El Comercio
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DEPRESIÓN: LAS IDEAS CLARAS
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Miguel Silveira | 05-06-2017 | 21:59| 0

 

Si tienes tres minutos atrévete a emplearlos en la lectura de lo que sigue. Si no te convence solo habrás perdido tres minutos que, si vives ochenta o más años, no son nada.

Muchos se han interesado por lo que digo en el reportaje sobre la depresión que ha salido este domingo 4 de junio en El Pais y para el que me entrevistaron pero solo sacaron partes sueltas. Por ello voy a extenderme algo más, sin ser pesado ni por supuesto exhaustivo, para que quede claro a los lectores y fans este asunto que a tanta gente afecta en algún momento de sus vidas.

El tema no es sencillo y por tanto no quiero crear expectativas de fácil solución aunque voy a tratar de aportar algunas ideas para ayudar a los lectores interesados en este asunto. No puedo ser muy breve ni tampoco extenderme para no aburrir. A ver si lo consigo.

La depresión no es una enfermedad, amigos, sino un trastorno emocional, un estado consistente en sentirse desganado, desmotivado, triste, sin ilusión con inapetencia para disfrutar de actividades de las que se venía disfrutando y todo ello tiene que durar días o semanas por lo menos, ya que si hablamos de momentos, todo el mundo pasa por momentos breves o fugaces de bajón y por tanto esto no se puede llamar una depresión. Sencillamente uno se siente durante un tiempo bajo de ánimos y tiende a dejar de hacer actividades y tareas que hasta que la depresión se presentó, las realizaba o con ganas o sin mucho esfuerzo. Al mismo tiempo su mente se puebla o inunda con pensamientos negativos sobre el asunto o asuntos que más le preocupan o sobre la vida en general.

La depresión presenta distintos grados, yendo desde lo más grave que es la total indefensión y perder el sentido de la vida y rondar el suicidio, hasta un bajo estado anímico y de impotencia que puede durar semanas o meses.

Lo interesante en todo caso es saber de dónde procede y qué se puede hacer para irlo superando.

La depresión es un estado al que se llega (no del que se parte) después de soportar largo tiempo un estado de tensión nerviosa, tensión vital y emocional (resalto la palabra tensión), como consecuencia de tener que afrontar contratiempos, dificultades, obstáculos y reveses que hemos tenido que sufrir en una época determinada, ya sean estos factores de tipo familiar, emocional, económicos, laborales, profesionales o de cualquier otra índole. Es una desembocadura en lugar de un punto de partida.

Esa tensión, estrés o ansiedad, que vienen a ser sinónimos, sostenidas en el tiempo, va produciendo un desgaste personal o incluso agotamiento y como consecuencia de ello se desemboca en la depresión.

Según esto la forma de atacar este trastorno, si queremos que no se cronifique, sería tratando de rebajar esa tensión que es tanto como decir atacar la causa inmediata. ¿Que cómo se ataca directamente? Reduciendo la tensión y esto se trabaja por distintos caminos o métodos: sometiéndose a un programa de relajación diaria durante un tiempo más o menos prolongado pero nunca menor de unas seis semanas. Todo lo que relaje al paciente es adecuado hacerlo, ya sea ejercicio físico, ya sea tiempo de relajación diaria por diferentes métodos (relajación progresiva, relajación autógena, yoga, taichí, etc, etc.) pero diario durante al menos ese tiempo indicado. Si la cantidad y calidad de sueño están afectadas conviene al mismo tiempo ayudarse con productos que lo faciliten, me refiero a los fármacos, pues si el sueño no mejora no podrá mejorar el deprimido, ya que el cerebro descansa sobre todo con el sueño.

Aquí procede hablar de los ansiolíticos que, supuestamente, ayudarían a reducir esa tensión. No estoy de acuerdo en someter a los pacientes a largos periodos de ingesta de ansiolíticos sencillamente porque no resuelven el problema. Si acaso un tiempo breve y para acompañar los referidos métodos de relajación y conseguir relajar el cuerpo durante el sueño. Poco más.

Todo este ataque DIRECTO a la tensión y/o ansiedad/estrés ayuda, pues alivia al CUERPO que es el que soporta la tensión.

Quedarían dos vias INDIRECTAS de atacar la tensión, a saber: atacando los factores externos y los internos (nuestro perfil o forma de tomarnos la vida) que es lo que determina cómo nos tomamos las cosas o afrontamos los factores externos.

Entre los factores externos más frecuentes están los relacionados con la falta de salud, los problemas familiares y de pareja, los problemas laborales, profesionales y económicos. La mayor parte de estos factores no suele estar bajo nuestro control y por tanto nuestra actuación es reducida, aunque siempre se puede hacer algo.

El factor más importante interno e INDIRECTO que hemos de trabajar para rebajar la tensión en la que vivimos es modificar nuestro estilo personal. Tienen que reducir su exceso los siguientes estilos personales: los excesivamente responsables, complacientes, entregados, cumplidores, trabajadores, los que abarcan más de lo que pueden o se sobrecargan de trabajo, los que van siempre acelerados por la vida, los que no pueden parar quietos y tienen que estar siempre haciendo algo, los que se preocupan demasiado, los obsesivos, los miedosos, los inhibidos con gran falta de asertividad, todos estos son candidatos a que la tensión les pase una elevada factura con el tiempo.

Estos cambios personales suelen necesitar la ayuda de profesionales de la psicología, porque es el aspecto más complicado del cambio, aunque hay personas que tienen un alto sentido común y fortaleza y son capaces de modular los cambios que tienen que hacer en su forma de vivir y tomarse la vida.

Viene muy bien, esto para los familiares y amigos, ayudar al paciente a descargarle de cargas cuando se ve abrumado.

Todo lo dicho hasta aquí son vías indirectas de atacar la depresión, porque estaríamos atacando su origen. La práctica habitual de atacar la depresión es tomando antidepresivos, algo con lo que no estoy de acuerdo profesionalmente, aunque respeto lo que otros hagan. Directamente hay que ir haciendo lo que buenamente se pueda para no pasar el dia en la cama, totalmente inactivo, encerrado o aislado, sin querer ver a nadie. Aunque no es la solución, es parte de la solución esforzarse poco a poco, realizando actividades progresivas de normalización de vida. Dejarse hundir, aunque es lógico, es una buena via para prolongar la depresión, la indefensión, la tristeza y la muerte psíquica lenta. Esto da para un libro pero no quiero ser pesado.

Confío en haber contribuído un poquito a entender y abordar este estado de ánimo tan destructivo de nuestra ilusión y ganas de vivir.

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YA MADURARÁ….
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Miguel Silveira | 24-05-2017 | 12:34| 0

Esta frase resulta familiar y habitual oírla a mucha gente. Ya madurará significa para la mayor parte de las personas que el tiempo se encargará de ello aunque la persona no haga nada o haga poco por ello. Según el diccionario madurar en sentido figurado significa “adquirir pleno desarrollo físico e intelectual”. Según el sentir común significa “ya irá desarrollándose emocionalmente según pase el tiempo.” En todo caso ambas acepciones encomiendan al factor externo tiempo la responsabilidad de ese progreso.

Pero ocurren dos cosas. La primera es que el paso del tiempo no garantiza la evolución positiva a nivel psicológico. Antes al contrario, hay ocasiones en que el tiempo sirve para aumentar el deterioro. Por otra parte es una forma de auto consolarse y eludir la propia responsabilidad del sujeto. No cabe duda que el tiempo es un elemento con el que hay que contar, pero la maduración es un proceso que depende esencialmente de la actividad del propio sujeto y del uso de su tiempo. En el caso de la maduración psicológica y moral esta viene determinada por distintas conductas cuales son cumplir las obligaciones, las leyes o las pautas que la existencia física, social y ambiental nos exige, por esforzarse uno mismo sin dejar que esa responsabilidad recaiga sobre los demás, cuidadores, familiares, pareja, autoridades, etc. Pasa también por tomar conciencia de lo que uno tiene que hacer para mejorar su vida, además de procurar cumplir esas exigencias. Pasa por estar a la altura de lo que el sujeto debe hacer según su edad y situación personal. Pasa por prever las consecuencias de sus actos y esmerarse en reflexionar y sacar conclusiones. Es decir es una actividad que debe nacer o imponerse el propio sujeto evolutivo. Pasa por aceptar la realidad que le viene dada, por controlar su impulsividad y saber contenerse y esperar. Pasa por entrenar el músculo de la fuerza de voluntad puesta al servicio de todo lo anterior.

En ese caso el tiempo se convierte en un aliado bienvenido. Pero dejarlo al mero devenir de la vida simplemente no garantiza nada. Madurar debe ser sobre todo una obra del individuo interesado en conseguirlo.

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NUEVE AÑOS YA.
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Miguel Silveira | 17-05-2017 | 21:16| 0

Hola amigos:

 

Me complace saludaros y expresaros mi satisfacción porque después de nueve años ininterrumpidamente sigo apareciendo fiel a la cita semanal con vosotros en este blog de elcomerciodigital.

¿Que si estoy contento? No podía ser menos porque gracias a El Comercio puedo haceros llegar mis reflexiones, ideas, pautas y orientaciones sobre temas de la vida diaria y porque me consta que a muchos de vosotros alguno de los artículos o posts le resultan de utilidad.

Qué mejor satisfacción y pago.

Me apetece exponeros una curiosidad que se repite y se repite cada semana cuando recibo el resumen de los lectores que han visitado o leído diferentes artículos. Los dos que más se repiten son: “Madres absorbentes, suegras repelentes” y “Madres castrantes”.

Por algo será. El tema de las madres, de ese tipo de madres trae de cabeza a muchos hijos que no ven la manera de poner freno a esas conductas intervencionistas y que tanto daño les hacen.

No llevo la cuenta pero creo que son varios centenares, si no miles, las visitas y lecturas de ambos artículos.

Espero seguir por mucho tiempo aportando mi ayuda, labor que comencé ya desde 1995 en que decidí que me iba a embarcar en la labor de la divulgación de temas de la psicología cotidiana que tanto interesan a las personas y que a menudo no saben cómo hacer para superar dificultades o problemas. Me encanta esta labor y me ha resultado siempre muy gratificante.

Un cordial saludo.

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ALZHEIMER EN JÓVENES. OJO AL DATO
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Miguel Silveira | 15-05-2017 | 10:19| 0

 

Es sabido  que el Alzheimer es una enfermedad terrible que afecta a personas, habitualmente mayores de sesenta, pero últimamente la edad de aparición se va adelantando, afectando a personas de cincuenta, aunque lo más preocupante es que ya aparece en algunas personas de cuarenta, es decir muy jóvenes. Esto debería encender las alarmas y tomar conciencia todos de la magnitud de este desastre.

Aunque no soy experto neurólogo  ni psiconeurólogo, me voy a atrever a adelantar una opinión, creo que fundada, sobre esta amenaza con ánimo de cooperar en el freno a la expansión de este terrible monstruo, no abonando el terreno donde crece.

No sé sabe aún cual es el origen de ese  mal, pero lo cierto es que todos sabemos que se presenta con un deterioro mental progresivo en lo que se refiere a la memoria  inmediata o memoria de trabajo. Es decir que el paciente tiende a olvidarse de  lo más inmediato, no retiene y por lo mismo limita su libertad de movimientos, su actividad diaria y sus relaciones personales. Es pues al deterioro de la memoria al que quiero referirme.

Estamos en una época en que la rapidez y multiplicidad de estímulos a los que nos vemos expuestos es brutal y galopante. Nuestra atención se centra muy fugazmente a diario en cientos de estímulos procedentes, sobre todo de las redes sociales, los correos, los wasaps, los videos de you tube, los juegos electrónicos, la televisión, las noticias, todo ello además de las  tareas que hemos de realizar muchas de ellas con la rapidez del relámpago. Esta sucesión de miles de estímulos a los que se dirige nuestra atención tan fugazmente dificulta que centremos la mente en un ejercicio sereno y tranquilo, en un análisis lento de algunas cuestiones, tareas y elementos. Todo esto hace que nuestra concentración vaya disminuyendo a buen ritmo y cuando nos damos cuenta se nos olvidan las cosas fácilmente. ¿Por qué? ¿Porque estamos perdiendo memoria? En cierto modo sí, pero porque no la ejercitamos con vistas al medio y largo plazo. Y digo en cierto modo sí, porque si no nos concentramos, si no prestamos la debida y serena atención, los datos no entran en el archivo que es nuestra memoria y por ello parece que se olvidan. En realidad no se puede olvidar lo que no entra y se fija en la memoria.

Si en personas con excelente memoria el Alzheimer y la demencia hacen estragos, puede uno imaginarse fácilmente qué hará en personas que tienen muy poco educada su concentración y memoria. Hay que aplicar  la concentración no a todo lo que nos viene pero si a cosas de mediana importancia. No será un salvoconducto, pero algo habrá de contribuir a que el desastre se posponga. Concentrarse, llevar cuenta de las cosas, atender con interés y tratar de guardar en el archivo para extraerlo y hacer uso de ello cuando llegue el momento. Y eso, desde muy jóvenes.

Tenemos todo en contra por la prisa y la multiplicidad de datos pero ES POSIBLE superarnos!!! Es posible y totalmente necesario trabajar nuestra  concentración, si no queremos ir deteriorando la memoria, preparando el terreno al deterioro mental y luego lamentarnos.

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CONTRA LA IMPULSIVIDAD, LA ESPERA
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Miguel Silveira | 04-05-2017 | 21:37| 0

 

Contra la impaciencia, buen alimento de la ansiedad y la tensión nerviosa, el mejor ejercicio es la paciencia, es decir entrenarse en la espera. Aquí van algunas pistas que pueden aplicarse fácilmente y que pueden resultar muy útiles.

 

Esperar a que el móvil suene tres veces antes de contestar.

Esperar a que el otro termine de hablar para intervenir, procurando no interrumpirle cada poco.

Esperar al fin de semana o a fin de mes para comprar algo que te gusta pero no necesitas ya!

Esperar a que llegue tu turno para comprar, hablar, gestionar, resolver, preguntar, etc.

Esperar a que todos estén sentados a la mesa para empezar a comer en vez de ir ya “picando”.

Esperar a contestar los correos cuando tengas un momento libre para ello.

Esperar a contestar los wasaps unos momentos en vez de hacer en cuanto suene el pitido, a no ser que sean urgentes.

Esperar a que llegue el momento apropiado de hablar, reconducir, criticar o corregir al otro.

Esperar en el stop cuando conduzcas o a que pase el peatón en el paso de cebra.

Esperar a la fiesta para estrenar.

Esperar a que tu hijo crezca para que vaya madurando.

Esperar a tener las cosas pensadas y analizadas en vez de precipitarte, sobre todo en temas delicados.

La lista no termina aquí. Tú puedes añadir tus propios elementos.

No es cuestión de esperar mucho tiempo. A veces es cuestión de segundos o minutos pero la espera fortalece la paciencia, disminuye la impulsividad, aumenta los aciertos, disminuye los errores, relaja, desacelera, no tiene uno que arrepentirse tantas veces o lamentarse, disminuye la ansiedad y  atempera el espíritu. Aunque bueno es recordar que en estos tiempos casi todo está contra la espera y casi todo favorece la impaciencia, la impulsividad, la aceleración y la prisa. Por eso, esperar es un buen ejercicio. También contra la ansiedad.

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DESTINADOS A QUEDAR SOLOS
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Miguel Silveira | 25-04-2017 | 18:13| 0

He  visto llorar amargamente a mucha gente al darse cuenta de que han quedado solos, después de haber desperdiciado alguna relación de pareja que se las prometía felices. Suelen ser personas egoístas, que fundamentalmente están pendientes de si mismos y solo se acuerdan de Santa Bárbara cuando truena, o con otras palabras, solo se dan cuando el otro lo pide a gritos o lo exige. Mientras tanto están a lo suyo predominantemente. No practican la capacidad de la empatía y de darse cuenta de la necesidad de apoyo, amor que el otro también tiene. Son capaces de absorber la energía que necesitan de sus seres queridos pero no dan a veces ni la hora. Mientras los seres queridos les siguen apoyando o sus parejas, no presenta problema el panorama. Este  empieza a complicarse para ellos cuando los otros, hartos de darse en vano, optan por retirarse de la escena y se olvidan y quieren deshacer  del egoísta. Es entonces cuando caen en la cuenta de su falta de cuidado, de compromiso y de respuesta justa y se vienen abajo, lamentando la ausencia producida. Suele ser tarde ya para recomponer la situación y para recomponerse porque están desentrenados en la entrega. Al egoísta no le queda más remedio, si se quiere salvar, que caer en la  cuenta de la predominancia de sus fuerzas centrípetas, cuando aún está a tiempo de dar y darse, pero  no en un arranque aislado sino con cierta asiduidad y compromiso. Es la mejor manera  de salvarse del fuego abrasador de la soledad que les espera. El único problema que existe es que son refractarios a los avisos o señales y consejos que se les suelen dar. Están tan a lo suyo que no reciben el ruido o la luz de las señales que no les interesan. Por eso les espera la soledad, aunque a ellos les parezca que siempre van a ser los protagonistas admirados de cualquier película. Es normal, la naturaleza, que es sabia y neutral al mismo tiempo, se encargará de darles el pago merecido. Y después,  a llorar y a sentir el crujido sus dientes.

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QUE NO TE TOQUE UN JEFE MALO
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Miguel Silveira | 16-04-2017 | 21:03| 0

 

Por desgracia la envidia es el vicio más dañino, si hace acto de presencia en el trabajo un jefe que la toma con un subordinado que ha sido feliz hasta ese instante y que de pronto cae en desgracia ante ese jefe torturador comido por la envidia o por la maldad.

Hay que estar preparado porque esto no es ciencia ficción ni una leyenda urbana. Es frecuente ver que de pronto tu jefe comprensivo y humano se cambia o le cambian de puesto y aparece en su lugar un jefe inhábil para las relaciones personales y preocupado de escalar a cualquier precio, aunque ello sea a costa de eliminar, anular, maltratar o degradar a quien hasta ese momento ha sido un empleado competente. La envidia o los celos, acompañados por la insensibilidad, cuando no por la mediocridad, con frecuencia se ceban en alguien  valioso, que puede hacerle sombra o quitarle el protagonismo que ese jefe indeseable, por lo general más inepto que el subordinado competente, no se puede ganar en base a su competencia profesional y humana.

Y el resultado suele ser, si el empleado no es resiliente o fuerte mentalmente, que donde había un trabajador contento, satisfecho y productivo o bien cursa baja laboral o se hunde o tiene que marcharse de la empresa, si es que no le despiden sin argumentos sólidos. El resultado es perjudicial para la empresa y un desastre para la víctima que no entiende, que no puede entender ese cambio perverso.

Si la víctima, no suele ser el caso, tiene buenos contactos con otro estamento superior a su jefe y ese estamento le comprende y apoya puede amortiguar el desgaste y el impacto sufrido. Pero frecuentemente lo que suele ocurrir es que el jefe superior no quiere complicarse y o bien se hace el desentendido o no quiere conflictos o bien rehúye enfrentarse a ese jefe cruel o bien deja que la situación se deteriore, porque le resulta más cómodo.

He visto y conocido varias personas destrozadas e indefensas por esa incomprensible actitud lo que redunda en una perdida de la autoconfianza y la autoestima, llegando a dudar de si mismos y de su competencia.

No es fácil manejar la situación e impermeabilizarse diariamente y no sufrir desgaste pero, si se quiere seguir, no queda más remedio que separar la persona del rol, de la función dejando en el aparcamiento la persona con sus sentimientos y entrando por la puerta de la empresa el rol que desempeña. Es decir entrando por la puerta el encargado de, el contable, el comercial, el responsable de almacén o el  electricista por poner tan solo unos ejemplos. Los roles ni sienten ni padecen. En esos casos tristes tienes que actuar como el responsable de la función que desempeñas, no como fulano de tal, con sentimientos, al menos en el trabajo si el clima laboral te es adverso. Es difícil pero absolutamente necesario para sobrevivir. Cabe usar la venganza, pero no suele ser aconsejable por tener negativos efectos, aunque uno descargue su frustración u odio. Cabe marcharse pero a menudo no  es fácil encontrar enseguida otro trabajo. Lo que hay que salvaguardar en todo caso es la salud mental y la estabilidad emocional hasta que escampe, hasta que haya cambios, como a veces ocurre. De todas formas es siempre lamentable.

Todo menos hundirse que es precisamente el deseo más sincero que abrigan esos réprobos jefes, encargados e incluso compañeros, que haberlos, haylos, vive Dios y más de los que nos parece.

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¿CONVERSAR? CARA A CARA
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Miguel Silveira | 04-04-2017 | 16:57| 0

No es lo mismo comunicarse por el wasap o por e-mail que comunicarse cara a cara. La comunicación humana está sufriendo una transformación extraordinaria y posibilitando como nunca hasta ahora que al mismo tiempo sea instantánea estemos donde estemos los interlocutores. Una revolución en toda regla que estando yo en mi casa o en mi coche me pueda comunicar en tiempo real con un amigo que vive en el Caribe o en Nueva Zelanda mientras está tumbado en la playa. Nada que objetar sino admirar el progreso de la tecnología.  Pero nada puede sustituir a una conversación cara a cara mediante la cual podemos percibir en la cara del otro y en sus movimientos cual es su estado de ánimo y hacernos cargo de él asi como adaptar nuestras palabras al momento. La distancia corta cara a cara (no vale estar al lado mandándonos mensajes por el móvil) permite empatizar más fácilmente y sentirte atendido o atender y entender a la persona en si y su estado de ánimo. Esa comunicación vis a vis nos hace sentirnos más unidos y sentir el calor de la proximidad y nos hace sentirnos menos solos.

La comunicación por móvil está bien pero nos priva de esa presencialidad y de sensaciones que solo mirándonos  y escuchándonos podemos experimentar.

La comunicación telemática ha venido para quedarse pero sigue sin haber nada más satisfactorio que escuchar las palabras del otro teniéndolo presente y poder mandar y recibir flujos que solo de esta forma pueden darse. Ah, y en un momento dado permite contactar físicamente con el otro via un beso en la mejilla un apretón de manos, un toque sobre el hombro o cogerse del brazo. Por eso y para compensar la pérdida de conversaciones presenciales y del contacto que puede suponer hay que encontrar tiempo, aunque sea poco, para conversar mirándose a los ojos.

Los emoticonos transmiten sentimientos pero no pueden suplir a la visión que nos ofrece la cara física del otro.

Habría que conversar más de esta manera en la familia, en la pareja y con los compañeros y amigos para que no muera la  vieja comunicación verbal que tanto nos ayudó a sentirnos conectados, acompañados y unidos por el contacto ocular y presencial.

La comunicación digital nunca puede suplir a la analógica. Cuanto más perdamos la analógica, es decir, el contacto vis a vis sería un error del que luego lamentarnos.

De los tipos de comunicación que hay más frecuentes este sería el orden mejor en cuanto  a la calidad y eficacia: conversación cara a cara, conversación telefónica y por email o por wasap. La pena es   que la primera haya perdido tanto espacio, siendo la mejor con mucho.

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¿BAJA AUTOESTIMA?
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Miguel Silveira | 22-03-2017 | 11:29| 0

 

Es una enorme paradoja y un motivo de importante sufrimiento saber, valer, tener habilidades, poder hacer algo, pero estar convencido de que no se sabe, no se vale o no se puede. Es como estar en un potro de tortura, entre dos realidades, la que es y la que creemos o estamos convencidos de lo que es, aunque esta segunda es más realidad que la primera por aquello de que “lo que vemos o pensamos es todo lo que hay o lo que existe en ese instante”.

Eso es la baja auto-estima, la distorsión de la percepción. Es empeñarse en ver lo que no hay o empeñarse en no valorar lo que se hace y se hace bien. Quien no es capaz de valorar adecuadamente lo que sabe hacer y hace, aunque sea con esfuerzo, está condenado a impermeabilizarse o quedar ciego y sordo a lo que los demás nos dicen positivo y ven. Ya le pueden decir maravillas de él mismo, estará convencido de que se lo dicen por quedar bien, por animarle sin razón, por cortesía o por pena. Al estar impregnado de esa convicción tan negativa estará practicando la profecía auto cumplida. “Eu morro, Eu morro”, como diría el gallego pesimista y “morrió”, y murió, como no podía ser de otra manera.

Tener baja autoestima es tener el motor estropeado, es echar a perder el principal valor, el principal sostén o apoyo interior con el que debemos contar: el reconocimiento de la valia personal en cualquier área o grado y todos valemos para algo. ¿Tiene solución esto? Pues claro, mujer u hombre, por supuesto. Solo hace falta hacer tres movimientos: disponerse a cambiar la auto percepción negativa, ponerse a hacer aunque sean pequeños progresos día a día, en aquello que uno desea mejorar y, sobre todo, tomar conciencia de que esos progresos ¡los has hecho tú! Pero hay que ponerse a ello con constancia. No vale una vez al mes.

Hay que tener presente que la forma de vernos y pensarnos no se ha edificado de la noche a la mañana, han sido muchas veces practicada. Por eso hay que practicar miles de veces en sentido contrario y …¡bingo! acaba funcionando.

No hay labor más satisfactoria que aumentar nuestra autoestima a niveles satisfactorios. Es una fuente de libertad, de gozo y de sentido de la auto eficacia.

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MALDITA DEPRESIÓN
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Miguel Silveira | 12-03-2017 | 14:06| 0

Si nunca ha estado uno deprimido casi imposible entender a quien atraviesa por ese duro trance.

Quien atraviesa por ese demoledor estado siente que la tristeza le invade, la desmotivación para realizar sus tareas habituales disminuye, su desgana preside sus horas y sus días, el descuido, en los casos más graves, va colonizando su actividad, y la apatía actúa como muro de contención contra la normalización de su vida personal.

No todos los casos son iguales ni igualmente graves, pero el común denominador con distintos niveles son las reacciones referidas.

El caso es que la dificultad para disfrutar del día a día es un hecho palpable y quizás la queja más frecuente.

La depresión, contra lo que se puede suponer en ciertos casos, no es un estado adherido a los genes, un estado emocional al que ten sientes abocado. No, más bien es el resultado final de un proceso más o menos largo de ir aguantando,  soportando un estado de tensión emocional al tener que afrontar dificultades, contratiempos, adversidades y reveses, debido a diferentes razones y factores. Cuando la mente se satura y se pierde esperanza en superar esa tensión acumulada es cuando la depresión hace acto de presencia. Antes de aparecer ha venido precedido de una lucha interior o exterior contra los “elementos” y uno se siente exahusto y agotado.

Por eso, quien desee superar ese malestar incomprensible para los que no lo han padecido, deberá combatir su tensión, su ansiedad a base de relajar su cuerpo, de descansar, de dormir lo que sea suficiente para cada uno, y de aprender a ver los contratiempos como una oportunidad para superarse y superarlos. Deberá intentar poquito a poco la normalización de sus conductas y tareas más elementales, como la higiene, la realización de tareas domésticas y personales básicas, el cuidado personal y la actividad física. La realización de esas conductas, resistente al comienzo, consigue hacer sentirse algo mejor lo que redunda a su vez en realimentar la normalización de vida.

Optar por meterse en la cama y aislarse, si bien al comienzo es esperable, no debe consentírselo uno mismo, si aspira a superar ese desventurado socavón. Luchar contra los pensamientos negativos forma parte también del repertorio, aunque se antoja más difícil. Volveré sobre ese aspecto  en otra entrega.

Pero no se puede salir de la apatía obedeciendo a la desgana y la tristeza. Hay que llevarles la contraria aunque sea poco a poco.

¿La medicación es necesaria? Menos de lo que se acostumbra. Puede ser necesaria pero esperar que los antidepresivos por si solos resuelvan el problema es de una ingenuidad más que elevada.

 

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Sobre el autor Miguel Silveira
Psicólogo clínico, experto en ansiedad y estrés C/ Carlos Marx,1 - 6º D Gijón (Asturias) http://www.miguelsilveira.com http://www.estresyansiedadonline.com

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