El Comercio
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A la deriva
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María de Álvaro | 11-06-2018 | 15:34| 0
-FOTODELDIA- Alta mar, 21/04/2018.- Miembros de la ONG 'SOS Mediterranee' del buque 'Acuario' ayudan a una mujer durante una operación para rescatar a más de 250 inmigrantes en un barco de madera, a unos 50 kilómetros de la costa libia, en el Mar Mediterráneo, el 21 de abril de 2018. El Acuario la tripulación dirigió dos operaciones el 21 de abril y rescató a unas 350 personas, además de las 164 rescatadas la semana pasada y ya a bordo. (Libia) EFE / CHRISTOPHE PETIT TESSON:

EFE / CHRISTOPHE PETIT TESSON

El Sporting está oficialmente en Segunda y Gijón amanece anegado. Agua literal y metafórica que tiene la playa marrón y el barro campando a sus anchas. Hacemos aguas, nos hundimos. Pero la verdadera tormenta no se desata aquí, porque esto es una broma, un chiste malo, si se pone en perspectiva. Ahora mismo, mientras lamentamos el mal tiempo, nos acordamos de la depuradora y maldecimos porque nos faltaron un par de goles, 629 personas están retenidas en un barco y viajan literal y metafóricamente a la deriva por el Mediterráneo. No les dejamos entrar en Europa. Son 506 hombres y mujeres, siete de ellas embarazadas, y 123 niños, once de ellos pequeños, que viajan solos. Y no deberíamos atrevernos a hablar de nada más, a hacer nada más que abrirles la puerta. Cada minuto que la UE calla, cada vez que un país le pasa el no-es-asunto-mío al siguiente, Europa se va muriendo un poco. Y todos y cada uno de nosotros, los habitantes del continente que se inventó la democracia y el derecho, nos vamos convirtiendo en más y más cómplices de la náusea. Porque los refugiados no se mueren, los estamos matando. Y ahora dirán que esto es demagogia, pero es una emergencia.

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Un astronauta y un marciano
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María de Álvaro | 06-06-2018 | 15:22| 0
-FOTODELDIA- GRAF4104. MADRID, 05/06/2018.- El expresidente del Gobierno José María Aznar, durante la presentación del libro "No hay ala oeste en la Moncloa", del escritor Javier Zarzalejos, donde ha comentado la situación política actual y los últimos acontecimientos ocurridos en los últimos meses. EFE/Kiko Huesca

Casi al mismo tiempo que el flamante presidente nombra ministro a un astronauta, el viejo presidente dice que se jubila y le crece un marciano. Un marciano, sí, porque la marcianada del momento se llama José María Aznar y se apellida ‘me-ofrezco-para-regenerar’. El padrino de la boda más famosa de la historia con permiso de Coppola y la casa Windsor, aquella en la que desfilaban por el Escorial todos los que después desfilaron por la Audiencia Nacional, el dueño de la caja de Pandora (no digo ‘b’ por si me riñe Cospe), el señor que salió corriendo por una puerta giratoria después de dejarlo todo ‘atado y bien atado’, como aquel, en su famosa libreta… Ese, el único de la foto de las Azores que no ha pedido perdón porque no entiende pa qué (literal, o casi), ese dice que se ofrece a participar en la “reconstrucción” del centro derecha porque el PP no le representa. Acabáramos. Jose Mari se marca un giro  de ‘indignado’ y sorprendentemente lo hace con el bigote recortado bien puesto, sin que se le caiga la cara ni nada. Pues vale, pues ok, pues ya le llaman si eso.

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Mudanzas Moncloa
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María de Álvaro | 02-06-2018 | 12:20| 0

Cualquiera que haya hecho una mudanza, o sea cualquiera, sabe la que tiene que haber liada ahora mismo en La Moncloa: cajas, maletas, “eso tíralo de una vez”, “eso me lo tiras y te mato”…  sin tiempo ni para pensar ni para hacerse una idea. Y Viri loca, porque Mariano, fiel a su estilo, es capaz de haberse atrincherado en la salita de estar a ver si escampa y de paso escuchar por la radio el desenlace de la Segunda División. Pero no, no escampa ni en la ría de Arosa, que como todo el mundo sabe y después de lo de ‘Fariña’ más, tiene microclima. Peor lo tiene Begoña, ‘princesa’ por sorpresa, que cambia de casa y no tiene ni dea de por cuánto tiempo. Ahora mismo está dirigiendo la llegada del furgón y apremiando a su Pedro: “¿Chico, pues dime ya si convocas elecciones anticipadas o lo dejas como está para ver si traigo la cómoda de mi madre o la dejo en casa?” Al final a lo mejor decide ella, que ya le dejó claro el tribunal de la Gürtel a Rosalía Bárcenas que nosotras parimos y decidimos y lo de la mujer florero que no se entera se acabo y punto. Y mientras en La Moncloa todo es un trajín, en Galapagar se celebra una pool party, porque ‘podemos’ y encima nos dejan; en Barcelona aplauden con las orejas y los ‘ciudadanos’ de bien o de mal, según se mire, se tientan la ropa. Está animado este día para la historia y además parece que va a quedar buena tarde. Ahora solo falta que gane el Sporting y pierda el Zaragoza. Vamos allá.

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El bebé de Rosalía
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María de Álvaro | 30-05-2018 | 10:05| 0

 

Rosalia Iglesias, wife of the former treasurer of Spain's ruling People's Party Luis Barcenas, arrives at High Court to appear before a judge in Madrid, Spain, May 28, 2018. REUTERS/Sergio PerezComo todo el mundo sabe, una chaqueta es la prenda de abrigo que se pone un niño cuando su madre tiene frío y una madre, una mujer de naturaleza pesada que estará encima de su retoño hasta el fin de sus días. Y su retoño será su niño así use pelele o traje y corbata, así vaya a la guardería o esté jubilado, con o sin pensión. Viene todo esto al caso del choteo del que está siendo objeto la pobre Rosalía Bárcenas, de soltera Iglesias, con perdón: que tiene pendientes 15 años a la sombra por lista y por sabelotodo, porque cualquier buena esposa de su casa hace como la infanta o exinfanta Cristina y firma lo que le manden y luego fue sin querer y lo demás, cosas de feministas y pista. Pues resulta que la pobre y lista Rosalía le pide a los malvados jueces que ya que van a dejar sin padre a su niño, le dejen al menos a su madre. Natural. El niño, todo el mundo lo sabe también, es el cantante de Taburete, del asturiano tayuela, y tiene edad no solo para sentarse solito sino para montar una fábrica de sillas y sillones. Así que Willy, que se llama además como el amiguito de la abeja Maya, con lo que esas coincidencias curten en un patio de colegio, tendrá que aprender a defenderse motu proprio de la cantidad de gente tendenciosa que hay por el mundo. Yo de Rosalía hablaría con la tita María Dolores para lo cuide en su ausencia, porque la Cospe es mucha Cospe y ella lo mismo le canta las cuarenta a un señor magistrado que a uno de Podemos. Es eso o mandarlo interno a Suiza, que algún conocido les habrá quedado por allí. O dárselo en adopción a Belén Esteban. No sé, de madre a madre: por dar ideas.

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Sálvame y el PP
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María de Álvaro | 29-05-2018 | 11:30| 0

El PP acaba de fichar a una tertuliana de Sálvame como secretaria de Comunicación. Y no, no es eso que ahora se llama ‘fake’ y toda la vida fue un bulo. Tampoco un chistoso juego de palabras, porque puestos a pedir socorro los populares mejor tiraban del Ejército de Salvación. Ni siquiera es una cacareada posverdad, aunque lo parezca. Es una verdad de las de antes y la simple constatación, de paso, de que nos vamos por el sumidero y estamos ahora mismo dando las últimas y vertiginosas vueltas, como el agua sucia antes de abandonar el fregadero, si se me permite la metafora marujil, que llevo un tiempo metida en casa. La tertuliana, un palabro ya en sí mismo, y/o colaboradora, otro concepto que tiene su miga: colaboradora de qué me pregunto, llega para preparar a los populares para debates y apariciones televisivas varias. Acabáramos. Escuela Jorge Javier para medrar en política, que haber concursado en ‘Supervivientes’ curte lo mismo que Soto del Real. O más. Y no está nada mal pensado, el terrateniente de Galapagar (abro paréntesis: ¿invitarán a las barbacoas a su vecino José Tomás o tendrán que preguntar en referéndum no vaya a ser? Venga, cierro paréntesis que me disperso) ya vio el poder de una buen ‘chow’ hace tiempo y en realidad hace mucho que el congreso es un plató Deluxe y algunos diputados tienen más en común con una folclórica (o folclórico) que con un Winston Churchill. La pena es que el fichaje sea para el PP de Madrid y no le haya dado un par de lecciones a nuestra Cherines. A lo mejor con un poco de salsa, rosa naturalmente, se hubiera tragado mejor el sapo de la Gürtel y no hubiera dicho que los críticos de su partido son “cuatro boquirrotos que pretenden acorralarnos en la esquina”. Llámenme populista, pero yo lo que quiero es ponerme jazmines en el pelo y salir corriendo (Ay, María Dolores, que pocos nos van quedando). O que venga el ‘Spiderman de Mali’ y los saque a todos por la ventana. A ser posible, a gorrazos.

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Ahora y siempre
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María de Álvaro | 06-03-2018 | 13:52| 0

Igual que para creer en la Santina no es necesario creer en Dios, para ser de Quini nunca hizo falta ser del Sporting, ni siquiera de fútbol. Porque Quini era, es, otra cosa.
Recuerdo la primera vez que vi el río Duero desde el asiento de atrás del coche de mi padre: la inmensa emoción infantil de comprobar que algo que habitaba en los libros también era real. Me sucedió lo mismo la primera vez que vi a Quini en carne y hueso. Porque para los niños de mi generación Quini era la equivalencia en rojo y blanco a Superman. Quini era el póster en la habitación, el grito de goooooool en la radio del domingo por la tarde, la alegría de Isidro, playu entre los playos, camino de El Molinón. Era la fe inquebrantable de mi abuela en el Sporting, la certeza de que el pequeño puede con el grande aunque solo sea a veces. Era la emoción, nuestra Esparta particular. Quini era, además, el paisano siempre dispuesto, el colaborador de una y mil causas, el que tiene una foto con todo Gijón, literalmente, no es un decir, porque él posaba y sonreía para quién quisiera, cuándo quisiera y cómo quisiera.

Pero sobre todas las cosas, Quini siempre me pareció la encarnación con piernas, benditas piernas, de las segundas oportunidades, esas que la vida te enseña que suelen acabar siendo las mejores. Dejó el Sporting y volvió, le secuestraron y perdonó, le vinieron mal dadas y levantó cabeza, peleó contra un cáncer cabrón y le dio esquinazo. Ya es casualidad, o no, que su corazón se haya parado precisamente en el día más frío en años en un Gijón helado y paralizado por una noticia que se adelanta veinte o treinta años, joder. Por primera vez no hay segundo tiempo, no queda partido de vuelta para remontar.

La última vez que le vi en la tele daba ánimos al jugador de turno que salía al campo después de un cambio y pensé que Quini era la única persona del mundo capaz de hacer del abrazo una profesión, la segunda de su vida. La última vez que le vi en persona fue, naturalmente, en una sidrería. A pocos pasos un niño con la boca abierta le miraba y tiraba de la chaqueta de su padre, atónito como si fuera el mismísimo Rey Melchor o Batman con el Batmovil aparcado a la puerta el que estuviera acodado en la barra. Quini charlaba tranquilamente con su mujer de sus cosas, pero vio al guaje por el rabillo del ojo y no lo pensó ni medio segundo. Se acercó a él, le chocó la mano, le cogió los mofletes y le soltó no sé qué gracia… En la cara de aquel niño, encendida, volví a ver a mi hermano con diez años, vi otra vez a mi abuela en la Tribunona, vi a una ciudad entera, a un pueblo, unos colores, una forma vieja y auténtica de sentirlos y sobre todo vi a El Brujo en acción, que pidió otro culín sin darse un pijo de importancia, sin darse cuenta, o dándosela pero sin aspavientos, de que hay personas tocadas por la mano de Dios, o de la Santina, capaces de hacer magia: con las piernas en un campo de fútbol, con las manos en la barra de un chigre… con el corazón siempre y en cualquier caso.

Quini se ha ido. Su leyenda jamás. La poesía no siempre se crea por escrito y los poetas, como los viejos rockeros, nunca mueren. Ahora, Quini. Ahora y siempre.

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Que la vida iba en serio
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María de Álvaro | 20-12-2017 | 20:23| 0

Palabras para el 25 aniversario de la Promoción de 1992 del Colegio de la Inmaculada

Nacimos el mismo año que Los Ramones, el Watergate y la Revolución de los Claveles. Que la vida iba en serio lo comprendimos más tarde. Fue con la ayuda, claro, de Gil de Biedma, pero más bien gracias a algún que otro triunfo y a mil y un fracasos, muchos de unos y otros vividos entre estas mismas paredes, donde nos graduamos olímpicos. Ahí es nada. Somos la promoción del 92, unos guajes, sí, pero aunque parece que fue ayer, han pasado 25 años. Y eso son más de 9.000 días. 9.000 días en los que nos hemos hecho mayores, algunos incluso señores calvos, con perdón.

Dice el proverbio zen, y si no lo dice debería hacerlo, que los árboles solo crecen si conservan sus raíces: pues las nuestras están aquí. Aquí hicimos amigos y amigas para siempre, hermanos y hermanas de colegio, algunos incluso construyeron sus familias. Aquí nos hicimos europeos, vivimos la caída del Muro de Berlín, la primera Guerra del Golfo o el vil asesinato del padre Ignacio Ellacuria, sus compañeros y asistentes en El Salvador, hoy otra vez de plena actualidad por la reciente extradición y encarcelamiento de uno de sus autores. Aquí también jugamos la UEFA con el Sporting, sí, queridos, en el 92 fue la última vez. Y aquí todos, absolutamente todos, aprendimos que no hay recompensa sin esfuerzo. Y, de paso, tampoco crimen sin castigo. Esto por supuesto gracias a Dostoyevski y al Pedrolo, que también nos enseñó a querer a Don Quijote aunque el odio formase parte de aquella relación, al menos en sus comienzos. Igual que gracias al inolvidable Meana aprendimos a hacer integrales y a coger el abrigo siempre antes de salir a cualquier pasillo. El Amado nos enseñó dónde estaban la cueva de Platón y el sentido de la ironía. Valdés, probabilidades y el arte de buscar una buena excusa para llegar tarde. El Chifu, a sentir la música que no era ni de Loquillo ni de los Smiths. Con el Pater Almendral declinamos y reímos chiscando los dedos hasta el dolor. Con el Cachos supimos del desarrollo de una ameba y sobre todo del valor del azar, de la suerte, la buena y la mala. Con Guerrero, a construir catedrales como si fuéramos canteros de la Edad Media. O algo así. Con Kilo, que la inocencia nunca está de sobra. Y con Pachi, el cura, nuestro cura, a hacernos mayores y a opinar. A veces hasta con razón. Porque con Pachi aprendimos a hablar con hechos, además de con palabras.

Todo, todos forman parte de quienes somos hoy, en nuestras casas y fuera de ellas. En Gijón y en todo el mundo, porque son muchos los que han querido o han tenido que irse. Como médicos, como veterinarios, como bioquímos, arquitectos, abogados, economistas, periodistas. Como ingenieros, como artistas, pero sobre todo como personas, eso que últimamente se ha dado en llamar gente. Mujeres y hombres nacidos en el siglo pasado, sí, así es, ya lo siento, pero bien plantados en este, seguramente con algún sueño roto pero muchos, muchísimos, también renovados.

Y, claro, con alguna ausencia, porque no querría terminar sin acordarme de quienes un día estuvieron y hoy nos acompañan desde algún otro lugar. Recordar, ya lo hemos hecho, a Pachi, el último en dejarnos, aunque siga con nosotros, a Meana, al padre Cifuentes, a Villamil, a Almendral, a Faustina, a Narganes y muy especialmente a alguien que hoy estaría aquí pidiendo que sonara alguna marcha militar, discutiendo de política y haciendo sonar su vozarrón para seguir siendo el buen tipo que siempre fue los años que lo tuvimos con nosotros. Ya sabéis que hablo de Jorge, de Jorge Noval.

Que la vida iba en serio lo comprendimos más tarde, sí, pero aquí empezamos a intuirlo mientras estudiábamos, pirábamos clase o nos enamorábamos por primera vez. Y hubo quienes casi nacieron aquí y aquí vivieron toda la EGB, el bachillerato y alcanzaron el ansiado último piso de COU y quienes llegamos más tarde, aquellas niñas que fuimos bichos raros el primer día. Solo el primero, puede que también el segundo pero, desde luego, no el tercero.

Esta es nuestra casa, nuestra patria, el origen de todo. Porque, ‘tigres’, nos dijeron que diéramos siete vueltas. Pero hemos dado más. Muchísimas más. Y las que nos quedan. En 10 años, aquí nos vemos otra vez. Y pasaremos lista. Estáis avisados.

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El culo y las témporas
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María de Álvaro | 07-08-2017 | 16:51| 0

Si mi abuela viviera y hubiera visto la foto de la salvamento de San Lorenzo hubiera sentenciado que llevaba medio culo fuera y que mejor se tapaba. Pero resulta que mi abuela nació a principios del siglo pasado en una Cuba que tampoco era libre, aunque de otra manera, y se educó en una España de postguerra que para qué vamos a contar. Lo curioso es que la recomendación del Ayuntamiento de Gijón para que la chica pueda seguir ejerciendo su trabajo con normalidad en la playa sin convertirse en diana de comentarios más o menos graciosos (sic) o más o menos rijosos es exactamente la misma que le daría mi abuela hace años: que se tape. Y eso, que en mi abuela me haría gracia y me llevaría, además de unas risas, varias explicaciones de por qué ahora, abuelita, sí se puede llevar medio culo fuera y no pasa nada, resulta tan ofensivo, tan ridículo y tan extemporáneo viniendo de la autoridad municipal que parece mentira que hoy, 7 de agosto de 2017, estemos hablando de ello. Porque cualquier día volveremos a admitir que hay ropa provocativa que puede ser atenuante de un delito y entonces ya no habrá marcha atrás. O nos haremos todas fans del burkini.

El machismo no se combate tapándose el culo, se combate con educación, pero, eso, claro, sí que es extemporáneo en los tiempos del reality e internet, en los que lo políticamente correcto hasta el ridículo convive con el deporte del despelleje más zafio. Mi abuela también diría que no sabe a dónde vamos a ir a parar. Y ahí, lo siento, tengo que darle la razón.

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Libertad de vómito
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María de Álvaro | 21-07-2017 | 15:47| 0

Un hombre levanta los brazos al aire. Sobre él, dos frases entre exclamaciones: “¡Libertad de expresión! ¡Pero sin tener que pensar!”. El Roto, como casi siempre, da en el clavo. Libertad de expresión blande un chaval que acaba de estrenar la mayoría de edad en el Carmín de la Pola y que luce una camiseta chistosísima e inocente a su reflexivo entender: “Ninguna mujer está completa hasta que un hooligan se la meta”. Para que añadir más. De libertad de expresión presumen también los simpáticos, progresistas y solidarios jóvenes que se burlan ante un cartel que recuerda el asesinato programado de Miguel Ángel Blanco. Terrorífico. Libertad de expresión parece ser también despellejar viva a una niña que acaba de cumplir los 18 porque es fea, sí, como la madre que la parió, que no ha dudado en vender su vida entera por fascículos, vale, y qué. Libertad de expresión es prácticamente cualquier vómito que cualquiera decida arrojar, generalmente encima de otro o de otros. Otra y otras también vale. Y decir que eso tiene que controlarse es ser un facha y estar en contra de la, ay, libertad de expresión. “No sois nadie para juzgarme” escucharon esta misma semana los jueces de la Audiencia Nacional. No es la civilización de Occidente la que se va acabando, es la civilización a secas. Parece que se nos ha olvidado aquello de que mi libertad termina donde empieza la del otro. Tenemos motivos para estar cabreados, eso no lo duda nadie, pero el resultado es simplemente nauseabundo. Y no debería llamarse libertad.

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Rodolfo Pico, una despedida en óleo sobre verso
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María de Álvaro | 10-04-2017 | 16:58| 1

 “Si recordáis mi risa, si disculpáis mis errores pasados, si evocáis esas pequeñas cosas que un día compartimos, seguiré estando con vosotros. Recordadme en todo lo que compartimos y estaréis orando por mí y por todo lo que nos hace eternos. Tomémonos de la mano, os he amado tanto, he amado tanto la vida… y por ello vamos juntos a dar un abrazo al peso de la luz, que ya siempre será conmigo, en una infinita escucha, en un sonoro silencio”. Sólo un aplauso final rompió el “sonoro silencio”, pero no fue inmediato, se dejó esperar, gargantas anudadas, mientras artistas, amigos, galeristas… todos cuantos se reunieron ayer en el Evaristo Valle recordaban a Rodolfo Pico al cerrar su exposición que el destino quiso que fuera póstuma. A él, a su risa y a ese universo lleno de colores que el gijonés creó con su paleta.
Las palabras fueron el broche, la forma de cerrar la visita que guió por sus cuadros Jorge Mola, y eran palabras del propio Pico. Las escribió hace ahora dos años para confortar a un amigo que acababa de perder a su hermana. Él no lo sabía entonces, pero ayer sirvieron para despedirle o, mejor dicho, para hacerle más presente. Tan presente como su propio arte, ese que le sobrevive y que durante los últimos meses ha estado colgado de las paredes del museo de Somió. A las obras de Pico, a su “chat noir”, a su particular Principito “cosmonauta”, a sus nostalgias heredadas de Cuba por vía paterna, se sumaron además para la ocasión dos piezas, dos abrazos pintados de dos de sus colegas y grandes amigos: Miguel Watio y Pelayo Ortega. Pintó Watio a Rodolfo con su eterna gorra sobre un barco de papel despidiéndose para surcar un mar de mil colores y Ortega le dijo adiós con la sencillez de una pajarita de papel cargada de poesía, esquinada sobre fondo negro, negrísimo. Y los dos, con la pintura de Pico, con su recuerdo, le pusieron el mejor cierre a una muestra a la que seguirá, ya para siempre, su “sonoro silencio”.

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