El Comercio
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¡ES UNA GUERRA, AMIGOS!
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Miguel Silveira | 19-11-2016 | 21:34| 0

 

No puede haber armisticio ni negociación. Solo cabe o vencer o ser vencidos. Es imposible porque se trata de una guerra permanente. No es pesimismo, sino realismo puro.

Por un lado estamos nosotros, los humanos, tú y yo en cuanto seres humanos. Este es uno de los bandos. En el de enfrente están los contratiempos y las adversidades que cuando menos lo pensamos aparecen, nos sorprenden al paso del camino, acechados o que se les ve venir. Son el enemigo.

Y con este enemigo no caben ni componendas, ni negociación ni pactos. Imposible. Se trata de un dilema, de que o ganamos esa guerra o seremos vencidos.

Tampoco es solución esconder la cabeza o hacernos los despistados, dejarlas pasar porque se imponen delante de nuestra vista y si pretendemos no verlas nos pasan la factura. No hay remedio.

Adoptan varias formas, se presentan cuando menos lo esperas y en cualquiera de las áreas de la vida, desde la salud, el trabajo, la economía, la familia, la pareja, las relaciones, todas, todas las áreas esconden obstáculos y contratiempos varios.

Quien opta por buscar ayuda para defenderse hará muy bien, si encuentra, pues los refuerzos son siempre bienvenidos pero lo más interesante es curtirse en las batallas diarias y adquirir fuerza, la fuerza y la moral que dan la victoria sobre ellas.

Perder esta visión bélica de lo que constituye la existencia es un acto de ingenuidad y de ignorancia.

No se puede bajar la guardia, aunque tampoco es necesario vivir en estado permanente de  neurótica alerta, como si no tuviésemos momentos de descanso. Quien ataca aumenta las probabilidades de victoria.

Por tanto, es bueno recordar, que con los contratiempos no se puede negociar o pactar. O te impones o ganan.

Cierto es que podemos siempre sacar, caso de ser vencidos alguna conclusión o moraleja que nos puede servir para rearmarnos ante los muchos de ellos, que a lo largo de la existencia nos esperan.

Eres de los que se arrugan o refugian en el fornido “primo de Zumosol” que te saque las castañas del fuego?

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¡FUERA EXCUSAS!
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Miguel Silveira | 10-11-2016 | 11:20| 0

 

La tendencia humana a ponerse excusas por no haber conseguido sus propósitos está muy enraizada y no solemos tener clara conciencia de esa automanipulación a la que nos sometemos. La mayor parte de las veces que no estamos satisfechos no es la culpa de la casualidad, de las circunstancias o factores ajenos a nosotros. Es fruto de la falta de seriedad con nosotros mismos para ponernos metas y emplear los esfuerzos necesarios y constantes para alcanzarlas. Es fruto de nuestra pereza, falta de decisión y determinación para asumir el esfuerzo con constancia. Es fruto, en fin, de la tendencia a ponernos excusas, más o menos razonables, pero excusas al fin.

Sólo un análisis reposado puede llevarnos a concluir donde se encuentran los fallos y sólo una falta de determinación puede conducirnos a lo que se entiende por fracaso.

Si uno desea ardientemente mejorar no queda otro remedio que ser serios, afrontar los propios fallos  y  ponerse con paciencia a caminar por la senda correcta. La impaciencia y la impulsividad, el deseo de inmediatez no son buenos compañeros de viaje. Todo requiere un esfuerzo sostenido y los frutos se ven a medio y largo plazo. Hay que ser realistas y contar con los tempos y ritmo de las cosas. El deseo de recompensas inmediatas es legítimo, pero no es el camino. Hay que empezar a sumar poquito a poco esfuerzos y consumo de energías hasta llegar a ver el fruto. Ninguna fruta madura de la noche  a la mañana.

Y llegará un momento, un punto crítico en el que, después de un proceso más o menos largo de incubación,  podamos disfrutar de la eclosión del triunfo sobre nosotros mismos. La excusas no valen, aunque aparentemente nos consuelen.

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¡QUISIERA SER JUNCO!
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Miguel Silveira | 31-10-2016 | 10:59| 0

 

Desde siempre me han fascinado los juncos al ver que cuando les azota el viento, por muy fuerte y violento que estos sean, solo se cimbrean, pero nunca se parten, si están vivos (verdes quiero decir). Su flexibilidad les permite curvarse y adaptarse, pero,  pasada la ventolera vuelven a su estado preliminar o previo. Me encantan como digo, pero según pasan los años noto que mi actitud va ganando cierta rigidez y eso, además de no gustarme, confieso que me asusta. Me parecen tan injustas algunas actuaciones que me impactan con fuerza y temo que al perder flexibilidad me pueda partir en dos o en varios trozos. Tengo que hacer grandes esfuerzos de comprensión algunas veces, porque sé que es positiva y amortigua las relaciones, y de suavidad en mis reacciones, pero si me dejo llevar de mis impulsos, reconozco que alguna rigidez me amenaza ante ciertas conductas  y cuando alguien me trata con dureza. No quisiera llegar a padecer de arterioesclerosis, porque eso indica que se me están endureciendo las arterias y tampoco quisiera padecer psicoesclerosis, que significa el endurecimiento de las actitudes, pero tengo que hacer y voy a procurar hacer dieta mental. No sé si, querido lector, te ocurre a ti lo mismo. Antes yo era igualito, igualito que los juncos y ahora…ahora noto que tengo la tentación de andar, si me descuido, un poquito más rígido. Es cosa de los años.

Bueno, como sé el peligro que me acecha, tengo que ejercitarme con frecuencia en entrenar la comprensión y la empatía para contrarrestar esa tendencia. Son más sanas, lo sé. Creo que lo voy consiguiendo, pero a poco que me descuide o baja la guardia un tiempo, la rigidez que siempre nos acecha,  puede ir calando mis tejidos y, en verdad, no lo quiero.

Aunque el mal de muchos no debería ser consuelo, algo si me consuela porque no soy ni raro ni el único. Hay muchos más. Será acaso una epidemia…? Olvidé vacunarme y por eso me tengo que esforzar en ganar en cintura. A ver si lo consigo. Me ayudará recordar que yo también soy imperfecto…

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CÓMO TRATAR A UNA PERSONA ENFADADA
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Miguel Silveira | 19-10-2016 | 10:05| 0

 

Dada la difícil situación que supone tratar adecuadamente a una persona que está enfadada con nosotros porque se le puede escapar el control de sus reacciones fácilmente, voy a exponer algunas claves útiles para utilizar en ese momento.

En primer lugar la mejor posición es hablar sentados los dos, por eso se le invita a sentarse. Es una buena forma de evitar invadir la zona de privacidad de ambos y en este caso del que está enfadado para evitar que nos invada a nosotros. De pie  es más dificil manejar la interacción.

No te olvides de llamarle por el nombre. A todos nos gusta que nos llamen por el nombre. Eso nos agrada y siempre dulcifica cualquier reacción. Amortigua la agresividad que el otro puede sentir hacia nosotros.

Trata de hablar con un volumen de voz más bien bajo y sin enfatizar demasiado algunas palabras. El volumen bajo ayuda al otro a reducir su agresividad y enfado.

En general también es conveniente reducir la velocidad del lenguaje que utilizamos. A más velocidad, más posibilidades de hacerle reaccionar más airado. A menor aceleración, mayores posibilidades  de incitar a la calma y modular un poco su reacción.

No argumentar ni discutir. Más bien limitarse a hablar,  a exponer sobre todo los hechos, procurando no meterse con su persona, sin usar adjetivos negativos contra ella.

Finalmente, aunque debe ser casi lo primero, es muy bueno escucharle atentamente y todo lo que tiene que decir,  a ser posible sin  interrumpir su exposición, aunque no estés de acuerdo. Si le escuchas le darás ocasión de desahogar su ira, su enfado y su molestia.

Evitar cualquier broma o sentido del humor porque puede ayudar a escalar su agresividad.

Usando estas técnicas es altamente probable que la conversación termine bien, bajo control y así nos habremos librado del riesgo de explosión y quizás se llegue a un entendimiento.

Mírale de frente pero no mantengas fija la mirada en sus ojos. Puede sentirse provocado

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LA HIPERACTIVIDAD, UN GRAN PROBLEMA
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Miguel Silveira | 05-10-2016 | 16:16| 0

 

Sin pretender que los padres que lean este espacio saquen la conclusión de que su hijo es o no hiperactivo, porque a quien corresponde el diagnóstico es al profesional, voy a dar algunos detalles que nos ponen en la pista de la hiperactividad si se cumplen la mayor parte  de los aspectos de cada uno de los dos bloques que siguen.

Hay dos bloques de síntomas: el de la atención y el de la impulsividad.

EL DE LA ATENCIÓN

No escucha

No completa las tareas

Tiene dificultad en organizar sus tareas

Se distrae fácilmente

Se le olvidan las cosas

A menudo pierde cosas

Evita tareas que requieren un esfuerzo mental sostenido

 

EL DE LA IMPULSIVIDAD-HIPERACTIVIDAD

Pone nerviosos a los demás

Se levanta del asiento

No para quieto

No es capaz de jugar tranquilamente

Siempre haciendo algo

Habla en exceso

Actúa sin pensar

Espero que sirva al menos de orientación básica para aquellos padres que dudan sobre la hiperactividad o no de sus hijos mayores de seis años, aunque esas pistas habría que tomarlas en dos o más contextos.

Repito: Esto es solo una serie de pistas para pensar, aunque no sirva de diagnóstico. No es ese el objetivo, como dije, sino ayudar a los padres a estar algo informados.

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LA PUERTA OLVIDADA
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Miguel Silveira | 22-09-2016 | 10:41| 0

 

Tendemos a despreciar la importancia de los pequeños detalles, de lo aparentemente insignificante, pensando que no tiene peso en nuestra vida y en nuestras relaciones personales y ciertamente puede ser así, pero no siempre, y omitirlo puede ser decisivo en muchos casos, sobre todo en las relaciones personales.

Los turcos conquistaron Bizancio,en poder de los cristianos porque, a pesar de sus grandes murallas y sólidas defensas, los cristianos se olvidaron, por un incomprensible descuido, de cerrar a cal y canto una aparentemente insignificante puerta, sin importancia militar, por la que en tiempos de paz entraban los peatones y por la que se colaron perdiendo los cristianos aquella importante fortaleza y cambiando con ello el rumbo de la historia. La kerkaporta, o puerta olvidada, se llamaba.

Digo que los detalles son siempre dignos de tener en cuenta en todas las facetas de la vida, pero en las relaciones personales, siempre material sensible, puede ocurrir que un simple detalle pasado por alto o no tenido en cuenta, dada nuestra sensibilidad al ser tratados, altere seriamente una relación que va durando años. Incluso es susceptible de acabar con ella de manera abrupta o paulatina.

A todos nos gusta que nos traten bien y somos bastante susceptibles a las formas, los modos, las omisiones, los despistes o cualquier acción que signifique ser ignorados, preteridos, discriminados u ofendidos.

Cierto es que no podemos cuidar con exquisitez  siempre y todos los detalles, porque no siempre estamos en perfectas condiciones  emocionales para ello, pero no está demás tener en cuenta que, dado que los seres humanos somos muy sensibles a las palabras, los hechos y los gestos que implican nuestras interacciones y que no siempre nuestro grado de tolerancia a la frustración es alto, podemos estropear  una relación por algún simple detalle que hemos pasado por alto.

Pero lo mismo ocurre en cualquier area. Podemos tener un automóvil caro y cuidado y olvidar controlar el aire de un neumático y perder el control al frenar  bruscamente en una curva. Podemos marchar de vacaciones y dejar una ventana no bien cerrada y abrirla un vendaval y hacer de las suyas. La lista de posibles ejemplos sería casi infinita.

Pero la clave es corta y simple. No hay detalle pequeño, todo cuenta. Hay que estar sobre aviso, sin obsesiones, pero alerta.

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POR QUÉ SON NECESARIOS LOS LÍMITES
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Miguel Silveira | 15-09-2016 | 10:43| 0

 

Somos un saco de apetencias o deseos, de impulsos, unos ciegos y otros razonables que piden o demandan constantemente ser satisfechos y no hay nada de extraño en ello porque esa es la dinámica de cualquiera de ellos. La satisfacción es al deseo como la noche al dia, se complementan.

Pero la realidad es que, si entramos en ese flujo, tendremos  asegurado el conflicto en las relaciones personales porque chocarían nuestros deseos con los de los otros con muy alta frecuencia, produciéndose disfunciones, luchas, y encontronazos en los que sólo ganaría el más fuerte. Y ello iría en claro detrimento de los débiles, que siempre serían más. Por eso la sociedad a través de sus leyes trata de regular nuestros comportamientos y con ello la satisfacción de nuestros deseos, aunque muchas veces nos cause frustración.

Pero habría otro conflicto, esta vez interior a nosotros. Satisfacerlos llevaría a una suerte de saciedad, saturación y de infelicidad porque la felicidad está en el equilibrio entre la satisfacción y la insatisfacción.

A poco que observemos a nuestro alrededor todo está lleno de límites precisos y señalados incluso en las sociedades más permisivas. Son totalmente necesarios. Sin embargo en nuestro interior no existen delimitados tales límites, salvo los impuestos en el terreno de la salud, ya que si nos excedemos podemos pagar un alto precio. Es necesario enseñar al ser humano, y ahí reside gran parte del sentido de la educación, a autorregularse, es decir a aprender donde se encuentran los límites que, caso de traspasarlos, se derivaría un daño, un perjuicio y un cierto sufrimiento.

Saber ponerse límites adecuados es un ejercicio de sabiduría personal y de prudencia y de autocontrol. En la medida en que el ser humano necesite más del control externo (o límites  externos) que del interno demuestra su grado de inmadurez y por el contrario en la medida en que es capaz de autocontrolarse y regularse su grado de autonomía, madurez y sabiduría es mayor.

Los límites son necesarios y necesario es ponérselos uno mismo y saber aceptar los que vienen impuestos y adaptarse a ellos sin estridencias. Y es sano, aunque moleste.

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DEPENDENCIA EMOCIONAL
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Miguel Silveira | 01-09-2016 | 21:55| 0

 

A todos nos gusta querer pero sobre todo ser y sentirnos queridos. Esto pertenece al núcleo de nuestra existencia. Pero cuando esa necesidad se convierte en lo que da, sobre todo, sentido a nuestra vida la existencia misma  se pone en alto riesgo,  si esa necesidad no se ve suficientemente satisfecha o, habiendo sido satisfecha un cierto tiempo, se rompe el vínculo por distintas razones. Entonces esa persona se siente perdida, confundida, desfondada y el sentimiento nihilista se puede apoderar de ella. Todo pierde sentido de repente. ¿Por qué sucede esto? Porque esa persona con alta dependencia emocional carece de proyecto de vida aparte de la relación amorosa o se confunde proyecto de vida con ser querido y volcarse en el otro.

Por eso, siendo hoy dia tan líquido el amor, tan precario y tan poco perdurable. Siendo tan frecuente que se cambie el destinatario de cariño por aburrimiento, por rutina, por afán de novedad o por deseo de sentir la emoción del cambio y la conquista, es necesario disponer de algo que de sentido a nuestra vida más allá de disponer o no de ser querido y me refiero en concreto a la pareja.

Disponer de proyecto de vida, complementariamente o al margen de la expresión y recepción del cariño, es una forma de diversificar el riesgo, de no poner todo el dinero en el mismo valor empresarial, es una forma de asegurarse la ilusión por la vida,  caso de que la pareja se nos muera, nos abandone, se canse de nosotros, nos cambie por otro cromo, o simplemente nos deje de querer porque se le ha agotado el caudal del cariño.

La erosión que la falta de cariño causa cuando somos mayores, se entiende mejor que si eso ocurre cuando somos jóvenes y sin embargo hay personas muy jóvenes que acusan la carencia con la misma angustia que si estuviesen en su postreros años.

Lo del proyecto no se improvisa. Es preciso tenerlo en mente y cultivarlo todo el tiempo. No me refiero sólo a una carrera o un oficio u ocupación profesional, aunque esto sea parte sustancial. El proyecto tiene la posibilidad  de ser muy amplio y variado y consiste en todo aquello que nos entretenga, que nos haga felices, que nos tenga ocupados, distraídos, enganchados, animados, con fuerza para dar sentido a nuestro dia a dia al levantarnos. El proyecto es el imán que tira de nosotros y nos hace vivir con ilusión y esperanzados. Si además, disponemos de cariño, miel sobre hojuelas.

Lo dicho, qué sabroso es tener a quien querer y verse correspondido, pero por si acaso eso falla, como suele fallar, disponer de  complementos, es altamente saludable.

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ENGROSAR LA PIEL
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Miguel Silveira | 21-08-2016 | 15:31| 0

 

No hacen el mismo efecto las picaduras de mosquito en una piel humana, en una piel de un perro o en la de un hipopótamo. Dependiendo de ese grosor aquellas pueden ser muy molestas o de un efecto nulo . Los trompazos de elefante, sin embargo, ya no dependen en su efecto de grosor de la piel.

Los humanos, estamos siempre expuestos tanto a las picaduras, siendo estas metafóricamente los pequeños impactos que sufrimos en nuestras relaciones familiares  y personales, en nuestro puesto de trabajo o en diferentes ámbitos. La acumulación de esos efectos  va debilitando nuestra fortaleza y, si esta ya es reducida, el deterioro es más breve en el tiempo y más intenso. Me atrevería a decir que esas a modo de picaduras son las que en realidad nos van debilitando porque los trompazos que la vida nos da suelen ser muy escasos y separados en el tiempo de tal forma que nos suele dar margen para recuperarnos, salvo excepciones, que también existen.

En todo caso hacer nuestra piel más resistente y más resbaladiza nos conviene en verdad, si no queremos pagar el precio de la angustia, la ansiedad y la depresión, según pasan los años.

No es que sea cosa fácil impermeabilizarse y conseguir que muchas cosas nos resbalen, pero es cierto que nos conviene tomarnos la vida, las relaciones, los eventos, los fallos de los demás, las decepciones, los fracasos, los gestos egoístas y un largo, reveses, etc. de forma que no nos quiten el sueño o no nos lo reduzcan de manera notable. La demasiada presencia en nuestros pensamientos de las contrariedades y de los contratiempos actúa a modo de debilitador de nuestras defensas y corremos el riesgo de quedar desfondados, desgastados y sin fuerzas para seguir la lucha de la vida en algunos momentos.

Hay que ocuparse, por supuesto, de los problemas  y los casos y ayudar y entender a los demás, pero no siempre actuando como si fuesen nuestros. No parece muy lógico salvar a los demás ahogándonos nosotros, salvo que alguien lo quiera libremente. De salvar hay que salvar primero nuestra salud, nuestro equilibrio y nuestra fortaleza y  luego, si se puede, ayudar a los demás, porque nuestra salud física y mentales lo más valioso que tenemos y porque sin salud no podemos ayudar, aunque queramos.

Esa es una manera de hacernos resistentes, aunque a veces, no podamos evitar sucumbir al desánimo, siquiera sea circunstancial y transitoriamente.

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MALDITA DEMENCIA
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Miguel Silveira | 10-08-2016 | 17:47| 0

 

Delante de mi la contemplo taciturna, triste cual si de este mundo fuese, como es, pero mentalmente estuviese en otro. Su memoria inmediata se ha borrado. Le acabas de informar de cualquier cosa y al punto se le olvida y lo pregunta y lo pregunta varias veces. El Alzheimer ha llamado a su puerta hace unos meses a los 86 años de edad. Aún no es muy profundo, pero cual polilla silenciosa va invadiendo su cerebro, antaño muy activo y productivo. Cuándo se sienta un rato pensativa, cuándo ausente, cuándo se vuelve a levantar para sentarse en otra parte de la casa, cuándo se desplaza como barco que no tiene  destino. Eso si, cuando habla de antaño,  del pasado, no falla, es precisa  y se despacha a gusto. Ha perdido libertad de movimiento, está más torpe, y de desplazamiento pues se siente insegura si se aleja de su centro que viene a ser su casa y su edificio. Habla menos. Se le nota que está pero no está, que ya no es ni su sombra, con lo que ella fue de activa, de sociable y de enrollada. Ese maldito bicho la mata poco a poco según pasan los meses. Ya no es autónoma, depende  de los otros para cada vez mas acciones y tareas.  Qué estará pensando, me pregunto, cuando está pensativa. Creo que es consciente del daño que le afecta. Y así pasa los días esperando… ¿qué? Sin saberlo un mayor deterioro mental que, aunque es muy triste, le evitará sin duda enorme sufrimiento.

Yo, entre tanta escena, no puedo evitar imaginarme así en mis postreros años, si es que llego, y preguntarme cómo lo llevaré si tengo ese infortunio. Vale más no pensarlo. Mientras tanto me marcho de concierto. Cosa es de aprovechar, amigos y de exprimir la vida y la conciencia cuando la dos están aún frescas. Y vivir el momento. Luego, puede ser tarde.

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Sobre el autor Miguel Silveira
Psicólogo clínico, experto en ansiedad y estrés C/ Carlos Marx,1 - 6º D Gijón (Asturias) http://www.miguelsilveira.com http://www.estresyansiedadonline.com

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