El Comercio
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CONTRA LA IMPULSIVIDAD, LA ESPERA
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Miguel Silveira | 04-05-2017 | 21:37| 0

 

Contra la impaciencia, buen alimento de la ansiedad y la tensión nerviosa, el mejor ejercicio es la paciencia, es decir entrenarse en la espera. Aquí van algunas pistas que pueden aplicarse fácilmente y que pueden resultar muy útiles.

 

Esperar a que el móvil suene tres veces antes de contestar.

Esperar a que el otro termine de hablar para intervenir, procurando no interrumpirle cada poco.

Esperar al fin de semana o a fin de mes para comprar algo que te gusta pero no necesitas ya!

Esperar a que llegue tu turno para comprar, hablar, gestionar, resolver, preguntar, etc.

Esperar a que todos estén sentados a la mesa para empezar a comer en vez de ir ya “picando”.

Esperar a contestar los correos cuando tengas un momento libre para ello.

Esperar a contestar los wasaps unos momentos en vez de hacer en cuanto suene el pitido, a no ser que sean urgentes.

Esperar a que llegue el momento apropiado de hablar, reconducir, criticar o corregir al otro.

Esperar en el stop cuando conduzcas o a que pase el peatón en el paso de cebra.

Esperar a la fiesta para estrenar.

Esperar a que tu hijo crezca para que vaya madurando.

Esperar a tener las cosas pensadas y analizadas en vez de precipitarte, sobre todo en temas delicados.

La lista no termina aquí. Tú puedes añadir tus propios elementos.

No es cuestión de esperar mucho tiempo. A veces es cuestión de segundos o minutos pero la espera fortalece la paciencia, disminuye la impulsividad, aumenta los aciertos, disminuye los errores, relaja, desacelera, no tiene uno que arrepentirse tantas veces o lamentarse, disminuye la ansiedad y  atempera el espíritu. Aunque bueno es recordar que en estos tiempos casi todo está contra la espera y casi todo favorece la impaciencia, la impulsividad, la aceleración y la prisa. Por eso, esperar es un buen ejercicio. También contra la ansiedad.

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DESTINADOS A QUEDAR SOLOS
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Miguel Silveira | 25-04-2017 | 18:13| 0

He  visto llorar amargamente a mucha gente al darse cuenta de que han quedado solos, después de haber desperdiciado alguna relación de pareja que se las prometía felices. Suelen ser personas egoístas, que fundamentalmente están pendientes de si mismos y solo se acuerdan de Santa Bárbara cuando truena, o con otras palabras, solo se dan cuando el otro lo pide a gritos o lo exige. Mientras tanto están a lo suyo predominantemente. No practican la capacidad de la empatía y de darse cuenta de la necesidad de apoyo, amor que el otro también tiene. Son capaces de absorber la energía que necesitan de sus seres queridos pero no dan a veces ni la hora. Mientras los seres queridos les siguen apoyando o sus parejas, no presenta problema el panorama. Este  empieza a complicarse para ellos cuando los otros, hartos de darse en vano, optan por retirarse de la escena y se olvidan y quieren deshacer  del egoísta. Es entonces cuando caen en la cuenta de su falta de cuidado, de compromiso y de respuesta justa y se vienen abajo, lamentando la ausencia producida. Suele ser tarde ya para recomponer la situación y para recomponerse porque están desentrenados en la entrega. Al egoísta no le queda más remedio, si se quiere salvar, que caer en la  cuenta de la predominancia de sus fuerzas centrípetas, cuando aún está a tiempo de dar y darse, pero  no en un arranque aislado sino con cierta asiduidad y compromiso. Es la mejor manera  de salvarse del fuego abrasador de la soledad que les espera. El único problema que existe es que son refractarios a los avisos o señales y consejos que se les suelen dar. Están tan a lo suyo que no reciben el ruido o la luz de las señales que no les interesan. Por eso les espera la soledad, aunque a ellos les parezca que siempre van a ser los protagonistas admirados de cualquier película. Es normal, la naturaleza, que es sabia y neutral al mismo tiempo, se encargará de darles el pago merecido. Y después,  a llorar y a sentir el crujido sus dientes.

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QUE NO TE TOQUE UN JEFE MALO
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Miguel Silveira | 16-04-2017 | 21:03| 0

 

Por desgracia la envidia es el vicio más dañino, si hace acto de presencia en el trabajo un jefe que la toma con un subordinado que ha sido feliz hasta ese instante y que de pronto cae en desgracia ante ese jefe torturador comido por la envidia o por la maldad.

Hay que estar preparado porque esto no es ciencia ficción ni una leyenda urbana. Es frecuente ver que de pronto tu jefe comprensivo y humano se cambia o le cambian de puesto y aparece en su lugar un jefe inhábil para las relaciones personales y preocupado de escalar a cualquier precio, aunque ello sea a costa de eliminar, anular, maltratar o degradar a quien hasta ese momento ha sido un empleado competente. La envidia o los celos, acompañados por la insensibilidad, cuando no por la mediocridad, con frecuencia se ceban en alguien  valioso, que puede hacerle sombra o quitarle el protagonismo que ese jefe indeseable, por lo general más inepto que el subordinado competente, no se puede ganar en base a su competencia profesional y humana.

Y el resultado suele ser, si el empleado no es resiliente o fuerte mentalmente, que donde había un trabajador contento, satisfecho y productivo o bien cursa baja laboral o se hunde o tiene que marcharse de la empresa, si es que no le despiden sin argumentos sólidos. El resultado es perjudicial para la empresa y un desastre para la víctima que no entiende, que no puede entender ese cambio perverso.

Si la víctima, no suele ser el caso, tiene buenos contactos con otro estamento superior a su jefe y ese estamento le comprende y apoya puede amortiguar el desgaste y el impacto sufrido. Pero frecuentemente lo que suele ocurrir es que el jefe superior no quiere complicarse y o bien se hace el desentendido o no quiere conflictos o bien rehúye enfrentarse a ese jefe cruel o bien deja que la situación se deteriore, porque le resulta más cómodo.

He visto y conocido varias personas destrozadas e indefensas por esa incomprensible actitud lo que redunda en una perdida de la autoconfianza y la autoestima, llegando a dudar de si mismos y de su competencia.

No es fácil manejar la situación e impermeabilizarse diariamente y no sufrir desgaste pero, si se quiere seguir, no queda más remedio que separar la persona del rol, de la función dejando en el aparcamiento la persona con sus sentimientos y entrando por la puerta de la empresa el rol que desempeña. Es decir entrando por la puerta el encargado de, el contable, el comercial, el responsable de almacén o el  electricista por poner tan solo unos ejemplos. Los roles ni sienten ni padecen. En esos casos tristes tienes que actuar como el responsable de la función que desempeñas, no como fulano de tal, con sentimientos, al menos en el trabajo si el clima laboral te es adverso. Es difícil pero absolutamente necesario para sobrevivir. Cabe usar la venganza, pero no suele ser aconsejable por tener negativos efectos, aunque uno descargue su frustración u odio. Cabe marcharse pero a menudo no  es fácil encontrar enseguida otro trabajo. Lo que hay que salvaguardar en todo caso es la salud mental y la estabilidad emocional hasta que escampe, hasta que haya cambios, como a veces ocurre. De todas formas es siempre lamentable.

Todo menos hundirse que es precisamente el deseo más sincero que abrigan esos réprobos jefes, encargados e incluso compañeros, que haberlos, haylos, vive Dios y más de los que nos parece.

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¿CONVERSAR? CARA A CARA
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Miguel Silveira | 04-04-2017 | 16:57| 0

No es lo mismo comunicarse por el wasap o por e-mail que comunicarse cara a cara. La comunicación humana está sufriendo una transformación extraordinaria y posibilitando como nunca hasta ahora que al mismo tiempo sea instantánea estemos donde estemos los interlocutores. Una revolución en toda regla que estando yo en mi casa o en mi coche me pueda comunicar en tiempo real con un amigo que vive en el Caribe o en Nueva Zelanda mientras está tumbado en la playa. Nada que objetar sino admirar el progreso de la tecnología.  Pero nada puede sustituir a una conversación cara a cara mediante la cual podemos percibir en la cara del otro y en sus movimientos cual es su estado de ánimo y hacernos cargo de él asi como adaptar nuestras palabras al momento. La distancia corta cara a cara (no vale estar al lado mandándonos mensajes por el móvil) permite empatizar más fácilmente y sentirte atendido o atender y entender a la persona en si y su estado de ánimo. Esa comunicación vis a vis nos hace sentirnos más unidos y sentir el calor de la proximidad y nos hace sentirnos menos solos.

La comunicación por móvil está bien pero nos priva de esa presencialidad y de sensaciones que solo mirándonos  y escuchándonos podemos experimentar.

La comunicación telemática ha venido para quedarse pero sigue sin haber nada más satisfactorio que escuchar las palabras del otro teniéndolo presente y poder mandar y recibir flujos que solo de esta forma pueden darse. Ah, y en un momento dado permite contactar físicamente con el otro via un beso en la mejilla un apretón de manos, un toque sobre el hombro o cogerse del brazo. Por eso y para compensar la pérdida de conversaciones presenciales y del contacto que puede suponer hay que encontrar tiempo, aunque sea poco, para conversar mirándose a los ojos.

Los emoticonos transmiten sentimientos pero no pueden suplir a la visión que nos ofrece la cara física del otro.

Habría que conversar más de esta manera en la familia, en la pareja y con los compañeros y amigos para que no muera la  vieja comunicación verbal que tanto nos ayudó a sentirnos conectados, acompañados y unidos por el contacto ocular y presencial.

La comunicación digital nunca puede suplir a la analógica. Cuanto más perdamos la analógica, es decir, el contacto vis a vis sería un error del que luego lamentarnos.

De los tipos de comunicación que hay más frecuentes este sería el orden mejor en cuanto  a la calidad y eficacia: conversación cara a cara, conversación telefónica y por email o por wasap. La pena es   que la primera haya perdido tanto espacio, siendo la mejor con mucho.

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¿BAJA AUTOESTIMA?
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Miguel Silveira | 22-03-2017 | 11:29| 0

 

Es una enorme paradoja y un motivo de importante sufrimiento saber, valer, tener habilidades, poder hacer algo, pero estar convencido de que no se sabe, no se vale o no se puede. Es como estar en un potro de tortura, entre dos realidades, la que es y la que creemos o estamos convencidos de lo que es, aunque esta segunda es más realidad que la primera por aquello de que “lo que vemos o pensamos es todo lo que hay o lo que existe en ese instante”.

Eso es la baja auto-estima, la distorsión de la percepción. Es empeñarse en ver lo que no hay o empeñarse en no valorar lo que se hace y se hace bien. Quien no es capaz de valorar adecuadamente lo que sabe hacer y hace, aunque sea con esfuerzo, está condenado a impermeabilizarse o quedar ciego y sordo a lo que los demás nos dicen positivo y ven. Ya le pueden decir maravillas de él mismo, estará convencido de que se lo dicen por quedar bien, por animarle sin razón, por cortesía o por pena. Al estar impregnado de esa convicción tan negativa estará practicando la profecía auto cumplida. “Eu morro, Eu morro”, como diría el gallego pesimista y “morrió”, y murió, como no podía ser de otra manera.

Tener baja autoestima es tener el motor estropeado, es echar a perder el principal valor, el principal sostén o apoyo interior con el que debemos contar: el reconocimiento de la valia personal en cualquier área o grado y todos valemos para algo. ¿Tiene solución esto? Pues claro, mujer u hombre, por supuesto. Solo hace falta hacer tres movimientos: disponerse a cambiar la auto percepción negativa, ponerse a hacer aunque sean pequeños progresos día a día, en aquello que uno desea mejorar y, sobre todo, tomar conciencia de que esos progresos ¡los has hecho tú! Pero hay que ponerse a ello con constancia. No vale una vez al mes.

Hay que tener presente que la forma de vernos y pensarnos no se ha edificado de la noche a la mañana, han sido muchas veces practicada. Por eso hay que practicar miles de veces en sentido contrario y …¡bingo! acaba funcionando.

No hay labor más satisfactoria que aumentar nuestra autoestima a niveles satisfactorios. Es una fuente de libertad, de gozo y de sentido de la auto eficacia.

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MALDITA DEPRESIÓN
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Miguel Silveira | 12-03-2017 | 14:06| 0

Si nunca ha estado uno deprimido casi imposible entender a quien atraviesa por ese duro trance.

Quien atraviesa por ese demoledor estado siente que la tristeza le invade, la desmotivación para realizar sus tareas habituales disminuye, su desgana preside sus horas y sus días, el descuido, en los casos más graves, va colonizando su actividad, y la apatía actúa como muro de contención contra la normalización de su vida personal.

No todos los casos son iguales ni igualmente graves, pero el común denominador con distintos niveles son las reacciones referidas.

El caso es que la dificultad para disfrutar del día a día es un hecho palpable y quizás la queja más frecuente.

La depresión, contra lo que se puede suponer en ciertos casos, no es un estado adherido a los genes, un estado emocional al que ten sientes abocado. No, más bien es el resultado final de un proceso más o menos largo de ir aguantando,  soportando un estado de tensión emocional al tener que afrontar dificultades, contratiempos, adversidades y reveses, debido a diferentes razones y factores. Cuando la mente se satura y se pierde esperanza en superar esa tensión acumulada es cuando la depresión hace acto de presencia. Antes de aparecer ha venido precedido de una lucha interior o exterior contra los “elementos” y uno se siente exahusto y agotado.

Por eso, quien desee superar ese malestar incomprensible para los que no lo han padecido, deberá combatir su tensión, su ansiedad a base de relajar su cuerpo, de descansar, de dormir lo que sea suficiente para cada uno, y de aprender a ver los contratiempos como una oportunidad para superarse y superarlos. Deberá intentar poquito a poco la normalización de sus conductas y tareas más elementales, como la higiene, la realización de tareas domésticas y personales básicas, el cuidado personal y la actividad física. La realización de esas conductas, resistente al comienzo, consigue hacer sentirse algo mejor lo que redunda a su vez en realimentar la normalización de vida.

Optar por meterse en la cama y aislarse, si bien al comienzo es esperable, no debe consentírselo uno mismo, si aspira a superar ese desventurado socavón. Luchar contra los pensamientos negativos forma parte también del repertorio, aunque se antoja más difícil. Volveré sobre ese aspecto  en otra entrega.

Pero no se puede salir de la apatía obedeciendo a la desgana y la tristeza. Hay que llevarles la contraria aunque sea poco a poco.

¿La medicación es necesaria? Menos de lo que se acostumbra. Puede ser necesaria pero esperar que los antidepresivos por si solos resuelvan el problema es de una ingenuidad más que elevada.

 

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ATACAR LA ANSIEDAD COMO ES DEBIDO
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Miguel Silveira | 28-02-2017 | 19:41| 1

 

No me cabe la menor duda de que la ansiedad es hoy dia uno de los trastornos más extendidos entre la población (el 20% está afectada y subiendo) y para los que aún no la sufren una de las principales amenazas. Y es uno de los trastornos que más minan la salud de las personas, llegando a arruinar algunas vidas. No es esto una afirmación ligera. Procede de una constatación profesional desde hace varios años.

La ansiedad es  un estado que se presenta en cuatro áreas y en las cuatro va dejando a su paso alteraciones diversas.

A nivel cognitivo o mental está constituida por pensamientos envolventes de incertidumbre en unos casos, de preocupación o de anticipaciones negativas en otros, de disminución de la concentración en la mayoría, de pensamientos negativos sobre la estima propia, de obsesiones y de otros varias formas de centrar el contenido cognitivo en aspectos negativos sobre la auto imagen o la auto ineficacia percibida.

A nivel emocional se manifiesta en forma de culpa, de remordimiento, de miedo o de pánico a sufrir diferentes contratiempos, de angustia vital, de desesperación y de desesperanza en otros casos.

En el área fisiológica se manifiesta mediante activación interna fisiológica en forma de desasosiego o desazón y mediante tensión muscular  más o menos elevada, con sus varias señales en el sistema digestivo, en el sistema cardiovascular, endocrinológico, respiratorio, inmunológico, en el sistema nervioso autónomo y en la piel, entre otros.

A nivel del comportamiento se manifiesta sobre todo en huida o escape de las situaciones temidas, pero sobre todo mediante la evitación de tales situaciones, poniendo como ejemplo de evitación el  recurso a los fármacos y a cualquier tipo de droga sustancia o práctica, aunque no haya adicción, mediante las compulsiones en el trastorno obsesivo compulsivo, en evitar lugares o situaciones por temor a sufrir y no poder controlarse y  un larguísimo etcétera según el trastorno que lleve incluída  la ansiedad, que en realidad son todos.

Por eso tratarla solamente, como es la práctica más extendida mediante la medicación con ansiolíticos es una postura reduccionista, pidiendo a los fármacos todo lo que estos no pueden dar, nos pongamos como nos pongamos.

Un terapeuta que se precie tiene que tener presentes esas cuatro áreas para analizarlas  y prescribir las pautas que procedan en cada una de ellas y en cada uno de sus pacientes.

Si se actúa sobre una, dos  o tres de esas áreas y se olvida una sola, el tratamiento no puede nunca ser eficaz en toda regla.

Es un estado poliédrico y no vale actuar sobre una sola cara. Conviene que la población esté mentalizada e informada y con criterio para saber qué hacer para prevenirla y remediarla.

 

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¡HABLA!
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Miguel Silveira | 20-02-2017 | 22:36| 0

 

Cuando quieras que los demás conozcan tu estado emocional y lo que te preocupa, ¡Habla!

Habla, si por callar  el otro abusa de tu generosidad y complacencia. Habla  para expresar tu oposición o diferencia de criterio.

A qué esperas para defender tus derechos, violentados o a punto de serlo. Habla y no te calles.

Si aspiras a que los demás conozcan tu opinión  y tu postura en algunos asuntos, ¡habla! No te quedes callado.

Y qué decir cuando no sabes algo que te interesa. Habla en forma de interrogación o de pregunta y no te calles.

¿Por qué esperas a que otros averigüen tus intenciones, basados en supuestos no bien fundamentados? Habla y exprésalas tu mismo con calma pero con claridad muy meridiana.

Los silencios son buenos, pero cuando se pueden interpretar erróneamente en contra tuya, no te calles y Habla!

Si de demostrar tu amor a las personas se tratara o tratase, además de con hechos, usa tu boca y habla!.

Si padeces el riesgo de ser ninguneado, ignorado, preterido ¿a qué esperas para hacerte notar? No te calles y habla.

Hablar es una forma eficaz y sonora de contactar con otros, de ser escuchado y de ser considerada tu existencia. Habla!.

Habla, no por hablar, pero si no dices lo que piensas o sientes, lo que sabes o temes, lo que deseas o quieres, nadie se enterará ni serás atendido como tu te mereces. No esperes más y habla!

Hablar de sentimientos finalmente libera de presiones y de angustias, de pesos y de ahogos. Habla, exprésate con las palabras.

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ESTUDIÉ Y “ME” HAN SUSPENDIDO
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Miguel Silveira | 14-02-2017 | 14:47| 0

 

Esta fórmula es la que mejor expresa cómo echar balones fuera y atribuir a los demás las responsabilidades que solo a nosotros nos competen. Lo lógico sería decir : “estudié y he suspendido ”, lo que indica que no estudiaste suficiente para ganarte el aprobado.

Uno es la mayor parte de las veces responsable de lo que le sucede. Puede haber accidentes fortuitos, puede haber casualidades con las que uno se encuentra en el camino sin haberlas buscado, eso es bien cierto, pero en lo que se refiere a los resultados que vamos obteniendo en nuestras vidas una aplastante mayoría de ellos proviene de lo que hayamos puesto, de lo que hayamos hecho, pensado o realizado nosotros mismos.

En informática existe el acrónimo GIGO que significa  “Garbage In, Garbage Out” (entra basura, sale basura) y que por extensión puede aplicarse a otros muchos aspectos de la vida. Lo que sale es lo mismo que lo que has metido. Si en tu cerebro metes basura en forma de pensamientos negativos ¿qué esperas obtener? ¿optimismo, ilusión, esperanza, éxito, logros y determinación? Seamos serios.

Si uno estudia con esfuerzo, disciplina y con perseverancia es imposible suspender si el profesor o la máquina que corrige los tests actúan conforme a la lógica.

Claro que tomar en consideración esta cuestión supone asumir la responsabilidad de que lo que nos suceda o cosechemos será lo que  hayamos sembrado, metido, introducido en nuestro modo de vivir  y comportarnos.

Es fácil culpar a los demás de nuestros males, de nuestros sufrimientos y altibajos, de nuestras depresiones y fracasos. Es fácil recurrir al “tengo mala suerte”. Es fácil culpar a los gobiernos, a los jefes o a los compañeros, a los padres o a los hijos, a los a los demás en general de nuestros pobres resultados y no es que ellos no tengan responsabilidad, que la tienen sin duda y deben asumir, pero no debemos por sistema atribuir a los agentes externos lo que en última instancia es atribuible a nosotros en cuanto individuos responsables de nuestro propio crecimiento, de nuestras decisiones personales y de nuestros actos cotidianos.

Es más fácil echar la culpa a los demás, es más cómodo,  y hasta queda muy bien, porque lo contrario nos obliga a esforzarnos y el esfuerzo sabemos bien que tendemos a rehuirlo. Pero no es serio. Si uno quiere cosechar buenos resultados en su vida debería madurar y responsabilizarse de lo que va metiendo en su cerebro, en su trabajo, en sus relaciones  o en el saco de su existencia cotidiana, sea cual sea el área a que nos refiramos. Suspendiste? Es que no has estudiado o has estudiado  poco para ser aprobado.

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LOS SUEGROS NO SE ELIGEN
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Miguel Silveira | 05-02-2017 | 17:54| 0

 

Podemos elegir la que será  nuestra pareja y no siempre acertamos. Pero sus padres vienen en el paquete sin poder elegirlos. Y por ello uno se expone a que el ajuste sea adecuado o inadecuado.

Si es adecuado, resultará bonito y agradable. Será un alivio y un descanso porque no habrá fricciones o serán muy escasas. Pero si no lo es, habrá que prepararse para que haya conflictos.

En esos casos si los suegros con los que uno se encuentra son comprensivos y no coartan la libertad de su hijo/a se podrá ir soportando la relación aunque no exista buen entendimiento entre nueras-yernos y suegros. Pero si, como suele ocurrir, la madre del consorte es intervencionista, rechaza y no digamos odia al yerno-nuera el sufrimiento será una constante. Suele ser un calvario porque la tensión generada permanente actúa sobre la relación de los casados o unidos como un agente altamente erosivo hasta terminar por destruir la relación y, si no la destruye, la envenena. ¿Por qué? Porque esa suegra o suegro pondrá en contra a su hijo/a con su actual pareja, lo que crea altas tensiones entre estos y la relación de los incompatibles se convierte en tormento.

En esos casos y en aquellos en los que la pareja es quien tira hacia sus padres, que al otro le molestan, se produce asi mismo una tensión constante.

Por eso, si se quiere que la elección de pareja no termine en desastre, en esos casos, dos tareas han de hacerse. Por parte de los suegros rechazados permanecer al margen de la relación de la pareja en lo posible. Dejarles que sean ellos los que vivan al menos felizmente y no entorpecer su relación. Y por parte de yerno o nuera no meter cizaña contra los suegros rechazados. Dejar que su pareja se relacione bien con ellos aunque el consorte no participe plenamente de la relación. Debe también por amor a su pareja aguantar y aceptar con cortesía a sus parientes políticos para no tensar la relación entre consorte y sus progenitores. Todos tenemos que aguantar en esta vida porque los vientos no siempre soplan a favor, qué más quisiéramos. Ya sé que en estos tiempos no se lleva aguantar, pero viene bien sopesar antes de formalizar la relación los inconvenientes que se avecinan y hablar con claridad del tema  y cuales serán las reglas de su juego para que no explote después la situación cuando sea tarde ya.

Si los dos que se han elegido se aman de verdad, se deben superar esas tensiones. Si no se aman o se aman poco, acabarán las relaciones familiares como el rosario de la aurora, más pronto que tarde. Y eso castiga las almas familiares.

 

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Sobre el autor Miguel Silveira
Psicólogo clínico, experto en ansiedad y estrés C/ Carlos Marx,1 - 6º D Gijón (Asturias) http://www.miguelsilveira.com http://www.estresyansiedadonline.com

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