El Comercio
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NO SÉ HACER OTRA COSA
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Miguel Silveira | 25-08-2017 | 20:33| 0

Para nada quisiera verme en la piel de un parado de larga duración, de esos que han consumido el paro, tienen más de cincuenta años y ven con desesperación cómo pasa el tiempo y no ven posibilidades de recuperar su actividad laboral, aunque también los que tienen cuarenta sufren por supuesto pero tienen siempre más probabilidad de superar el trance.

No sé hacer otra cosa, es la frase que solemos oir de personas que han estado muchos años o quizás toda su vida laboral realizando la misma habilidad. Claro, esa personas, que no se plantearon aprender otras habilidades o no supieron leer el futuro, cuando llega el momento del corte brusco, del cierre de su actividad o de su empresa se ven desorientados y como si se hubiesen caído del caballo dando violentamente contra el suelo.

Me preguntaba hoy una periodista que qué se puede hacer ante esta problemática y la respuesta lejos de ser sencilla es compleja pero en cuanto a la víctima del paro pasa por readaptarse de manera inmediata lo que no es nada fácil. Si estuviésemos acostumbrados a entrenar estrategias diferentes y aprender distintas habilidades por si acaso…dentro de lo difícil sería más llevadero y más fácil porque de alguna forma una habría imaginado un futuro distinto y se habría visto a si mismo readaptándose como digo sin traumas. Por tanto se impone prepararse en otras direcciones si el nicho o yacimiento de mercado cambia o se agota. Reciclarse constantemente, dada la inestabilidad del mundo laboral. Pero sobre todo procede cultivar constantemente la fuerza personal, la convicción de que llegado el caso uno resurgirá y encontrará soluciones nuevas y otras alterativas. Si uno no se mantiene en guardia contra los pensamientos negativos que minan nuestra autoestima y seguridad en nosotros mal asunto. Si aparecen soluciones externas provenientes de instancias políticas o institucionales, estupendo pero, mientras tanto y no procede hacer acopio de fuerzas y no permitir en modo alguno que se encoja nuestra confianza y nuestra percepción de autoeficacia. No consentirse en lo posible dudar de uno mismo es esencial porque si esto falla, siendo el núcleo de nuestra seguridad en nosotros, no nos quedarán fuerzas para seguir luchando pese a las inclemencias y la crueldad del modelo de mercado. Y como quiera que la realidad de esos paros indefinidos o cuasi indefinidos no es una fantasía con más razón aún hay que reverdecer diariamente, sin descanso. No aislarse y buscarse contactos, porque a falta de soluciones sobrevenidas y ofrecidas por las instituciones, porque de los contactos siempre se obtienen resultados. Todo antes que abandonarse y permitir que la desesperanza nos atrape.

Y para los más jóvenes y no tanto, aprender y aprender nuevas habilidades.

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DIEZ PASOS PARA MANTENER BUENAS RELACIONES
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Miguel Silveira | 25-07-2017 | 18:25| 0

1.- Tener siempre presente que las relaciones se rigen por la reciprocidad del trato. Los demás reaccionan a nuestro trato y viceversa.

 

  1. Evitar provocar al otro con comentarios y conductas ofensivas para el otro, para no alterar o cortar la relación.

 

3.- De vez en cuando y merecidamente resaltar algún logro, cualidad o acierto de los demás. Sirve de suavizante y estímulo.

 

4.- No dejarse llevar de la impulsividad, mas bien esperar a madurar nuestra reacción para evitar consecuencias indeseables.

 

5.- Sustituir el odio o la venganza por la comprensión y la aceptación del otro en cuanto que persona.

 

6.- Expresar las emociones y opiniones con tranquilidad, pero con franqueza, en lugar de guardarlas para evitar complicaciones innecesarias.

 

7.- Evitar las descalificaciones de la persona y a lo sumo exponer nuestras quejas por las conductas o actuaciones específicas del otro.

 

8.- Procurar no hablar bajo estado de tensión o estrés, sino cuando este se haya controlado y reducido aquella.

9.- Estar muy atento a las necesidades de nuestro interlocutor a través de la escucha y observación atentas

10.-Ir sembrando y dejando grabada en la retina y oído de quienes tratamos buenas vibraciones e impresiones que aseguren una buena influencia y un recuerdo amable.

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“WAIT AND SEE”
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Miguel Silveira | 14-07-2017 | 21:56| 0

 

Este refrán inglés me salvó de tres días de intensa angustia en Inglaterra cuando pasaba en mi juventud un mes de julio perfeccionando mi pobre inglés de entonces.

“Espera y ya veremos” era la traducción de aquella frase que mi casera me dijo, cuando una llamada de mi padre me había anunciado un viernes por la mañana que a mi madre le habían descubierto un cáncer fulminante y estaba hospitalizada, pero cuya muerte yo casi daba por supuesto en ese instante por el tono usado por mi padre. Nada más conocer la noticia lo primero que me vino a la cabeza era mi madre había fallecido de repente y mi padre no quería alarmarme estando lejos y sabiendo que mi billete de vuelta era para el lunes siguiente (entonces no era posible como ahora coger sobre la marcha el mismo dia un vuelo barato). El caso es que yo me convencí, sin total fundamento, (moriría cinco años después) de que aquello era la peor noticia que me podían dar y la creí como si de una realidad irreversible se tratase. Una intensa preocupación se apoderó de mi hasta el punto de que mi casera, al notarme lloroso y como ausente me preguntó qué me pasaba. Al explicarle la llamada y mi angustia me dijo: Miguel, “espera y ya veremos”, decimos los ingleses antes de que la preocupación nos invada. Y me dijo también otro refrán que me ayudó: nunca te preocupes hasta que el hecho de preocuparte te preocupe. Y la verdad es que me las frases me ayudaron y comprendí que yo me estaba empeñando en atravesar un puente antes de llegar a él.

Cuando algo amenazante nos preocupa y absorbe nuestra atención tendemos, unos más que otros, a convencernos de su verdad y la vivimos como si fuese realidad palpable desde ese instante.   Si nadie nos ayuda el futuro negativo se hace para nosotros presente y nos empapa y nos abruma. En virtud de la física cuántica si creemos que algo es verdad desde ese momento en que está presente en nuestra conciencia es lo que existe, esa es la realidad, porque sencillamente existe en nuestra conciencia. Por eso es necesario procurar no crear acontecimientos antes de que estos sucedan y puedan ser eficientemente constatados.

Preocuparse o anticipar sucesos negativos es algo habitual, pero desde el punto de vista lógico no tiene consistencia. Es más. Todos tenemos experiencia de que la mayor parte de los acontecimientos que nos han preocupado nunca se han cumplido o no se han confirmado como habíamos temido. En base a esa experiencia y en base al sufrimiento que habremos de evitarnos conviene frenar nuestra tendencia a dramatizar o hacerlo, en todo caso, cuando estemos en el drama. Si anticipamos y no se cumple lo previsto hemos perdido un tiempo precioso, que podríamos haber empleado en sacar jugo a nuestro dia a dia hasta ver qué pasaba. Esperar y ver lo que sucede es lo correcto y luego hacerles frente a los eventos cuando tengan lugar. Esperar es de sabios y prudentes además de pragmáticos. A mi me sirvió para aguantar bien hasta el vuelo de regreso y para ver que mi madre no había fallecido ni estaba punto de hacerlo. Espera y ya veremos…

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SINTOMAS DE LA ANSIEDAD Y/O DEL ESTRÉS
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Miguel Silveira | 04-07-2017 | 18:48| 0

Siendo la larga la lista y no queriendo ser exhaustivo me voya referir a los más importantes en cuanto al grado de angustia que producen.

El ataque de pánico o crisis de ansiedad es el mayor por su espectacularidad e intensidad y por el miedo que genera. Le sigue la sensación de mareo, síntoma de los más inhabilitantes porque el sujeto no se siente seguro en sus desplazamientos y tenderá por ello a evitar salir de casa o alejarse de su centro de seguridad o tenderá a salir acompañado. No suele haber lesión del oído cuando tiene ese vértigo o sensación de mareo, pero a muchos pacientes les supone un rosario de consultas y pruebas médicas antes de concluir que no hay lesión y que se trata de una consecuencia de la ansiedad o del estrés.

Le sigue la opresión torácica por la que el paciente experimenta una sensación de ahogo, le parece que se queda sin aire y comienza a hiperventilar, expulsando más cantidad de dióxido de carbono que oxígeno le entra en sus pulmones, creyendo que se va a desmayar. La irritabilidad es otro de los síntomas o la facilidad para enfadarse y reaccionar alterado por mínimas razones.

Hay síntomas que afectan a la cabeza y se presentan en forma de embotamiento, de dolor de cabeza, de parestesia o como insensibilidad en una parte de la cara, de visión borrosa o de bruxismo o tendencia a apretar las mandíbulas.

Si del tórax se trata el paciente suele experimentar o taquicardia o pulsaciones perceptibles o ahogo o sensación de dolor en el centro del pecho o en el lado izquierdo lo que le alarma por tender a pensar que se trata o de un infarto o algo parecido.

Si del aparato digestivo hablamos se pueden presentar síntomas como náuseas, vómitos, dolor de estómago, diarreas inesperadas o ruido de sus tripas (peristaltismo perceptible).

La piel es otra de las partes que suele protestar presentando zonas enrojecidas en la zona delantera del cuello, pero también prurito, herpes, picores y otros más.

Los dolores musculares y a veces temblores suelen aparecer también.

Finalmente quisiera resaltar un síntoma inequívoco que debe ser tenido en consideración por sus malas consecuencias y es la alteración del sueño ya sea por la baja cantidad, por la baja calidad, porque tarda uno en dormirse, porque despierta en medio de la noche o antes de levantarse, porque se tienen pesadillas o sueños y sobre todo porque uno se levanta muy cansado. Este síntoma es uno de los causantes de otro que es la pérdida de concentración, lógico por otra parte si el cerebro no descansa. Y el cerebro descansa sobre todo cuando duerme.

Finalmente conviene recordar que todos esos síntomas no lo son únicamente de la ansiedad o estrés sino de otros trastornos físicos y por ello conviene descartar estos acudiendo antes al médico para no errar en el diagnóstico.

 

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ORIENTADOS A LA GENTE
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Miguel Silveira | 17-06-2017 | 14:51| 0

Se han hecho muchas clasificaciones en cuanto a los estilos o maneras de ser de las personas, pero hay una que me ha seducido siempre más que las restantes que conozco, a saber, que hay dos tipos de personas: “los orientados a la gente” y “los orientados a las tareas”.

Los primeros están muy pendientes de los demás, de lo que les sucede a los demás y de lo que ellos mismos hacen a los demás y las reacciones que en ellos producen. Son personas muy preocupadas por que los demás estén bien, por agradarles, por no incomodarles, por no hacer nada que les haga sufrir a ser posible. Están muy pendientes de lo que los otros piensen de ellos y por eso cuidan mucho ganarse  su estima, su cariño y su valoración. En fin, gran parte de lo que hacen está condicionado por el impacto que ello produzca en las personas con las que interactúan. Todos estos sufren mucho cuando los otros sufren o cuando los otros les fallan o ellos fallan a la gente. Están demasiado en función de las personas, aunque las cosas les importen.

La otra clase de personas son los orientados a las tareas: viven para las cosas, sobre todo, y por cosas entendemos, el dinero, el trabajo, las cosas, las casas, la vivienda, la ropa, el coche, los viajes, las obras, los proyectos, las tareas, la formación, los objetivos, etc. etc.. Las cosas, en ese sentido, son, principalmente, su razón de ser y de vivir .   No es que no les importe la gente pero esta está subordinada a las cosas y viene a ser como una cosa más. Estos segundos no es que no sufran ni les afecte la vida de la gente pero no se compara. Lo que les hace más disfrutar o sufrir es lo relacionado con lo “cósico” y a ello lo subordinan casi todo.

Los primeros son los que más sufren de todos y los que me interesa resaltar en especial por esa causa. Por eso a los primeros, muy sensibles, les conviene pasar de ser esponjas en exceso a ser algo impermeables como mecanismo de defensa, si no quieren correr el riesgo de vivir en estado de vulnerabilidad permanente. No es esta una llamada a la insensibilidad, sino una invitación a reducir su dependencia emocional y su preocupación por los demás. A estos les viene bien equilibrar su orientación a las personas con una mayor dosis de orientación hacia las cosas. Lo sé por la experiencia de ver muchos pacientes aquejados de ese mal. Que se lo pregunten, si no, a los que quedan hundidos psicológicamente largo tiempo, cuando alguien les abandona, les olvida, les falla, les ignora, les desprecia o les hace de menos.

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DEPRESIÓN: LAS IDEAS CLARAS
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Miguel Silveira | 05-06-2017 | 21:59| 0

 

Si tienes tres minutos atrévete a emplearlos en la lectura de lo que sigue. Si no te convence solo habrás perdido tres minutos que, si vives ochenta o más años, no son nada.

Muchos se han interesado por lo que digo en el reportaje sobre la depresión que ha salido este domingo 4 de junio en El Pais y para el que me entrevistaron pero solo sacaron partes sueltas. Por ello voy a extenderme algo más, sin ser pesado ni por supuesto exhaustivo, para que quede claro a los lectores y fans este asunto que a tanta gente afecta en algún momento de sus vidas.

El tema no es sencillo y por tanto no quiero crear expectativas de fácil solución aunque voy a tratar de aportar algunas ideas para ayudar a los lectores interesados en este asunto. No puedo ser muy breve ni tampoco extenderme para no aburrir. A ver si lo consigo.

La depresión no es una enfermedad, amigos, sino un trastorno emocional, un estado consistente en sentirse desganado, desmotivado, triste, sin ilusión con inapetencia para disfrutar de actividades de las que se venía disfrutando y todo ello tiene que durar días o semanas por lo menos, ya que si hablamos de momentos, todo el mundo pasa por momentos breves o fugaces de bajón y por tanto esto no se puede llamar una depresión. Sencillamente uno se siente durante un tiempo bajo de ánimos y tiende a dejar de hacer actividades y tareas que hasta que la depresión se presentó, las realizaba o con ganas o sin mucho esfuerzo. Al mismo tiempo su mente se puebla o inunda con pensamientos negativos sobre el asunto o asuntos que más le preocupan o sobre la vida en general.

La depresión presenta distintos grados, yendo desde lo más grave que es la total indefensión y perder el sentido de la vida y rondar el suicidio, hasta un bajo estado anímico y de impotencia que puede durar semanas o meses.

Lo interesante en todo caso es saber de dónde procede y qué se puede hacer para irlo superando.

La depresión es un estado al que se llega (no del que se parte) después de soportar largo tiempo un estado de tensión nerviosa, tensión vital y emocional (resalto la palabra tensión), como consecuencia de tener que afrontar contratiempos, dificultades, obstáculos y reveses que hemos tenido que sufrir en una época determinada, ya sean estos factores de tipo familiar, emocional, económicos, laborales, profesionales o de cualquier otra índole. Es una desembocadura en lugar de un punto de partida.

Esa tensión, estrés o ansiedad, que vienen a ser sinónimos, sostenidas en el tiempo, va produciendo un desgaste personal o incluso agotamiento y como consecuencia de ello se desemboca en la depresión.

Según esto la forma de atacar este trastorno, si queremos que no se cronifique, sería tratando de rebajar esa tensión que es tanto como decir atacar la causa inmediata. ¿Que cómo se ataca directamente? Reduciendo la tensión y esto se trabaja por distintos caminos o métodos: sometiéndose a un programa de relajación diaria durante un tiempo más o menos prolongado pero nunca menor de unas seis semanas. Todo lo que relaje al paciente es adecuado hacerlo, ya sea ejercicio físico, ya sea tiempo de relajación diaria por diferentes métodos (relajación progresiva, relajación autógena, yoga, taichí, etc, etc.) pero diario durante al menos ese tiempo indicado. Si la cantidad y calidad de sueño están afectadas conviene al mismo tiempo ayudarse con productos que lo faciliten, me refiero a los fármacos, pues si el sueño no mejora no podrá mejorar el deprimido, ya que el cerebro descansa sobre todo con el sueño.

Aquí procede hablar de los ansiolíticos que, supuestamente, ayudarían a reducir esa tensión. No estoy de acuerdo en someter a los pacientes a largos periodos de ingesta de ansiolíticos sencillamente porque no resuelven el problema. Si acaso un tiempo breve y para acompañar los referidos métodos de relajación y conseguir relajar el cuerpo durante el sueño. Poco más.

Todo este ataque DIRECTO a la tensión y/o ansiedad/estrés ayuda, pues alivia al CUERPO que es el que soporta la tensión.

Quedarían dos vias INDIRECTAS de atacar la tensión, a saber: atacando los factores externos y los internos (nuestro perfil o forma de tomarnos la vida) que es lo que determina cómo nos tomamos las cosas o afrontamos los factores externos.

Entre los factores externos más frecuentes están los relacionados con la falta de salud, los problemas familiares y de pareja, los problemas laborales, profesionales y económicos. La mayor parte de estos factores no suele estar bajo nuestro control y por tanto nuestra actuación es reducida, aunque siempre se puede hacer algo.

El factor más importante interno e INDIRECTO que hemos de trabajar para rebajar la tensión en la que vivimos es modificar nuestro estilo personal. Tienen que reducir su exceso los siguientes estilos personales: los excesivamente responsables, complacientes, entregados, cumplidores, trabajadores, los que abarcan más de lo que pueden o se sobrecargan de trabajo, los que van siempre acelerados por la vida, los que no pueden parar quietos y tienen que estar siempre haciendo algo, los que se preocupan demasiado, los obsesivos, los miedosos, los inhibidos con gran falta de asertividad, todos estos son candidatos a que la tensión les pase una elevada factura con el tiempo.

Estos cambios personales suelen necesitar la ayuda de profesionales de la psicología, porque es el aspecto más complicado del cambio, aunque hay personas que tienen un alto sentido común y fortaleza y son capaces de modular los cambios que tienen que hacer en su forma de vivir y tomarse la vida.

Viene muy bien, esto para los familiares y amigos, ayudar al paciente a descargarle de cargas cuando se ve abrumado.

Todo lo dicho hasta aquí son vías indirectas de atacar la depresión, porque estaríamos atacando su origen. La práctica habitual de atacar la depresión es tomando antidepresivos, algo con lo que no estoy de acuerdo profesionalmente, aunque respeto lo que otros hagan. Directamente hay que ir haciendo lo que buenamente se pueda para no pasar el dia en la cama, totalmente inactivo, encerrado o aislado, sin querer ver a nadie. Aunque no es la solución, es parte de la solución esforzarse poco a poco, realizando actividades progresivas de normalización de vida. Dejarse hundir, aunque es lógico, es una buena via para prolongar la depresión, la indefensión, la tristeza y la muerte psíquica lenta. Esto da para un libro pero no quiero ser pesado.

Confío en haber contribuído un poquito a entender y abordar este estado de ánimo tan destructivo de nuestra ilusión y ganas de vivir.

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YA MADURARÁ….
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Miguel Silveira | 24-05-2017 | 12:34| 0

Esta frase resulta familiar y habitual oírla a mucha gente. Ya madurará significa para la mayor parte de las personas que el tiempo se encargará de ello aunque la persona no haga nada o haga poco por ello. Según el diccionario madurar en sentido figurado significa “adquirir pleno desarrollo físico e intelectual”. Según el sentir común significa “ya irá desarrollándose emocionalmente según pase el tiempo.” En todo caso ambas acepciones encomiendan al factor externo tiempo la responsabilidad de ese progreso.

Pero ocurren dos cosas. La primera es que el paso del tiempo no garantiza la evolución positiva a nivel psicológico. Antes al contrario, hay ocasiones en que el tiempo sirve para aumentar el deterioro. Por otra parte es una forma de auto consolarse y eludir la propia responsabilidad del sujeto. No cabe duda que el tiempo es un elemento con el que hay que contar, pero la maduración es un proceso que depende esencialmente de la actividad del propio sujeto y del uso de su tiempo. En el caso de la maduración psicológica y moral esta viene determinada por distintas conductas cuales son cumplir las obligaciones, las leyes o las pautas que la existencia física, social y ambiental nos exige, por esforzarse uno mismo sin dejar que esa responsabilidad recaiga sobre los demás, cuidadores, familiares, pareja, autoridades, etc. Pasa también por tomar conciencia de lo que uno tiene que hacer para mejorar su vida, además de procurar cumplir esas exigencias. Pasa por estar a la altura de lo que el sujeto debe hacer según su edad y situación personal. Pasa por prever las consecuencias de sus actos y esmerarse en reflexionar y sacar conclusiones. Es decir es una actividad que debe nacer o imponerse el propio sujeto evolutivo. Pasa por aceptar la realidad que le viene dada, por controlar su impulsividad y saber contenerse y esperar. Pasa por entrenar el músculo de la fuerza de voluntad puesta al servicio de todo lo anterior.

En ese caso el tiempo se convierte en un aliado bienvenido. Pero dejarlo al mero devenir de la vida simplemente no garantiza nada. Madurar debe ser sobre todo una obra del individuo interesado en conseguirlo.

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NUEVE AÑOS YA.
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Miguel Silveira | 17-05-2017 | 21:16| 0

Hola amigos:

 

Me complace saludaros y expresaros mi satisfacción porque después de nueve años ininterrumpidamente sigo apareciendo fiel a la cita semanal con vosotros en este blog de elcomerciodigital.

¿Que si estoy contento? No podía ser menos porque gracias a El Comercio puedo haceros llegar mis reflexiones, ideas, pautas y orientaciones sobre temas de la vida diaria y porque me consta que a muchos de vosotros alguno de los artículos o posts le resultan de utilidad.

Qué mejor satisfacción y pago.

Me apetece exponeros una curiosidad que se repite y se repite cada semana cuando recibo el resumen de los lectores que han visitado o leído diferentes artículos. Los dos que más se repiten son: “Madres absorbentes, suegras repelentes” y “Madres castrantes”.

Por algo será. El tema de las madres, de ese tipo de madres trae de cabeza a muchos hijos que no ven la manera de poner freno a esas conductas intervencionistas y que tanto daño les hacen.

No llevo la cuenta pero creo que son varios centenares, si no miles, las visitas y lecturas de ambos artículos.

Espero seguir por mucho tiempo aportando mi ayuda, labor que comencé ya desde 1995 en que decidí que me iba a embarcar en la labor de la divulgación de temas de la psicología cotidiana que tanto interesan a las personas y que a menudo no saben cómo hacer para superar dificultades o problemas. Me encanta esta labor y me ha resultado siempre muy gratificante.

Un cordial saludo.

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ALZHEIMER EN JÓVENES. OJO AL DATO
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Miguel Silveira | 15-05-2017 | 10:19| 0

 

Es sabido  que el Alzheimer es una enfermedad terrible que afecta a personas, habitualmente mayores de sesenta, pero últimamente la edad de aparición se va adelantando, afectando a personas de cincuenta, aunque lo más preocupante es que ya aparece en algunas personas de cuarenta, es decir muy jóvenes. Esto debería encender las alarmas y tomar conciencia todos de la magnitud de este desastre.

Aunque no soy experto neurólogo  ni psiconeurólogo, me voy a atrever a adelantar una opinión, creo que fundada, sobre esta amenaza con ánimo de cooperar en el freno a la expansión de este terrible monstruo, no abonando el terreno donde crece.

No sé sabe aún cual es el origen de ese  mal, pero lo cierto es que todos sabemos que se presenta con un deterioro mental progresivo en lo que se refiere a la memoria  inmediata o memoria de trabajo. Es decir que el paciente tiende a olvidarse de  lo más inmediato, no retiene y por lo mismo limita su libertad de movimientos, su actividad diaria y sus relaciones personales. Es pues al deterioro de la memoria al que quiero referirme.

Estamos en una época en que la rapidez y multiplicidad de estímulos a los que nos vemos expuestos es brutal y galopante. Nuestra atención se centra muy fugazmente a diario en cientos de estímulos procedentes, sobre todo de las redes sociales, los correos, los wasaps, los videos de you tube, los juegos electrónicos, la televisión, las noticias, todo ello además de las  tareas que hemos de realizar muchas de ellas con la rapidez del relámpago. Esta sucesión de miles de estímulos a los que se dirige nuestra atención tan fugazmente dificulta que centremos la mente en un ejercicio sereno y tranquilo, en un análisis lento de algunas cuestiones, tareas y elementos. Todo esto hace que nuestra concentración vaya disminuyendo a buen ritmo y cuando nos damos cuenta se nos olvidan las cosas fácilmente. ¿Por qué? ¿Porque estamos perdiendo memoria? En cierto modo sí, pero porque no la ejercitamos con vistas al medio y largo plazo. Y digo en cierto modo sí, porque si no nos concentramos, si no prestamos la debida y serena atención, los datos no entran en el archivo que es nuestra memoria y por ello parece que se olvidan. En realidad no se puede olvidar lo que no entra y se fija en la memoria.

Si en personas con excelente memoria el Alzheimer y la demencia hacen estragos, puede uno imaginarse fácilmente qué hará en personas que tienen muy poco educada su concentración y memoria. Hay que aplicar  la concentración no a todo lo que nos viene pero si a cosas de mediana importancia. No será un salvoconducto, pero algo habrá de contribuir a que el desastre se posponga. Concentrarse, llevar cuenta de las cosas, atender con interés y tratar de guardar en el archivo para extraerlo y hacer uso de ello cuando llegue el momento. Y eso, desde muy jóvenes.

Tenemos todo en contra por la prisa y la multiplicidad de datos pero ES POSIBLE superarnos!!! Es posible y totalmente necesario trabajar nuestra  concentración, si no queremos ir deteriorando la memoria, preparando el terreno al deterioro mental y luego lamentarnos.

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CONTRA LA IMPULSIVIDAD, LA ESPERA
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Miguel Silveira | 04-05-2017 | 21:37| 0

 

Contra la impaciencia, buen alimento de la ansiedad y la tensión nerviosa, el mejor ejercicio es la paciencia, es decir entrenarse en la espera. Aquí van algunas pistas que pueden aplicarse fácilmente y que pueden resultar muy útiles.

 

Esperar a que el móvil suene tres veces antes de contestar.

Esperar a que el otro termine de hablar para intervenir, procurando no interrumpirle cada poco.

Esperar al fin de semana o a fin de mes para comprar algo que te gusta pero no necesitas ya!

Esperar a que llegue tu turno para comprar, hablar, gestionar, resolver, preguntar, etc.

Esperar a que todos estén sentados a la mesa para empezar a comer en vez de ir ya “picando”.

Esperar a contestar los correos cuando tengas un momento libre para ello.

Esperar a contestar los wasaps unos momentos en vez de hacer en cuanto suene el pitido, a no ser que sean urgentes.

Esperar a que llegue el momento apropiado de hablar, reconducir, criticar o corregir al otro.

Esperar en el stop cuando conduzcas o a que pase el peatón en el paso de cebra.

Esperar a la fiesta para estrenar.

Esperar a que tu hijo crezca para que vaya madurando.

Esperar a tener las cosas pensadas y analizadas en vez de precipitarte, sobre todo en temas delicados.

La lista no termina aquí. Tú puedes añadir tus propios elementos.

No es cuestión de esperar mucho tiempo. A veces es cuestión de segundos o minutos pero la espera fortalece la paciencia, disminuye la impulsividad, aumenta los aciertos, disminuye los errores, relaja, desacelera, no tiene uno que arrepentirse tantas veces o lamentarse, disminuye la ansiedad y  atempera el espíritu. Aunque bueno es recordar que en estos tiempos casi todo está contra la espera y casi todo favorece la impaciencia, la impulsividad, la aceleración y la prisa. Por eso, esperar es un buen ejercicio. También contra la ansiedad.

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Sobre el autor Miguel Silveira
Psicólogo clínico, experto en ansiedad y estrés C/ Carlos Marx,1 - 6º D Gijón (Asturias) http://www.miguelsilveira.com http://www.estresyansiedadonline.com

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