El Comercio
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A DONDE QUIERES O NO QUIERES LLEGAR
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Miguel Silveira | 15-01-2017 | 16:00| 0

 

Si le preguntas a cualquier adulto a donde no quiere llegar en su vida o como no quisiera acabar a buen seguro que te lo dice claramente. Si por el contrario le preguntas qué quisiera llegar a ser, qué quisiera conseguir,  te encontrarías con la sorpresa de que un pequeño porcentaje lo tiene perfectamente claro. Es algo que puesto que supone muchas horas de reflexión tendemos a evitarlo. La pereza nos invade. Nos dejamos más bien llevar de la intuición o de imágenes fugaces que pasan delante de nuestra atención y no suele haber elaboración y solidez en esas reflexiones.

En consecuencia al no tenerlo claro no empleamos todo el esfuerzo necesario en caminar hacia tal objetivo. Es duro y difícil, requiere determinación y persistencia y eso tendemos a rehuirlo.

Una cosa es lo que “nos gustaría” y otra lo que, de hecho, estemos dispuestos a luchar por conseguirlo.

Por eso ese porcentaje tan pequeño de gente persistente consigue lo que quiere y es digna de ser admirada.

De todas formas bastaría con preguntarse con frecuencia si lo que estamos haciendo en un momento dado nos conduce a donde no queremos o más bien nos ayuda a ir en dirección contraria, siempre más positiva. Y sin necesidad de consejero alguno tendríamos la respuesta exacta en ese mismo instante.

Lo que ocurre es que somos tan inconsecuentes o imprudentes que a pesar de que algo que hacemos nos conduce en mala dirección lo seguimos haciendo. Parece un sinsentido y lo es pero el ser humano es así de paradójico.

Con no hacer aquello que nos conduce en mala dirección sería suficiente en la vida? Ciertamente  se evitarían muchos desastres, pero sería aburrido. Lo interesante reside en hacer y caminar en la buena dirección sea cual sea. Esto proporciona estimulo y encanto y es muy motivador.

Tú sabes donde vas y lo que quieres?

 

 

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ACTUAR CONTRA NUESTROS TEMORES
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Miguel Silveira | 01-01-2017 | 18:05| 0

Todos tenemos temores o miedos más o menos razonables o irracionales. Y a todos los temores  nos empujan a evitar afrontarlos. Es incómodo el afrontamiento por cuanto nos obliga a salir de la zona de confort y nos molesta, nos angustia, nos perturba, nos altera. Por la acción de evitarlos, de no pensar en ellos, de esconder la cabeza, de trasladar a otros el afrontamiento y la solución y no querer mirarlos de frente es la reacción más extendida. Y tiene una ventaja: en el momento mismo de evitar lo temido nos encontramos algo más aliviados porque, aparentemente, nos hemos quitado un peso, nos sentimos algo más aliviados. Eso nos sirve de refuerzo y tendemos a repetir la evitación. Pero a medio y largo plazo la evitación se vuelve contra nosotros. Cuanto más tiempo pasa mayor es el peligro de que el asunto evitado haya aumentado su gravedad o su importancia, su complicación y la angustia también por ello mismo.

Por eso es conveniente tener las ideas claras y tratar de afrontarlos cuanto antes. Aunque de inmediato produce el efecto contrario a la evitación, es decir, aumenta la incomodidad y la tensión nerviosa, sin embargo el efecto derivado es el alivio porque o bien conseguimos resolverlo, o constatar que no era para tanto y con el alivio nos sentimos mejor y más fortalecidos.

Afrontar se puede hacer de dos formas, o paulatinamente o de repente, produciendo una inmersión o un cara a cara de perro. Cada cual debe elegir la fórmula pero la más recomendable suele ser la segunda porque supone un gasto mayor de energías pero también se sale antes de dudas y antes comenzamos a sentirnos mejor y más fortalecidos.

En los miedos irracionales, sobre todo, en los que carecen de sentido, evitar mejor no hacerlo nunca o pocas veces. Afrontar, siempre y cuanto antes mejor.

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DECÁLOGO PARA EDUCAR BIEN A UN HIJO
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Miguel Silveira | 22-12-2016 | 22:44| 0

1.- Manifestarle de palabra, con contacto y con hechos nuestro amor y aprobación de su persona y de lo bueno que tenga.

2.- Ponerle unas pocas normas esenciales para su crecimiento en disciplina y responsabilidad y hacer que las cumpla, pero a partir de los 15 ir aflojando la imposición y negociando y acordando

3.- Mantener los dos progenitores si los hay la misma posición en esas normas para darle  seguridad y coherencia

4.- Darle algunas satisfacciones y caprichos si los merece,  pero no excederse en concesiones para no hacer de él un tirano hacia los padres.

5.- Educarlo en el esfuerzo haciendo que haga el sus tareas y obligaciones y no tender a dárselas hechas o muy facilitadas.

6.- Fomentar en él la autonomía en la búsqueda de soluciones a los problemas y toma de iniciativa.

7.- Reforzar sus logros, aciertos y cualidades para que aumente su autoestima, evitando las descalificaciones personales.

8.- Acostumbrarle a que valore las consecuencias de sus actos para que proceda con lógica y prudencia.

9.- Educarle en la comprensión de los demás así como en la práctica de la educación y el respeto.

10.- Educarle en el auto cuidado en su alimentación, sueño y descanso así como

en el mantenimiento del orden personal.

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COMPRENDER ES LO IMPORTANTE!!!
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Miguel Silveira | 13-12-2016 | 21:25| 0

COMPRENDER ES LO MÁS IMPORTANTE

 

Una de las mejores herramientas con que podemos contar en nuestra vida para valernos y vivir exitosamente es ser competentes  en la comprensión y entendimiento de la realidad que nos circunda, sea social, ambiental, económica o del tipo que fuere. Quien comprende bien es porque saber pensar bien y con lógica, intenta buscar las causas de todo y sus consecuencias, intentar ver dónde está la esencia del problema y de los asuntos y donde lo secundario y lo irrelevante. No confunde esos niveles.

Bien pues todo esto se ejercita cada vez que el alumno se pone a estudiar cualquier materia, es decir, se debería entrenar diariamente  en la enseñanza primaria a partir de cuarto en adelante y por supuesto en la secundaria.

Si el alumno no se entrena bien en la comprensión, no solo no superará los niveles académicos mínimos y aceptables sino que estará perdiendo una oportunidad en entrenarse en aprender a comprender la vida en todas sus facetas.

Y además se derivará otro inconveniente: no se entrenará adecuadamente en la expresión oral y escrita de aquello que ha estudiado, leído, escuchado o visto.

Bien,  pues lo que está ocurriendo en la enseñanza de nuestros hijos es que tienen un déficit importante, en general, en la comprensión y expresión porque sus profesores (en general) no se lo enseñan debidamente no porque estos no quieran sino porque en la mayoría de los casos no se  ha preparado a los profesores para que realicen con sus alumnos ese entrenamiento. Muchos acceden al profesorado porque en unas oposiciones saben bien las decenas de temas del temario, pero esto no es una buena selección. Otros por amistad, por enchufe, por compromiso, porque tienen un título, o porque se han puesto en las listas interinos. Los menos son seleccionados en base a su competencia pedagógica y sus habilidades en el trato exitoso con todos sus alumnos.

Si a ese déficit le añadimos el exceso de materias a estudiar en primaria y sobre todo en secundaria, tendremos la explicación de por qué se aburren, se desaniman, abandonan, se ausentan, pierden el interés y no progresan como deberían: al no comprender bien no encuentran aliciente en aprender cualquier materia y si no tienen interés repercutirá en la dificultad para tener éxito.

Este déficit en comprensión y expresión es el punto más débil de la enseñanza en este país y ahí deberían los gobiernos volcarse de inmediato. Entonces sí sacaríamos buena nota en los informes PISA.

Es hora de que las instancias educativas se pongan a resolver este grave problema, entrenando al profesorado que no lo esté.

En la medida en que los alumnos COMPRENDAN en su estudio, comprenderán la vida y en la medida en que se expresen bien en la escuela se expresarán bien en el futuro en cualquier situación, lugar y momento.

La buena comprensión es una forma de amueblar bien nuestro cerebro y de sabernos manejar ante los millones de imputs de información que nos llega y nos llegará por la red.

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LA BOA Y EL CHIMPANCÉ
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Miguel Silveira | 05-12-2016 | 22:19| 0

 

Lo publiqué hace años  pero su contenido sigue siendo plenamente vigente en estos tiempos y en los que nos quedan por vivir y por lo mismo lo vuelvo a publicar.

En una jaula donde había un chimpancé y cuyos niveles de cortisol y de colesterol se habían medido previamente metieron una boa constrictor y le volvieron a hacer al chimpancé una análisis de sangre para ver la influencia del impacto. El resultado fue que los niveles de cortisol y de colesterol se dispararon.

Metieron a continuación un chimpancé de peluche en la jaula y de nuevo el análisis constató que los niveles se habían reducido, al verse acompañado, aunque sin alcanzar los niveles previos a la escena primera.

Es fácil concluir, por comparación,  que sea cual sea nuestro estado de estrés, ansiedad o angustia y sea cual sea la causa que lo haya originado, lo cierto es que el ser humano se sentirá más aliviado, menos angustiado y estresado  si dispone de apoyo emocional, de cariño, de buena compañía que le de seguridad y confianza y las dificultades se afrontan mejor si experimenta  la ayuda y el calor del amor de sus seres cercanos.

Si en medio de la soledad impuesta nos sobrevienen peligros ante los que podamos sentirnos  disminuidos, nuestras constantes vitales se dispararán también, en el colesterol, la tensión arterial, el cortisol y otros y bajarán más las  defensas de nuestro sistema inmunitario. Nos sentiremos más debilitados.

Sentirse protegido es una gran defensa y un sedante mejor que cualquier psicofármaco, sea genérico o especifico.

Eso si,  para obtener y sobre todo garantizar la protección conviene merecerla, aunque por otra parte no siempre esa protección se obtiene en la medida deseada a pesar de merecerla. Alguien que lea puede dar fe de que lo que digo es muy cierto.

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¡ES UNA GUERRA, AMIGOS!
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Miguel Silveira | 19-11-2016 | 21:34| 0

 

No puede haber armisticio ni negociación. Solo cabe o vencer o ser vencidos. Es imposible porque se trata de una guerra permanente. No es pesimismo, sino realismo puro.

Por un lado estamos nosotros, los humanos, tú y yo en cuanto seres humanos. Este es uno de los bandos. En el de enfrente están los contratiempos y las adversidades que cuando menos lo pensamos aparecen, nos sorprenden al paso del camino, acechados o que se les ve venir. Son el enemigo.

Y con este enemigo no caben ni componendas, ni negociación ni pactos. Imposible. Se trata de un dilema, de que o ganamos esa guerra o seremos vencidos.

Tampoco es solución esconder la cabeza o hacernos los despistados, dejarlas pasar porque se imponen delante de nuestra vista y si pretendemos no verlas nos pasan la factura. No hay remedio.

Adoptan varias formas, se presentan cuando menos lo esperas y en cualquiera de las áreas de la vida, desde la salud, el trabajo, la economía, la familia, la pareja, las relaciones, todas, todas las áreas esconden obstáculos y contratiempos varios.

Quien opta por buscar ayuda para defenderse hará muy bien, si encuentra, pues los refuerzos son siempre bienvenidos pero lo más interesante es curtirse en las batallas diarias y adquirir fuerza, la fuerza y la moral que dan la victoria sobre ellas.

Perder esta visión bélica de lo que constituye la existencia es un acto de ingenuidad y de ignorancia.

No se puede bajar la guardia, aunque tampoco es necesario vivir en estado permanente de  neurótica alerta, como si no tuviésemos momentos de descanso. Quien ataca aumenta las probabilidades de victoria.

Por tanto, es bueno recordar, que con los contratiempos no se puede negociar o pactar. O te impones o ganan.

Cierto es que podemos siempre sacar, caso de ser vencidos alguna conclusión o moraleja que nos puede servir para rearmarnos ante los muchos de ellos, que a lo largo de la existencia nos esperan.

Eres de los que se arrugan o refugian en el fornido “primo de Zumosol” que te saque las castañas del fuego?

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¡FUERA EXCUSAS!
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Miguel Silveira | 10-11-2016 | 11:20| 0

 

La tendencia humana a ponerse excusas por no haber conseguido sus propósitos está muy enraizada y no solemos tener clara conciencia de esa automanipulación a la que nos sometemos. La mayor parte de las veces que no estamos satisfechos no es la culpa de la casualidad, de las circunstancias o factores ajenos a nosotros. Es fruto de la falta de seriedad con nosotros mismos para ponernos metas y emplear los esfuerzos necesarios y constantes para alcanzarlas. Es fruto de nuestra pereza, falta de decisión y determinación para asumir el esfuerzo con constancia. Es fruto, en fin, de la tendencia a ponernos excusas, más o menos razonables, pero excusas al fin.

Sólo un análisis reposado puede llevarnos a concluir donde se encuentran los fallos y sólo una falta de determinación puede conducirnos a lo que se entiende por fracaso.

Si uno desea ardientemente mejorar no queda otro remedio que ser serios, afrontar los propios fallos  y  ponerse con paciencia a caminar por la senda correcta. La impaciencia y la impulsividad, el deseo de inmediatez no son buenos compañeros de viaje. Todo requiere un esfuerzo sostenido y los frutos se ven a medio y largo plazo. Hay que ser realistas y contar con los tempos y ritmo de las cosas. El deseo de recompensas inmediatas es legítimo, pero no es el camino. Hay que empezar a sumar poquito a poco esfuerzos y consumo de energías hasta llegar a ver el fruto. Ninguna fruta madura de la noche  a la mañana.

Y llegará un momento, un punto crítico en el que, después de un proceso más o menos largo de incubación,  podamos disfrutar de la eclosión del triunfo sobre nosotros mismos. La excusas no valen, aunque aparentemente nos consuelen.

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¡QUISIERA SER JUNCO!
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Miguel Silveira | 31-10-2016 | 10:59| 0

 

Desde siempre me han fascinado los juncos al ver que cuando les azota el viento, por muy fuerte y violento que estos sean, solo se cimbrean, pero nunca se parten, si están vivos (verdes quiero decir). Su flexibilidad les permite curvarse y adaptarse, pero,  pasada la ventolera vuelven a su estado preliminar o previo. Me encantan como digo, pero según pasan los años noto que mi actitud va ganando cierta rigidez y eso, además de no gustarme, confieso que me asusta. Me parecen tan injustas algunas actuaciones que me impactan con fuerza y temo que al perder flexibilidad me pueda partir en dos o en varios trozos. Tengo que hacer grandes esfuerzos de comprensión algunas veces, porque sé que es positiva y amortigua las relaciones, y de suavidad en mis reacciones, pero si me dejo llevar de mis impulsos, reconozco que alguna rigidez me amenaza ante ciertas conductas  y cuando alguien me trata con dureza. No quisiera llegar a padecer de arterioesclerosis, porque eso indica que se me están endureciendo las arterias y tampoco quisiera padecer psicoesclerosis, que significa el endurecimiento de las actitudes, pero tengo que hacer y voy a procurar hacer dieta mental. No sé si, querido lector, te ocurre a ti lo mismo. Antes yo era igualito, igualito que los juncos y ahora…ahora noto que tengo la tentación de andar, si me descuido, un poquito más rígido. Es cosa de los años.

Bueno, como sé el peligro que me acecha, tengo que ejercitarme con frecuencia en entrenar la comprensión y la empatía para contrarrestar esa tendencia. Son más sanas, lo sé. Creo que lo voy consiguiendo, pero a poco que me descuide o baja la guardia un tiempo, la rigidez que siempre nos acecha,  puede ir calando mis tejidos y, en verdad, no lo quiero.

Aunque el mal de muchos no debería ser consuelo, algo si me consuela porque no soy ni raro ni el único. Hay muchos más. Será acaso una epidemia…? Olvidé vacunarme y por eso me tengo que esforzar en ganar en cintura. A ver si lo consigo. Me ayudará recordar que yo también soy imperfecto…

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CÓMO TRATAR A UNA PERSONA ENFADADA
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Miguel Silveira | 19-10-2016 | 10:05| 0

 

Dada la difícil situación que supone tratar adecuadamente a una persona que está enfadada con nosotros porque se le puede escapar el control de sus reacciones fácilmente, voy a exponer algunas claves útiles para utilizar en ese momento.

En primer lugar la mejor posición es hablar sentados los dos, por eso se le invita a sentarse. Es una buena forma de evitar invadir la zona de privacidad de ambos y en este caso del que está enfadado para evitar que nos invada a nosotros. De pie  es más dificil manejar la interacción.

No te olvides de llamarle por el nombre. A todos nos gusta que nos llamen por el nombre. Eso nos agrada y siempre dulcifica cualquier reacción. Amortigua la agresividad que el otro puede sentir hacia nosotros.

Trata de hablar con un volumen de voz más bien bajo y sin enfatizar demasiado algunas palabras. El volumen bajo ayuda al otro a reducir su agresividad y enfado.

En general también es conveniente reducir la velocidad del lenguaje que utilizamos. A más velocidad, más posibilidades de hacerle reaccionar más airado. A menor aceleración, mayores posibilidades  de incitar a la calma y modular un poco su reacción.

No argumentar ni discutir. Más bien limitarse a hablar,  a exponer sobre todo los hechos, procurando no meterse con su persona, sin usar adjetivos negativos contra ella.

Finalmente, aunque debe ser casi lo primero, es muy bueno escucharle atentamente y todo lo que tiene que decir,  a ser posible sin  interrumpir su exposición, aunque no estés de acuerdo. Si le escuchas le darás ocasión de desahogar su ira, su enfado y su molestia.

Evitar cualquier broma o sentido del humor porque puede ayudar a escalar su agresividad.

Usando estas técnicas es altamente probable que la conversación termine bien, bajo control y así nos habremos librado del riesgo de explosión y quizás se llegue a un entendimiento.

Mírale de frente pero no mantengas fija la mirada en sus ojos. Puede sentirse provocado

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LA HIPERACTIVIDAD, UN GRAN PROBLEMA
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Miguel Silveira | 05-10-2016 | 16:16| 0

 

Sin pretender que los padres que lean este espacio saquen la conclusión de que su hijo es o no hiperactivo, porque a quien corresponde el diagnóstico es al profesional, voy a dar algunos detalles que nos ponen en la pista de la hiperactividad si se cumplen la mayor parte  de los aspectos de cada uno de los dos bloques que siguen.

Hay dos bloques de síntomas: el de la atención y el de la impulsividad.

EL DE LA ATENCIÓN

No escucha

No completa las tareas

Tiene dificultad en organizar sus tareas

Se distrae fácilmente

Se le olvidan las cosas

A menudo pierde cosas

Evita tareas que requieren un esfuerzo mental sostenido

 

EL DE LA IMPULSIVIDAD-HIPERACTIVIDAD

Pone nerviosos a los demás

Se levanta del asiento

No para quieto

No es capaz de jugar tranquilamente

Siempre haciendo algo

Habla en exceso

Actúa sin pensar

Espero que sirva al menos de orientación básica para aquellos padres que dudan sobre la hiperactividad o no de sus hijos mayores de seis años, aunque esas pistas habría que tomarlas en dos o más contextos.

Repito: Esto es solo una serie de pistas para pensar, aunque no sirva de diagnóstico. No es ese el objetivo, como dije, sino ayudar a los padres a estar algo informados.

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Sobre el autor Miguel Silveira
Psicólogo clínico, experto en ansiedad y estrés C/ Carlos Marx,1 - 6º D Gijón (Asturias) http://www.miguelsilveira.com http://www.estresyansiedadonline.com

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