lo lógico es que sienta culpa y remordimiento y cuanto antes se disponga a compensar el daño a través de distintas acciones siempre que el perjudicado viva aún para que se sienta redimido y compensado. En ese caso, por lo tanto, es lógico y es bueno que la culpa emerja en el sujeto. Sería un mecanismo adaptativo y por tanto sincero. Pero dejar que la culpa nos invada y nos torture cuando el perjuicio no ha sido intencionado, no debe permitirse. Si actuaste como creías que era mejor, pero te equivocaste, aunque sea un error, podr´s ser responsable del error, pero nunca culpable moralmente. Lo hiciste como mejor supiste y deseaste, con la intención mejor y por lo tanto ignorante del daño que podría derivarse. Por eso, aunque el sentimiento de culpa te visite, no debes permitir que te esponje y te impregne poniéndote en riesgo de quedar torturado largo tiempo. Si además ya no puedes resarcir el daño, el tormento será mayor aún. Por eso, seamos claros, no habiendo intención de hacer mal no debe consentirse ser presa de la culpa y del remordimiento. Otra cosa distinta es, si se puede, corregir el error o incluso pedir disculpas, pero nunca dejar que nos impregne esa emoción tan destructiva. El caso es que muchos, más de los que parece, se dejan anular oprimiendo su pecho por la angustia. En efecto, pudiste colaborar sin pretenderlo a que las cosas saliesen mal, pero no eres culpable en el sentido ético. Por tanto no pierdas más tu tiempo ahogado por la culpa. Otras veces, incluso, hay quien se culpa sin que el mal derivado fuese causado por el mismo ni involuntariamente. Razón demás para no angustiarse. La culpa, cuando no hubo intención de dañar, ¡a la basura!

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Sobre el autor Miguel Silveira
Psicólogo clínico, experto en ansiedad y estrés C/ Carlos Marx,1 - 6º D Gijón (Asturias) http://www.miguelsilveira.com http://www.estresyansiedadonline.com

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