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Categoría: pensar
ESTUDIÉ Y “ME” HAN SUSPENDIDO

 

Esta fórmula es la que mejor expresa cómo echar balones fuera y atribuir a los demás las responsabilidades que solo a nosotros nos competen. Lo lógico sería decir : “estudié y he suspendido ”, lo que indica que no estudiaste suficiente para ganarte el aprobado.

Uno es la mayor parte de las veces responsable de lo que le sucede. Puede haber accidentes fortuitos, puede haber casualidades con las que uno se encuentra en el camino sin haberlas buscado, eso es bien cierto, pero en lo que se refiere a los resultados que vamos obteniendo en nuestras vidas una aplastante mayoría de ellos proviene de lo que hayamos puesto, de lo que hayamos hecho, pensado o realizado nosotros mismos.

En informática existe el acrónimo GIGO que significa  “Garbage In, Garbage Out” (entra basura, sale basura) y que por extensión puede aplicarse a otros muchos aspectos de la vida. Lo que sale es lo mismo que lo que has metido. Si en tu cerebro metes basura en forma de pensamientos negativos ¿qué esperas obtener? ¿optimismo, ilusión, esperanza, éxito, logros y determinación? Seamos serios.

Si uno estudia con esfuerzo, disciplina y con perseverancia es imposible suspender si el profesor o la máquina que corrige los tests actúan conforme a la lógica.

Claro que tomar en consideración esta cuestión supone asumir la responsabilidad de que lo que nos suceda o cosechemos será lo que  hayamos sembrado, metido, introducido en nuestro modo de vivir  y comportarnos.

Es fácil culpar a los demás de nuestros males, de nuestros sufrimientos y altibajos, de nuestras depresiones y fracasos. Es fácil recurrir al “tengo mala suerte”. Es fácil culpar a los gobiernos, a los jefes o a los compañeros, a los padres o a los hijos, a los a los demás en general de nuestros pobres resultados y no es que ellos no tengan responsabilidad, que la tienen sin duda y deben asumir, pero no debemos por sistema atribuir a los agentes externos lo que en última instancia es atribuible a nosotros en cuanto individuos responsables de nuestro propio crecimiento, de nuestras decisiones personales y de nuestros actos cotidianos.

Es más fácil echar la culpa a los demás, es más cómodo,  y hasta queda muy bien, porque lo contrario nos obliga a esforzarnos y el esfuerzo sabemos bien que tendemos a rehuirlo. Pero no es serio. Si uno quiere cosechar buenos resultados en su vida debería madurar y responsabilizarse de lo que va metiendo en su cerebro, en su trabajo, en sus relaciones  o en el saco de su existencia cotidiana, sea cual sea el área a que nos refiramos. Suspendiste? Es que no has estudiado o has estudiado  poco para ser aprobado.

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¿QUÉ PENSARÁN DE MI?

 

Pobre de aquel o aquella que en cuanto sale de su casa  les da por comportarse conforme a lo que están convencidos de que los demás están pensando de ellos.! Hay muchos más de los que parece que viven demasiado pendientes y colgados de lo que creen que cree la gente, lo que sin duda les produce inquietud, freno pero también tormento.

Conviene señalar que una cosa es lo que piensas tú, otra cosa distinta es lo que  los demás piensan de ti y otra muy diferente lo que tú crees que ellos piensan de ti. La primera y segunda son totalmente diferentes, pero es que la tercera de la que muchos hacen una regla a seguir o una verdad irrefutable, casi nunca coinciden, pues mientras vives convencido de que tu vecino está pensando lo obeso que estás o mal peinado, lo pobre, bajo, tonto, ridículo o incapaz lo que en realidad en ese instante le pasa por su mente ¡son sus cosas e intereses!. Está pendiente de lo suyo y sus asuntos. Igual que a ti te ocurre. Y si por casualidad en algo coincidiese sería casualmente solo un par de segundos y aún asi no debería importarte.

¿No te parece que no puedes vivir a expensas de lo que piensen los demás? ¿Es que no eres nadie sin tener como referencia los pensamientos ajenos sobre ti? ¿No tienes tu propia identidad? ¿O crees que solo vales si ellos te valoran? Qué pérdida de tiempo  y energías! Alguna precaución hay que tener al actuar delante de la gente pero de ahí a conducirse conforme a lo que uno cree que los demás están pensando hay mucha diferencia. Vive según tus propios gustos, proyectos, intenciones, intereses, anhelos y valores y, sobre todo según tus convicciones y deja a los demás que vivan como quieran y piensen lo que gusten. Es problema de ellos. ¿Tienes en verdad ganas de complicarte tanto la vida? Lo que de verdad cuenta o debería contar es lo que piensas de ti mismo. Y por la cuenta que te tiene procura que sea bueno y pasa de la gente!

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CAMBIANDO TUS PENSAMIENTOS, CAMBIAS TÚ

Es muy sabido y manido que los pensamientos influyen en nuestra vida para bien o para mal según su contenido y la duración de su presencia en nuestra mente, pero últimamente se va abundando más en esa idea y concretando cada vez más las apasionantes consecuencias que ello tiene en nuestras vidas, empezando por nuestro cerebro. Cambiando los pensamientos y cultivando una actitud positiva y entrenándola debidamente durante largo tiempo nos exponemos a sentir agradables efectos en nuestro organismo. Empezando porque los pensamientos producen nuevas conexiones neuronales. Si los que cultivamos son de buena calidad y de positividad provocarán nuevas y buenas redes neurales y con ello un estado emocional positivo y  el consiguiente bienestar físico derivado. Pero no solo eso. Según la moderna ciencia epigenética somos capaces de activar muchos genes buenos o malos, tantos como el 85% de ellos, algo que hasta hace poco era tabú decirlo y nadie lo creía porque se pensaba que toda nuestra carga genética era inamovible y determinaba en gran parte nuestro destino en cuanto a enfermedades y salud. Eso significa traer a colación que somos responsables en gran parte de algunas de las enfermedades que sufrimos al activar genes negativos y causantes por la misma razón  de nuestro buen estado de salud al activar los genes buenos, por decirlo de modo que se entienda. No es que nuestra forma de pensar sea la única que produce esos efectos, pues el entorno, la alimentación, y el estilo de vida que llevamos también son de gran influencia, pero aquella es bastante determinante por ese solo hecho de que los pensamientos cambian nuestro organismo, comenzando por el cerebro y siguiendo por las hormonas y el resto del sistema.

Para       aquellos cuya forma de pensar sea más bien negativa va dirigido esto, advirtiendo que la forma de cambiarla no es emitiendo de vez en cuando algunos pensamientos de contenido positivo sino repasando una y otra vez y entrenando repetidamente nuestras expectativas positivas. Y digo una y otra vez porque para disminuir  la frecuencia de lo negativo hace falta  aumentar la frecuencia y duración de las imágenes y pensamientos positivos. Uno solo o poquitos granos no hacen granero aunque ayuden a los compañeros.

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PRECIPITACIÓN EMOCIONAL

Sabemos con certeza que los seres humanos somos animales emocionales y que nos movemos fundamentalmente según sea el estado anímico en que nos encontremos. Esto no es nada  nuevo pero también es obvio que a veces, a posteriori, tenemos la experiencia y sensación de que nos hemos precipitado y equivocado por dejarnos llevar de esos impulsos. Como quiera que la emoción es un estado que invade nuestro ser e incluso tiñe de color hasta la mente o como un fuego que nos quema, no es extraño que impulsados por ello tomemos decisiones que luego se antojan desproporcionadas cuando no equivocadas e inoportunas. LLevados además de la ansiedad que nos caracteriza se juntan ambos estados y allá que nos lanzamos sin pensarlo dos veces. Pero cuando vemos que ya es tarde, al darnos cuenta del resultado, sobre  todo si es adverso, lo mejor es mentalizarse de dejar pasar el fuego, el fogonazo, el calentón y decidir después,  una vez enfriado nuestro estado. No es que siempre se yerre decidiendo al compás de las emociones del momento, pues a veces se acierta, pero en los casos de fracaso es mejor concluir que esperar es lo más apropiado y conveniente. Hay algunos estados emocionales en los que hay que cuidar especialmente el no precipitarse. Me refiero a la ira intensa, al rencor,  a los celos, la envidia o la ansiedad principalmente. Puesto que las emociones nos hacen impacientes lo bueno es esperar a que cambie el color del sentimiento para tomar algunas decisiones. Lo que vengo a decir es que, puesto que también somos seres racionales, haremos bien en ejercer la racionalidad al menos de vez en cuando y sobre todo cuando nos juguemos algo de importancia. Frente a la incontinencia emocional, algo de continencia y de espera serena.

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RELATIVIZAR

Cuando se nos presenta un problema, adversidad o contratiempo de inmediato la reacción es centrar casi toda nuestra atención sobre el asunto, lo que constituye una reacción adaptativa y llena de lógica. No es tal sin embargo, cuando, conforme pasan las horas o los dÍas, nuestra atención sigue focalizada en demasía en el tema, pegada como un mosquito a la bombilla, hasta el punto de absorber nuestra energía en detrimento de otras tareas que también requieren nuestra atención. Es como si entrásemos en el cine y nos sentásemos en la primera fila de butacas y no viésemos otra cosa que la pantalla, acaparando la película toda nuestra atención. Sin embargo, una vez que advertimos que seguimos absortos por la preocupación, con el paso del tiempo la reacción que se impone es situar el acontecimiento dentro de un contexto más amplio y general, lo que llamaríamos una amplia perspectiva para que aquel ocupe el lugar que de verdad le corresponde dentro de nuestro contexto de vida, familiar, social y personal. Es decir ponerlo en relación o relativizarlo. No se trata de quitarle importancia sino de darle la que tiene, no más ni excesiva, en función del contexto temporal y espacial en el que se produce y nos afecta. Así las cosas experimentaremos cierto alivio si es que la preocupación había llegado a obsesionarnos. Todos los contratiempos no tienen la misma intensidad, densidad o peso específico y por eso conviene valorarlos equilibradamente. Un apunte final: la importancia concedida aumentará en función de nuestro estado de ansiedad. A más ansiedad y tensión emocional, a más desbordamiento y negatividad mayor relieve y más abrumador el peso que se siente. Queda claro: distanciamiento emocional y serenidad es lo adecuado.

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SOMOS PROTAGONISTAS

 

Hay una evidencia puesta de manifiesto por las neurociencias, a saber, que todo lo que hacemos, sentimos y pensamos modifica nuestro cerebro (esto no se sabía hasta el advenimiento de esas ciencias) pero no sólo se modifica el cerebro sino también nuestra vida (esto sí se sabía). Son informaciones relevantes pero lo extraordinario es que somos nosotros los que podemos elegir qué pensamos, qué sentimos, qué hacemos con lo que tenemos el poder para influir en nuestro cuerpo y determinar en parte nuestra salud o enfermedad, en los resultados que obtenemos en la vida, a nivel personal, social o profesional,  en las consecuencias que de ellos se deriva y en nuestro modo de vivir. No somos sobre todo sujetos pacientes, víctimas, si se quiere, de nuestros pensamientos, emociones y conductas. Tenemos en nuestras manos la libertad de elección y el poder que eso nos confiere y por tanto tenemos en nuestro poder determinar qué tipo de vida queremos llevar así como librarnos de muchos sufrimientos. Si no tenemos desarrollada esa conciencia nos estamos perdiendo mil oportunidades de disfrute y progreso y corremos el riesgo de que sean otras personas quienes nos influyan y determinen los resultados a los que nos expongamos. Somos protagonistas de nuestras vidas, agentes causales libres, aunque la libertad no sea completa. Cierto que el entorno influye sobre nosotros pero en último término depende de nosotros cómo filtremos la influencia. De nosotros depende qué actitud tomaremos ante los acontecimientos y actuaciones de la gente y por tanto depende cómo nos sentiremos. Depende de nosotros elegir o decidir qué comemos, bebemos, cómo trabajaremos, con quien nos relacionamos y cómo, qué estilo de vida escogemos, lo que vemos, dejarnos influir por la publicidad o por los medios, gastar o no gastar y en qué, en fin una lista interminable. Todo esto representa una buena ocasión no sólo para pensar cómo elegimos sino para educar a nuestros hijos en su capacidad de decisión sobre ellos mismos para que no se expongan a ser manipulados. Merece la pena reflexionar sobre este asunto con frecuencia.

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Sobre el autor Miguel Silveira
Psicólogo clínico, experto en ansiedad y estrés C/ Carlos Marx,1 - 6º D Gijón (Asturias) http://www.miguelsilveira.com http://www.estresyansiedadonline.com

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